Por Fabio Martín Olivé (@fmartinolive)
Chequia es un West Ham de la Copa del Mundo. Un equipo rocoso, limitado y directo, de esos que no pretenden ser algo que no son. No busca adornarse ni monopolizar la pelota. Su apuesta es mucho más simple: defender, resistir y aprovechar sus fortalezas. Y la principal está en los laterales. Cada saque largo de Vladimír Coufal parece un tiro libre.
El empate ante Sudáfrica fue además una jornada particular por otro motivo. El encuentro fue dirigido por la estadounidense Tori Penso, la única árbitra presente en esta Copa del Mundo y la segunda en la historia. Penso ya había arbitrado en el Mundial de Clubes y en dos Copas del Mundo femeninas, además de haber participado del seminario que la FIFA organizó en Buenos Aires y dirigido a la Selección Argentina en un amistoso frente a Venezuela.
En el Grupo B aparece una Suiza que genera sensaciones encontradas. Es un equipo agradable de ver: tiene asociaciones rápidas, buenos movimientos y una circulación de pelota que fluye con naturalidad. Durante largos tramos da la impresión de estar construyendo algo importante.
El problema llega cuando se acerca al área. Allí todo se diluye. Le falta una presencia de peso, una amenaza capaz de transformar la elaboración en peligro real. La solución, sin embargo, estaba en el banco de suplentes.
El joven Manzambi ingresó en el momento justo y, con su desfachatez, rompió el cerrojo bosnio. Su irrupción cambió por completo el partido. De repente, el conjunto chocolatero encontró la contundencia que le había faltado durante casi dos encuentros completos y, en apenas diez minutos, convirtió todos los goles que venía negándose. El resultado fue una goleada por 4-1 que maquilló las dudas ofensivas mostradas hasta entonces y le devolvió la tranquilidad a los suizos.
¡Oh, Canada! Llegó el primer triunfo mundialista de la historia para los de la hoja de arce. Los dirigidos por Jesse Marsch entendieron desde el pitazo inicial que esta era la oportunidad de regalarle una noche memorable a su público y encaminar la clasificación a la siguiente ronda. Salieron a jugar con una intensidad que Qatar nunca pudo igualar y encontraron recompensa muy pronto.
Tajon Buchanan fue la gran figura de la noche. Juega con cara de pocos amigos, como ese chico al que acaban de castigar y está decidido a descargar toda su bronca contra el mundo. Pero detrás de ese gesto permanente hay un futbolista devastador. Potencia pura. Cada aceleración suya fue un problema irresoluble para el bloque bajo qatarí, que nunca encontró la manera de contenerlo.
Su complemento ideal es Stephen Eustaquio, que maneja los tiempos del partido como un metrónomo, siempre ofreciéndose como salida y eligiendo la mejor opción para que Canadá ataque. Los de Marsch fueron una apisonadora porque si te vas a estrenar la columna de triunfos en mundiales, que sea con una goleada de local.
La nota amarga de la jornada fue la durísima lesión que el qatarí Madibo le provocó a Koné. La gravedad de la acción quedó reflejada en la reacción de quienes estaban sobre el campo: compañeros y rivales se llevaban las manos a la cabeza, conmocionados por las imágenes y los gritos de dolor del mediocampista del Sassuolo.
Madibo vio la tarjeta roja y abandonó el terreno de juego entre lágrimas, consciente de las consecuencias de una entrada tan torpe como desafortunada. No hubo mala intención en la jugada, pero eso no hizo más fácil asumir el peso de una acción que terminó opacando una tarde que debía ser una fiesta para Canadá.
La definición del grupo promete emociones. Suizos y canadienses se enfrentarán en la última fecha para decidir quién se queda con el liderato. Mientras tanto, bosnios y qataríes todavía conservan una pequeña esperanza: ganar su partido (y si es por goleada, mejor) para intentar colarse entre los mejores terceros.
La jornada se cerrará con México y Corea del Sur. Hay ganas de volver a ver a Hwang In-beom, uno de los futbolistas más interesantes del torneo hasta ahora, y de comprobar cómo responde el conjunto local ante un rival que seguramente lo exigirá mucho más de lo que pudo hacerlo Sudáfrica.
