Por Guido Ramos Cattólico (@julioarguelles_)
Acaba de terminar el encuentro entre Portugal y RD del Congo, uno de los platos más interesantes del día. Los países africanos vienen aportando notas interesantes a un Mundial que todavía está definiéndose espiritualmente.
Ante una mayor probabilidad de clasificación a la segunda ronda, por incluirse a los mejores terceros, ha bajado el clima de competencia de los equipos grandes y ha crecido la expectativa, la épica y por ende el nivel real de los más humildes, que defienden con uñas y dientes cada punto en disputa. Así se defendió Cabo Verde contra España y así jugó el Congo contra Portugal.
Una Portugal decepcionante, sí. Con una clara falta de conexión entre los valores tan altos y tan capaces que forman su media cancha: Joao Neves, Vitinha, Bernardo Silva y Bruno Fernandes. En el campo costaba mucho que abandonen sus quintas y se mezclen, sobre todo Bernardo Silva que estaba colgado allá por el lateral derecho, como si no hubiera salido del vestuario. Ni hablar de Pedro Neto, parado como wing izquierdo.
No tengo dudas de que un jugador histórico como Paulo Futre, hoy a sus 60 años, hubiera demostrado una mayor rebeldía, vitalidad y despliegue que el “crack” del Chelsea. Alguien le tiene que decir al técnico, Roberto Martínez, que la época del distanciamiento social ya terminó…
Justamente teniendo en cuenta la poca movilidad que tuvieron en ataque, recordé que en poco más de dos semanas se cumplirá el año del fallecimiento de Diogo Jota, quizá el hecho de mayor conmoción en el mundo del fútbol desde la tragedia del Chapecoense en 2016. Diogo Jota iba a jugar este mundial. Iba a estar en este partido. Y qué bien les hubiese venido…
Un mito que se queda sin épica
Pero la expectativa estaba puesta en el centro delantero luso, Cristiano Ronaldo, leyenda absoluta, máximo goleador de la historia del fútbol, mitad bronce, mitad hombre. Hoy, sin embargo, pareció ser de bronce al 100%, tocando la irrisoria suma de 25 pelotas en todo el partido.
Daba la impresión de ser aquello de la última batalla del Cid campeador que después de muerto su cuerpo fue embalsamado y ungido dejando «la carne tan firme y hermosa, y el rostro tan hermoso, y los ojos abiertos, y la barba larga y muy bien arreglada, que no había hombre en el mundo que, al saberlo y verlo, no pensara que estaba vivo», y así fue como se lo montó a caballo, atado con cuerdas y tablas en los arzones para librar una última batalla, con su sola figura cultivando el pánico entre los moros. Aquello sirvió al mito de la evacuación de Valencia.
Esto de Cristiano, en cambio no encontró épica ninguna. Y es que da la penosa impresión de que envejeció mucho peor de lo que su talento, su profesionalidad y su cuidado físico hacían vaticinar hace 10 o 15 años. Este partido tenía cierta relevancia en ese aspecto. Antes fueron actuaciones de Haaland y Mbappé que hicieron que muchos digan “Messi debe responder contra Argelia”.
Ahora el que debía responder era Ronaldo y no solo no pasó sino que quedó un contraste horrible con el que, aun siendo mejor, fue su gran contrincante los últimos 20 años. Siento que no lo abandonó el fútbol, sino al revés. Él, por su obsesión enfermiza por conseguir el gol, por el récord, por Messi, terminó alejándose del juego. Lo que hoy muestra no es digno de su leyenda.
Y Messi, por el contrario, llegó a todo lo que llegó estos últimos años (hablo de récords, como el de ser el máximo goleador histórico de la Copa del Mundo) sin siquiera buscarlo. Eso mismo dijo De Paul en el post-partido: “Te juro que no le importa [los récords individuales]. No tiene ni idea. Nosotros lo pinchamos un poquito para ver si los logra y los termina logrando todos”.
Finalmente, el Congo se sumó a la lista de africanos que vienen sumando puntos de oro. Le sacó un empate a Portugal y no sé si no mereció ganar. Le jugó de igual a igual, sin complejos. Tuvo como figuras a Yoane Wissa (autor del gol, el primero de RD del Congo en la historia de la copa), del Newcastle y el criticado Aaron Wan-Bissaka, el marcador de punta que hoy milita en el West Ham y siempre destacó en el mano a mano contra los delanteros.

Muchas ocasiones, pocas asociaciones
Terminó el partido entre Inglaterra y Croacia. Al principio se mostró como un partido típico. Estudiado, sin que nadie regale nada. Los primeros goles vinieron de incidencias de esas que llaman de otro partido, como un error tonto que derivó en un penal o un tiro de media distancia.
Después vino un cabezazo certero de Harry Kane, para romper con aquello de que nadie regala nada, porque llegó al area más solo que la una. Y para el nuevo empate, una jugada antológica: Pašalić pone un pase largo en el area que bien lo podría firmar el Beto Alonso. Le cae en la cabeza a Perišić (héroe de los mundiales si los hay, de esos que descongelan cada cuatro años a la manera de Shaqiri), que se había metido en diagonal de derecha a izquierda arrastrando marcas. Gira y de espaldas al arco se la baja al delantero Petar Musa que llega y define. Golazo.

Y espero que los croatas hayan celebrado en el entretiempo, porque Inglaterra lo pasó a ganar ni bien arrancó la segunda mitad. E inmediatamente después, fue un aluvión de fútbol inglés. Empezaron a empujar y la defensa croata parecía decir “¿cómo no, señor? Pase por aquí”.
Vinieron los corners en favor de Inglaterra, jugadas en las que no hubo goles porque el Dios del fútbol simplemente no quiso. En una ocasión Livakovic juntó en el mismo cuerpo a Lev Yashin, Buffon y Neuer.
Luego vino un cuarto gol inglés, pero en general diría que fue un resultado mentiroso. No porque no se hubiera apreciado tal diferencia en la cancha, de hecho podría haberse dado una goleada tranquilamente, sino que no se vio esa calidad de juego y espectáculo. Fue un partido planchado, estático. Claramente los “hydratation breaks” no ayudaban. Sin más emoción que aquel tramo de dominio luego del tercer gol de Inlgaterra.
Gol Ghana
Va terminando el día mundialista y de postre tuvimos un Ghana-Panamá. El partido fue un 1 a 0 agónico de lo más pobre del mundial, pero tuvo el honor de cerrar la primera fecha para los equipos africanos siguiendo la tendencia antes mencionada. Vienen sumando puntos, jugando bien, con cabeza y pisando fuerte.
En la primera fecha de este mundial consiguieron sumar el 33% de los puntos, superando el 13% de la edición anterior, el 20% del 2018, el 27% del 2014 y empatando las actuaciones colectivas de la Confederación Africana en la primera fecha de las copas de 2002 y 2010 (las mejores de este siglo).
Lo que no dicen esas estadisticas es que los puntos conseguidos este Mundial 2026 son incluso más meritorios que aquellos de décadas pasadas. Está bien que en 2002 Senegal se sumó un lindo poroto al vencer a la vigente campeona Francia en ese primer partido, pero hoy fueron España, Portugal, Bélgica, Ecuador, Bélgica y ahora Panamá las que perdieron sus puntos con los africanos. Veremos cómo evoluciona la tendencia.
