Por Matías Mosquera (@matiasmosquera)
Esta es la segunda parte de Crónicas Qataríes. Leé la primera acá: https://lapelotasiempreal10.com/siempre-al-10/aterrizaje-en-el-desierto/
Argentina vs México fue el partido que me llevó a Qatar. Yo no tenía ninguna duda de que quería ir, pero me era difícil no sentirlo una estupidez. Por la distancia, los precios, el ahogo de la economía argentina.
Después de un intento fallido, en la última ventana de compra antes del sorteo compré un paquete llamado 4 estadios random. Mi intención de estar en esa zona del mundo en ese momento era más fuerte que mi pretensión de hincha, no me importaba no ver ni un partido de Argentina. Además me entusiasmaba la posibilidad de conocer 4 estadios distintos en una semana. Planazo. Después el resto lo iría viendo.
Mis cuentas me daban que uno de mis 4 partidos sería España vs Alemania y eso ya era alentador. Al día siguiente, FIFA lo anuncia: uno de mis partidos random iba a ser Argentina vs México en Lusail. No sé cuántas veces chequeé que fuese real. Pero cuando logré convencerme de que sí, entendí el guiño del destino y aceleré los planes, que luego decidieron ponerme una acreditación y laburo por delante.
Así que ahí estaba. El partido que me había llevado hasta ahí, me podía despedir. En realidad no planeaba irme, pero ya lo había vivido en Rusia y si bien el viaje seguiría en pie, el Mundial se apagaría un poco. El clima era tenso, porque los mexicanos eran muchos y no son de esconderse. Si bien se veían más camisetas argentinas, no todos eran argentinos de nacimiento, de hecho la minoría, y eso se hacía notar a la hora de hacer ruido.
En la previa, los mexicanos eran los que desde temprano se juntaban a cantar y a ilusionarse con frustrar a su verdugo de tantos mundiales. Los cafés alrededor del estadio estaban copados por ellos. Argentina había sido visitante ante Arabia Saudita de una forma abrumadora, y el termómetro de la calle me daba que otra vez pasaría lo mismo. Aunque también tenía el dato de que muchos argentinos estaban llegando.
Entre semana, en el Barwa se gesta una de las jugadas fundamentales del Mundial de Qatar. Ahí paraba el grueso de la Banda Argentina en Qatar, un núcleo organizado de hinchas autoconvocados que tiene sus grupos de Whatsapp, cuenta de Instagram y juntadas en Parque Sarmiento.
Ante Arabia nos había matado el choque entre la canción argentina, con versos largos y de construcción paulatina, ante el grito de guerra árabe. Te tapa, te lleva puesto, te va desgastando.
Otro factor determinante fue la distribución en el estadio. Las camisetas argentinas estaban desperdigadas por el estadio, mezclados los turistas con los hinchas, con los indios, con los árabes. En esa distribución se impusieron los verdes.

La banda del Barwa empezó a organizarse para que la gente argentina estuviese junta. Se viralizó el arco detrás del cual había que ir. Y apareció un plan maestro lleno de ingenio argentino. Adentro todo estaba comunicado, y una vez que entrabas con mostrar la ubicación alcanzaba. Por eso habían movido capturas de pantalla con ubicación del sector de atrás del arco. Así fueron esquivando el control y juntándose todos ahí, aunque tuvieran otra ubicación. Luego era cuestión de aguantar los trapos.
Los mexicanos o turistas que caían a los lugares obviamente se iban a quejar de que ese lugar era suyo. Pero ahí estaba la organización. “Donde entra 1, vamos de a 4” decía el flyer previo. Así se fueron plantando los argentinos, que ya habían medido que los agentes de seguridad no tenían cintura para lidiar con 4 locos. Así corrió hasta Luisito Comunica.
Esto fue clave para que las canciones tengan su núcleo fuerte y se contagien en el gigantesco estadio. Argentina no tenía más gente que México aquel día en Lusail, pero retumbó el doble. Una estrategia que funcionaría durante todo el Mundial, cada vez con más fuerza.
Scaloni también cambió la estrategia. Sacó a Paredes, a Papu Gómez, a Cuti Romero, y Tagliafico. A la cancha Guido Rodríguez, Mac Allister, Lisandro Martínez y Acuña. Por mi parte, pasé de la tribuna de prensa a la tribuna. Destinos afortunados me dieron lugar en una platea preferencial abajo de todo.
Le podía ver la cara de preocupación al equipo que no daba dos pases seguidos. Molina y muchísimas dudas para salir. Guido no se ofrecía como opción, solo se metía entre los centrales. De Paul era un completo desastre. Lionel se frustraba.
Pasaban los minutos y el clima se iba tensando porque jugaban cada vez peor. Era un partido de Copa Libertadores. Se metía, se hablaba, en la tribuna también. Discusiones, algunos empujones entre mexicanos y argentinos. Fue el partido más difícil de todos. Porque el precio era el más alto. La vuelta prematura, el desastre. Perder con México.
El entretiempo fue de absoluta tensión. Silencio, nervios. En el Mundial se juega algo más que un partido de torneo local o incluso de Copa. Lo que pase dentro de la cancha influye sobre la vida y el cuerpo más que en cualquier otro evento.
De lo que hagan estos tipos depende si miles de personas se sacan un nuevo pasaje, si se van a pasear a otro país, o si se estiran alojamientos, llamados a aerolíneas, excusas en el trabajo. Quedarse sin chances tanto antes es el peor de los escenarios. Es un desperdicio total. Qué hace uno en un lugar tan caro, tan lejos.
Arranca el segundo tiempo y todo sigue igual hasta que Scaloni mueve una pieza fundamental. A los 57’ manda a Enzo Fernández por Guido. De 5. Un cambio arriesgado, pero que paga enseguida. Muchos se quedan con el golazo que hará para sentenciar el partido. Pero entra y ya para el equipo 15 mts adelante. Esto lo noto y lo anoto enseguida.
No tengo dudas de que esto provocó el gol de Lionel. No hubiera sucedido sin ese cambio porque antes el equipo estaba partido, no ganaba terreno. Y Enzo cambió eso. El gol más gritado de todos. De todo el Mundial. El más determinante espiritualmente.
Desde los 12 minutos, más allá de los goles, el “Ahora nos volvimo’ a ilusionar” sonó en las cabezas. Como que se desbloqueó. Habían sido 140 minutos de parálisis, de inercia. Y con el ingreso de Enzo estuvo el clic. El equipo de la Copa América, el que generaba la ilusión, se había despertado.
El golazo en el 2-0 lo confirma, pero ya el semblante de Lionel era otro, aparece el toque de Mac Allister y, De Paul, sobre todo De Paul, da un giro. Había sido malo su primer partido y malísimo su primer tiempo. Pero en el segundo resurgió.
El jefe de los comunes. Uno de los armadores claves de esta Selección. Con el partido 1-0 tiene la pelota un mexicano por la izquierda, a metros de donde estoy sentado. De Paul lo mira a los ojos y le dice “encarame, encarame, no tengas miedo”, mientras se golpea el pecho. El mexicano la pasa para atrás. De Paul nos mira a los ojos y en el mismo tono exige que alentemos. Es la manija que controla la intensidad del equipo.
Al partido contra Polonia ya llegamos con la certeza confirmada de que la Scaloneta había arrancado. De Paul empujando, Enzo y MacAllister como directores de orquesta, Julián afirmando su presencia. Se cae Messi dos minutos, y Mac Allister dice hold my beer.
El segundo tiempo con el rival pidiendo clemencia, pidiendo «por favor paren», es una sensación nueva para mí. Termina el partido y los jugadores repiten el ritual con México, acercarse a la tribuna donde estaba la banda y cantar un poco con la gente, que se queda media hora al menos. Nos fuimos con la seguridad de que se iba a ganar. Corría una electricidad. Lo que estaba escrito se empezaba a leer.
Después llegó Australia. Ahí apareció el líder en todo su esplendor y la mística de un equipo copero. Apenas hizo el gol Messi todos pensamos lo mismo: al fin. Después de cuatro Mundiales, rompió el maleficio del gol en playoffs.
Cuando descontó Australia y el equipo atravesó algunas dudas, otra vez se puso en modo líder total. 10. Messi maradoneado. Messi sublime. Buscando la pelota en todos los sectores. No es el Messi de instantes, de puñaladas de 2014. Son los 10 minutos de Maradona vs. Nigeria. No quiere soltar la pelota. Junta, descomprime, gambetea, va al piso, pide todas. La Pelota Siempre Al 10.
