Por Emiliano Rossenblum (@EmiRossen)
El Mundial nos atraviesa de mil maneras. Nos absorbe, nos atrae, nos mantiene pendientes del gol ignoto que desencaja los cálculos para el prode. La cantidad de partidos, sumada a un formato en el que no alcanza con mirar la diferencia de gol, incentiva a ejercitar la memoria (o en su defecto, la página de resultados de nuestra preferencia) una y otra vez para recordar ese resultado que se nos escapa y es clave para esta definición de fase de grupos.
Esto se potencia por mil cuando hablamos de los protagonistas. Lo pienso mientras veo los últimos 3 minutos de Japón y Suecia, en el que luego de un cabezazo de Isak que exigió al arquero Suzuki, ambos equipos entendieron que lo mejor era firmar la paz con el 1-1 que dejaba a ambos bandos a salvo.
Japón se aseguró el segundo puesto y Suecia clasificará entre los mejores 8 terceros, con la adición de que los asiáticos deberán enfrentarse a un Brasil en crecimiento. La calculadora fue más que la ambición para los dirigidos por el británico Graham Potter.
Por supuesto, hablamos del segundo y tercer puesto porque los otros dos se caían de maduro desde antes del Mundial: Holanda cerró su fase de grupos con un 3-1 sobre Túnez, la peor selección del torneo si hablamos de rendimiento -aunque los resultados fueron a tono; hizo 2 goles y recibió 12.
Más interesantes resultaron las definiciones de los grupos A y E. Anoche México dio otro golpe sobre la mesa con una goleada ante República Checa, aunque la nota la dio el histórico Memo Ochoa, quien con 40 años ingresó en el segundo tiempo para tener minutos en su sexto Mundial como parte de la Tricolor. Hasta los checos le reconocieron su trayectoria.
Pero el Mundial es tan maravilloso que ni así lograron tener la historia del día, porque Thapelo Maseko le dio una victoria sorpresiva a Sudáfrica sobre Corea del Sur, y les puede costar carísimo a los dirigidos por el histórico Hong Myung-Bo. Quedaron terceros con 3 puntos y dependerán de la diferencia de gol para decidir su pase a los dieciseisavos.
Aún así, es en Sudáfrica donde me quiero detener. A diferencia de otras selecciones que optan por buscar jugadores formados en academias europeas con antepasados originarios de su país, los Bafana Bafana tienen una amplia base en su liga local. El Mamelodi Sundowns y el Orlando Pirates, los dos equipos más importantes, son también los que mayor cantidad de jugadores aportan.
Casi todos son formados en clubes sudafricanos, previo paso por las canchas de tierra que tanto ayudan a manejar lo que Dante Panzeri llamaba dinámica de lo impensado. Este grupo de jugadores desconocidos para el público general se hace fuerte dentro de ese terreno. Quizás el orden defensivo no sea su principal virtud, pero cuando la diferencia de jerarquía no se les hace insalvable (los surcoreanos dejaron bastante que desear ayer) saben explotar sus recursos ofensivos y eso explica su segundo puesto.
En esa sintonía donde también podemos encasillar a Ecuador, al menos durante el partido de hoy. De la mano de un brillante Nilson Angulo, los dirigidos por Beccacece lograron por fin encontrar el equilibrio entre adaptación al contexto y respeto por su identidad.
Al igual que Sudáfrica, debieron esperar hasta el tercer partido para poder plasmarlo en un resultado contundente, aunque su 2-1 contra Alemania tenga un peso muchísimo más grande. Los teutones solo estuvieron realmente metidos en partido durante los primeros 5 minutos de cada tiempo; todo el resto fue de un Ecuador que en varios tramos demostró un fútbol alegre y efectivo.
10 de los 26 convocados por el técnico argentino, incluyendo al ya mencionado Angulo, provienen de la provincia de Esmeraldas. En ella conviven dos realidades: por un lado, playas visitadas por miles de personas cada año debido a su belleza combinada con el clima tropical, y por el otro, niveles de inseguridad y pobreza altísimos.
La cantidad de hechos violentos que ocurren en la zona la ubican como una de las tres regiones más peligrosas de Latinoamérica, con niveles de pobreza que llegan al 80% fuera de la capital de la provincia. Y aún en la capital (llamada también Esmeraldas), en 2025 se registraron 364 homicidios intencionados. Un número aterrador.
Por eso es necesario contextualizar y valorar que tantos jugadores hayan salido de allí. Representan el Ecuador pobre, resiliente. El que la tuvo que luchar. Y ese es el que hoy salió a jugar con todo el desparpajo que faltó en la mayor parte del ciclo Beccacece. En buena hora.
Y si hablamos de desparpajo no quiero despedir esta entrega sin dedicarle un párrafo a Leandro y Juninho Bacuna, los hermanos de Curazao que en un contexto adverso tampoco dudaron en dejar claro que iban a jugar el fútbol que sienten hasta el último segundo. Aunque hayan nacido en otro territorio, ellos y todo el equipo pueden dormir hoy sabiendo que ese último puesto no refleja lo bien que representaron ese fútbol caribeño que les recorre los genes.
