Por Rocío Gorozo (@RGorozo)
Simone de Beauvoir no se equivocó al decir que “bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, por lo que deberán permanecer alertas toda su vida”.
Hay pruebas de sobra acerca de la misoginia que envuelve al gobierno libertario, sus aliados, militantes y seguidores: ataques hacia figuras del ámbito de la política (Myriam Bregman, Ofelia Fernández), la cultura (Lali Espósito, María Becerra) y el periodismo (Luciana Geuna), desfinanciamiento de programas estatales en pos de la igualdad de género y promesas de derogar la Ley N° 27.610 de Interrupción Voluntaria del Embarazo.
Incluso el otrora Ministro de Justicia de la Nación -Mariano Cúneo Libarona- era recordado por la muerte de su ex pareja Lourdes Di Natale bajo circunstancias sospechosas. Ahora la novedad viene de la mano de la senadora santafesina Carolina Losada, perteneciente a la Unión Cívica Radical, cuyas posturas en el Congreso concuerdan con La Libertad Avanza.
Con el apoyo de Patricia Bullrich y del propio Cúneo Libarona, presentó un proyecto de ley basado en elevar las penas de 3 a 6 años contra quienes realicen denuncias falsas, enfatizando en casos de violencia de género y abuso infantil.

Numerosas organizaciones recalcan que, además de asociarse a un fenómeno de baja incidencia estadística (entre 1 y 6%), busca convertirse en un factor de desaliento para acusaciones genuinas, condicionando el acceso a la justicia.
En este sentido, muchos desconocen que otra de las promotoras de tal legislación es Andrea Guacci, esposa de Diego Alberto Guacci, ex entrenador de River Plate -institución que lo definió como un “ferviente defensor del fútbol femenino”– y AFA, en categorías juveniles.
En 2021 fue denunciado ante el Comité de Ética de la FIFA por cinco jugadoras de la Selección Argentina por maltrato a menores e inconducta sexual. El máximo órgano no escuchó a las víctimas y cerró la investigación planteando que las pruebas presentadas eran insuficientes, aclarando que ello no significaba que los hechos denunciados fueran inexistentes.
No le bastó con empañar, impunemente, el sueño de esas chicas a sus 15 y 17 años, sino que tanto él como su pareja impulsaron amenazas, escraches y demandas civiles contra ellas (y hacia periodistas que difundieron lo sucedido). ¿Con qué objetivo? Amedrentar, callarlas y tapar la basura debajo de la alfombra.

Afortunadamente, las muchachas resisten y resistirán, erguidas frente a todo. La semana pasada en el Senado se realizó el conversatorio “La voz en primera persona: hablan las jugadoras”. De forma presencial y virtual, futbolistas, ex jugadoras y profesionales relataron sus vivencias.
Los testimonios acusaron a Guacci de todo tipo de comportamientos: comentarios sexuales, homofóbicos y gordofóbicos, hostigamiento constante, discriminación, acoso físico, videollamadas en ropa interior, pedidos de fotos íntimas, amenazas y aislamiento del resto de sus compañeras. Según ellas, su modus operandi apuntaba principalmente a jóvenes solas, lejos de sus familias.
A partir de dichas declaraciones, el número de denunciantes aumentó a 8 (incluyendo un caso ocurrido en el club Millonario) y se estima que al menos 20 mujeres vivieron situaciones similares con él, pero que aún temen contarlo.
El caso expone la falta de respuestas institucionales, gubernamentales como no gubernamentales. De ahí la importancia de romper con los pactos de silencio, de que lo personal se vuelva colectivo. Las deportistas se animaron a hablar no en busca de venganza, sino de ayudar a las nuevas generaciones y mejorar el desarrollo del fútbol femenino.
Para que toda niña que desee jugar a la pelota crezca libre de violencias, con un club, federación y Estado capaces de proteger sus derechos. Para que no callen frente a los abusos ni las injusticias. Para que no sean obligadas a renunciar a su futuro. Para que ninguna viva en el silencio ni en la oscuridad. Para que no sean invisibles nunca más.