Por Sebastián Pujol (@seba_del83)
Francia no sufre y cuánta bronca nos da. Transcurre por esta Copa del Mundo sin suplementarios, ni penales. Es verdad que Paraguay supo imponerle algo de rigor, pero aún así su andar pareciera ser tranquilo: sin despeinarse, sin llantos de emoción, abrazos desbordados o locura colectiva.
En un par de minutos definió su partido de cuartos de final contra Marruecos. Un gol de Mbappé y otro de Dembélé cuando promediaba el segundo tiempo y a otra cosa. No hubo franceses desmayados o al borde del infarto. Ni siquiera algún atragantado con un croissant por culpa de un descuento sobre la hora.
Algo de bronca debería darnos, porque sufrir, según parece, nos corresponde a los argentinos. No nos podemos quejar, porque si algo nos dio este equipo es alegrías -y cómo se disfruta al final-, pero alguna vez podrían darnos un descanso a tanto sobresalto.
Elogiar a Mbappé, Dembelé o Koundé y decir que Francia es la gran candidata, que tiene jugadores para armar dos selecciones y que ambas sean competitivas al máximo nivel ya perdió originalidad, pero hoy al menos podemos decir que el primer tiempo le costó.
Lo que nunca estuvo en duda fue el control de la pelota. Cada vez que Marruecos intentó jugar y estirar el equipo, sufrió en su área, dándole la derecha a Alfaro y su planteo de 16avos. Si le das espacio a Francia te exponés al ridículo.
Otro punto débil fue la eficacia. Tanto es así que Mbappé, que se empeña en seguir los pasos de Messi, erró un penal que pateó despacio y sin esquinar. Marruecos salió a jugar los segundos cuarenta y cinco minutos con otra actitud, pero tampoco alcanzó.
Aún habiendo demostrado poco y nada, Marruecos sigue siendo la mejor selección de su continente en la historia de los mundiales. Tanto el plantel de este país (que aún hoy reclama soberanías a Europa sobre dos ciudades en su territorio) como el de Francia, cuna política e intelectual de occidente, son evidencia de la mezcla de culturas y procedencias.
Le pese a quien le pese, la profunda desigualdad histórica que provocan las dolorosas e injustas migraciones termina por crear espacios multiculturales que nos enriquecen. Para muestra, valen cuatro ejemplos al azar. Del lado de Marruecos Ayyoub Bouaddi nació en Francia, juega en el Lille y fue parte del plantel de selecciones juveniles de la selección gala, mientras Achraf Hakimi, del PSG, nació en Madrid y fue criado en Getafe.
Del otro lado, Kylian Mbappé es francés pero su padre es camerunés y su madre de origen argelino. Y N’Golo Kanté -difícil imaginar un nombre más africano- es hijo de dos malienses y juega en la liga turca. Ganara quien ganara el partido de hoy, en Francia se preparaban operativos policiales para los festejos, donde la población marroquí se estima que está entre el millón y medio y los dos millones de personas.
Finalmente la balanza se inclinó hacia el resultado más esperable. Les Bleus son los primeros clasificados y esperan al ganador de España y Bélgica. Todo pareciera indicar que van a seguir su camino a paso firme hasta conseguir la Copa, y si este comentario final termina siendo mufa contra los galos, no creo que a ningún argentino le moleste.
