Por Emiliano Rossenblum (@EmiRossen)
Sería interesante preguntarle a un lingüista si existe un término que no figure en los siempre cuestionables -por esta y por otras tantas razones- diccionarios de la RAE u Oxford, con semejante cantidad de acepciones, tan arraigado en la cultura global y sobre todo con significados tan potentes como Maradona.
Hablamos de palabra y no apellido justamente por eso. Creemos que la expresión Maradona puede escindirse de Diego Armando para funcionar como una unidad narrativa única que trasciende todo tiempo y espacio, toda frontera física y de lenguaje.
Justamente esta cuestión nos incentivó a explorar durante todo el Mundial qué relación tiene tanto el Maradona concepto como el Maradona jugador con los distintos países que Argentina vaya a enfrentar. Porque así como cada persona le da significados distintos, lo mismo ocurre con las diversas culturas, y estamos convencidos de que en esa diversidad hay nuevas aristas por descubrir.
Abrimos entonces esta serie de notas aprovechando que en unas horas nuestra Selección debuta contra Argelia. Y más allá del partido que Él jugó contra aquel país en los cuartos de final del Mundial Juvenil 1979, las historias no se agotan allí.

El impacto que tuvo en el mundo árabe-islámico desde el Mundial ‘86 en general y aquel partido contra Inglaterra en particular (cuando, casualmente, fue un árbitro tunecino el que le convalidó el gol) se extendió mucho más allá de lo que podemos medir, y al igual que en estas tierras, siguió sumando peso inclusive después del retiro de la figura y pasó a ser mucho más abarcativo.
En 1989 se estaba construyendo el reactor nuclear de Draria en Argel, la capital de Argelia. Para la tarea colaboraron enviados de INVAP, empresa estatal de nuestro país dedicada entre otras cosas al desarrollo de ese tipo de infraestructura.
El 25 de noviembre del 2020, luego de la muerte del Diez, el usuario de Twitter @erbecke (hoy eliminado) contó que su padre fue uno de los argentinos asignados a esa obra. Y un día, paseando por la zona con un Jeep junto a varios compañeros de INVAP, se perdieron con la mala suerte de que ese día una reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo había puesto al país en estado de alerta absoluta.
Naturalmente, no pasó mucho hasta que se cruzaron con una patrulla militar, la cual no se tomó en gracia la presencia de un vehículo lleno de extranjeros. Mucho menos cuando no respondieron a las órdenes en árabe (los trabajadores no las comprendían). El problema de comunicación fue escalando hasta que los militares los obligaron a bajar e hicieron un tiro al aire. Ya no había más margen. Debían hacerse entender de alguna manera.
Recién ahí al padre de quien relata la historia se le ocurre la palabra mágica: Maradona. Argentina, Maradona. Y al militar argelino con el que hablaba le cambió la cara. Lo importante dejó de ser qué era lo que estaba haciendo ese grupo de gente en el medio de la nada.
Ellos eran de aquella parte del mundo que había sido campeona tres años antes. Eran, de alguna manera, Maradona. Una manera de que aquel argelino se sintiese cerca de lo que representaba. A los pocos minutos, el soldado le regalaba al hombre que pronunció la palabra mágica una gorra que luego sería atesorada por años en la familia. Maradona fue la clave para comunicarse porque era sinónimo del lenguaje más universal del mundo, el fútbol. Y al mismo tiempo, era sinónimo de un país.
Cecilia Sainz contó en la misma red social que un año después, ya con la Guerra del Golfo en proceso (de la que Argelia no formó parte, pero que influyó en toda la comunidad de países islámicos), solo los argentinos eran bienvenidos en el aeropuerto de Argel. Todo el resto era mirado de reojo: el horno no estaba para bollos, pero excluir al país de Maradona parecía una excepción razonable. Como este caso, muchos otros; acá sumamos uno más.
Queda claro, entonces, que la hospitalidad hacia los argentinos es indiscutible hasta en tiempos difíciles. Pero lo hemos explorado desde historias de compatriotas que han pisado suelo argelino. Más interesante todavía es entender las razones que los mismos argelinos dan.
Para entender este fenómeno charlamos con Toubal Samir, argelino que desde su fanatismo por el fútbol llegó a entender muy bien todo lo que implica Maradona para su país.
“Los argelinos somos fanáticos del fútbol. El ambiente en los estadios no es menor que el de la Bombonera… Los videos están en internet para que lo comprueben. Los argelinos admiramos el fútbol hermoso, las gambetas mágicas, los goles bellos y el espíritu guerrero en la cancha. Maradona combinó todo eso”, me dice e intuyo que del otro lado de la pantalla escribe alguien apasionado por el tema y por la figura.
Esencialmente me sorprende el comentario sobre el espíritu guerrero. Quien no esté tan familiarizado con Maradona y su historia puede quedarse únicamente con un jugador de excelsa calidad, de incalculables recursos, de magníficas ideas en el apartado ofensivo. Pero Toubal me enfatiza en una cuestión mucho más profunda, más alcanzable para el ciudadano de a pie: el amor propio trasladado al terreno de juego.
Ese elemento resulta vital para entender lo fácil que resulta que se empatice con él desde cualquier parte del mundo. Las gambetas doblando el tobillo 90 grados, los goles imposibles o la visión para dar un pase de 40 metros son difíciles de replicar. En cambio el amor propio es una virtud que cualquiera puede emplear en su vida. No se necesita tanto de talento como de principios.

“Quizás para la nueva generación no tanto, pero para quienes lo vieron jugar es el ídolo, la personificación del espíritu del fútbol”, sigue Toubal y me deja pensando otra vez. Ya es la segunda ocasión en la que menciona el término espíritu, y cuando lo reflexiono, no me sorprende: ¿qué es Maradona sino la alquimia intuitiva de cuestiones tan intangibles como el amor, la belleza o la picardía?
Una de las definiciones de espíritu en el idioma español es “vigor natural y virtud que alienta y fortifica el cuerpo para obrar”. ¿Quién tuvo más espíritu que un hombre con tantas ganas de vivir, que vivió más vidas que nadie? ¿No es eso tan admirable desde una mirada napolitana como desde una argelina?
Y si bien para profundizar en su parte humana les recomiendo un libro y una revista que hablan largo y tendido sobre el tema, Toubal me habla de un aspecto muy poco valorado al hablar de Diego: “Lo admiro por ser tan franco. Dijo siempre lo que quiso decir, sin miedo. Especialmente sus posiciones políticas sobre las poblaciones oprimidas y vulnerables”.
En esa conjunción de cuestiones creo que está, al final, lo más importante. El concepto Maradona significa honestidad en todo momento y lugar, pero sobre todo cuando hay que defender a los que no pueden defenderse. Es desafiar al poder. Algo de eso tiene que haber percibido aquel soldado argelino tres años antes para sensibilizarse tres años después. No podemos saberlo, pero nos permitimos aventurar que la reacción hubiese sido distinta si le hubiesen mencionado a Gary Lineker. Había en la palabra Maradona una fuerza adicional.
Y así como la tiene el término, también la tenían las palabras que el mismo Diego decía. No podemos dejar de mencionar que el Diez visitó Argelia en 2013, y aunque hay poco material disponible sobre aquellos días, nos dejó una joyita con la que cerramos esta primera entrega de #MaradonaEsMundial.
Este artículo contiene el testimonio de Toubal Samir, argelino que gentilmente prestó su tiempo a preguntas de este medio. Le agradecemos enormemente su colaboración.