<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Cuento de fútbol archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
	<atom:link href="https://lapelotasiempreal10.com/tag/cuento-de-futbol/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://lapelotasiempreal10.com/tag/cuento-de-futbol/</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Sat, 07 Mar 2026 17:24:07 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	

<image>
	<url>https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2022/04/cropped-logo-512-32x32.png</url>
	<title>Cuento de fútbol archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
	<link>https://lapelotasiempreal10.com/tag/cuento-de-futbol/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Crónica de un clásico</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cronica-de-un-clasico/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cronica-de-un-clasico/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Mar 2026 17:16:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Clásicos]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Hincha]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3752</guid>

					<description><![CDATA[<p>¿Qué cosas puede hacer un hincha para llegar a tiempo a un partido importante? Los límites están por verse.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cronica-de-un-clasico/">Crónica de un clásico</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Uriel Frimet (<a href="https://www.instagram.com/ufrimet_">@ufrimet_</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7f0e2ed862358118fa3a91c03a6adb07">Yo ya presentía que no iba a salir redondo el día de laburo. Sabía desde el lunes que quería tenerlo todo bien cerradito para el viernes a las 4 de la tarde, por si surgía algún <em>martes 13</em> y tener 2 horas para solucionar cualquier inconveniente e irme rajando a la cancha a las 6 de la tarde. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7023c54f360f8f9dd0b65f05eadeb0dd">Pero este laburo del orto, con compañeros displicentes, sueldos bajo tierra y ni una mina linda, nunca me va a dar un puto día de paz. Y con paz me refiero a poder salir en horario y llegar puntual al clásico. Este no era cualquier clásico. Pasaron 23 años desde el último que jugamos. Se fueron tan al descenso que llegaron a quebrar los boludos. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e86ce1cc220a8a79fa043ced63ec96c8">Lo digo en voz alta pero toco madera, no vaya a ser que por decir esta mufa nos pase a nosotros. Ese día de la quiebra sus barras empezaron a quemar pelopinchos en la sede central. Se ve que alguno laburaba en una empresa de plásticos y se afanó varias piletas para llevarlas al <em>reclamo legítimo</em> que tenían. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6a6b2f133a2fc78ad811589f093991c">Hubo cobertura de varios medios de televisión pero también un vecino del barrio que quedó incomunicado para siempre. Inhaló tanto plástico quemado que la quedó. “Ya estaba a un paso del cielo”, decían los barras en el juicio cuando los imputaron por homicidio indirecto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-273b28dd74096fcea599588d811e6f85">Frente a todo pronóstico pude salir seis y diez. Era más que una batalla ganada. Salí corriendo como pude por los molinetes de la oficina y me fui a la parada del bondi. De camino ya visualizaba cómo y por cuál calle iba a entrar a la cancha; como iba a esquivar a todos los faloperos que siempre entran tarde y encima gratis porque la barra les da entradas. ¡Forros! </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff3cc0979841c4c0c4baab0b552e1261">Pero el puto bondi no llegaba. Eran las seis y veinte. Y pensé en tomarme el subte y después otro bondi para acortar camino. Lo hice. Arranqué disparado como si tuviese un monopatín y casi que no esquivé a la gente y me llevé puesto hasta la vieja más vieja.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6f634bccb6b809a3ada05da2369fb5cb">Ya en el subte siendo las seis y cuarenta me puse a pensar si haber saltado el molinete de la estación había estado bien. Recuerdo que pensé “Me chupa un huevo todo”. Es que era viernes y jugábamos el clásico después de años verlos hundidos en la mierda. Nunca festejé el dolor ajeno, pero pa&#8217; qué te voy a decir que no si sí. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3f50acb7fdf9750ccac1e117947148b1">Faltaban 10 minutos y yo todavía estaba a media hora. Puteaba al aire a cada uno de mis inútiles compañeros. Primero en orden alfabético y después por edad, de mayor a menor. Porque me daban más rabia los viejos esos que pedían ayuda todo el tiempo con la computadora.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-eedb8076f5b797fb796a461eeffd849e">Son las 7 de la tarde y recién me subía al bondi. Estuve sentado con las manos y pies orientados a la puerta del medio para salir corriendo en cuanto sea mi parada. Miraba por la ventana y veía a cada pelotudo llevando su día tan tranquilo que me daba ganas de sacar la cabeza por la ventana y gritarle cosas para activar su nerviosismo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de9de59d2f109898dace5a579d35b807">¿Que no se dan cuenta que es el clásico? ¿Qué mierda van a hacer un viernes a la tarde? Estos pensamientos de matón creo haberlos heredados de mi tío que era medio tranza y medio ferretero. Nunca supimos bien qué le pasó. Dicen que se la pegó haciendo <em>la Willy </em>en el puente de San Martín, pero nunca encontraron el cuerpo ni nada. Ya no quería pensar en desgracias. Yo necesitaba llegar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b24630a5093e9a08ebc5783b056a3073">Supe nada más que estaba 0 a 0 a los diez minutos de haber empezado el partido y me quedé sin batería en el teléfono. Estaba a la deriva. Sin rastros de mi club ni de los amargos esos quebrados. La ansiedad y la transpiración aumentó exponencialmente al estar incomunicado totalmente con mi mundo real, el clásico. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-24150a66329ddc1a39f48368ecac82b0">Contaba cada semáforo en rojo que no se arriesgaba a pasar el colectivero. Sumaba los segundos que tardaban en subir las viejas al bondi. Asomaba mi cabeza a ver el tablero para asegurarme que vaya lo más rápido posible. Son incontables la cantidad de detalles que uno puede estar pendiente cuando se enfoca en un objetivo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9f89eb5cff2648c3a8f87efcaa4bf2d8">Lo último que recuerdo del trayecto de ese día amargo, vacío y sin alma era que lo vi a Tito, el del kiosco del barrio, contando billetes de tantas birras vendidas. Al menos uno en el barrio se fue feliz ese día. Y yo, que ya no distinguía qué molinete pasar civilizadamente y cuál no, crucé el de la cancha con un salto en alto formidable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dfc86d1cfb86eef7df494cf887d236a8">Caras largas, desazón y bocas tapadas con bigotes a punto de largar una guarangada sobre la madre del primer jugador que se equivoque. Había un silencio incómodo, gente con manos en la cabeza, hombres sentados diciendo cosas incoherentes a punto de perder la razón. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-39a255f8665e0997e49b1056ae927719">Un ambiente en el que se debía prestar ovación a once energúmenos en realidad era un funeral multitudinario con tribunas llenas replanteandose su existencia. Giré mi cabeza hacia el tablero electrónico. 40 minutos y 0-4 abajo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c8a1bfeebdb1487ebb29ea564d290457">Miré incrédulo a los ojos a quienes tenía a mi alrededor. Fue en ese preciso instante que engendré y coordiné, como nunca había hecho en mi vida, el momento de mayor divinidad sobre la faz de la tierra. Un instante que parecía ensayado durante años y que mi destino me tenía esperando: liderar 40.000 almas congregadas para descargar sus miserias y labrar por un bien común gritando un humilde y sentido: “Jugadoooooores la concha de su maaaaaadre…»</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="560" height="839" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-8.png" alt="" class="wp-image-3753" style="width:390px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-8.png 560w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-8-200x300.png 200w" sizes="(max-width: 560px) 100vw, 560px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen realizada con IA.</figcaption></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cronica-de-un-clasico/">Crónica de un clásico</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cronica-de-un-clasico/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>1</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El equipo del bar de la esquina</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-equipo-del-bar-de-la-esquina/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-equipo-del-bar-de-la-esquina/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Feb 2026 13:45:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Directores técnicos]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3678</guid>

					<description><![CDATA[<p>¿Cuánto saben de fútbol los hinchas? La única manera de saber es ponerlo a prueba</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-equipo-del-bar-de-la-esquina/">El equipo del bar de la esquina</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Toni Schweinheim (<a href="https://x.com/ToniDibujante">@ToniDibujante</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4d6a223ed937db46f639e8b3c78a4f52">Juan Fontana o el Mencho, como le decían por su parecido con Medina Bello, probó de todo en diez partidos: dos nueves, uno por adentro uno por afuera, 4-3-3, 3-5-2, 4-4-2… y nada. De diez partidos ganó uno, empató tres y perdió seis, con el agravante de los tres últimos en fila.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f7fae2bceec28bc4d1fd12f97d0e0981">“Mire Fontana, nosotros respetamos a los entrenadores, sobre todo cuando han sido ídolos de esta institución, pero los plazos se acortan y los objetivos no se cumplen. No lo tome como una advertencia ni como una amenaza, pero fíjese qué hace”, fueron las crueles, duras palabras de Mambertti, el presidente del club.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b77ca7b229f5d9decc1d4f354a19f06c">No era ni una advertencia ni una amenaza, era algo peor, un despido encubierto, o quizás un apriete para que renuncie. El Mencho salió de esa reunión con la cabeza en otro lado. Estuvo como ido un par de minutos, veía pero estaba ciego. Busco oxígeno, bajó las escaleras, se metió por el vestuario y salió a la cancha.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-607d60455668902765f382a8417bda80">Sintió tristeza. No había podido lograr el ascenso como jugador. Doce largos años intentando ascender con ese equipo, como un moscón que repiquetea contra un vidrio. Lo más lejos que llegó fue a una semifinal en los viejos octogonales. Morón lo goleó.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ec785e1bf5c9c0070f3daf3c4fceea84">Cuando colgó los botines juró hacerlo ascender como entrenador. Esta era su primera experiencia al frente de un equipo. Tal vez sea la última también; cuando sos técnico en el ascenso y te va mal, desaparecés. El sistema perverso del ascenso. Te rajan. Chau. Ni siquiera quedas con los juveniles porque ahí hay gente desde hace décadas. Te vas al olvido.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c2ed17e44959c8d8aaf2821094b80876">A Juan se le arremolinaban los recuerdos. El gol que le hizo a Tristán Suárez en aquel arco para salvarse del descenso… aquella vez tuvo que hacer de arquero improvisado porque se quedaron sin cambios y el loco Sevilla se había ido expulsado…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3d539d4ebcff8875450c970d46d07273">—Es así maestro, si la pelotita no entra, fuistes —dijo el canchero arrastrando una “s” innecesaria en la palabra. El Mencho lo miró como desorientado. Todavía no había salido de sus recuerdos, le pareció que el canchero estaba más lejos la última vez que lo vio. Ahora estaba a su lado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-55f350fe4309b80434c8ecfb3c56f076">—Es así viejo, es así —dijo por fin con un suspiro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-00601a8882d6adc44d3cb49ab8ed6d68">— ¿Sabe lo que pasa, don? Ustedes, los técnicos, estudian mucho pero no saben nada. Ustedes piensan que porque fueron jugadores o se recibieron de DT, saben todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-27be3c99ece0b4fc2a5ea2f9d1d230b1">—Puede ser —respondió el Mencho casi sin ánimo. Estaba con la guardia muy baja. En otros tiempos le hubiese saltado a la yugular a cualquiera por esos dichos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4efb538dffb5cfd68c5ad1add98c234a">—No lo quise ofender —comentó el canchero admitiendo su dureza anterior—. Tampoco es para tanto, pasa que ustedes son muy teóricos. Y son muy caprichosos. Usted cambió de estrategia solito, sin consultar a nadie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a5a5852f9f5695bc7421e97858d5f51c">— ¿Y a quién le voy a consultar? —se encogió de hombros el Mencho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1faddd5f93238dcef4b861809151c7e3">—A nosotros, a los hinchas. Ustedes son como los políticos, hermano —dijo el canchero alzando los brazos—, si los políticos escucharan al pueblo seríamos felices. Si ustedes los entrenadores le preguntaran a los hinchas, yo le puedo asegurar que vamos a tener un mejor fútbol.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7288665b928a36659f1f27c6b895aa7">— Yo me llego a acercar a la platea o a la popular y me putean…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2ab309c3790c06d46c459c31acabca8f">—En el bar de la esquina, don Mencho —dijo el canchero, como si revelase alguna fórmula secreta, nos juntamos a charlar de fútbol todas las santas noches. Creo que ni el Menotti ni el Bilardo hablaron en su vida tanto de fútbol como nosotros. Nosotros mamamos de chicos este club. Es nuestra vida, usted es un ídolo pero nosotros conocemos palmo a palmo esto, estamos acá desde pibes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9194af34846c1485ff79153c98065535">—Lléveme ahí, ayúdeme, me queda un único partido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7ed7b6605a4f79546767c296c07d6c73">—Noooo, si usted llega a aparecerse por ahí, los muchachos no hablan, se cagan encima. No se van a sentir libres de hablar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-05aba1b15b73d5331e9e746bd01c7817">—Me pongo lejos, los escucho de lejos, no sé. Yo amo este club, no me quiero ir. Haría cualquier cosa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f9d52c48aad0607f7147f30dd1328c50">—Yo lo voy a ayudar porque a usted lo aprecio, pero desde ya le digo que usted tiene muchos errores y tiene que aceptarlos. Tales y Rodolfo siempre juegan encimados, se estorban. Un desastre eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bf2f30489692f8b01d4926137432e0eb">—Pero los cambié de posición como siete veces en diez partidos…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-595c9b65f11bea6b986bbf1bb22d74d9">—Ah, eso es lo que ve usted desde el banco. Yo le aseguro que todos los hinchas comentamos eso desde su llegada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c06ee382e7927a84c94b0f2857138af9">—Bueno, dígame qué más.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6de8cca02d453c7db1fc3ea80be097b1">— Vásquez sube pero nunca baja… —dijo mientras se rascaba la cabeza con la visera de la gorra—. Son muchas cosas, los muchachos le tienen que decir. Vamos a hacer una cosa. Hoy es lunes, el partido es el sábado. Desde hoy al viernes voy a ir al bar como todos los días a hablar con los muchachos y voy a grabar las conversaciones, así de sopetón sin que se enteren y no se abataten. Todos los días a esta hora voy a traerle el casete, usted lo escucha y va cambiando todo. Yo creo que es una linda experiencia, ¿no le parece?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-409aabea4deb39b307f97b350f91d753">—Mire, yo estoy jugado. La verdad es que vine acá para tomar coraje y renunciar mañana o pasado. Pero si escuchando al hincha puedo poner alguna variante y mejorar, rasguñar un empate y aguantar un partido más, yo le juro que sigo todo al pie de la letra. Si total ya estoy perdido…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-127da7dbf556a5097e336f589d3b16c9">—No sea tan tremendo, hombre, mañana esté por acá a esta hora que le traigo la primera escucha, somos como espías—dijo riéndose el canchero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b77af8c1ab042e12e6d069998a7f39dd">—Dígame si le tengo que pagar algo, una ronda de ginebra a los muchachos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a019805ce84c96b03b82151da6735459">—Despreocúpese, ellos no van a saber nada, además yo me doy por bien pagado viendo ganar a mi equipo. Lo que sí le voy a pedir un favor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e91199df1730a3db9c4be814299d4e7">—Lo que quiera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-964bb9fc60f10c86fee188e5c145edcc">—No me tire los puchos dentro del campo de juego, cuesta un huevo sacarlos —dijo el canchero despidiéndose del Mencho, que ya había vuelto a encender otro cigarrillo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8111fd544309ebdde3cf11b83c0bfb73">Desde esa tarde el Mencho cambió completamente de ánimo. Se llenó de optimismo. Al día siguiente fue a ver al canchero, este le entregó un casete y se fue. El entrenador fue corriendo hasta su auto y puso la cinta en el pasacasete. Lo que comenzó a reproducirse era una típica charla de bar entre amigos. El ruido de vasos, el bullicio general, voces de fondo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca325a4481fef5c145edf2f1d8fc68ba">Se distinguía perfectamente la voz de Miguel, el canchero y la de tres personas más. Los cuatro tipos que hablaban lo hacían con soltura y hablaban de estrategias y planteos tácticos. Pero también pasó algunos calores cuando denigraban su figura como entrenador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6165e867796cf9f23d1ecc14ab5b54dc"><em>— ¿Sabes lo que pasa? Que este Fontana es un pelotudo, ¿cómo mierda va a poner a Medina, que ya está de vuelta?</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1d13b03842bbb8da465a41b080e5393c"><em>—Debe tener un tongo con el representante, yo no sé porque no lo pone al Chino Ávila que es una maravilla, el pibe.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e8d3d16a7b121fd8595dc0b415980716"><em>—No seas malo con el Mencho, es una gloria —era la voz del canchero la que se escuchaba— yo creo que le erra al armar el equipo.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-556326f0bff78dcd46925db2cdd4c6e0"><em>—Pero claro que se equivoca con eso. Los dos delanteros que ponen se chocan como dos boludos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-92e6f811febb8601204db7503ee070ea"><em>—A Otero hay que ponerlo como a los viejos wines, a Roncatti de 8, ¡pero qué va a hacer eso!</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f7ae68ace400d468dae29f41bb5d6e44"><em>— ¡Este mamerto lo pone a Ochoa de cinco! El gordo no se puede ni mover. Hay que poner doble cinco, Sosa y Ríos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1ff0ead5e68134226357cec0e3c56e36"><em>— ¿Doble cinco? Vos sos un cagón ¿Por qué no pones dos arqueros, también?</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-664da4fa31891916b6330b23202105be">Luego la charla se iba por discusiones vagas y banales. Pero más allá de eso, el Mencho iba anotando cómo podía armar el equipo. Al otro día y a la misma hora el entrenador se encontró con el canchero. Nuevamente le dio un casete con una charla parecida a la anterior pero que tocaba otras cuestiones técnicas.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2a8efa210bfe3cb5b6a4a925c5a6886f">El Mencho no podía creer lo equivocado que estaba al armar el 11 y cómo los hinchas la tenían tan clara. El resto de los días el entrenador fue acumulando casetes y nombres en su cuaderno para armar al equipo. Creía poder revertir esa situación y tal vez si todo mejoraba, pensaba en nombrar un comité de asesoramiento con estos hinchas de pura cepa, algo inédito en la conducción técnica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a00807b304c4913cbbdbe2db537898ad">El día del partido paró un equipo basado en los cinco casetes que le había alcanzado Miguel, el canchero, un equipo del paladar del hincha. Y Fontana lo notó, porque a la salida del equipo los hinchas alentaban mucho más que en partidos anteriores. Estaba todo dado para ganar y dar vuelta la historia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f98e9a0617016045e47d280b9367a4ab">El primer cachetazo llegó a los cinco minutos: Sosa se equivocó en la entrega y dejó muy mal parada a la defensa, Salaberry puso el 1-0. A los 15, Atlanta ya ganaba 3-0 gracias a errores infantiles. El Mencho Fontana estaba sobre la línea de cal y lloraba como un nene.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-36841c524c93d129c4c7fb64c32a8836">El primer tiempo finalizó con la friolera de 5-0 en contra. Los jugadores entraron por la manga en fila india luego de la masacre de esta primera parte. El entrenador cabizbajo entró a lo último arrastrando los pies. Presentó la renuncia en el entretiempo. Nada más se supo del Mencho Fontana; el monstruo del olvido del cual se alimenta el ascenso se lo devoró.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dc6f1a2fecad1a2787df2b1f4e5cfc36">Esa noche se encontraron Miguel, el canchero, con sus amigos en el bar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-97119429fcbc2dacf0b8a83fa65a3f02">—Menos mal que se fue este hijo de puta, chorro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c91683be0339131a8d7954a286da8e6a">—Vino a chapear con que era ídolo y a robar con eso&#8230;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2078add352d3c54ed243c2baf3ad9908">—Mirá que poner al Chino Ávila, un pibe. Lo quemó para siempre —dijo uno de los muchachos mientras se prendía un pucho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-887851255484b2e54e7d7582acd845e5">—Y ese Sosa es un paquete, yo no sé para que lo pone. Debe tener un tongo con el representante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-92c32483257c0b57419f003ce9fc0769">—La cagó hermano, la cagó. Mirá que sacarlo a Medina, che. El único que corría un poco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-25b9daf34d965244648c05300e0c0321">—Rodolfo, traeme otra ginebra —dijo Miguel, el canchero, mientras miraba tristemente su vaso vacío.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" width="628" height="590" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-22.png" alt="" class="wp-image-3679" style="width:418px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-22.png 628w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-22-300x282.png 300w" sizes="(max-width: 628px) 100vw, 628px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-equipo-del-bar-de-la-esquina/">El equipo del bar de la esquina</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-equipo-del-bar-de-la-esquina/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Papeles y achuras: Parte 1</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Feb 2026 18:35:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<category><![CDATA[Penal]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3639</guid>

					<description><![CDATA[<p>Hay cosas que no se dicen. Trabajos que no se preguntan. Y errores que merecen el exilio.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/">Papeles y achuras: Parte 1</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Leonardo Nieto (<a href="https://www.instagram.com/leonardo_nieto17octubre/?hl=es">@leonardo_nieto17octubre</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-46e31b93b702cd30b5bc22589f14d549">Esta vez era Nieto el mayor el que manejaba. Había pasado por la casa de su hermano -circunstancia extraña- para levantarlo. Raro. Por lo general, era Nieto el menor el que manejaba y se ocupaba de buscar al otro Nieto a quien debiera buscar. La cosa dependía siempre del trabajo. Y en esta ocasión, había un trabajo. Y Nieto el mayor había sacado del garaje su Corvette Stingray 1963 color plata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-91a0657bef686ceefe706aead17dc75a">-¡Qué hacés, Nieto!- le había gritado el menor a su hermano mientras cerraba la puerta de calle en su casa de San Martín.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-10fb39b738ccc9fe21913693a536c837">El Corvette en marcha, Nieto el mayor habló en voz baja, negando con la cabeza; lo envolvía un aire de frustración y cualquiera habría notado con absoluta nitidez una suerte de resignación. El menor subió al auto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd9c71a5af945be66fb512d4bfa65cd2">-Uh, ya veo que te estás quejando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ccabfd42850a675e04228f00c7824386">-Pará, son las cuatro de la mañana, bajá la voz. Discreción, Nieto. Te pido discreción- habló el mayor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f2008aa251daf04d1372a597d3ede9f2">Se dieron la mano. Nieto el menor bajó el vidrio de su lado. Estaba excitado, ansioso, inquieto. Como siempre. El auto echó a andar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7032805fe0a607c48b46b513853e7bad">-Qué raro- escupió el menor de los hermanos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3fcd41677568997dfd643628438ed156">Estaba nublado. Una brisa amable se repartía para ingresar sin permiso a través de cada ventana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b029cc4d2c6baea2796fa2741b42c32d">-¿Qué es lo raro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-83c68100f55b4213687ab7013596f02a">-Que hayas sacado el Corvette.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de167561b4f961e6bd356911aa5cf766">-Mmm…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff88e12c9ee39107528bedbd8ad86dbb">-Que me hayas buscado vos a mí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de167561b4f961e6bd356911aa5cf766">-Mmm…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1e62d822ca23dd55a16e04e537cc0764">-Que no me hayas pedido un vehículo discreto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7bd254019fddaa251e1b6b8522f7e561">-Nunca traés un vehículo discreto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c8f18b841d63c8e143b5af245d21f195">-Yo soy el que se encarga del transporte siempre. ¿Pasa algo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-efc8f7e41a478fbbb89269aaac6388c0">-¿A qué te referís?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0ba8be9f06cfad4b42138db9a97bb40b">-¿Estás enojado conmigo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-078a35950309bae155739e207e9c5095">-Te pido por favor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-64f1ffe5829bb7cab91d8ba97e660b87">-Siempre lo mismo con vos- se quejó Nieto el menor mientras se cruzaba de brazos como un chico con el ceño fruncido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3992faed9a709b1c57ba5b163bcbd1bc">-No empecés. Y no me hablés, que estoy pensando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0b8aba89394607f3a9f0b6e730d71d99">Nieto el menor se arrellanó en su butaca, buscó los cigarrillos en el bolsillo del saco y se puso uno entre los labios. Buscó el encendedor en el otro bolsillo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4bbdc1ad77ab36d7a414f8cb6ace601f">-¿Qué hacés?- inquirió el primogénito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-009d68fbf84f8e144beb2a8540f1da5f">-¿Qué hago con qué? ¿Qué hice ahora? ¿Qué pasó?- dijo el menor, que ahora sostenía el cigarrillo con pulgar y mayor de la mano izquierda, el encendedor en la otra mano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4903e07228f4f561fdd1ac7255029070">-¿Vos me ves fumar acaso?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-46881c2dbedc45c0f32b09c62174d2cc">-Uy, no te la puedo creer.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd8c09093defe7bfc96e8f9dc1d555eb">-¿Vos me ves fumar? ¿Sabés cuánto vale este auto?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0769299f735e46db82c5fbc62798ed2c">-Ya empezamos mal. Qué día de mierda vamos a tener.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0943919a1e45af3c2be146a75a6f6d5a">-Vos. Yo no. Yo estoy bien. Sos vos el que me pone así. Pero no te voy a dejar. Yo voy a tener un gran día.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2d8c7ef9ea8842cc373e27d84c3c71ce">Nieto el mayor dobló a la izquierda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b09fe11f90b6b2d1326b018a2484ea00">-¿Por qué bajás tanto la velocidad para doblar? Si no hay nadie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04e04f885310f71f3b8958753de52a91">-No me hablés- contestó el primogénito, enojado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-743c6a3efabfb1c8492950c018b8eeae">-A esta hora no hay nadie, mirá.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04a66b572e2522309d04debe2456e984">-Callate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c5c559ae8cb716c79f941e17ea083aa8">-¿Fuiste de cuerpo antes de salir? Lo mejor es ir bien temprano. Te acomoda el resto del día. Yo hice antes de que me buscaras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-221470e9cc35219ff2ed34e3242b047a">-Callate, ¿querés?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8fe34471e7e77de114127033c2a6bfb6">-Ah, no me digas que estás tomando ese brebaje de mierda otra vez.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6b22e5edeb092aac0a5e9eb08a92bb9">-¿Qué brebaje? ¿Qué decís?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66c0225f485c7e267a16e97746439cc9">-Esa bosta hindú que se te ocurrió tomar en ayunas hace un par de años.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-87c75d287d0253558528daf78aa01523">-No sé de qué me hablás.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4757b43d443b0ad81fca545c5db006d8">-Era una porquería radiactiva que te había recetado la Pitonisa. Y vos tomabas esa cagada de loro descompuesto no sé para qué carajo pero te ponía de un humor de perro. Horrible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-67539abc1103e7ec3e1af8313784c45f">-Tenemos trabajo- dijo Nieto el mayor para cortar justo cuando doblaba a la derecha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-01dd2a60376cf415e5dd7524101712d2">-Ahora me contás. ¿Puedo fumar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8610cb0b41b17ae5202a4e98ec65af1a">-No.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-45c9725b874817a5a13b4dabd14d33b4">-Pero saco la cabeza por la ventana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-93156df0a8bdcfe83df3e4ba21ccef1d">-Ni se te ocurra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1346da521ca99ef80b91ff9d4db5740a">-Ah, el señor no quiere que le fumen en el Corvette… Ah, el señor y su auto de colección…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04a66b572e2522309d04debe2456e984">-Callate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f9a8e2f4738665fa75c98850221a4fb2">-El señor es el hermano mayor…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fe904d5a3ea4a00a71df33d64a712797">-El preferido de mamá…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-18519c092ab4d2488af9b5badd11476e">Nieto el menor había dejado de hablar repentinamente. El silencio llenó la cabina del Corvette y se metió en la luneta. Nieto el mayor había manoteado la .45 de la sobaquera con la mano derecha y había apoyado el cañón en el cuello de su hermano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8a04058c78c105334009eb49e2d3db17">Nieto el menor tiró el cigarrillo apagado por la ventana. Lo propio hizo con el encendedor que tenía en la otra mano. Luego buscó el atado en el bolsillo del saco y lo arrojó también, furioso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-147a8a7e4fa705a41817890f00b090c7">-No fumo más.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f03d7458c28693b559b13fbbdaba34d0">Nieto el mayor miraba hacia el frente, la mano izquierda apoyada en el volante, cuando habló:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5f306cef1f4ecfd4da5058c1cbb00ebd">-Pasá los cambios, Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca21265f66ae4ff5073f30eb447417fe">-Sí, señor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b835d4995f6a1680a087ad9a19d07156">Nieto el menor se ocupó de la palanca cuatro o cinco veces, con la mano derecha, para lo cual debió arquearse un poco, girar levemente el torso. Sintió que el cañón del arma le presionaba la garganta con mayor ímpetu.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-21cf0d6691a86665f7f135a37c7c5683">-¿Estamos bien?- preguntó el primogénito al cabo de varias cuadras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-56a1d4534e06f8c0a4db999a95498b9a">-Estamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9595422c140642f5736ae26786cbcea">Nieto el mayor guardó la .45 en la sobaquera y se hizo cargo de la totalidad de los controles nuevamente. Su hermano se relajó, se arrellanó en su butaca y bufó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-11f3d14ff89d835665e673d91f2f45d1">-No se puede joder con vos. No te aguantás un chascarrillo ni por putas- soltó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7ecb68147def0ed2ba173afa46714964">Nieto el mayor encendió el reproductor y comenzó a sonar el Dave Brubeck Quartet. <em>Time out</em>. 1959. Anduvieron un largo trecho. Sin hablar. Entrada la madrugada, la noche estaba linda; seguía nublado y estaba fresco. El conductor estacionó al costado de una plaza sobre una calle de doble mano y le bajó el volumen a Dave Brubeck. Giró la cabeza para hablarle a su hermano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cee94f1e9e1b77e03b6dcf68c5045338">-Escuchame bien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1d5762887aa283a9c27c3a13a1de918e">-Ah, por fin vas a largar prenda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2051d564610acce0c8d8e18a8be6138a">-Anoche me llamó el Chiqui.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cea17c531b48ff4d032aff047c90c84f">-¿El tullido que corta?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f244fc0cba64698a35359ff3f5b149f9">-No, bruto. <em>El</em> Chiqui- contestó poniendo énfasis en el artículo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ded7c18ebc2778ce49bdcc065debb599">-Ah, <em>el </em>Chiqui- repitió Nieto el menor con el mismo énfasis en el mismo sitio de la oración.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0b1cfe2356c4265218b50da41c906183">-Sí. Terminó el partido y me llamó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c318c4db717ff618577a7659e81ba9c1">-No me hablés del partido, negro y la puta madre que te parió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-33769644f9659225e433b6cc7e776608">-Atendeme.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1177ceae52108aa41b6619cdb2950fb0">-Sí. ¿Qué quería?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a5b8a627da172ae75b00b907d2a0fb1d">-Tenemos que sacar del país al uruguayo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-64d83320fdf686d6e764e92d6ce0b4a6">-No me digas. ¿Por el penal?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9d48fea7ca9cbdc6285673441408467c">-¿El negro uruguayo que erró el penal?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-322a1a0f1018a88284f2b92f20b5dfcb">-¿Querés que te lo escriba?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ad825654255f8a8c03981cf58266f185">-Lo odio. Cómo nos cagó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd4c2336d365f4c6e4e44603eb1a60ce">-Pará.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-88519e4b5000aeb01d1dcc29c1318779">-Hijo de re mil puta cómo lo puteé.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b6bfce1e5df0e2f70da463a6cf32679b">-Concentrate, por favor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7343dfa711c562a31e2cdb5634ff812">-Hijo de una gran puta cómo vas a errar el penal…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c7d77eb170c7a202db7c0727f167a041">-Era el gol del empate, uruguayo perdedor, cagón…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3826404b0d836711df7fb5f810448423">-¡Nieto!- gritó en voz baja el mayor a la vez que agarraba a su hermano del cuello de la camisa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-70b347bddf66c5215ec9453f2a94a3f0">-Sí, sí, está bien. Me calmo. Ya está.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9cb8517f7cfca453c5789d2e3d470acf">Nieto el mayor largó. Habló sorprendido cambiando el rumbo de la conversación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e6f6393c5761ed51220d3aa53bdb8f22">-¿Y la corbata?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ce0243ef31753f6abd0905aabac94277">-¿Qué corbata?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-608d50fcae394e1d3c7e80d047a9cfd7">-Te pedí que esta vez te pusieras una corbata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1c324f116e6563b425f00a6f902179bd">-Yo no uso corbata. Es más, vos tampoco deberías. Te envejece. Y te queda como el culo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9dbd8705706fa15373ba6b926de31433">-Nieto y la puta madre que te parió. Una vez. Una puta vez que te pido que te pongas una puta corbata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ade25c9280001de06293fb51ccf4a1fd">-No te entiendo. Es un detalle. Insignificante. Qué ganas de hinchar las pelotas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3089b4be1a2d4cd50e9c18fe3c97a31c">-Te odio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6b806167f2dd836dfba877e5d932486d">-¿Qué? ¿Es por el Chiqui?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7be9d265b1f488d38fcd4bbe8289382c">-Después tenemos que ir a Ezeiza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-48921479d588de5367c74512a0765e76">-Ah, entiendo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-494e0fd57eaa42c791c7b09415766477">Nieto el mayor bajó del auto y prendió un cigarrillo. Su hermano bajó lo mismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b19c6b16372f2057b7b3b8d6d4a75bf4">-No tengo cigarrillos- le dijo por encima del techo del Corvette.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0384214367fe2c6c6e3e99a24208666e">Nieto el mayor rodeó el auto por delante y subió a la vereda de la plaza. Le dio su cigarrillo a su hermano y encendió otro para sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8953c920622a3fad23ee5de8812f5453">-Gracias- dijo sinceramente el benjamín.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-450667c2ed1eb6fb3a1549a6d6da3d2e">Mientras fumaba, Nieto el mayor explicó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-48231fb7d2377af17eece6c4498caf14">-Tengo al uruguayo en el baúl.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dda6780f966ef9834c72a7fcea94b22f">-Me vuelvo loco. ¿Está el negro ahí atrás?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4ee74e4820f166174abda5c3ac6516a4">-¿Muerto?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9294470ea4d205a88a847c2c8ed18347">-No, qué decís. Tenemos que sacarlo del país. Le buscamos papeles nuevos, lo llevamos al puerto, lo metemos en un bote y chau, de vuelta a Montevideo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1bd5ef721986296c57aebe108742612">-Fácil.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b11aa56406610028796db74213c641cd">-Delicado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c3e713a77c6fe304d9f6288d9292872c">-Fácil. ¿Está inconsciente?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0f7142ebbf591845a80065371c770c51">-En un barco, entonces.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-47e01ec9750920b954d573839b4f66e4">-Un bote. Algo discreto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b593e6de2a58b7faedc4629dfcffdfdd">-¿Lo golpeaste?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df2c6ed9adb1ba184bc269923caec1dd">-Un poco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-427b03f68303a9bc5f7ead6e5c7c7774">-¿Lo puteaste?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df2c6ed9adb1ba184bc269923caec1dd">-Un poco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6001e98994a0bd0eafab4e19bcae0908">Nieto el menor echaba el humo por la nariz cuando empezó con su retahíla:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3e7f9bbb80913757cb52ced71cb5f241">-Uruguayo hijo de mil puta, negro indigno, te voy a enseñar a errar un penal, ya vas a ver.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c9cab545cfb748afc465c1465df4cf83">-Bueno, calmate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9a97e176ce042c1c53f31c8ad6eadd1c">-Indocumentado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-56e5d1f636ed5da1469b1bf6fe4e77fd">-Me cruzo a la panadería. Unas cremonas que te morís. A esta hora están calentitas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2a29d3f76bdfe6b42d967ae84e87a0ce">-Dale.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6baa53a5d372a9c095e4e5a12bc3b550">-Ya vengo. No toques nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8372fee24523d38b07457f00db7dc577">-¿Qué voy a tocar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-10bbec2974cdcbb864d5d543a7386600">-No hagas nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca0f08b320af63ca43d586be306d416d">-¿Podés confiar en mí?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f19cb035d063b9f3cb280eae8a32f7b8">-Me quedo tranquilo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-90b5378aa469bdf96431aa6e5ce6975e">-Tranquilo- confirmó Nieto el menor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c638b5dcc0d590b23dd85bae6779101d">-Ahora vengo- dijo el otro y cruzó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-00c5332bc6d5feee91aedc6303308ba7">El menor de los hermanos giró y contempló la plaza. Pitó y echó el humo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-02e760dfe42a9ddf1675a76819ba87bb">-¡Nieto!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ef507783ee156a3cdf858541d6e6c979">-Sí- dijo el mayor a mitad de la avenida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9521276340ead104a91de7570d93af08">-¿Puedo correr un poco?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3bdde428843c8dc5cb404eee1aacd8cb">Nieto el mayor no le contestó, volvió a girar y se dirigió a paso rápido a la panadería.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-133f1271664c0793f58a11df7ba718f4">El menor volvió a ojear la plaza. Luego se acercó al auto, lo contempló un momento y palmeó dos veces el techo en señal de cariño, de aprobación o acaso de envidia:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5506d766e9c0ea39bc4d2e2be1d83970">-Algún día- dijo para sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0d94d4910e4da10d2e1ab3fd56cfef4a">Luego se agachó y miró a través de la ventana abierta. En el interior vio que la llave estaba puesta en el tambor. Los ojos le refulgieron un instante. Se irguió para echar un vistazo hacia la panadería. Vio a su hermano dentro, conversaba con alguien, el dueño del boliche o quizás algún empleado. Volvió a mirar la llave. Hizo un gesto con la boca, un frunce, como si pensara <em>No, no está bien.</em> <em>Me dijo que no tocara nada.</em> Cuando se dio cuenta de lo que cavilaba, ya estaba levantando la puerta del baúl.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-52594c0f8745d78ed92c48631c33052a">-A la mierda- dijo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3bf96be89b4cf00b9fc4d994013e286e">El centrodelantero estaba ahí echado, la pilcha del partido puesta, sin las canilleras, las medias bajas, las manos atadas detrás de la espalda, los pies inmovilizados con un suncho. Tenía machucada la jeta por los golpes de Nieto el mayor. Estaba dormido. O inconsciente. Para el caso… Nieto el menor le metió un par de cachetazos para despabilarlo. Cuando el jugador abrió los ojos, éstos no tardaron mucho en revelar el miedo que el hombre experimentaba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e473d0c19a6c474d0819d4af6606b77">-Así que te gusta andar errando penales- habló Nieto el menor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-93efd012c13c50bb7a96e858baf3e3fc">El futbolista uruguayo trataba de moverse, de zafarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8ab0e32ecf16d3c7a8c7dcc129504d88">-Perdimos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-15fc20ac162c95275db062b0028f7230">Nieto el menor tiró la colilla y la aplastó con el zapato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-004b560778e1d141b97d90768c88379b">-Perdimos por tu culpa. Porque erraste el penal. La hinchada te odia. El club y los dirigentes te odian. Yo te odio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66e3b1681d63e3af936a360ddd7f425f">Volvió a mirar en dirección a la panadería. Nieto el mayor bailaba -su hermano adivinó que se trataba de un vals- con una empleada de trenzas negras y pollera. Nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f42d36f313222b639dbd88fce3bc820a">-Vamos a hacer una cosa. Atendeme. Te voy a sacar la cinta de la boca. Si tosés, si llorás, si bostezás te hago un agujero en el pecho- dijo y abrió levemente la hoja izquierda del saco para que asomara la .45 en la sobaquera.- ¿Está claro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6f9683a75a68b86a410ccf248a9ee191">El jugador asintió como pudo. Nieto el menor le despegó la cinta de la boca sin removerla del todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-abc617aeba1d84f9e0c603b9cc7365c7">-Tranquilo. Ahora decime. Bajito, no vas a gritar, pelotudo, eh. ¿Por qué la cruzaste? ¿Por qué mierda la cruzaste? Nunca la cruzás y anoche se te ocurrió cruzarla y al arquero se le ocurrió adivinar el palo y la reputa madre que te parió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8013195077c612cb061e277757df235f">El delantero pidió agua. La voz casi no le salía. Nieto el menor, decepcionado, le metió un puñetazo en el estómago.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bc36618ca2cf1d4c56ffc632b20d0eb9">-Tomá, negro. Ahí tenés tu agua. Para que aprendas a patear penales. No, si es para matarte. Decí que el Chiqui es un buen tipo, te salvó la vida. Y decí que mi hermano no se sale del plan cuando hay un plan, que si fuera por mí… Pero no, Nieto… Uy, qué boludo, dije Nieto. Olvidate. Vos no escuchaste nada. Para el tipo, el trabajo es el trabajo. Miralo si no- dijo y giró la cabeza hacia la panadería-: cómo baila, es una pluma. Uy, ahora se la está arrancando. Se está arrancando a la bailarina. Uy, cómo mete mano. Decí que no hay otros clientes. No, mi hermano es mi ídolo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0c858468b6697305f7aa528ce9b5d2bb">Estiró la mano para volver a poner la cinta sobre la boca y el futbolista, dolorido, echó el vómito incontenible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8282119978a3dd296f16b10ca2a2d370">-Pero me cago en la mierda. Uruguayo y la puta madre que te reparió, qué asco, me vomitaste la mano. No, yo te tengo que matar. Qué asco. ¿Qué comiste? ¿Qué es esto? Pero me cago en tu carrera y en tus goles y en los doce palos que pusimos la puta madre, será de Dios… No. El auto. El Corvette. Mi hermano me mata. ¿Cómo se te ocurre lanzar en el baúl del Corvette de mi hermano? ¿Pero vos sos retrasado o qué? ¿Sabés qué modelo es este auto? No, qué mierda vas a saber si ni siquiera sabés patear un penal. Qué asco. No, mi hermano me mata. A los dos nos mata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3d9180d6c43e66a7d363f8a848b59e2f">Nieto el menor se limpió como pudo la mano en la camiseta del jugador, primero en el pecho y luego en el dorsal. Aún le quedaban bajo las uñas. Discriminó algún pedacito de jamón cocido. Luego sacó del bolsillo del pantalón la corbata que su hermano le había pedido que llevara para la ocasión. Prolijamente doblada en varios pliegues para evitar que se arrugara, la desplegó y acto seguido la estrujó en una mano para formar un trapo o más bien una esponja y le limpió la jeta al futbolista haciendo el mayor de los esfuerzos. Ahora, sin embargo, la cinta ya no agarraba. Con la mano limpia se tanteó los bolsillos buscando un pañuelo. Nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-aa5c3205dd5af7a735ba6820b04229c1">-Me cago en tu puta madre, negro. Doce palos pusimos para traerte. Doce palos. Y nos hacés esto. Te maldigo. ¿La tenías que cruzar justo anoche? ¿Qué se pasó por la cabeza? No me digas… No me digas que tomaste algo. ¿Ingeriste estupefacientes? ¿Le mandaste narcóticos? Tendrías que ir al dópin. Shh… Si abrís la boca te disparo. Tengo silenciador. Esto no es una conversación. Estoy hablando solo. Me estoy descargando. Hago catarsis.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-54b94246e5126a8a192f8810c94def88">Quiso limpiar el tapizado del baúl con la corbata echa un bollo y lo empeoró todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c5cb6cfa939194b64a3030164ab8c766">-Soy hombre muerto- se dijo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c37235419efad2e7bf2658c083e0f707">Ahora tenía manchadas ambas manos. Decidió taponarle la boca al delantero con la corbata. Dio una última advertencia -más bien una amenaza de muerte-, le metió una piña al nueve para volver a dormirlo y bajó la puerta. Corrió hasta el asiento del acompañante y vio salir a su hermano de la panadería. Se apresuró a agacharse y colocar la llave en su sitio. Se limpió el sudor de la frente con la manga del saco y cruzó los brazos sobre el techo del Corvette.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1bd59f70215493238c5485bc11afd81f">-¿Estamos bien?- preguntó Nieto el mayor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-165451781803a111462217c06f17ff95">-Bien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-15dd441ec21c06af55ec09f9bd41a9bf">-Tomá- dijo y le pasó un paquete a su hermano por sobre el techo del auto.- Una para nosotros y una para la Bárbara.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b3e31a7aa8c3f57e5b040e0ae9185de">-Me vuelvo loco, la bárbara.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-188bc0cd786b86f33380279d074e45f5">-Pero no se come en el auto. Esperá que lleguemos. Estamos cerca.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4d3db1c002a8f1c12ac13801044eb030">Subieron al Corvette. Dave Brubeck reanudó la música. Arrancaron.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-30dac40c9dfe243a58a628b39d738f3a">-Doce palos pusimos para traer al uruguayo este.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-51dd9df5851a3b50ff200cbce1447743">-No me hablés. Estoy pensando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1d374b92b67adeeeeb26b6345691d8a7">-Cómo piensa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c68072a8512f07b8671c17a333613d04">Nieto el menor tanteaba el paquete calentito que llevaba apoyado en el regazo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5932dc31a18e72555226c75079ba41a8">-Me vuelvo loco con la salvaje.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-59c61f3e8504b8bdb5fca82c721c10b3">-Bárbara- corrigió el primogénito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-197bed134a0132d490bb8343e3917364">-Bárbara. Qué sobrina. ¿Cómo se llama?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8454e42daa5b4f5a9a81375e907da84e">Nieto el mayor palmeó dos veces el torpedo del Corvette en señal de cariño, de aprobación o acaso de orgullo. Siguieron andando.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img decoding="async" width="300" height="300" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7.png" alt="" class="wp-image-3640" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7-150x150.png 150w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7-50x50.png 50w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/">Papeles y achuras: Parte 1</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Lo que no corresponde</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lo-que-no-corresponde/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lo-que-no-corresponde/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Mar 2025 14:23:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol entre amigos]]></category>
		<category><![CDATA[Pandemia]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=2988</guid>

					<description><![CDATA[<p>Vivir sin patear una pelota no es vivir. Y no hay restricciones que puedan impedirlo... ¿o sí?</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lo-que-no-corresponde/">Lo que no corresponde</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Felipe Alonso (<a href="https://x.com/felipealonso19">@felipealonso19</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f390e1cccaf160682062e9f7b6e4ce49">-Menos mal que nada podía salir mal, Muque y la reconcha de tu madre- gritaba Budó apretado en el asiento de atrás del patrullero, esposado y tan transpirado que parecía salido de una pileta pero convencido de que la falla del plan era que no lo había hecho él. El Muque estaba tirado con la frente contra la ventanilla y repetía “Mi abuelo me mata”.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9421148f9e5f99abc80fa0a56cd77a64">Y tenía razón en preocuparse porque en tremendo quilombo había metido al pobre de Don Diez, que a sus 95 años le habla dejado la mejor parte de su campo, con la casa venida a menos, pero amplia y a su modo lujosa, la pileta inmensa con un trampolín tan alto que desentona con el ambiente rural y desafía a los más valientes.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dbe540b851d3950e23f6cf38f54fe854">Cuánto se iba a desilusionar cuando supiera qué era lo que hacía el Muque en ese galpón, con tantas luces, tan tapado con telones. Con eso lo había convencido, con un sistema de producción inteligente que combinaba la cantidad justa de agua, con la plena oscuridad, los súper reflectores y la alfombra y qué sé cuánto.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8ba284920af2524cc30681170ca5eef5">Si se lo habían advertido a Don Diez, que no le convenía. Que era mejor otro nieto, Cristián por ejemplo, que además era ingeniero agrónomo. Hasta le dijeron que Eugenio -jamás permitió que se lo llame el Muque enfrente de él- alquilaba el casco de la estancia por Airbnb, pero no quiso escuchar.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5a4212981a75bbb7e6d9eb3e1525ba60">Cuando llegaron a la comisaría de Olavarría al Muque le pareció que los patrulleros eran 10 o 12. Si subieron a dos por auto, en 6 autos estaba todo el grupo, pensó. ¿Y los demás? La imagen de su abuelo esposado le dolía más que la tetilla donde justo, justo, le vino a dar la taser que lo derribó cuando corría en cuero, ajeno a lo que sucedía afuera.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="955" height="624" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-31.png" alt="" class="wp-image-3043" style="width:386px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-31.png 955w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-31-300x196.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-31-768x502.png 768w" sizes="auto, (max-width: 955px) 100vw, 955px" /></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ab5e33a95c4f21b22b62ba01ee9e3b0c">Fue ahí que todos se dieron cuenta que habían perdido, cuando cayó el Muque al suelo, de frente y sin poner los brazos, con las rodillas vencidas como los boxeadores que tocan la lona y los árbitros enseguida hacen la seña de que no va más y el otro va a subirse a las cuerdas y con los brazos en alto grita que es el mejor y que va a noquear al que le pongan enfrente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1aebb5945d46dfadae564bc7ccc6a29">Cuando entraron a la comisaría, a Nacho le pareció escuchar que los de recepción detrás del vidrio llamaban a otros policías para que vengan de raje, que había que estar. Los pusieron a los 12 contra la pared y un robot que parecía un tanque de guerra en miniatura los recorrió de arriba a abajo, uno por uno, con un scanner de una fuerte Iuz roja. Cuando terminó con todos, volvió y repitió el procedimiento con Sebastián que increíblemente se encontraba esposado con guantes.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f46cb30029b2cbf80466de714cc34eb">Por la misma puerta que salió el robot, entraron dos policías que disfrazados de eternautas les quitaron las esposas y con dos mangueras como de bombero los rociaron -sin escatimar maldad- con un líquido espeso que dejaba un sabor casi tan desagradable como cuando te revuelca una ola y tragás agua, arena y vergüenza y ni volvés ni a mojarte los pies por el resto de la tarde.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-406023a73e73887e3b6277feda774ff3">Ahí estaban los 12, parados y empapados. Uno al lado del otro contra una inmensa pared blanca, ordenados alfabéticamente aunque ninguno lo notó. Una luz incandescente los apuntó directamente a la cara y a Juan Ignacio se le vino a la mente la imagen de la liebre que se quedó seca en frente de su auto cuando entraban al campo y después en pedazos en su paragolpes. Había sido hoy mismo y hasta hacía menos de una hora su única preocupación era cuánto le iba a salir el faro antiniebla que rompió.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8d2567cf7ad16bb69a10a32419587a5c">Justo cuando sus ojos se empezaban a acostumbrar a la luz, una voz salida de una cara que apenas detallaban se presentó como comisario Britos y leyó rápidamente la serie de delitos de los que se los acusaba y les ordenó que dieran un paso al frente cuando escucharan sus apellidos. Salvador fue el primero, que confirmó su número de documento, su soltero de estado civil y su dirección en Bragado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de26ad6bdaa14bed3014dd957d7e54fe">Luciano fue el segundo que movió lentamente sus piernas y confirmó sus datos. El comisario se acercó y los 12 pudieron ponerle cara a esa voz que chequeaba datos pero anunciaba problemas.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-337d3ed780ef364a5bd68497e81cbbba">-Todos son unos pelotudos grandes, de más de 40. Pero vos además de ser el más viejo, sos el que tiene más cara de delincuente, sacate esos tatuajes Altamirano, ¿querés?- lo desafió Britos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8d2c660f77b4849de1b55933f20dbe3e">Milton fue el siguiente en confirmar que eran suyos el número de DNI y la dirección en Berazategui. Estaba tan nervioso que parecía que bailaba con sus hombros y rodillas y se reía mostrando sus paletas separadas a las que atribuía un insuperable poder de seducción, siempre enmarcadas por su histórico bigote perfectamente teñido de negro aunque a todos les jurara que era su color natural.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-23ce7109dead64848d7c073d9b784d9c">Cuando fue el turno de Budó, los 12 notaron que estaba llorando. Asintió los datos sin escucharlos mientras repasaba una y otra vez el plan en su cabeza y buscaba cuál había sido la falla, cómo los habían encontrado.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c1f209efc18eb81a1e24d986a54764dc">¿Los habrían seguido desde que salieron de La Plata? Era difícil, tres autos, tres rutas diferentes. Cargaron nafta y pagaron en efectivo. Él mismo se encargó de que nadie se mostrara de más en la estación de servicio. Incluso evitó justo a tiempo que Luca le diera su teléfono a la chica que en la YPF le vendió unos anteojos de sol baratos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fd024deb2b3fb74cf8c7d42cc2fc1d49">A Budó le constaba que los 11 que viajaban hacia Olavarria tenían los permisos en su aplicación. Incluso tenía constancia Martín, que en una actitud más que reprobable, se había bajado del plan la noche anterior argumentando que tenía familia, que le parecía demasiado arriesgado y que le dolía la rodilla.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-08fd3a325f977eb58d0459ab13888dfc">Después fue el turno de Nacho, que se repetía para adentro que iba a ser el preso más pelotudo de todos por algo que encima tampoco le gustaba tanto y que casi toda su vida le había sido ajeno. Era terrible el costo que terminaría pagando solo por pertenecer, por querer hacer lo que hacían los demás, por no perdérsela. Pensaba que sería la nueva vergüenza de Necochea, como hace 10 años el boludo del <em>baby shower</em>.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9dc59e465bc68e1853779bfd8bd87cd">Sebastián, que era el único de pantalón largo y ya sin guantes, confirmó sus datos y su dirección en Mar Del Plata. Pensaba en que a los años en cana que se le venían por esto, tenía que sumarle algunos más por las plantas que iban a encontrar cuando allanaran su casa. Pero lo que más le dolía era imaginar que se las iban a fumar los policías.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9e9a948d4b7e3ece516932397f78477">Cuando fue el turno de Juan Ignacio de confirmarse, el comisario le preguntó si sabía que estar utilizando ropa con colores,escudos y simbología prohibida era un agravante. Se miró vestido de azul y amarillo y respondió que sí. Hasta pareció orgulloso.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b08bc45fbb1c47c5affbc6c557d460ba">Se le notó la cara de sorpresa al comisario Britos cuando notó que el mayor de los hermanos que tenía enfrente según documento, era el menor de estatura. Para colmo Francisco con sus más de 45 años estaba físicamente impecable, con el corte de pelo de los jóvenes y era común verlo ser uno más de ellos en el streaming de la Bresh con bastante dignidad.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c472dc201d5d62cafcb400cb663ea1dc">Hay quienes lo critican por esto y por tener una novia 23 años menor, pero él es feliz y en su familia a Amparo la adoran. Incluso su hija la quiere desde los 6 años ya que fueron juntas al colegio.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e50d802fec3b9596e43bbd3847ba450c">Facundo todo lo contrario. A partir del segundo año de aislamiento se afincó en una chacra por la zona de Sicardi y 8 años después se enorgullecía de vivir de lo que producía, comer absolutamente sin TACC ni colorantes.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a3d09409eb8e42a7b39abe5b0023b76e">Ya no se parecía al flogger de acento mezclado que llegó de Nicaragua a los 18 años a estudiar periodismo a la Universidad Pública y se dormía una hora y media en la cara del profesor Ciappina y enfrente de todos sus compañeros, que a pesar de eso 5 años después reventaron las urnas para elegirlo presidente del centro de estudiantes. Los 12 que estaban ahí parados habían trabajado empapelando la facultad con carteles que decían “en la facu, Facu”.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-71f29541642d5e1eedd390186fe88a9b">Tampoco se parecía al Facundo de los 30, de bigote fino y propensión a las piñas. Era un señor de 40 pero puro pelo, que se mezclaba con la barba y que iba desde la frente y las patillas, pasando cerca del ojo, pero también salía desde adentro de la nariz y parecía comerle los labios y cubrirle el cuello uniéndose con el pecho y quizás la espalda, todo absolutamente blanco de canas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-64747e6034634fd530947de05454720e">Los ojos negros sobresalían tanto que dejaban saber que todavía era Facundo, que era posible que en el fondo extrañara las harinas mucho más de lo que decía y que de todo este grupo de buenos tipos, seguia siendo el de mejor corazón.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cb33e9f7530db7d0a7d0a80028d20283">Luego fue el turno de Luca, que dio el paso adelante y su remera blanca todavía empapada dejaba ver apretada y traslucida una panza que hacía justicia con su vida de dueño de la mejor pizzería de La Plata. Respondió como si en el fondo algo lo divirtiera. Como si a pesar de todo lo que estuviera pasando y lo que se viniera por delante, todavía tuviera motivos para estar contento. Nacho lo miró con desconfianza y se dijo para adentro que seguro todavía no había caído.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-54fac609ed360cf94d148dbb7297285a">Carlos dio un paso enfrente y rechazó la dirección de su documento. Dijo que independientemente de lo que dijera ahí, e incluso con él viviendo en otra parte, su casa siempre sería 1 y 52.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-854975cbb9c374107299d92da0a1e98e">-Por último, el crédito local- presentó irónicamente Britos al Muque, que todavía en cuero dejaba ver la vejez de quien en su plenitud había sido por mucho el chico lindo del grupo, el encargado de acercarse a las chicas en los boliches e intentar sacar charlas y abrirles las puerta al resto. Esa labor le valió también el mote de Irizar, el rompehielos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c6012ba4e9c13d09e3a3629e335b627f">Lamentablemente, el Muque no era infalible y aún cuando lograba su cometido, convenía descartarlo conforme avanzaba la noche y los tragos si uno quería evitar situaciones incómodas o peleas.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b30aad12a69f535bfb59a9858b59f06d">El Muque sintió que ese breve interrogatorio era una experiencia cercana a la muerte, así que no escuchó nada de todo lo que dijo el comisario y repasó su vida desde el jardín de infantes. Concluyó que en situaciones límites el cerebro solo te permite guardar un recuerdo y escogió quedarse con el día que logró besar a una colorada de la facultad que era tan linda como las que salen por televisión.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6e21413a738e2beae914f0aed0b91d6a">Cuando miró a sus costados estaba con sus 11 amigos más amigos. De diferentes lados y de una misma facultad. Él los había convencido a todos de hacerlo, que no pasaba nada. Que era el campo de su abuelo. Él mismo les había indicado tres rutas diferentes para llegar a Olavarría y a todos les había hecho el permiso para que pudieran circular.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="250" height="250" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-35.png" alt="" class="wp-image-3047" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-35.png 250w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-35-150x150.png 150w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-35-50x50.png 50w" sizes="auto, (max-width: 250px) 100vw, 250px" /></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-14b3733d96b52114a9f3f761e6bab12c">Cuatro venían a reparar todos los alambrados del campo. Cuatro venían a presupuestar un sistema de riego automático con empresa oficial y todo. Los últimos cuatro eran socios de un fondo de inversión que pretendía comprar un campo. Se encargó de que esos vinieran en el auto de Sebastián, que hacía la historia creíble.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-834d547e0bcc7afb860f81fda65cadc4">Dos años de trabajo en el campo para ese día. Todo solo, para no dejar testigos. Guardar peso por peso, comprar los insumos en diferentes lugares, para no levantar sospechas. Trabajar con diferentes herreros. Cuidar con tanto amor para ver que el verde empiece a crecer.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ad637513314ae59cca98206aca7fd326">Ni hablar de cuánto le costó conseguirla. Aprendió a navegar en la <em>deepweb </em>y seguro que le dejó a su notebook consecuencias irreparables, pero logró pactar un encuentro en plena ruta 226. La pagó carísima, pero la consiguió.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-352ce46213ae921413b987a1674f3a25">Por teléfono hablaron lo justo y necesario y en estricta clave. “10 años después”, de Calamaro, era la canción. Y que había que hacerlo, que lo necesitaban. Tantos años. Era una vez sola, para darse el gusto y después de nuevo, taza a taza, a seguir con las normas, como siempre. Todos adultos responsables, muchos padres de familia.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-432e76d09be034711e8680cb27e81408">El día había sido hoy. Todos salieron a estricto horario y muy temprano. Incluso Luca. El plan era simple. Cada uno guardaba lo suyo en el hueco de la rueda de auxilio, arriba la manta, arriba los bolsos y las herramientas necesarias según la habilitación. Milton cargó en el baúl tres maletines prestados que llenó con impresiones de planillas de excel sin sentido y gráficos de torta que creyó que haría la versión de poder comprar un campo más creíble para los controles.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e1d862a2802f696530d8939f2ec37410">El auto de Sebastián llegó a horario, el de Facundo diez minutos antes y el de Budó 15 minutos tarde porque Luciano pidió bajar al baño tres veces. Todos pasaron los controles perfectamente, habilitados, sin síntomas. Todos se encontraron con el Muque que estaba en la puerta del galpón desde hacía media hora, pero esperando el momento desde hacía años. Aunque no correspondía, se abrazaron.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="775" height="436" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-33.png" alt="" class="wp-image-3045" style="width:494px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-33.png 775w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-33-300x169.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-33-768x432.png 768w" sizes="auto, (max-width: 775px) 100vw, 775px" /></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e2ba2703f5742f53070fbb00ba34f6ad">14:45, luego de que todos mearan en las plantas, entraron al galpón. Y aunque el Muque les había dicho poco, les había prometido mucho. Aún así nadie esperaba nada. Por eso la obra de arte que había construido los espantó el doble. Independientemente de lo que diga la policía, lo que había en ese galpón era una obra de arte. Un culto, prohibido bajo pena severa, es cierto, pero ¿es eso justo? Así que sin preámbulos y con equipos asignados empezaron.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2f2a72a3d453fa75b9cddad19c6da605">Cuando el Muque cayó al suelo, el reloj de luces rotas suspendido en medio de uno de los lados del galpón marcaba las 15:30. 45 minutos. Los primeros fueron incómodos y graciosos. Hay algo de goce en lo ilegal, es la mandarina más rica que comiste en tu vida, la que le robaste a Cervera, el verdulero de enfrente de la escuela. Luego se puso riguroso y hubo momentos de tensión. En definitiva. momentos felices, de esos que por estos tiempos ya no abundan.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bbc0c7f8c8586755175118cc24ca207e">Cinco minutos antes de que el Muque cayese al suelo, los patrulleros entraban a toda velocidad al campo de Don Diez y adentro del galpón cada cual hacía lo suyo como si fuera cosa de todos los días. Luca, como siempre, el mejor. Pero Facundo y Sebastián sabían lo que hacían y el resto acompañaba, con aciertos y errores, con algún lujo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7124259d9b9b248d141a62757d7ca7a7">En ese momento los 12 tipos no saben que existen ni en el campo ni en el mundo nadie más que ellos. Por eso cuando la policía entra los encuentra sin poder defenderse y lo agarra al Muque en cuero, con las manos en la masa o los pies en una pelota y en medio de un contraataque por izquierda. Solo la policía con su taser podía impedir que tirara el centro y sea gol de Budó.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-528a04f62f5b4323be6b2e3ebc911fa6">Eran 11 hombres viejos en pantalones cortos y uno de jogging negro, buzo con hombreras acolchadas y guantes. Uno vestido todo de Boca, uno tenía una remera de Dybala, uno con la remera blanca de Independiente, otro que vino con tapones de aluminio a pesar de estar prohibido con el argumento de que todo en sí estaba prohibido. Todos son una hora después 12 tipos detenidos en una comisaría de Olavarría.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9c217e18faa3e663c57287a5552b1f4">Los 12 estaban en una sala y casi todos hablaban, algunos gritaban, ninguno escuchaba. Facundo era el único que permanecía callado. Su pelo y su barba larga le daban un aspecto de guía espiritual que contrastaba con su camiseta del América de México en honor al Chavo del 8. El Muque intentaba hablar con todos y todos menos Facundo le gritaban cosas inentendibles.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-87678a8641ea505f934752064266a0da">Y así como el Chavo en la escuela quedaba diciendo solo algo fuera de lugar cuando sus compañeros de aula se callaban, Nacho ofuscado por la paz de Facundo lo llamó “hippie pelotudo” cuando la sala hizo silencio. Facundo levantó la mirada y por fin habló.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c036f989e390779ddc59bb0949a8c86e">&#8211; 10 años sin jugar a la pelota. Ahora, no sé. Con suerte nos dan 12 años. Con buena conducta, en 6, 8, estamos afuera. Es mucho tiempo. Y la verdad, es una cagada que haya terminado en empate.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="679" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-32-1024x679.png" alt="" class="wp-image-3044" style="width:482px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-32-1024x679.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-32-300x200.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-32-768x509.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-32-1536x1018.png 1536w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-32.png 1599w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lo-que-no-corresponde/">Lo que no corresponde</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lo-que-no-corresponde/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Contra ellos</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/contra-ellos/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/contra-ellos/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Jan 2025 19:15:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol infantil]]></category>
		<category><![CDATA[Suplente]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=2916</guid>

					<description><![CDATA[<p>El fútbol es una usina de momentos inesperados. Inclusive para el pibe condenado a calentar banco.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/contra-ellos/">Contra ellos</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Julián Rodríguez Clingo (<a href="https://www.instagram.com/pelotacontraelpiso/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">@pelotacontraelpiso</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5d63309290241eb84237bee50dec4d67">Jugar contra ellos era clave. Perder o ganar podía arruinarte o salvar un campeonato. En nuestro caso, si perdíamos, nos cagaba una gran campaña. Veníamos punteros e invictos, y ellos, acostumbrados a ser últimos, aquella vez se les ocurrió pelearnos el torneo. Si nos ganaban nos pasaban.&nbsp;“Pelota contra el piso y jugamos” era la prédica de Cachito, nuestro técnico. Si me habré comido cagadas a pedos por ir con la pierna blandita. “Roque, jugá fuerte o te saco”.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1012361a9e65244825007deec2a99e4b">De todos modos, no jugaba mucho, así que mucho no importaba. Y estaba bien. Vamos a ser sinceros. Yo no era ni un Messi, ni un Ruggeri, ni un punto medio. Lo mejor para el equipo era quedarme en el banco lo más que pudiera. Si formaba parte del plantel era porque jugaba desde los tres años. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-af4fb7d205522537e9d464b671d458ec">Pero aquel día Cachito me miró fijo y me dijo con resignación: “Vas de titular”. Es que el 9 y el 10 estaban enfermos… ¡enfermos! No se podían enfermar cuando jugábamos contra ellos, contra los eternos últimos. Me querían arruinar la vida. Y los otros suplentes, amigos entre ellos, tenían un cumple en común. Yo no sé como es, pero a veces los planetas se alinean para pegarte un puntinazo en las pelotas y hacerte quedar en ridículo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-abfacd35ceab5ce7b0d1eb45865e7a10">Faltando media hora para el partido mi corazón y el de todos en el club se aliviaron. Nuestro crack, Pablito, venía a jugar&#8230; con treinta grados de fiebre. No le importaba nada, así que volví a mi lugar en el mundo, ese vientre futbolístico al que denomino banco. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-345868b986442781a39ca8c3f26df387">Éramos locales. Antes de salir a la cancha, el nerviosismo se respiraba en el vestuario. “Prestá atención, pelotudo”, le decía Cachito a Camilo, su hijo, central del equipo, después de darle un cachetazo que había paralizado al vestuario. No sé si era muy pedagógico, pero Camilo era medio salame. Ojo, era un jugadorazo, pero medio gilastrún. “Ahora por eso Pablito va de capitán”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dcecdd96dd6983c254a4ee75e3c0f99c">El partido empezó y ellos eran mejores. Perdíamos uno a cero en veinte minutos. Cachito buscaba soluciones en el banco, me miró, suspiró y volvió a ver el partido. “Como se puede ser tan pelotudo viejo, mira que le dije que no hagamos fules boludos”, decía el técnico, que tenía prácticamente alquilado a su hijo. A veces me daba lástima.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c12f9c0d0016ada9edc9eccc68d109df">“Muchachos si van a jugar asi, me avisaban y ni nos presentábamos”, gritaba Cachito en el vestuario, mientras transcurría el entretiempo. Volvimos a la cancha. Bah, ellos. Yo me ubique en el banco y me puse un buzo. No sea cosa que entre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d0342e44ac09f4ec58dae00d7a9368e7">Pablito deliraba por la fiebre. Intentaba jugar, pero no podía. “Por lo menos empatalo”, pensaba yo. En eso, Cachito dijo la palabra mágica, “Calentá que entrás”. ¡Nunca en la vida me lo había dicho! “¡Sacate el buzo, dale!”. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b914e2ae851c38c66499ffe8472922f5">¿Qué mierda sabía yo cómo se calienta? Claro, yo entraba faltando 10, con el partido liquidado. Mirá si iba a hacer el calentamiento. ¿Por qué tenía que entrar a reemplazar a nuestro crack, y por qué en ese partido? Para colmo, la hija de puta de mi vieja que nunca venía a verme, estaba al ladito del banco con cámara en mano. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-377cb6a792e68506c47e93ece4831afb">Me levanté del banco e intenté simular, imitando lo que hacían mis compañeros cuando les anticipaban que iban a entrar. Movía los brazos de izquierda a derecha mientras miraba el partido compenetrado. Hacía un intento fallido de levantar las piernas y agarrarlas con las manos. Fueron los cinco minutos más largos de mi vida. Martita, la que se ocupaba del buffet, me miraba debatiéndose entre la risa y la preocupación.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8fd865c61ae98a7125fffb9705e3a6c2">Y entré. Los murmullos de la gente sentada alrededor de la cancha, pegaditos a la línea, eran gritos violentos para mi autoestima. Pablito se fue directo al baño. El pelotudo de Camilo se agarró la cabeza, después me miró y se mordió el labio. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-864bf3949225cb461d8a886b531ea02e">No tengo explicación, pero su actitud me motivó. “Ahora vas a ver”, pensé. Camilo, que tenía que sacar el lateral, me la pasó al gritó de “devolvela”. Minga. La aguanté, me di vuelta, quise tirar un caño y me la robaron. De ahí nació una contra y el 4 de ellos metió un pelotazo que retumbó el travesaño. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e25aaeca1a499af9c58a8afda228dca1">Lo raro fue que Cacho no me dijo nada. Creo que estaba resignado. Me di cuenta que la simple motivación no era suficiente. Maldito culto al esfuerzo. Desde ahí decidí pasar lo más desapercibido posible. Si perdíamos, no se la iban a agarrar conmigo. Era negocio. Faltaban cinco. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ad62a4da59df467bdaf08cacfeb95923">Cachito pidió minuto y armó una jugada preparada en el córner. “Vos hacé bulto en el área”, me dijo. Era la clásica jugada en la que todos cargan al primer palo y, por el segundo palo entraba el mejor cabeceador, que en nuestro equipo era Camilo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8b983ffd82c521ca11afef603c699bfb">Y así fue. El animal metió un cabezazo hermoso que pegó en el palo. Rebotó en el arquero… ¿y a quien le quedó la pelota? Sí señores. El azar que rige al fútbol me la dejó ahí en el borde del área, con el arco libre. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f48470c50a9b59363f4d34f149d37cb2">Podría decir que la puse en un palo y silencié a todo el club. Lejos de eso, me tropecé con la pelota, el defensor de ellos se me tiró arriba y la pelota entró lentamente. En éxtasis total, me emocioné. Camilo me vino a abrazar y gritamos el gol como si fuéramos amigos de toda la vida. Todos se tiraron encima. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a406ea2b7e3de49a11f2ab90f9137c97">Cuando alcé la vista, estaba mi vieja y le dediqué el gol. Fue demasiado, me había pasado de canchero, pero había que aprovechar. Cachito me felicitó, Martita me regaló una gaseosa y un buen sánguche. El fútbol guarda lugar hasta para los muertos como yo. Creo que a todos nos llega de alguna manera u otra. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-97a77c9caf2c746d0d3e988ae9809547">Y como dice el dicho, «hazte la fama y échate a dormir»: ese fue mi último partido. Ahora, cuando los sábados estoy al pedo y me mando al club, todos me dicen: “¿Te acordás del gol que hiciste contra ellos?”. Y el gol cada vez se hace más lindo.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="560" height="420" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/01/image-14.png" alt="" class="wp-image-2923" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/01/image-14.png 560w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/01/image-14-300x225.png 300w" sizes="auto, (max-width: 560px) 100vw, 560px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Miguel Martínez (Rosario Fútbol)</figcaption></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/contra-ellos/">Contra ellos</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/contra-ellos/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Hay penales en Ipanema</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/hay-penales-en-ipanema/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/hay-penales-en-ipanema/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Jan 2025 15:38:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Penales]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=2870</guid>

					<description><![CDATA[<p>Un mundialito en la playa, de visitante y contra un brasilero sobrador. ¿Hay algo más importante que eso en la vida?</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/hay-penales-en-ipanema/">Hay penales en Ipanema</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Federico Rodríguez (<a href="https://x.com/federodr">@federodr</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-172603fad09a67c356be8a186d7fce22">Hoy en la playa se me acercó un nene de no más de siete años. Sabía de antemano lo que me iba a preguntar:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5ba554ea51634c41e36838bd67f69dc8">—¿Você gosta de jogar penaltis?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a491775bed5f371b91d71d3812eff73c">Su piel morocha, su sonrisa ancha y el pelo corto con rulitos me causaron ternura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6b9f32c85533f34b449613f6f37fdfd8">—Gracias, amigo. Paso. —rechacé la invitación. Cambió su cara por un gesto de frustración y, mientras se alejaba, se dirigió a su compañero de equipo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-446c8877766c01631bda8137765789df">—O gordinho argentino também deve de ter medo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3bdcabf153968d095bca8c665086ae27">Se lo dijo en voz baja, con la inocencia con la que los chicos meten la pata. Pero yo tenía buen oído y nivel 3 de portugués.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bdbc2ec52843aac02ca9256732d4e0ed">Me levanté de la reposera con algo de esfuerzo –se me hundía de lado en la arena cada vez que me impulsaba con los apoyabrazos– y alcancé a interceptarlo a mitad de camino.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-44127e5025f0ca7e6fa61d6f0f888364">—Mudei de opinão —le dije para demostrar que entendía el idioma—. Eu acho que podería jogar un pouquinho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0007dd0de80b955ae811473e81ea9127">Me explicaron las reglas, pero yo ya las tenía claras. Los observaba desde hacía algún rato, desde mi sombrilla alquilada, aburrido de leer y de las sugerencias de mi esposa. Era el tercer torneo consecutivo de penales que jugaban.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a2b109ebaf0cb4531bb4d0a6575b09cf">Competían cuatro parejas y el certamen tenía el formato de mundialito: dos semifinales y el ansiado partido por la consagración entre los ganadores. Cuando el torneo transcurría sus primeras ediciones y yo aún lo miraba a la distancia, las parejas se componían por un niño y un adulto que jugaba a media máquina, relegado al rol de arquero, atajando de rodillas como si hubiera perdido las piernas reconociendo un terreno minado. Los palos del arco imaginario eran suplidos por dos ojotas, acaso el rol más noble que pueda tener una ojota. Con el paso de los minutos, los adultos habían sugerido que los chicos buscaran nuevos amiguitos que los reemplazaran, para dedicarse a a cultivar panza de cerveza Skol.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8e7bd4fda8cecb45e01ae316aaf92903">El único adulto que no había renunciado al torneo de penales infantil era el pelado Eduardo. El pelado Eduardo era, por supuesto, argentino. Eduardo era mi favorito: no tenía ningún sentido de la vergüenza ajena, se revolcaba en la arena con pasión y arengaba a su hijo Franco, tímido y barrigón, a que pateara fuerte, a que jugara con alegría, que no se dejara intimidar por la habilidad brasileña o sus físicos fibrosos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6b438e8c94b59f4c7e9cc7e0294236a">Solo había una pareja compuesta por niños desde el inicio de los torneos: la de Tonino y João, el pelo de virulana que me iba a invitar a jugar más tarde. No llegaban al metro treinta de altura, pero tenían los abdominales marcados y las patitas flacas ágiles y veloces.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f973b9448e9c36accba04a933ec09364">Tonino y João habían ganado las tres ediciones del torneo de penales en la arena que yo había visto desde mis aposentos. Tonino atajaba con bastante intuición, pero estaba a la vista que se moría de ganas de patear y su sumisión a João no le permitía ni sugerirlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-97e13e15bfe0f0d0023159cd9f4818b0">João era un sólido ejecutor, con una tasa de conversión temeraria, pese a que muchos de esos goles se los había marcado a adultos que se tiraban adrede para el palo contrario o, si fingían acertar la dirección del disparo, se quedaban cortos en la volada por el dolor de ciático.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-24aecf9d8560f620fc02716acf60f27b">Pero también era cierto que llegaban a la final con méritos: el padre y el hijo uruguayos (Berugo y Ribair respectivamente, según me había parecido oír) jugaban con tesón y garra charrúa pero fallaban a último momento. El cuadro lo completaba otra pareja de locales, Felipe y Zinho, varios años más grandes que Tonino y João. Eran los primeros brasileños malos en el fútbol que había visto en mi vida. Gary y Arturo, la pareja de padre e hijo chilenos, había disputado solo la primera edición, pero tras un fracaso estrepitoso abandonaron el mundialito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4b48f011daf83c47a76765e942c73a31">Cuando el pelado Eduardo pisó ese pozo mal tapado y el tobillo se le dobló como una escuadra supe, entre sus alaridos de dolor y sus gestos pidiendo atención médica como si estuviera jugando un partido oficial en el Maracaná, que João me iba a llamar a mí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3913999adb579762594403c9ef9148f9">Lo supe porque venía mirándome hacía rato. Me había fichado cuando metió el penal que eliminó a los uruguayos en el primer certamen, abriendo el pie con mucha categoría y obligando a la pelota a besar la ojota derecha y trasponer mansa la línea de gol imaginaria. Ahí habré hecho, de forma inconsciente, algún gesto mínimo, ínfimo, de admiración o sorpresa que él vio cuando nuestras miradas se cruzaron, y eso lo habrá percatado de que tengo buen ojo para apreciar las sutilezas técnicas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-eef240e6283aeb7b05ad9ecbbccfd4a5">En su inagotable imaginación infantil, João vivía el torneíto como si fuera la última fecha del Brasileirao, y no como si no estuviera jugando un campeonato de penales con grandotes que se dejaban hacer goles y niños ya un poco aburridos de su egolatría y su soberbia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8261ae32209154f5ab7c9fe0f5b29d38">Cuando acepté reemplazar al pelado Eduardo no contaba con que Berugo y Ribair iban a aprovechar el momento para bajarse del torneo, y menos con que los iba a reemplazar otra pareja de niños brasileños, también reclutados con algún truco de psicología inversa del manipulador João.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9b3d445cdd708bf416bd8ef89f3c86b">Franco, el hijo de Eduardo, también quiso abandonar. Empezó a balbucear una excusa, pero lo cacé al vuelo y le susurré:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c02d2df32697175ca4fa9e1dc81941a0">—Vos te quedás acá. Vamos a romperle el culo a este pendejo creído. Hacelo por el tobillo de tu viejo. Vamos a salir campeones y te voy a regalar un helado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8004ae7b88b50c403630213485acd0a6">En la semifinal nos tocó contra la pareja debutante. Eran dos niños de unos diez años, venían de Camboriú y nos costaron mucho más de lo previsto: Franco le pegaba a la pelota con la energía de un nonagenario. Para colmo yo, como adulto responsable ante la atenta mirada de otros mayores, tenía que revolcarme en la arena de forma torpe e ineficiente, felicitando los goles pelotudos que me hacían y atajando como un ciego o un espástico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1c5a9898b821acaf1743b5fa59e3f753">Por suerte para nosotros, tiraron dos afuera y, después de que manera increíble el arquero de ellos no adivinara los remates de Franco, nos metimos automáticamente en la final. João y Tonino, una vez más, no tuvieron problemas contra el equipo de los bailarines. Al principio me había aferrado al batacazo: si ese par se olvidaba del sambódromo por un rato y hacía honor a sus raíces de jogo bonito, limpiarlos en la final iba a ser pan comido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-20ae92619df40cde9772ca29230babf8">Pero no hubo sorpresa: Felipe y Zinho fueron una comparsa y João se metió en la final por cuarta vez consecutiva. Tras el festejo, fingió un sorteo tirando una moneda al aire y, después de una sospechosa manipulación de los resultados, salió favorecido para patear primero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d3d0bd0f1e7e79a8a072020f72d966cc">Cuando estuvo frente a mí, tomó carrera y me miró a los ojos. Luego, sonrió. Pero no como la simpática primera vez. Esta vez entrecerró los ojos con un dejo de malicia, ladeó su boca y me mostró en el brillo de su mirada la soberbia de quien se sabe infalible. Me arrodillé y le señalé mi palo derecho, desafiándolo a que lo pateara a ese lado. Por dentro rogaba que ignorara el desafío y cruzara el remate: la sinovitis de cadera me afecta puntualmente el perfil diestro y no hubiera podido ni mirar hacia ese lado sin sentir el pinchazo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-31e93ad5da043e5dd84b678db0cc792a">Pero João le pegó a mi palo derecho. No solo le pegó a mi palo derecho: también le entró a la pelota bien abajo, arrastrando en el remate una tonelada de arena que se me metió en los ojos al tiempo que la bocha se colaba entre las dos ojotas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a231ea05180a6a251671177cb741c7ff">Contuve el grito por el ardor, y abrí los ojos como pude, lloriqueando. Cuando hice foco en João, comprendí el gesto vil con el que me había mirado antes de patear. La ejecución con lluvia de arena había sido perfectamente deliberada por ese pendejo del mal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b911afee9f0b06035097c4cd03775398">El pajero de Franco erró el primer penal. El pelado Eduardo, con el tobillo como un coco, lo alentó desde afuera: «¡No importa, hijo! ¡Divertite!». Cuando enfilé para el arco, escuché que João le decía a Tonino en perfecto portugués:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1d6a63fc814943f4e06621e03d73381a">—A este gordo le pateás con la uña y no llega.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1ba6039c59d07223563e123cf14da8d9">Extendí los brazos como el Cristo Redentor. João sonrió de nuevo. Pero de pronto su gesto cambió. Miró hacia el mar y se agarró la cabeza. Noté el pánico en sus ojos y me giré para ver.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b1af96a1816ee6f65d28a3eaebc851ad">—Goooooool —gritó João, satisfecho con su maniobra distractoria que los ponía 2 a 0 arriba. Franco tenía la chance de mantenernos a tiro, pero le pegó como si la pelota fuera un antidepresivo y lo erró también.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-675a049de29bb44ea8d664a022d1e7e8">—Si eu marco, somos campeões de novo —me advirtió, gozoso, el sorete de João.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-971d18a803f2d644d193daa1f64b5202">Remató fuerte a mi punto débil, el costado derecho. Pero olvidé la sinovitis y que era un adulto jugando con niños. Volé y desvié el remate a un costado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dbd9b286742ee43798de20b0f298dc59">—¡EL DIIIIBUUUU! —aullé como un trastornado, al borde de dañarme para siempre las cuerdas vocales. El grito llamó la atención y sobresaltó a los padres. Forcé una sonrisa para dar a entender que estaba agregándole suspenso y gracia a la consagración obvia de los niños. Pero cuando pasé por al lado de João me agarré la pija con discreción y le dije:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-27762c7004e6f46f83caec288aff84c4">—Ésta van a salir campeones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3e59457c67963dc6d2b3a367c03317df">Me acerqué a Franco. Tenía que motivarlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c99f8311de587c505473b4b7580a1335">—Nene: acá a una cuadra hay una heladería. Por un real te bañan en chocolate un cucurucho gigante. Ahora escuchame bien. El arquero este te quiere robar ese helado. Te lo quiere sacar. Quiere que te quedes sin helado. ¿Lo vas a dejar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d04e09355e254b8dbaba2543f880308f">Franco le pegó con una potencia inusitada y aseguró el penal al medio. Nos pusimos 1-2 y cuando João volvió por la revancha, le saqué el penal con el codito. Si Franco volvía a convertir, llegábamos igualados al último tiro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b3f550355cec79587b419d3c9fb4cc83">Otra vez, su mirada irradiaba violencia y odio a Tonino, que lo observaba con un poco de miedo desde el arco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6bf97bb22945e556f0618d269970a73">—Vos me querés sacar el helado, flor de hijo de puta —gritó Franco mientras trotaba hacia la pelota con torpeza, para fundirlo y marcar el ansiado 2 a 2.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9c412f368afada5abd58b6b4056419f7">João fingía estar tranquilo, pero yo sabía que no lo estaba. Cuando pasé a su lado, le murmuré:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3192d950276e6f972865b3d75b91b584">—Você. Eu. Ninguém mais. ¿O é você quem tem medo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5eef7c4201721a98be314225d6f6529f">João lo entendió. Y aceptó el desafío.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e15e2125ff6e295b20fe94a384049ae">En su último penal, nobleza obliga, le pegó muy bien a la pelota, pero yo volé mejor. La saqué a un costado y cuando me incorporé, busqué 100 reales en mi bolsillo. Se los di a Franco y le dije:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e402f3ade655dffa60c5082c9ac07e1d">—Andá y comprate el helado más grande del mundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4bf0be9faf0d91197cada100856ffca6">De Tonino se encargó João. Lo corrió del arco de ojotas de un empujón. Y quedamos cara a cara, otra vez, con los roles invertidos. Si lo metía, éramos campeones. Tomé carrera, exhalé y avancé decidido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a5d50dec635b2eb3697f2ff4752336e4">Hundí el empeine con furia contra el centro de la pelota. Sentí mi pie tocar hasta la cámara del balón. El esférico impactó de lleno en el medio del rostro del pequeño João. La fuerza del remate fue tal que la inercia lo metió en el arco con pelota y todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5db65bc576e7a8ffddac07d3d733d948">Me acerqué a su cuerpo tendido en la arena. Me paré a su lado. Ignoré su sangrado y su llanto desgarrado y le grité el gol en la cara. Antes de que un montón de adultos se abalanzaran sobre mí y me derribaran al piso, escuché al pelado Eduardo cantar «¡dale campeón!», y sonreí.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="764" height="401" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/01/image-2.png" alt="" class="wp-image-2873" style="width:624px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/01/image-2.png 764w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/01/image-2-300x157.png 300w" sizes="auto, (max-width: 764px) 100vw, 764px" /></figure>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><em>Publicado originalmente en <a href="https://eltercercajon.com/2023/03/06/hay-penales-en-ipanema/">https://eltercercajon.com/2023/03/06/hay-penales-en-ipanema/</a> el 6 de marzo de 2023.</em></p>



<p></p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/hay-penales-en-ipanema/">Hay penales en Ipanema</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/hay-penales-en-ipanema/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Liverpool contra Aldosivi</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/liverpool-contra-aldosivi/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/liverpool-contra-aldosivi/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Dec 2024 13:24:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[FIFA]]></category>
		<category><![CDATA[Videojuegos de fútbol]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=2828</guid>

					<description><![CDATA[<p>Cuando un vecino es insoportable, el fin justifica los medios.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/liverpool-contra-aldosivi/">Liverpool contra Aldosivi</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Federico Rodríguez (<a href="https://x.com/federodr">@federodr</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e0b03c54279ece3bacba34676909606a">El grito me despertó a las 3:26 de la mañana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3e20ff25699337a155764681a43757f3">—¡GOOOOOOOL! ¡GOOOOOOOL! ¡GOOOOOOOOL! ¡GOOOOL HIJODEPUTA GOOOOL!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-604a49abe537b54a30b9854c7e117bf8">—¿Qué pasó? ¿Qué pasó?—, me preguntó Rocío, apenas incorporada por el sobresalto, mientras miraba con los ojos cerrados al ropero, aunque el grito venía del lado opuesto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9ddd2b04398375335c0938c5e8e13177">—El pelotudo de siempre— le dije yo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c06f91f9803f0a9564e845dbf98fe8fc">—¿Qué hace?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cc99d620b061ba4a0ada92afe312fd2b">—Un gol, evidentemente. Dormí, dormí— le contesté.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cd57eaefeb6b5df4460ced8b89ff9e1e">—¿No se lo puede… denun…?— empezó, pero en el medio bostezó y dejó la frase a medias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5f374a09d27005cc9438ef6ac11d286f">Siempre me gustaron los videojuegos de fútbol, aunque el paso de los años discontinuó mi práctica y terminé por volverme mediocre también en ese campo. Podía entender que, en algún torneo entre amigos, la adrenalina produjera algún festejo exagerado. Aun así, el desafuero con el que mi vecino se expresaba era un indicador claro de alguna patología neuronal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e84c85720851399087fb579dd3012749">Él estaba ajeno al sufrimiento, enajenado, poseído, con los ojos venosos y las arterias de su cuello hinchadas y latentes, a punto de agrietarse y explotar, cosa que lamentablemente nunca sucedía.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d4538d2eaa07b7bae85303272d323d9a">Pasaban los minutos, y volvía a festejar. O le hacían un gol, y entonces insultaba con igual vehemencia. O se erraba un mano a mano, y golpeaba mesas y paredes, mientras gritaba, claro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7965e5184a252096f1ca6fc6a37745a7">A la cuarta noche seguida me asomé al pulmón del edificio. Miré hacia arriba, apunté los labios a alguna de las mil ventanas que cerraban ese cuadrado asfixiante de paredes, y exigí, proyectando la voz:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-412f1950027d894611e17507b6630830">—Flaco, ¿te podés calmar? Hay gente que tiene hijos chicos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-973b0560168d88f6c526b8d848a58aab">Durante diez segundos reinó el silencio. Podría haberse oído el caer de un alfiler sin usar el Magni Ear de Sprayette. Pero lo que se escuchó fue el chirrido de alguna ventana, seguido de una voz con inflexión amable, aunque grave y herida:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-57917894ee12a86acefdf1e16af9481b">—Chupame bien la verga, gordo coge travestis.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-16e905c5c961c71f6bf0309c6330b6c3">Y cerró la ventana.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-44b1a286561ab4785adf79f061bb1aa8">A la mañana siguiente Rocío me preguntó si me pasaba algo. Le dije que no, pero tres segundos más tarde, le pregunté:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-551d1567788ed2a987c4be8e01c1b919">—¿Estoy gordo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e443493a4593577ce94b95cc784dae3a">—¿Eh?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-41cd82e7690251923c8c58aaf55ab887">—Dale, decime la verdad, no me voy a enojar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1a62465d4915e183ec52c229ac64ca28">—A mí me gustás así.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8c31ca4e4505cdd66d271e742a12bc2d">—O sea que estoy gordo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-edf7bd7116c90a9dbdc2205655f10d54">Cerré la puerta y me fui a la otra habitación. Había trasladado el televisor chiquito y había desempolvado la PlayStation. Pagué 80 dólares por el último FIFA y lo descargué. Jugué -¿o debería decir “perdí”?- durante cuatro horas seguidas contra diversos jugadores del modo online.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5f7b859d770d2e634cb94ebd913f6188">Durante cinco días consecutivos pasé seis horas de corrido en la consola. Anotaba. Tachaba. Dormía cinco horas por día. Con Rocío apenas hablaba. Cada tanto, ella me decía que estaba más flaco. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-20f2d4358570f2960ccfb541d291fa2f">Mientras tanto, mi vecino seguía gritando goles en la madrugada. Adrede, lo hacía cada vez con más desquicio, y apuntaba a mi ventana. No sabía que de esa forma me alimentaba.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-810dca6b5bb09b96f36c2c3b8805c530">El séptimo día me asomé a la ventana cuando puteó a Higuaín como si lo tuviera yo en mi habitación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e13e01a6a380732b55bae1ebd8a636a8">—Che, retardadito— le dije, aunque sabía que estaba mal emplear esos insultos—. ¿Tan bueno sos?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c0a525379bf278939ea9ba0dc3b310d6">—Preguntale a tu señora, gordo trolo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4c7c1c9ef11602d7ad83f4e5fbb8f871">—Escuchame, gordofóbico: ¿en qué departamento vivís, flor de hijo de puta?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b2159290169d0505e4b5619c5530eb7">—¿Me vas a venir a pegar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-be6f2dfdbc75eeeab2e7537f7fcb0aef">Escuché como algunos vecinos abrían sus ventanas para seguir la conversación. La tensión era total.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-464d3df8dc367f0dabceec85f385d18f">—Un baile te voy a pegar. Decime en qué departamento estás. Te voy a coger a domicilio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-98e9a0c0cdd0bdd48eed7822ceae49b2">—Octavo treinta y siete, muerto de hambre. Tres de la mañana del próximo sábado. Te espero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8cfad9512343d1024f2e6a78f9f652ea">Me pareció un poco tarde.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-57e945cd85026753d16149052ed529db">—Los vecinos duermen a esa hora.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-74c7d3b3a48e61d0183ddc01701f572e">—Gordo y cagón.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f4275e7708722425acc209e2f96e8238">—A las tres menos cinco estoy ahí, rata. Llevo mi joystick.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-527e704f9aee4b8bae877e10e019d805">Y bajé la persiana con todas mis fuerzas.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a71e5c3f354e7ecd38270d34b134d643">A la mañana siguiente llamé al trabajo y dije que tenía coronavirus. Dupliqué mis horas semanales de PlayStation y reduje a la mitad las de sueño. Empecé a tomar todo tipo de bebidas energizantes e isotónicas. Solo hablaba con Rocío para que me alcanzara más café. Mi nivel había mejorado mucho. Pero estaba claro que iba de punto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7f3cdef66847236531a7fe2d180c9ec1">La mañana del jueves Rocío rompió todos los protocolos: entró a la pieza. Sonreía. Llevaba en sus manos dos ramos de rosas y más de cuarenta y cinco cartas. Eran todas de mis vecinos para desearme suerte. Rosa, del cuarto veintiuno, enviaba bombones. Ricardo, el encargado, un vino de La Rioja. Anita, que tenía seis años y era hija del chico del segundo trece, me mandó un dibujo con un corazón en el que se leía “Suerte, gordo travesti”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a740941a0a1010146e21867e2de55c41">A la noche saqué la cabeza hacia el pulmón.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-827b93c63cc66c5095f461c767014dbf">—¿Qué equipo vas a ser, virgo?— lo pinché.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8f8e00d11a999f513ed0086f6cafce17">—El Liverpool, cornudo— respondió rápido—. ¿Y vos con cuál perdés?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ad1f237886c60fd49a21c06652cb90b6">—Vayamos a la apuesta. Si yo te gano, te olvidás de los partidos a la madrugada. No gritás más un puto gol a cualquier hora. Si yo te gano y volvés a gritar un gol, vamos todos y te hacemos mierda la casa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3d6d539bee9ff61e1505a7924b8162b4">No logré preocuparlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b00570011f1f08c7fd4f5f82b87eb4a">—Si vos me ganás… Mirá lo que te voy a decir, eh. Si vos me ganás, te doy la PlayStation. Te la llevás. Y si gano yo, vos te comés una ensalada. Te espero a las tres de la mañana del sábado. Duración de seis minutos por tiempo. Clima soleado. Dificultad Legendario. Mi Liverpool, ¿contra tu…?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ed51b376137120d8538cf4d6647d5e96">Dije lo primero que se me vino a la mente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5ea77e9624fe37198371f90955a8c34f">—Aldosivi.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e97702749519c4df6699f34431566940">Y cerré la ventana.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2af21c2b9cf36e6d98ae24768287c4eb">A las 2:52 de la madrugada del sábado me puse la campera y le di un beso a Rocío.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f51e2de5875d8260814747dfdfe268c4">—¿Te parece la campera? Vas cinco pisos más arriba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-edcb697292cc4423a17a98936a37a1a4">No le hice caso y salí. Subí lentamente por la escalera y, tres minutos más tarde, toqué el timbre del octavo treinta y siete. Me abrió la puerta un pibe de no más de veinte años.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bc0b15d84906cce761d3d4b9be127c8e">—Hola. Busco a tu papá—le dije.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8abad63ecd88c7d5bd9f8c33589c925a">Me contestó con voz de merquero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1489d6fbf570a8ff5b3529b54b54234d">—Mi papá vive en Ciudadela —se señaló el pecho—. Pero acá vas a encontrar a tu papá.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4bcd5bc18f9df47affef771aba3bd251">Me ofreció que me sacara la campera y la colgara en el perchero. Me negué.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b991412426a73864375181f465efd776">—¿Vas a estar todo el tiempo con campera? Es más…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b135a41991f77d6923625dda0dd2565d">Abrió la heladera y sacó un bowl. Dentro había tomates, lechugas, zanahoria rallada, rúcula.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-95d0bc72d8f7de270f7c575a9809c046">—¿… Vas a comer una ensalada con campera?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-58cdd9cd4f4005ff6cb3bb3e29e1864f">No le contesté. Desde el balcón llegaba un lejano rumor de vecinos congregados en las ventanas. Era obvio que no alcanzaban a ver la pantalla y que se guiarían por nuestros gritos. Escogió el Liverpool. Me posé sobre el escudo de Aldosivi. Antes de apretar la X para confirmarlo, el pibe me tomó del brazo y me miró a los ojos:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-45cd3611d2728423a67dabab1c15d25b">—Quedate tranquilo. Elegí un equipo en serio. Nadie se enterará a cuál le gané.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3cc77f98fcfc10d8ede06bf0ce5e16c1">Sin dejar de sostenerle la mirada, pulsé el botón.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c603f34ab5370779b16939981d4b96ec">—¡GOOOOOOOL, GOOOOOOOOOOOL, GOOOOOOOOOL CONCHATUYA GOOOOOOOOL!<br>Todos los vecinos suspiraban en el pulmón del edificio. Recién había arrancado el partido. En menos de tres minutos de juego virtual, Liverpool ganaba 1 a 0.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-157ed0ebcc6bb371eab25d31d6395b53">A los veinte minutos casi paso la mitad de la cancha. Era imposible sacarle la pelota y se floreaba. Estaba dispuesto a aplastarme.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6532e02f1201e67ee517c6ee8f38560f">—¡GOOOOOOOOOOOOL, GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL, TOMÁAAAAA!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bfd8cb0f0f7a5dd1bb5aeb09fd4060a5">2 a 0. 3 a 0. Los vecinos empezaban a bajar las persianas. Sabían que, al término del primer tiempo, el resultado era desolador: el 4 a 0 era irremontable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cb3c3f8b0603275aec56ffd0af89cb40">En el segundo tiempo él salió a cancherear. Sacaba al arquero, hacía jueguitos, bicicletas, tiraba sombreros. El arquero de Aldosivi, que jamás supe cómo se llamaba, comenzó a atajar algunas pelotas, y era el obrador del milagro de que el resultado se mantuviera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-99cd25f907795f6a6473b7fa3d6f2e98">A los setenta minutos armé una buena jugada. Rematé cruzado y metí el gol. Lo grité y él se rió, pero lo hice para que los vecinos pudieran seguir el tanteador. A doce minutos del final, salió con el arquero y le robé la pelota. Cuando iba a hacer el gol, me bajó al delantero desde atrás. Roja para el arquero y penal que transformé en gol, pateándolo casi al medio, sin muchos artilugios ni recursos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-815bc9f9dcddc43a5af9e473e59276ed">Lo increíble pasó en los últimos cinco. Estuvo a punto de hacerme el quinto gol, pero en la contra, con un pase filtrado dejé a mi delantero de área mano a mano con el arquero. Era mi jugada predilecta. Definí con el pie abierto y me puse a tan solo un gol de distancia, a cuatro minutos del final. Lo grité muy fuerte, y el murmullo en el pulmón del edificio comenzó a crecer nuevamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4ea7a78e632921fb07e5d5f86c09cb91">—Si iba a ser derrota digna, me hubieras jugado con Los Pumas— me chicaneó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2f3cc2a37d7781fee305fe7ea8bf8066">Pero algo me decía que estaba nervioso. En la última jugada del partido tuvo un córner a su favor. Su delantero estrella cabeceó al palo y mi defensor central reventó la pelota al campo rival. Mi delantero se largó a correr: su defensa diezmada había quedado mal parada. Mi jugador se puso mano a mano con el arquero. Contuve la respiración y apreté la combinación de botones: con un movimiento ágil, eludí a su guardameta y definí con el arco vacío.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b020dfee5ff087ccc6ea1d86166d1f25">Antes de que la pelota cruzara la línea, puse pausa y me paré.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e3d091ed17e01768550a1bd0dc5ad725">—¿Qué hacés, la reconcha de tu hermana? — explotó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d71ae6fc389336192adea56487b289d8">—Es el empate. Y si hay empate, hay alargue. Y después penales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7d5fd0760b7a4ae6dfd2520cb1b0270">—Y qué mierda tiene que ver, sacá la pausa, la puta que te parió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9034b3ada939153fccf7255e5c380e21">—¿Te pone nervioso que te levanten un 4 a 0?— jugueteé con su nerviosismo. Él simulaba estar tranquilo, pero mis aires de triunfo lo tenían muy alterado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d241e894d1f7e70280605cef4f645cb6">—¿Te alegrás con un empate, cagón, equipo chico?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b064d028ea2b20a5691cfd6303bc4877">—Y, es Aldosivi. Contra el Liverpool. Cuando saque la pausa voy a asomarme al balcón a gritar el gol para todo el edificio. Te lo van a festejar en la cara. Ya es un triunfo para mí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-945ec5802e9144e19b0b30f6b90c02b6">—Sacá la pausa, hijo de mil putas, choto, puto, gordo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f33f0cb7d08fcb024b5d29b8adba95c9">—A mi novia le gusto así— respondí, y reanudé el juego.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-594bb627475ed875f13f160f3935576d">Mientras la pelota ingresaba mansa al fondo del arco, bajé el cierre de la campera y metí la mano en el interior. Él me miró pero no tuvo tiempo de impedirlo. Acompañé cada uno de los quince martillazos con un grito de gol corto pero estertóreo, como un poseso con emoción violenta. Los golpes fueron suficientes para que la PlayStation quedara hecha añicos sobre la mesa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-afa784321cb79462e3dbb26936197060">Mi contrincante apenas pudo reaccionar. En el pulmón del edificio sonaban las cornetas, gritos, y se adivinaban los abrazos y los llantos de alegría. Salí sin mirar atrás, olvidándome el joystick en el piso. Sonreí repasando la jugada en mi mente, y agradeciendo la suerte de que en su ciega rabia por el empate que lo humillaba, mi contrincante no hubiera visto que el juez de línea había cobrado el offside.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="763" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-14-1024x763.png" alt="" class="wp-image-2830" style="width:508px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-14-1024x763.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-14-300x223.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-14-768x572.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-14-1536x1144.png 1536w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-14.png 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><em>Este artículo fue originalmente publicado en https://eltercercajon.com/2020/07/25/liverpool-contra-aldosivi/ el 25 de julio del 2020.</em></p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/liverpool-contra-aldosivi/">Liverpool contra Aldosivi</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/liverpool-contra-aldosivi/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Crack</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/crack/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/crack/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Dec 2024 19:46:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol del barrio]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol entre amigos]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=2796</guid>

					<description><![CDATA[<p>No es fácil aceptar la existencia de un milagro sobrenatural. Pero a veces sobre la cancha vemos jugadores que no se pueden explicar.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/crack/">Crack</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Sebastián Pujol (<a href="https://www.instagram.com/seba_del83/">@seba_del83</a>)</strong></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“…vio algo asombroso, algo asombroso… la pelota empezó a rodar hacia el pibe. Sola.&nbsp;La pelota, sola, empezó a seguir al chico.”&nbsp;</p>



<p>Roberto Fontanarrosa.&nbsp;</p>
</blockquote>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-88c14f0fd4884fa8065bc2b04ae3a6d2">Hubiera preferido quedarse callado, irse a su casa y meditarlo con la almohada, no hablarlo con nadie, olvidarlo, pensar que se había equivocado, que no pasó, que no puede pasar, porque esas cosas no suceden y menos a él que siempre alardea de su escepticismo. Pero no tiene manera de escapar. Está obligado a dar una respuesta. El Gordo le apuntó con un dardo envenenado. Un interrogante de esos que acorralan.&nbsp; </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1e54fa836116cd621a7ac7a984af868c">—¿Y a vos qué te pasa? —le lanzó el Gordo a través de las tres mesas que los separan. Lo agarra llevándose a la boca una porción de anchoas. A Bruno se le revuelve el estómago cada vez que se lleva la pizza a la boca y ve trozos de pescado sobre la salsa. Intentaba frenar las náuseas con cerveza cuando Darío Troiano, el Gordo, su amigo de toda la vida, le hizo la pregunta y no le dio otra posibilidad más que responder.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b758baffa71e5930ce24861fa29326d8">—No dijiste una palabra desde que terminó el partido.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cc53e1ef9b93483eaaea597746cb11f9">Bruno se toma unos segundos para acumular la bronca suficiente y responde.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3e34cc4838abda5767ceebf6af6f4162">—¿Ustedes no lo vieron? —dice Bruno, y se manda a la garganta medio vaso de cerveza para sacarse el gusto de las anchoas.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b103672d35966043ac24639f72ddc1b4">Todos se quedan en silencio. Lo vieron, pero no quieren aceptarlo. Quisieran dejar las cosas como están, irse a sus casas, repasar una y otra vez lo sucedido, negar todo y con el tiempo convencerse de que fue un error, un juego sucio de la mente:&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ae0e5b9c8e0c7061c0a6ad7b68b640f2">“A veces la sabiola te juega una mala pasada”, dirían. Pero eso ya no es posible. El Gordo abrió la boca y ya no hay vuelta atrás. El tema está sobre la mesa.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b55c3b68642609121c55c46924063d3e">Habían llegado a la cancha siendo nueve. Invitaron a jugar a un pibe que miraba el césped sintético, apoyado en un poste de luz. Era alto, flaco, vestía unos pantalones viejos y demasiado cortos, una chomba blanca y tenía el pelo largo hasta los hombros.&nbsp; </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7624fbec71c829fe364b909a45d2c745">Se presentó como Leonardo Campodónico. Dijo que había llegado al barrio hacia dos semanas junto a un circo ambulante con el que giraba los 365 días del año alrededor del país y que esa misma noche levantarían la carpa para partir hacia un nuevo destino. El Gordo le dijo que no se preocupara, que se iba a sentir cómodo. “Adentro de la cancha somos nueve payasos”, le dijo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6c3b5774cb008f1df436f2c0a4e97642">El tipo no precalentó. Sacaron del medio y le dieron la pelota, como para probarlo. Estaba bien atrás, cerca de su propia área, sobre la izquierda. La paró y sonrió. Bruno lo vio estirar las comisuras de sus labios con la alegría de un chico y mirar la pelota como si se reencontrara con alguien muy querido. Tenía pinta de no haber jugado al fútbol en su perra vida.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d35aee711f5b5f7b3c27c4727b1436ae">Encaró y dejó a tres tipos en el camino sin esfuerzo, con la mínima cantidad de movimientos posibles. Para probar la zurda, acomodó el cuerpo y le pegó desde mitad de cancha. Pero en el arco estaba el Turco, que es un arquerazo y estaba bien parado. La descolgó del ángulo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-88b4be1c5a8190d9d7228d99e6254209">La bocha quedó picando en la puerta del área. El Turco no da rebotes, pero este tipo alto, con un par de piernas flacas y desgarbadas, le pegó fuerte y esquinado. El rebote fue corto, pero increíblemente el tipo este, Leonardo Capodónico, sin que nadie llegara casi a verlo agarró el rebote y la picó por encima del Turco que seguía en el piso. Después agarró la pelota y la puso debajo del brazo como si cobijara a un amigo querido, alguien a quien no veía hacía mucho tiempo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cca5b21977577077512d2f9f21a55152">¿Qué había pasado? Es una pregunta que nadie se animaba a verbalizar alrededor de la mesa de la pizzería. Mejor usar la boca para entrarle a la pizza. O para pedir una más, ahora sí, de muzzarella.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e392b8f64d9c9849820c2cb9e83a9f17">Gerónimo, que estuvo mirando su celular para hacerse el distraído, toma las riendas. Levanta la botella vacía de cerveza con la mano derecha y le apoya la punta del dedo índice de la zurda sobre el vidrio transpirado. El gesto es inconfundible: “Otra”.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8477070abdf5eb74be2354f5e43f8367">¿Qué había pasado? Después de esa primera jugada Guille preguntó: “Che, pero esperá loco, ¿qué es esto?, ¿qué pasa?”. Se tuvo que callar, intimidado ante el silencio y la perplejidad del resto. Todos lo vieron. Era físicamente imposible que el tipo hubiera llegado al arco tan rápido.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5da28214bf33d210a55c1da181ced6c1">Que fácil sería aceptar que se equivocaron, que sí, que todo fue un espejismo, un error. Pero no lo fue. Continuó pasando cada vez que este tipo flaco y alto la agarraba, y la agarraba mucho. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1f59d0766eb892e7f038846abb98149c">Parecía que la pelota lo buscaba, que iba hacia donde estaba él, que lo reclamaba. Esa pelota de gastados gajos naranjas y negros que el tipo que maneja la cancha llena de arena en la que juegan todos los miércoles les tiró desde el buffet a las 20:45 para que fueran calentando, esa bocha vieja y ovalada lo buscaba a él. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-15dbeb45b34aa47ad5ac37738db46224">Una pelota cualquiera hecha en serie en algún país asiático. Iba hacia él. Demandaba su buen trato. Quería sus pies. Siempre, después de cada rebote y desafiando a las leyes de la naturaleza, caía mansa cerca suyo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-18d1220ca36a34e4fa67e1944fba10ea">Mejor irse a dormir y pensar que nada de eso pasó en realidad. Rajarse a sus casas a meterse en la cama e intentar dormir. Escaparle al insomnio y torrarse sin pensar. Porque el tipo agarraba la pelota en un sector de la cancha y, sin que nadie supiera cómo, un segundo después aparecía cerca del arco, o directamente buscando la bocha en la red.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0a01716bad43a5051e8ecc49abddac53">Ahora no había lugar para hacerse los distraídos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b60024439d2f76be7c5ece764666a05">—Claro que lo vimos —admite Gerónimo, mientras empuja la comida con cerveza.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c6bdb9bad3e663112cb9fe7a9c489d4e">Cruzaron algunos comentarios temerosos y desganados sobre el tema, pagaron y se fueron casi sin saludarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-31607a128dbe37aff6161367896fe308">El miércoles siguiente, después del partido, la primera pizza que piden llega fría y la cerveza caliente. Había empezado a lloviznar mientras se cambiaban para irse de la cancha y llegaron a la pizzería bajo un diluvio torrencial. El local está vacío. Es la primera vez que se sientan adentro.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5b298f5b298fb1ff8a259796f49364f8">—No cuesta nada sacar las telas de araña del techo —se queja Darío, mientras Gerónimo intenta mirar sin éxito hacia la calle a través de los vidrios sucios y empañados.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-24eaa3a70e66b5cacd8dd1ba6de1ef9f">&nbsp; —Qué difícil se nos está haciendo conseguir armar los equipos —dice Bruno— Terminamos siempre metiendo a jugar al primero que se nos cruza.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-55ae376e30a857b2237acb591e6fc65f">&nbsp; Por unos segundos solo se escuchan algunos ruidos que llegan desde la cocina. Todos piensan en lo mismo. Bruno está seguro de que la cabeza de todos se está remontando a lo que pasó al comienzo del partido que terminaron de jugar.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3214a295ec638245c1488e9fc2488bda">&nbsp; Habían llegado temprano y terminaron de cambiarse rápido. Entraron a calentar mientras los equipos del partido anterior todavía no abandonaban la cancha. Había estado nublado todo el día y tenían miedo de que se largue a llover y no llegar ni a tocar una pelota.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ad00e48ad40eb18a27e57b8758546d71">&nbsp; —Falta uno —avisó Bruno.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a0f56c0ee346fb545da6974565ebc8a8">&nbsp; —El Turco ya dijo que no viene —gritó Darío desde un córner.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-82364605d7228e6b3958cb611a196646">&nbsp; —¿Qué hacemos?&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7bbb38c289f3a38429cf7065577cac99">&nbsp; La mirada de todos se dirigió hacia el poste donde había estado apoyado Leonardo Campodónico el miércoles anterior. Desde allí, nuevamente alguien los miraba precalentar. Era un muchacho panzón, de unos cuarenta años. Llevaba unos botines naranjas, pantalón y remera de Boca. Aceptó la invitación a jugar.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-59e8fc9249196b3807a97a12f2f5b6e0">&nbsp; Como cada miércoles, Darío y Bruno armaron los equipos. No sabían dónde poner al desconocido. Después de las demoras habituales sacaron del medio. Guille recibió en la puerta del área y se la dió al muchacho que tapó el agujero, que equiparó los equipos y esperaba la pelota bien atrás, cerca de su propia área, sobre la izquierda.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fb0b3e142d26fab8ca21314fad1abf02">Todos contuvieron la respiración, alertas. Esperaban el milagro una vez más. El suspenso duró un segundo. Quiso pararla y la pelota le rebotó con fuerza en el pie.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-994e2b21264208396575b4319cd75183">&nbsp; El delantero rival, que había salido a presionar, le pegó como vino y la mandó a guardar.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9a99c69cc1cce85e43effa0ed9b1faa7">&nbsp; —Que malo que era, mamita querida —dice Gerónimo, mientras pide otro combo de pizza y cerveza.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-51ee341b73e64a50a19e3127445f51fb">&nbsp; Bruno llena su vaso con lo que queda en la botella.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-33c3de17a55395f8d3ed595f8221f5fa">&nbsp; —Como Leonardo Campodónico no hay dos.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1000" height="600" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Crack-2.jpeg" alt="" class="wp-image-2801" style="width:658px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Crack-2.jpeg 1000w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Crack-2-300x180.jpeg 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Crack-2-768x461.jpeg 768w" sizes="auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/crack/">Crack</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/crack/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La venganza del juez de línea</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/la-venganza-del-juez-de-linea/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/la-venganza-del-juez-de-linea/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Oct 2024 01:46:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Arbitraje]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Juez de línea]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=2643</guid>

					<description><![CDATA[<p>Las ilusiones, los enojos y la emoción siempre están en juego, ya sea en la tribuna, en el colegio o en la sala de un hospital.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/la-venganza-del-juez-de-linea/">La venganza del juez de línea</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Mariano Tosca (<a href="https://www.instagram.com/marianotosca6/">@marianotosca6</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-42394c01db7a05ffe24f2b7397fdb4f9">&#8211;<em>Ya sé que te parecerá raro que justo yo te venga a visitar. No sabes lo que me costó convencer a tu familia que me dejen entrar, pero tu hermano fue el que habló con tu esposa, y claro, ella apenas me vio se puso como loca. Me insultó de arriba a abajo y si no la agarraban me daba una paliza; en una de esas, terminábamos siendo compañeros de cuarto de este hospital. Pero estuvo bien tu hermano, él se dio cuenta de que yo estaba arrepentido de lo que te hice.</em>&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b0790e7f3b61eb4766e252859287960f">Ramiro yacía en la cama del cuarto de aquel hospital hacía tres días. Tenía dos costillas rotas, hematomas por toda la cara y un diente menos, pero se le complicó porque hace tiempo venía sufriendo problemas respiratorios.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-65959d27c5078e0183fa6a91b17533e6">Trabajaba en dos escuelas, diez horas por día, era muy comprometido con su trabajo y nunca se tomaba un día para hacerse los estudios. Su estado físico tenía 20 años más que sus cuarenta reales, hasta le costaba subir los escalones de la tribuna. Es por eso que cada vez se ubicaba más abajo, hasta que se acostumbró a mirar el partido desde atrás del alambrado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-040cd36317a3d83a1dfa2845d86fc897">Entró la enfermera con el carrito de la comida del paciente, lo dejó a un costado de la cama y salió. Ricardo, su inesperado visitante, se hizo cargo de la situación, ayudó a Ramiro a incorporarse, levantando un poco la cabecera de la cama, y se dispuso a ayudarlo con su comida; Ramiro le hizo un gesto de negación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-09a0088a1563079d7dcdfe8cb1b31d8c">&#8211;<em>Mirá Ramiro, tenés que comer. Yo ya pedí perdón por lo que hice, ahora lo único que quiero es que te recuperes, así podés volver al colegio que los chicos te deben extrañar bastante.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0ff2f7b2dc898691327d414fdfe081d2">Ricardo le sirvió agua, sacó los cubiertos del plástico que los envolvía y le acercó bien la mesa para que Ramiro tuviera que moverse lo menos posible. Y mientras el enfermo comía casi sin ganas Ricardo le hablaba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9d4a95bccb4194312ba1bb051197147c">&#8211;<em>Sabés Ramiro, siempre me gustó la pelota, correr atrás de ella. Cuando era chico no pensaba en otra cosa, no me importaba la escuela, ni la familia, ni la tele. Y eso que me gustaba el Capitán Piluso, Los Autos Locos o la Pantera Rosa, pero lo que no podía era estar demasiado tiempo quieto. Si no aguantaba más, me levantaba de la silla, y como no me dejaban salir a la calle cuándo ya empezaba a anochecer, me iba al patio, agarraba la pelota “Pulpito” y empezaba a darle como un loco contra la pared. Después corría como podía por el poco espacio que había, haciendo de cuenta que estaba en medio de un partido de verdad, relataba mis jugadas imaginarias y siempre terminaba de rodillas gritando un golazo hasta que mi vieja me gritaba que deje de la pelota y me vaya a bañar porque ya era tarde y hay que cenar.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-608efb0bdb5db2a1ef3ca7e6284147f3">Ramiro escuchaba, pero no parecía muy entusiasmado con el relato. Por momentos miraba hacia el techo como preguntándole al cielo por qué tenía que sufrir este doble castigo, el de haber recibido una paliza y encima tener que aguantar que su verdugo le cuente cosas de su infancia.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-163f6a1c9dad9e9fe8f978902c47d0cf">En su interior sentía la culpa de haber hostigado tanto al hombre que ahora estaba sentado frente a él, pero no creía que debía pagar un precio tan alto por haber hecho algo que todos hacen cuándo se sienten estafados en sus propias caras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-63bfcfd636e9281e33435d9f79ed610b">&#8211;<em>Me probé en varios clubes, y no quedé nunca. Todos los entrenadores me decían lo mismo: “Vos corrés mucho y sos veloz; pero el fútbol no es solo correr, la que tiene que correr es la pelota. Y con ella no te llevás muy bien”. Con el tiempo tuve que aceptar que lo que me decían era verdad, yo solo corría, no tenía técnica ni habilidad, me desconectaba de mis compañeros y del partido. Pero el fútbol tenía reservado algo para mí.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-87eab85cb7214a911d7298cf8d58fa7e">Ricardo hizo una pausa porque sintió un gemido por parte de Ramiro; era de dolor, aunque lo más probable era que el paciente ya no soportase más el relato. Con los ojos parecía pedirle que le siga pegando, y que cuándo haya saciado su instinto violento se vaya de una vez por todas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c5ef69a09fe0b9920b018e962d4450e8">Pero Ramiro tenía un incontrolable deseo de contar su historia. Era difícil decir si su intención era lograr el perdón por parte de la víctima o si él mismo buscaba perdonarse a través de sus propias palabras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-237df46e9cc45f38930290ee486e027b">&#8211;<em>Al final tenían razón, no iba a llegar nunca a jugador profesional. Pero iba a estar dentro de una cancha, corriendo por la raya. Por momentos cuando corro junto a la par de los jugadores que atacan, me creo que soy parte del equipo y a veces hasta pido que me la pasen, en voz bajita para que solo yo lo escuche. Si la jugada termina en gol salgo corriendo hacia la mitad de la cancha y lo grito por dentro. Mi juego consiste en sentirme parte de los de adentro y eso hace que el partido sea más pasable, porque después hay que soportar todo lo demás. No solo los jugadores que protestan, a esos se los tiene que aguantar más el árbitro principal; pero yo tengo que soportar a los hinchas que están pegados al alambrados. La verdad que nunca me tocó uno como vos. Todo el segundo tiempo nombrando las partes íntimas de mi hermana y de mi vieja cada cinco minutos. Me aprendí de memoria tu repertorio: Pelado, puto, gordo, ciego, rengo, ladrón, corrupto y cornudo. Lo tuyo iba más allá del partido, ni siquiera hubo jugadas dudosas y terminó empatado. Desde el primer minuto te la agarraste conmigo, y nosotros los jueces de línea somos las principales víctimas de insensatos como ustedes.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-18987c9c7f5573a40d9b7ae0db908e3d">Cuando Ricardo empezó a hablar de lo que había sucedido aquella tarde en la cancha, Ramiro lo empezó a escuchar con más atención. Lo miraba de otra forma; quizás empezó a entender que después de todo, un poco tenía merecido el estar en la cama de un hospital recuperándose de una feroz golpiza.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-65deb3eb7f0b62c065fb56a94a97ded6">Casi que quería hablar, pedirle perdón, pero entre los analgésicos que lo tenían un poco dopado y el dolor que todavía tenía en la boca no le hubieran salido las palabras; Ricardo también lo entendió así, lo adivinó en sus ojos; entonces se adelantó y antes de irse le dejó sus últimas palabras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-22c017e97d2549216889301c0a2dee5a"><em>&#8211; No, no digas nada; no vine a que me pidas perdón. Soy yo el que te tiene que pedir perdón a vos. Nunca le pegué a nadie, pero cuando escuché tu voz no me pude contener. Quién iba a decir que vos eras maestro en el colegio donde va mi hijo y que justo te designaron para pronunciar el discurso de despedida de los chicos de séptimo grado. Encima con esa voz grave y un poco ronca tan reconocible. Por eso me saqué, yo no te conocía la cara. Vos estabas atrás del alambrado y yo nunca me doy vuelta para mirar a los que me insultan. Seguro no te acuerdes de nada porque quedaste inconsciente unos minutos: me hice pasar por hincha y te hice todo el verso de que te había visto en la cancha aquella tarde en la misma tribuna. Te vuelvo a decir, perdoname. Pero la próxima vez que discutas con tu mujer, o hayas pasado una semana mala en el trabajo, no te la agarres con un pobre tipo como yo, que alguna vez soñó ser el siete de la selección y terminó como un simple juez de línea.</em></p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/la-venganza-del-juez-de-linea/">La venganza del juez de línea</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/la-venganza-del-juez-de-linea/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Mi breve Final del Mundo</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/mi-breve-final-del-mundo/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/mi-breve-final-del-mundo/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 17 Aug 2024 16:52:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol 5]]></category>
		<category><![CDATA[Torneo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=2521</guid>

					<description><![CDATA[<p>Los partidos difíciles se viven de una manera especial... y no hay nada más serio que un torneo de Fútbol 5.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/mi-breve-final-del-mundo/">Mi breve Final del Mundo</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Federico Rodríguez (<a href="https://x.com/federodr">@federodr</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a875a0429ab09bdcc80ca36211bc5bb0">Me invitaron a jugar un partido. A diferencia de otros años, quizás cuando era más joven y más competitivo, no estaba para nada nervioso. Llegué unos quince minutos antes, apenas si elongué, pateé un par de veces una pelota fofa para probar al arquero en el precalentamiento y me agaché a desatarme los cordones para volver a atármelos con más firmeza. Intuyo que faltarían unos tres minutos para que empezara el juego cuando uno de mis compañeros me dijo:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b5a6ce30191a4a1ea6aa426fe6d2ba2c">—Mirá que es contra los primeros. Si ganamos, agarramos la punta nosotros.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b10b72acd2521e290bae273915b85854">Toda la tranquilidad que tenía hasta el momento se evaporó. Llegaba con la calma del que va a jugar de onda. En última instancia les estaba haciendo un favor para completar equipo, no podés jugar con uno menos en un torneo de Fútbol 5. Si jugaba mal, tampoco me iban a putear tanto. Pero ahora el panorama cambiaba por completo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6ce1926eeceb88653a146a5625df68a0">Un factor que me estresa de los torneos es que ya no tengo edad ni ganas de andar peleando cuando se pica el partido. Pero la advertencia de mi compañero me había disparado el cortisol por las nubes y ahora en mi cabeza no había lugar para otra cosa que no fueran reproches hacia mi calma absurda. ¿Por qué había llegado tan tranquilo? ¿Cómo no había siquiera preguntado la posición del equipo en la tabla, el nivel del rival, nada?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a23b16ff9b6af76b456ff74e17d79cb5">El árbitro dio dos silbatazos cortos y los capitanes se juntaron en la mitad de la cancha. Hice un esfuerzo por relajarme. Juego mejor con menos presión. Sacudí la cabeza como para que las ideas negativas se me salieran por las orejas. Me paré de punta y empezó el partido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b1e5e27b8c6278572686d311516587c4">Arrancamos ganando rápido. 1 a 0 a los muy pocos minutos: calculé que no irían más de tres o cuatro. Lo grité como un trastornado, más que el propio autor del gol. Sentí alivio. Ponerse en ventaja pronto en este tipo de cotejos, tan decisivos, traslada el nerviosismo al rival, que no se espera un golpe tan veloz en un enfrentamiento que presumía cerrado. Pero también nos colmaba de responsabilidad: quedaba mucho, muchísimo tiempo. Confiarse hubiera sido un error de novatos. Así que me concentré.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-beb5c90f41657bc9106c074c4b28023f">Pero aún con la con la mayor de las abstracciones propias el error de un tercero puede arruinarte la existencia. En este caso, el error del ciego hijo de mil putas del árbitro. La pelota salió por el costado. Era para nosotros, pero cobró a favor de ellos. Aprovecharon nuestra protesta, hicieron el lateral rápido y entre el desaire y la indignación nos clavaron el 1 a 1.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f4cdfd48dbc507d8dcf2a93c090faf00">Corrieron los minutos y el partido volvió a emparejarse. A mí me daba la sensación de que mi equipo, o bien al que estaba de invitado, era bastante superior. El primero de la tabla jugaba decididamente mal. Eran imprecisos, y aunque tenían cierta fuerza física, no eran nada del otro mundo. Pensé que si nos concentrábamos en serio podíamos reponernos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-eb963d3c79a628b396e69a1449259e33">Y así fue. Uno de los nuestros desbordó, tiró un centro espantoso y al arquero se le escurrió la pelota entre las manos. Gol en contra y 2 a 1 para nosotros. Otra vez lo grité con furia. Faltaba muchísimo, sí: pero estaba claro que éramos los que imponían las condiciones, y con ese resultado agarrábamos la punta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-348db44a0e6ea2a9d9143a81338b19c8">Sin equivocaciones arbitrales a su favor, ellos no tuvieron reacción. Por suerte para mí, mis intervenciones eran acertadas. No había tenido chances de gol, pero estaba haciendo el trabajo sucio y el sacrificio, y las pocas pelotas que pasaban por mí, se las daba redonditas a un compañero. Estábamos muy bien. Y ellos, groggy.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e27b3dbeedc324836ed2c4f3c087a7d3">Cuando promediaba el primer tiempo sucedió. Tiraron un córner a las manos de nuestro arquero, que era una torre. Salimos rápido de contra por la izquierda. Yo acompañaba desde la otra punta, seguro de que la lectura de la jugada pedía conducción hacia ese sector. Quedaron muy mal parados: éramos tres contra el último hombre. Si me la daban a tiempo, me escapaba solo frente al arquero. Tras dos toques veloces, me habilitaron y encaré el mano a mano. Definí horrible, mal pisado, pero cruzado y al ras del piso. La pelota pasó entre las piernas del arquero y entró mansa contra el palo. Era el tres a uno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0c1abf67f7694951f02002f569d32665">Lo grité con locura, una vez más. Nunca festejo mucho los goles. Pero acá me saqué. Sacudí el dedito, metí el gesto soberbio de «más o menos, eh» aunque le había pegado como el culo, me agarré los huevos e hice el gesto de ofrendarlos a los que miraban desde afuera. En mi cabeza, ese partido era Argentina-Francia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8f3d71731a76981fb5e050af627fadfe">Nos fuimos 3 a 1 al descanso, nomás. Tocó reordenarse y pasé al medio. No vale la pena dispensar demasiados párrafos al desarrollo del complemento. Nos dedicamos a hacer tiempo, aguantamos la pelota, buscamos que el reloj corriera. Se sabe que, en partidos así, si se te ponen otra vez a un gol de distancia, lo más probable es que te lo empaten y te lo ganen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8dae9dd7922183bcd3b8ea5682c7479d">Pero nada de eso sucedió. Ellos eran apáticos, jugaban mal, estaban en un día pésimo. No tuvieron reacción. Les hicimos el cuarto dos minutos antes del cierre. Hubo saludo cordial con los rivales, aunque habían ensuciado el juego con patadas y protestas nacidas más de la impotencia que de la parcialidad del árbitro, cuya única incidencia, en realidad, los había beneficiado. Me llamó la atención la poca autocrítica, el poco roce entre un grupo de compañeros que habían entregado la punta del campeonato con una displicencia supina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-aeb6b81389a0090cdba1bee82f0bb7a4">El sol del mediodía volvía intensa la estancia en el césped sintético. Nos acercamos al bodegón del club y celebramos el triunfo comprando varias cervezas. Alguno propuso almorzar unas pizzas: casi todos aceptamos. El que me había comentado de la importancia del partido me felicitó por el gol, esgrimió algún apuro con el resto del grupo y se fue a su casa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a684c037f2e5086d84c3fda1566fd2ee">—¿Y ahora? ¿Estamos primeros solos? —pregunté al arquero, haciéndome parte del logro con la boca llena de una de jamón y morrones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-053d8dfa0b9d73f34c98b0875d7205d6">Él me miró un poco extrañado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-71a328991044406a629513bef8cf8ae7">—¿Eh? De la punta estamos a doce.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-63670ad594dca2ae01a25eb691c0c7f0">—¿Estos no eran los punteros? —tanteé, confundido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d74fde89b47334fed81c5884be6b8679">Hubo algunas risas generalizadas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2168dced0f961412157036e491fee460">No pregunté más nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-38abe4bacc16bc019e3c8e4aaa43189d">Pagamos y nos fuimos.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="850" height="465" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/08/image-10.png" alt="" class="wp-image-2524" style="width:568px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/08/image-10.png 850w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/08/image-10-300x164.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/08/image-10-768x420.png 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/mi-breve-final-del-mundo/">Mi breve Final del Mundo</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/mi-breve-final-del-mundo/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
