Por Sebastián Pujol (@seba_del83)
Faltan pocas horas para que la selección uruguaya salga a disputar el segundo partido de su grupo y Marcelo Bielsa da la conferencia de prensa previa. Necesita un triunfo contra Cabo Verde. En el debut con Arabia Saudita la Celeste se olvidó de jugar al futbol durante cuarenta y cinco minutos y encontró, con más ganas y desesperación que ideas, un empate agónico.
En ese contexto, a Bielsa le hacen preguntas y él se mantiene firme a su manera de comunicarse. Mirada gacha, tono monocorde, pensando las preguntas, respondiendo hasta donde quiere. Mi hija, que dibuja al lado mío, me pregunta por qué le presto tanta atención a ese señor tan aburrido. «No todo tiene que ser divertido», le respondo, mientras el técnico de Uruguay para la pelota ante una pregunta cualquiera y nos invita a pensar.
“Hay muchísimos goles. Según la opinión generalizada, jugar cuatro tiempos en lugar de dos altera la concepción que la cultura había construido para interpretar el futbol. La cantidad de goles es bienvenida. Este cambio (…) no le agrega nada y le quita mucho».
Alza la voz, pero además profundiza: «Obviamente cuando se dividió en cuatro no se pensó en el efecto que puede tener sobre lo que hizo que el futbol sea un deporte que enamora, sino que se pensó en otro tipo de repercusiones que yo no las discuto, ni las analizo. Solo digo que antes de esta decisión el futbol tenía una característica y ahora tiene otra (…). Las conclusiones sobre este otro intento no son mías si no que las escucho constantemente y adhiero a eso.”
Así como Italia ’90 fue una bisagra que aceleró cambios en el futbol debido a la falta de goles, este Mundial, que por el contrario está plagado de resultados abultados, pareciera haber llegado para volver a cambiarle una vez más la cara al deporte más popular del planeta.
Con la excepción del empate sin goles entre Irán y Bélgica, el segundo domingo mundialista del 2026 ratifica la tendencia goleadora. Japón, que ya no sorprende, le metió 4 a Túnez, España hizo lo mismo con Arabia Saudita casi sin esfuerzo y Uruguay y Cabo Verde nos regalaron un hermoso 2 a 2, que volvió todavía más emocionante de lo que esperábamos la definición del grupo H.
Volviendo a las palabras del Loco, entre los cambios que trajo consigo esta Copa del Mundo la pausa de hidratación es quizás la más polémica. Todos sabemos que importa mucho menos el cuidado de los deportistas, que la posibilidad de recaudación.
Se ampliaron los espacios para vender publicidad y se le da tiempo al público en la cancha para que consuma. Como pasa en todos los deportes de Estados Unidos, en los tiempos muertos pudimos ver como las tribunas se vacían y la gente se apura a comprar.
Todavía más interesante es analizar los datos que proporcionó la empresa Driblab, que analiza datos del juego utilizando inteligencia artificial. Cuando recién se habían jugado 28 partidos del Mundial, reveló que en el 78% de los encuentros se produjeron cambios relevantes en la dinámica del juego. Incluso en el 43% de los casos se invirtió de manera completa la tendencia y la selección que llevaba las riendas del partido, perdió el control de la pelota.
Gustavo Alfaro, el otro técnico argentino de una selección extranjera al que también es siempre un placer prestarle la oreja, después de la victoria de Paraguay dijo que le cuesta jugar este nuevo deporte. Habrá que ver como se acomodan las cosas con el tiempo.
Lo que sí sabemos es que la definición del grupo H, de donde saldrá el rival de Argentina en 16avos de final, va a ser imperdible. España demostró por qué es una de las favoritas y que el empate del primer partido había sido tan solo un error.
En la última fecha de la fase de grupos es fácil suponer que va a salir a ganarle a una Uruguay necesitada para clasificar primera y no cruzarse con el campeón defensor. Los charrúas, por su parte, empataron un partido que nunca controlaron y ahora están obligados a jugarse el todo por todo. El Mundial, a pesar de todo, sigue siendo el mejor evento deportivo que haya inventado el ser humano.
