Por Rocío Gorozo (@RGorozo)
Después de la jornada emocionante de ayer, esperaba que esta tarde también tuviese momentos adrenalínicos. Lamentablemente, casi no se dio. En el primer encuentro Costa de Marfil empezó atrevido e intenso, con Diomandé y Pepé por las bandas, neutralizando la ofensiva nórdica y llegando constantemente al área y al arco rival, pero sin precisión.
Perdonó demasiado y Noruega no necesitó brillar para ser efectivo. Odegaard (gran organizador del equipo) conectó con Nusa, que encontró los espacios para anotar a poco del cierre del primer tiempo. Luego todo se tornó bastante aburrido hasta los 74′. La pizca de esperanza marfileña provino desde el banco: Amad Diallo solamente necesitó ¡14 minutos! para, bien a lo Messi, romper líneas, gambetear a los rivales y hacer un golazo para los libros de historia. Fue intentendible su suplencia hoy.
Y también es una injusticia ya no poder seguir disfrutándolo en este Mundial, porque cuando todos suponíamos que se venía el alargue, una gran jugada colectiva le permitió a Erling Haaland -casi desaparecido durante el partido- convertir con tan sólo un pequeño empujón. Cosas que suceden cuando sos un nueve con olfato goleador. Así, los Vikingos pasaron a octavos de final, celebraron con su gente -que se hizo notar- y tendrán un cruce más que interesante: Brasil.

Luego llegó el choque más predecible, Francia vs. Suecia. Comenzó siendo incómodo y friccionado para los galos, hasta que paulatinamente fueron desgastando la defensa sueca. Mbappé, Olisé y Dembélé (este último, de partido muy discreto) tuvieron múltiples oportunidades, pero la mala suerte y las buenas intervenciones de Zetterström evitaron que se destrabase el cero hasta que una desatención defensiva permitió que Mbappé se colara e hiciera un gol.
Los segundos 45 minutos ya estuvieron marcados por la asimetría de calidad. Mientras los franceses destilaban calidad, rapidez y juego colectivo, los suecos comenzaron a mostrarse sumamente displicentes, a tal punto que era irritante observarlos jugar. Sólo puedo rescatar las actuaciones del arquero y de Gyokeres, que intentaba constantemente llegar, luchar en el área rival. Barcola y nuevamente Kiki liquidaron el trámite.
Les Bleus se visten de candidatos y generan miedo. Sin embargo, próximamente serán los molinos de viento del aguerrido Don Quijote paraguayo liderado por el profe Alfaro, cazador de utopías imposibles. Y este Mundial nos viene demostrando que el fútbol puede seguir siendo «la dinámica de lo impensado».
Mientras tanto ya se está palpitando un cruce picante entre México y Ecuador. Ambos vienen envalentonados, uno por la fortaleza de la localía, y el segundo por llegar a dieciseisavos derrotando al histórico campeón europeo. Seguiremos atentamente los acontecimientos…
