Por Rocío Gorozo (@RGorozo)
Este lunes Argentina se enfrentará a Austria. El historial es breve, pero trae a colación la relevancia del primer encuentro entre ellas, que ocurrió un 21 de mayo de 1980, en el Estadio Prater de Viena, colmado de 70.000 personas.
El conjunto dirigido por César Luis Menotti estaba realizando una gira de amistosos por el Viejo Continente con el objetivo de prepararse para el Mundial ‘82. En ese marco, cerró con una goleada 5-1 ante el Das Team, de la mano de la actuación estelar de un joven de 19 años llamado Diego Armando Maradona. El Pibe de Oro anotó goles a los 15, 74 y 88 minutos, en lo que fue su primer y único hat-trick vistiendo la camiseta celeste y blanca.
Uno de sus compañeros, el mediocampista Juan Alberto Barbas, recordó que fue un partido extraordinario, que había dejado -tanto entre la gente como en la prensa europea- la sensación de que eran candidatos a conseguir el bicampeonato del Mundo. “La locura de seguir creyendo”, diría la Mona Jiménez.
Pero la moneda tiene dos caras. La exhibición futbolística contrastaba con el malestar de un pueblo, sometido bajo una sangrienta dictadura, avalada por los medios de comunicación nacionales. Entonces, los exiliados cometieron un acto de enorme valentía, haciéndose ver en una de las esquinas del estadio con una bandera blanca con letras negras: «¿Dónde están los 20.000 desaparecidos?»

La imagen apareció en plena transmisión televisiva, desafiando la censura de la época y adjuntándose como otra prueba contundente frente a los brujos que piensan en volver a nublarnos el camino, capaces de negar -sin pudor alguno- el número de víctimas y las atrocidades cometidas por el terrorismo de Estado. Los desaparecidos eran y son argentinos, al igual que las Islas Malvinas. La Selección no pudo vengar a los primeros, pero sí a los combatientes y caídos en la guerra de 1982.
Quién diría que tiempo después, ese pibe nacido en la calle de tierra y criado en una cancha daría cátedra de viveza criolla, potrero y calidad deportiva en partes iguales, humillando a Inglaterra en el Azteca, ganándose el odio de algunos y el amor de muchos, incluyendo a quienes históricamente habían sido sometidos al yugo del imperialismo británico, acariciados por esa “justicia poética” e inaugurando así una devoción hacia nuestro país, nuestro fútbol y sus figuras: irlandeses, escoceses, indios y bangladesíes.
Es por el Gol del Siglo que, casualmente (o causalmente), el 22 de junio se conmemora el día del futbolista argentino. Una excelente oportunidad para homenajear, sellar la clasificación a dieciseisavos de final y (¿por qué no?) de conseguir otra revancha en Dallas.
Porque en esa misma ciudad, en la previa del partido contra Bulgaria, el Barrilete Cósmico se despidió de la Selección y del Mundial ‘94 con su frase más triste. Esa que, así como la lloraron mi mamá cuando volvía del trabajo y un taxista mientras escuchaba la radio, la lloró una nación entera: «Me cortaron las piernas».
Por eso estamos #PensandoEnVosSiempre Diego, aunque haya quienes se empecinen en denigrarte, ningunearte y demonizarte. Quizás necesiten alimentar divisiones y prejuicios en una sociedad desesperada por un instante en el cual se vayan las penas y el dolor, consciente de que, en estos momentos y contra todo, la Albiceleste es la única capaz de demostrar que las sombras que aquí estuvieron no estarán, para que bebamos y emborrachemos la ciudad.
