Por Rocío Gorozo (@RGorozo)
El fútbol masculino, a pesar de ser el deporte más pasional del planeta, históricamente ha estado marcado por la heteronorma y, por ende, la homofobia. Uno de los casos resonantes fue el del inglés Justin Fashanu: se animó a declararse gay, pero desde entonces fue víctima de la hostilidad de entrenadores, la prensa, aficionados y de una falsa denuncia por abuso sexual, que devino en su suicidio en 1998.
En el ámbito nacional, es recordada la postura de Daniel Passarella durante su trayecto como DT de la Selección Argentina, capaz de confesar que jamás convocaría a un jugador homosexual, como así de excluir al mediocampista Fernando Redondo por el simple hecho de llevar el pelo largo. Uno de sus principales detractores fue Diego Armando Maradona, tratándolo de retrógrado y, en respuesta, protagonizando el icónico beso con Claudio Paul Caniggia.
Sin embargo, persiste la resistencia ante la diversidad sexual. Junto a los cánticos tribuneros, proliferan los calificativos de «conchita» -para aquellos que no terminan de rendir en una cancha- o «le creció el pene» cuando salen de sus rachas negativas.
Afortunadamente, Ignacio «Nacho» Lago, figura y 10 de Colón de Santa Fe, con tan solo 23 años demuestra que quien es valiente, es libre. A principios de este mes se viralizó una entrevista suya de mediados de 2025, en la cual recibió un saludo de parte de Gonzalo, su pareja.
Para la mayoría de los argentinos y argentinas, como el resto del mundo, fue una novedad encontrarse con el primer futbolista profesional del país en visibilizar su homosexualidad (aunque, en realidad, ya contamos con el precedente de Nicolás Fernández, arquero de la Liga de Trenque Lauquen).
No así para su entorno, club e hinchada, que lo saben desde hace tiempo y lo tienen naturalizado. Frente a la avalancha de los medios de comunicación, el DT Ezequiel Medrán y Federico Lértora (capitán del equipo) expresaron su apoyo, contención, cariño, descatando su calidad personal y profesional. Incluso luego de ser sustituido en el partido vs. Racing de Córdoba fue ovacionado por todos los sabaleros presentes.

En tiempos donde los futbolistas son -siguiendo al Profe Signorini- ovejas sumisas, engranajes de un sistema que necesita de su silencio ante el status quo, la historia de Nacho demuestra que existen «almas que sueñan cambiar la realidad para poder volar».
Ojalá sea espejo y voz, fuente de inspiración y valentía, ya sea para todo colega local, nacional e internacional reticente a «salir del clóset», que los clubes desarrollen formas de extender su rol solidario e inclusivo -no sólo portar cintas multicolores- y para romper tabúes entre la gente futbolera.
Las casualidades no existen: a la par de esa noticia, José Cano, santafesino internado a raíz de un ACV isquémico, se casó en la habitación 201 de la clínica Garay junto a su amado Franco, tras casi dos décadas de relación y luego de postergar el evento en un par de oportunidades. La emotiva ceremonia contó con la complicidad de los médicos, mucamas y enfermeros. Una historia real.
José vistió el mejor traje de bodas posible: ni saco, ni corbata, sino su casaca rojinegra. Esa que lleva consigo casi siempre. Porque para muchos, la camiseta es sagrada. Es un símbolo de pertenencia, protección, honor, amor y orgullo. El orgullo de enfrentar las dificultades, desafiar los prejuicios y poder ser uno mismo.
