Por Guido Ramos (@julioarguelles_)
CIUDAD DE ELEUSIS, 23 de junio− Este lunes, en el recinto arqueológico de la ciudad de Eleusis se produjo un descubrimiento extraordinario. Se ha encontrado la obra de un hasta ahora desconocido filósofo griego en condiciones casi milagrosas. El nombre del autor sería Podarión y habría vivido en torno al siglo IV. En exclusiva les reproducimos aquí un fragmento rescatado y traducido de la obra:
LIBRO I
Llegamos entonces a la casa de Theopilos, donde me encontré con los ya nombrados Sphairokles, Sócrates, Cebes y Simmias. Allí me recibieron con agrado y terminada la rutinaria ronda de saludos nos acomodamos y me apresté a dialogar con el primero de ellos:
– (P) Me es grato encontrarlos aquí, pues conozco la distancia que han de recorrer y el esfuerzo que hay en ella. Es necesario dialogar entre ancianos para conocer los sucesos que ocurren en ciudades tan distintas y lejanas como lo son Tebas y Atenas ¿Qué dices?
– (S) Lo mismo que tú, me parece. Ansío saber, cada vez que coincidimos, cuál será el tema a discutir.
– (P) Bueno, si me permites, he estado pensando en una cuestión. Pues los más jóvenes de Eleusis han organizado un equipo de fútbol y me han elegido como su entrenador. Me pregunté entonces cuál es la forma de gobernar un equipo más justa.
– (Sócrates) Es interesante eso que mencionas – Dijo Sócrates, ya bebido –. Ahora bien, haz mencionado un tema aún mayor, la justicia.
– (S) Por Zeus, no empieces de nuevo, – Lo interrumpió Sphairokles – de eso ya has hablado suficiente. Será mejor que duermas una siesta. Creo que es un tema digno de tratar. ¿En qué has pensado, Podarión?
– (P) Pienso que hay tres formas de gobernar el equipo: la monárquica, la aristocrática y la democrática. Esto en la medida que yo otorgue poderes a los jóvenes. Ya ves que estos regímenes no se distinguen de los de las ciudades.
– (S) Continúa.
– (P) En el caso que yo asuma la totalidad de los poderes y haga todas las decisiones, será una monarquía pues asumiría que el conocimiento de los dirigidos no es útil para manejar el grupo. Si logro identificar entre todos los jugadores a los más virtuosos y legar mis poderes a ellos, será una aristocracia. Y si planteo un consenso entre la totalidad será una democracia.
– (S) No lo pienso así, pues olvidas el hecho de que tanto tú como los jugadores tienen una identidad propia y por ende pueden buscar sus propios intereses. ¿Has tenido en cuenta la posibilidad de que el gobierno del monarca o de la aristocracia no busque el bien común, es decir el bien del equipo?
– (P) Entiendo lo que dices, pero eso no sería ya una monarquía pues un rey que no es virtuoso y no busca el bien de su ciudad, no es rey sino un tirano. Ya conocimos muchos entrenadores que sin tener la capacidad de un Guardiola o un Mourinho impusieron su misma ley y acabaron siendo tiranos de sus jugadores.
– (S) En efecto. Y del mismo modo una aristocracia puede ser oligarquía si los gobernantes no gobiernan para el pueblo. Me recuerda a las famosas camarillas de futbolistas. Esas que manejaban el plantel, pero también lo que pasaba dentro de la cancha. Algunas virtuosas, menos denunciadas, y otras negativas.
– (P) Creo que te equivocas ya que camarillas solo las hay de un tipo, las malas, pues no hay peor síntoma en un grupo numeroso que el sectarismo de los menos y más fuertes. Y que además no logra más que obstaculizar la tarea del entrenador.
– (S) Te reto entonces a nombrarme un equipo que haya llegado a la gloria sin que los referentes “hagan camarilla”. ¿O no era camarilla la de Messi y Suárez en Barcelona? ¿O la de Moreno y Pedernera en River? ¿Acaso fueron contra los intereses de sus clubes? Pareciera que camarilla solo son los Garcé-Placente-Matellán.
– (P) Llevas razón en tus palabras. Razonando de esa forma podemos diferenciar los regímenes tanto por sus cantidades como por sus efectos. Pero me resultó interesante que, cuando abordamos las monarquías y diferenciamos las tiranías hablamos de entrenadores y cuando hablamos de aristocracias mencionaste jugadores. Me hace pensar que un jugador, por más ascendencia que tenga, no puede ser monarca.
– (Sócrates) Se equivocan si piensan de ese modo. Yo conozco bien la historia y en los albores del fútbol no existía el entrenador. Es más, incluso después de aparecer es función se tardó mucho en que adquiera la importancia que hoy presuponen tiene un DT. Entonces era el jugador más apto quién asumía, sin saberlo, el rol. Así lo hicieron el “Nolo” Ferreira en Estudiantes, José Nasazzi en Uruguay o Roberto Cherro en Boca. Aquellos eran tan reyes y tan virtuosos como los modernos.

– (P) Es bueno que lo aclares. Entonces podemos concluir que hay 4 formas de manejar un equipo, 2 malas y 2 buenas: la monarquía, la aristocracia, la tiranía y la oligarquía, siendo las ultimas las perversiones de las primeras. Pero ¿cuál debo elegir para los jóvenes de Eleusis?
– (S) Todavía no lo sabemos. Lo que te diré a continuación es que has olvidado tu primera clasificación, que aún equivocada o primitiva sigue siendo útil pues diferenciaste un nivel más al referirte a una forma democrática de dirigir el fútbol.
– (P) No la he olvidado, sino que la he superado con este nuevo planteo. Ahora pienso que teorizar sobre un equipo de fútbol gobernado por todos los jugadores es inútil puesto que dicho gobierno sería tan imposible como perjudicial.
– (S) Es cierto, pero podemos pensar una forma recta de dirigir el equipo tomando los mismos principios de la democracia, combinando elementos de la aristocracia y monarquía. Recuerdas la Holanda del ’74.
– (P) ¿Aquella de Cruyff?
– (S) Sí, esa misma. Ese equipo trajo al fútbol una nueva mentalidad, una nueva forma de concebir el juego con generosidad, sacrificio y vitalidad, basados en la responsabilidad colectiva. Daba un marco planificado para ayudar la creatividad del jugador, sobre todo si el jugador se llamaba Johan y llevaba la 14, daba libertad dentro de un ambiente controlado.
– (P) Ya entiendo. Esta última forma que has caracterizado me parece entonces la más conveniente. La más medida. Pero noto que lleva la ventaja de ser una forma mixta en contraste con las cuatro antes propuestas, que eran puras.
– (S) Empiezo a creer que no solo es la más conveniente, sino que es la única que realmente existe. Esto porque las formas puras y buenas, me refiero a la monárquica y la aristocrática, tienen la desventaja de que tarde o temprano devendrán en las malas. Esta última, al ser mixta y mesurada, se sostiene.
– (P) Es verdad… Fíjate en las camarillas virtuosas que ambos hablamos. Mira cuantas de ellas cayeron en formas oligárquicas para luego legitimar al entrenador que las terminase.
– (S) Y fíjate en los entrenadores monárquicos, ¿cuantos antes aplaudidos hoy son denunciados como tiranos?
– (P) Creo entonces que la respuesta a mi pregunta inicial solo se develará a la hora de trabajar, a la hora de ver en acción a mis muchachos y en la medida que vaya conociéndolos. No hay más criterio que el que otorga el momento…
