Por Candela Massa (@candela.massa_)
Este artículo es la segunda parte de la serie «El desarrollo del fútbol en el África subsahariana». Podés leer la primera acá: https://lapelotasiempreal10.com/reflexiones/analisis/el-futbol-como-capital-social-en-africa/. ¡En los próximos días sale la tercera y última entrega!
Los colonizadores europeos pretendían que el deporte apuntara a la autoproclamada misión civilizadora en África, pero sin saberlo crearon nuevas oportunidades para diversas formas de resistencias africanas, no solo contra el colonialismo sino también contra las desigualdades sociales dentro de las comunidades africanas.
Las asociaciones y los clubes de fútbol se convirtieron en el foco de vida social para los nuevos urbanistas y ocasionalmente expresaron su oposición al poder y la autoridad colonial. El carácter político de un club podía ser evidente o no. Sin embargo, la mayoría de veces los jugadores encontraban alguna forma de expresar su opinión.
Ejemplo de resistencias se pueden encontrar en la ciudad ferroviaria de Atbara en Sudán, donde dice Peter Alegi que los trabajadores ferroviarios sudaneses le dieron a su equipo de fútbol el nombre de Equipo Cuarenta. Según el historiador Ahmed Sikainga, el número cuarenta se mostraba como un rechazo de la regla del fútbol europeo, que limitaba el número de jugadores en cada equipo a once.
Pero la forma de resistencia más común fue la exhibición del espíritu de autosuficiencia y solidaridad que mostraba la autonomía parcial de los clubes a los intereses blancos. Los equipos funcionaban como sociedades de ayuda mutua que proporcionaban a sus miembros una red de seguridad social. Clubes como Orlando Pirates y Durban Bush Bucks en Sudáfrica, Sunderland (lo que hoy es el Simba) en Dar es-Salaam y Botafogo en Angola crearon un sentido de comunidad.
La ritualidad

Otra forma de resistencia fue la indigenización del fútbol en África, es decir, la incorporación al juego de costumbres, tradiciones e imaginarios compartidos por las comunidades locales. Si bien el juego se practicó de acuerdo a las reglas y estándares internacionales, el uso de especialistas mágicos y religiosos agregó al juego rasgos africanos distintivos.
Peter Alegi explica que «los magos producían amuletos, talismanes y amuletos que los jugadores africanos usaban como brazaletes, cadenas y anillos para defenderse del ataque espiritual de los especialistas religiosos opuestos. Los preparativos de los partidos individuales generalmente incluían frotar ungüentos especialmente tratados en la piel, zapatos, camisetas y otros».
Sumado a esto, los jugadores africanos no se limitaron a imitar la forma de jugar de los británicos. Desarrollaron sus propios estilos de juego, frustrando a los oficiales coloniales que creían que enseñar a los africanos a jugar el juego era tan importante como que aceptaran el fútbol en primer lugar.
Fueron las circunstancias locales las que dieron forma a esa manera africana de entender el deporte. Como dice Alegi, las calles, los terrenos de arena y los espacios abiertos perfeccionaron el control del balón, la tenacidad y las habilidades de improvisación de los niños.
Los juegos callejeros no tenían árbitros ni límites de tiempo e involucraban a muchos jugadores. Produjeron una estética de base que valoraba la exhibición espectacular de talento individual, muchas veces más memorable, más agradable y, en última instancia, incluso más deseable que la puntuación final.
La relación con el movimiento nacionalista

Los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial marcaron el inicio de un periodo decisivo en el desarrollo del África moderna. Gran parte del continente se vio envuelto en las enormes olas de transformación global que anunciaban el colapso de los imperios y la aparición de un nuevo orden mundial.
En la década y media que precedió a la caída de la autoridad colonial, el fútbol ocupó un lugar más central en la sociedad africana y se convirtió en un medio para expresar las aspiraciones de los africanos.
Afirma Peter Alegi que «a medida que la militancia anticolonial se intensificó en las décadas de 1940 y 1950, los movimientos nacionalistas africanos forjaron conexiones con equipos, jugadores y fanáticos de fútbol populares. Los estadios se convirtieron en escenarios en los que los trabajadores, intelectuales, empresarios y desempleados desafiaron el poder colonial y expresaron un compromiso compartido con la igualdad racial y la autodeterminación. El fútbol construyó un frágil sentido de nación en las entidades políticas creadas arbitrariamente por las potencias coloniales y alimentó la búsqueda más amplia de África por la liberación política. El potencial movilizador del fútbol no pasó desapercibido por los nacionalistas que procedieron a utilizar las oportunidades que este le brindaba».
Un ejemplo de lo antes dicho es el caso de Nigeria, la nación más poblada de África. El político y periodista nacionalista Nnamdi Azikiwe, primer presidente del país, fundó clubes deportivos controlados por negros para contrarrestar el racismo colonial y fomentar un sentido de nacionalidad entre los nigerianos.
En Zanzíbar, Tanzania, el fútbol como resistencia y vehículo de liberación se manifestó en la formación del equipo independiente African Sports en 1932, que sirvió como plataforma para promover la identidad étnica africana.
Y por último, también hay que hablar de Sudáfrica. A raíz del auge del apartheid, las organizaciones de fútbol negro comenzaron a desafiar la segregación racial, así como la afirmación de la minoría blanca de representar a «Sudáfrica» en el deporte internacional. En una de las primeras acusaciones importantes al régimen de Pretoria, la Federación Sudafricana de Fútbol (opositora al apartheid) logró la suspensión del país de la FIFA en 1961. Una muestra más de la importancia política del fútbol en un continente que ya estaba cansado de injusticias.

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Este artículo es un extracto adaptado de lo publicado en https://coyunturadeafrica.blogspot.com/2023/12/introduccion-al-desarrollo-del-futbol.html