Por Fabio Martín Olivé (@fmartinolive)
Hay nombres que parecen elegidos al azar y otros que cargan con una historia desde antes del primer llanto. El arquero caboverdiano Josimar José Évora Dias pertenece a este segundo grupo. Tiene cuarenta años, aunque casi nadie lo conoce por su nombre. Para el mundo del fútbol es simplemente Vozinha, un apodo que en portugués significa «abuelita».
Se lo pusieron cuando era niño porque era su abuela quien salía a defenderlo cada vez que los otros chicos se metían con él. El sobrenombre sobrevivió al paso del tiempo, atravesó las canchas de Cabo Verde y terminó viajando con él hasta una Copa del Mundo.
Su nombre también nació del fútbol. Su padre era un fanático empedernido y quería que su hijo llevara el nombre de una figura del Mundial de México 1986, casi como si bautizarlo de esa manera pudiera señalarle un destino. La primera idea era tan extraña como maravillosa: quería llamarlo Valdano. No Jorge Alberto, sino simplemente Valdano, el apellido del delantero argentino que el día anterior al nacimiento de Vozinha le había marcado dos goles a Corea del Sur en el debut de Argentina.
Las autoridades civiles rechazaron la propuesta. Consideraron que un apellido no podía utilizarse como nombre propio. Obligado a buscar una alternativa, el padre eligió Josimar, inspirado por el lateral derecho de Brasil que acababa de deslumbrar en México con un golazo frente a Polonia. Así, por un trámite burocrático y por un cañonazo, el futuro arquero terminó llamándose Josimar José Évora Dias.
Pero la historia deja abierta un ejercicio irresistible de imaginación. Vozinha nació el 3 de junio de 1986. ¿Qué habría ocurrido si hubiera llegado al mundo unos días más tarde? ¿Si el parto se hubiera retrasado apenas setenta y dos horas? ¿Si su madre, la misma con la que anhelaba celebrar su actuación frente a España, hubiese dado a luz después del 5 de junio?

Siguiendo la lógica que guiaba a su padre (buscar entre las figuras de la jornada mundialista el nombre para su hijo), la respuesta parece evidente. Después del empate entre Argentina e Italia, el gran protagonista había sido Diego Armando Maradona.
Es perfectamente posible que aquel bebé caboverdiano hubiera terminado llamándose Maradona Évora Dias. O quizá Diego Armando, como ocurrió con tantos niños nacidos en Argentina durante 1986, cuando miles de familias decidieron homenajear al capitán de la selección campeona bautizando a sus hijos con su nombre.
La historia tomó otro rumbo. No fue Maradona. Fue Josimar. Sin embargo, hay algo profundamente maradoniano en el recorrido de Vozinha.Porque Maradona nunca fue únicamente un futbolista argentino. También fue el símbolo de una aspiración universal. El santo patrono de todos los chicos que alguna vez patearon una pelota en un potrero imaginando que, algún día, defenderían a su país en una Copa del Mundo.
En cada barrio humilde del planeta hubo un niño que quiso ser Maradona, aunque hubiera nacido a miles de kilómetros de Buenos Aires. Por eso resulta inevitable sonreír al imaginar la escena. Maradona Évora Dias, arquero de Cabo Verde, volando de palo a palo para sostener el sueño del debutante y resistir los ataques de España. Maradona Évora Dias cruzándose con Lionel Messi en un Mundial. Un nombre argentino escrito en la espalda de un futbolista africano, recordándonos que el fútbol hace tiempo dejó de pertenecer a un solo país.
Al final, el registro civil evitó que se llamara Valdano y el calendario impidió que se llamara Maradona. Se quedó con Josimar y con el apodo de Vozinha. El arquero de Cabo Verde terminó cumpliendo el deseo que su padre había imaginado cuarenta años atrás al bautizarlo con el nombre de una estrella mundialista. Quizás, en un par de mundiales, aparezca algún jugador llamado Vozinha por Josimar Dias.
