Por Guido Ramos Cattólico (@julioarguelles_)
Cuando me tocó escribir esta nota, parte de una de las series mundialistas de La Pelota, me atacó la incertidumbre. Debía escribir sobre Diego, que ya es dificil, uniéndolo con el próximo rival de Argentina que en ese momento no estaba definido si era Australia o Egipto.
Hablar sobre Diego y Australia, por ejemplo, era más bien facil puesto que Maradona jugó contra la selección oceánica uno de los partidos más memorables de su carrera, que entra, sin duda, en una antología de relatos épicos del Diego-jugador. Me refiero, claro, al partido repechaje del ’93.
Con esto en mente no será dificil imaginar que en el partido Australia-Egipto del pasado viernes 3 yo hinché por Australia. Se jugaron 45 minutos, 90, 120, penales, el triunfo australiano no llegó y tocó escribir sobre Egipto.
La imagen de Maradona
Fueron pocas las veces que se juntaron Egipto y Diego. No fueron rivales en ningún partido, ni en los del fútbol ni en los otros. De la boca del Diez sí salieron palabras de aliento y empatía hacia ellos cuando a la selección egipcia la dirigía Héctor Cúper, allá por el 2017, deseándoles que clasificaran al mundial y supieran disfrutar de esa fiesta que es la Copa, cosa que finalmente conseguirían -clasificar, porque habría que ver si pudieron disfrutar sin ganar ni un partido.
Pero más importantes fueron sus palabras cargadas de tristeza y solidaridad cuando años antes, a inicios del 2012, se pronunció sobre la llamada “Tragedia de Puerto Saíd”. Aquella fue una de las escenas más sangrientas ocurridas dentro de una cancha de fútbol y se llevó consigo la vida de 74 personas.
Ocurrió después de un partido entre el Al-Masry y el Al-Ahly cuando los hinchas del primero, que eran locales, comenzaron a perseguir a jugadores e hinchas del Al-Ahly (72 de los fallecidos eran hinchas visitantes, otro era un policía y solo uno del Al-Masry).
Si bien la lucha tuvo un trasfondo político, lo que terminó manchándose fue la pelota. Diego, que se encontraba dirigiendo en Emiratos Árabes, se mostró afligido: “la intención del fútbol es unir a la gente, no provocar un conflicto entre ellos. Fue un día triste”. Y terminó mandando sus condolencias a los familiares de las víctimas.
En otra ocasión, Mohammed El Naggar, su traductor durante la estadía en Dubai, afirmó que habló bastante con Diego sobre Egipto y su deseo de conocer el país. “Él siempre me preguntaba cuándo lo iba a acompañar a ver las Pirámides. Hizo muchos intentos por hacerlo, pero nunca pasó”.
También habría que recordar aquella vez que, con motivo de su llegada al Al-Wasl en 2011, salió al aire en la TV egipcia y fue furor una entrevista a Maradona… un Maradona con acento caribeño y al que, convenientemente, se le oía muy mal por cuestiones técnicas.
Maradona para los egipcios
Egipto se suma a la fila interminable de paises donde Diego Maradona es más que un nombre y un apellido. Es una palabra que se asocia a un país, a veces incluso ganándole en la consideración al propio país, y significa también un reflejo imborrable de un atorrante que salió de la villa y tuvo la poca vergüenza de hacerles creer a los pobres de todo el mundo que sí se podía.
En Egipto decir Argentina lleva al grito de “¡Maradona!” como respuesta inmediata. Es un grito que lleva en sí una sorprendente gratitud hacia una persona que, como vimos, nunca pisó suelo egipcio.
Y por todo eso que genera en la gente es que hoy uno puede caminar por las calles del Cairo y encontrarse con librerías o negocios que lleven su nombre, su imagen viva, radiante, posando en algún rincón de un café o en la calcomanía pegada en la luneta de un taxi.
Existe también la posibilidad de cruzarse con algún egipcio bautizado en honor al 10. Pero lo más común (y útil) sería invocar su nombre y conseguir la mejor atención en algún restorán o en el aeropuerto.
Todos los ejemplos que acabé de dar no fueron invenciones arbitrarias: son testimonios reales de argentinos en la tierra de los faraones y las pirámides que muestran el poder e impacto que tuvo Diego en el pueblo egipcio… y eso que nunca vio las pirámides.
