Por Guido Ramos Cattólico (@julioarguelles_)
Ya se va. Ya se está yendo. El mundial se vuelve recuerdo poco a poco. Pero todavía está vivo, todavía respira. Fue cambiando, fue creciendo y desarrollando sus características. Mudando de piel y reconvirtiéndose. Todavía no es tiempo de escribir el obituario de la fiesta, debemos disfrutar lo que queda de fútbol de alto vuelo, aunque ya se sucedan días sin partidos y se pierda el color y la diversidad dando paso a la fase más disputada de la competencia, en la que ya no hay personajes simpáticos ni sorpresas.
Hoy se jugó el partido España-Bélgica. No fue emocionante ni intenso, tampoco fue uno demasiado bien jugado o al menos divertido. Sí fue interesante ver en acción el planteo de España con Fabián Ruiz en el lugar de Pedri, lo que provocó que España cambiara la forma en la que atacó. Pasó de ser un equipo que tendía marcadamente a inclinarse sobre la derecha obligando a entrar en juego a Lamine repetidamente, a equilibrar esa frecuencia con un volante zurdo por la izquierda.
Bélgica dispuso una marcación personal y planteó un partido de retaguardia, por lo que sorprendió la ausencia de Lukébakio en el lugar que ocupó Doku, siendo que el primero había demostrado buenas aptitudes defensivas en el partido anterior contra Estados Unidos.
Por los mismos motivos se lamentó la ausencia de Tielemans, que habría sido ideal para este partido y tristemente se lesionó en el calentamiento previo. Ocupó su lugar Kevin De Bruyne, un gran jugador para tener la pelota, pero que hoy tuvo muy pocas oportunidades para demostrarlo y resultó uno menos.
España se mostró dominante, sólida y especialmente más dinámica que en partidos pasados, pero no podemos desligar todas estas consideraciones del contexto en el que surgieron, es decir, este partido contra una Bélgica muy pobre. Le sigue faltando poder de ataque o al menos jugadores que puedan aprovechar los espacios a las espaldas de los defensores. Esos espacios que hoy pudieron generar arrastrando las marcaciones belgas y no aprovecharon al máximo.

Lo poco que dejó
El encuentro fue un tanto apático más allá del momento de lucidez de Bélgica al final del primer tiempo, donde hicieron el gol, que amagó con ponerle un poco de sal y pimienta a este pollo hervido con arroz blanco de fútbol.
España se prolongó en posesiones un tanto estériles a las que sumó de a ratos unas gotas de la genialidad de Lamine y, sobre todo, Dani Olmo. El número 10 fue la gran figura de la tarde. Dejó regada esa imagen tan suya de artista aspirante a lo perfecto, a lo trascendente, intentando adornar con técnica lujosa cada intervención. Un taco, un giro, un toque, un control… por eso es que dicen que solo sabe hacer golazos, porque las fáciles no le gustan. Así me gusta que juegue el 10 de mi equipo.
Menos grato será el recuerdo de Thibaut Courtois, que salió lesionado en un episodio similar al del Pato Abbondanzieri contra Alemania 2006. En su lugar ingresó Senne Lammens, que dio una imagen pésima en el último gol español. Luego Courtois salió a decir que él quería seguir jugando a pesar de la molestia y que la decisión fue del técnico… ¿Qué tendrán para decir su DT, Rudi García, y Kevin De Bruyne sobre los códigos del arquero?

Las dos grandes ausencias
Se dice que este viene siendo el mundial de las figuras (y de los arqueros) porque los grandes jugadores están dando la talla. Estamos ante la mejor batalla entre goleadores de la historia de la Copa con Mbappé, Dembélé, Messi, Kane y Haaland habiendo alcanzado ya cifras con las que podrían haberse consagrado en varias de las ediciones pasadas y todavía les faltan por jugar partidos.
Pero no es sino irónico que justo en el mundial que así apodaron podamos hallar tantas decepciones. Porque si buena es la cantidad de cracks que “la están rompiendo”, doblemente buena es la cantidad de cracks desilusionantes.
Así fue el mundial de Valverde, Vitinha, Arda Güler, Casemiro, Heung-Min Son. Y así viene siendo el mundial de Lamine Yamal y Pedri. No es que hayan dado pena o que hayan jugado mal, pero sucede que con ellos la vara además está más alta. A Lamine no se lo ve capaz de hacer ni la mitad de lo que podía lograr hace un año. No está al 100% físicamente. Pedri, por su parte, es irreconocible y está siendo un problema para el equipo.
Aquí está la clave del futuro de España, porque unos buenos Lamine y Pedri son lo que convierte a España en un gran equipo, un equipo que puede rivalizar con el poderío francés. Sin el nivel correspondiente a esos dos valores, ya suficiente es haber llegado a estas instancias.
A Pedri se lo puede reemplazar porque España es el país con más talento en la mitad de la cancha, pero si Lamine no despierta antes del entretiempo contra Francia, me temo que será muy tarde para ellos.
El martes
Algunos dicen que será una final anticipada. Sí podemos decir que efectivamente lo fue cuando hace apenas 2 años se cruzaron en las semifinales de la Eurocopa y Lamine Yamal borró a Mbappé con un gol histórico (y otro golazo de Olmo). Recordemos que también se cruzaron hace un año, en Alemania por la semifinal de la Nations League, y dejaron un partido para el recuerdo que salió 5 a 4.
Francia jugó ese día con la misma media cancha y ataque de esta actual copa, pero había demostrado una evidente debilidad en la defensa, de la que no sobrevivió ninguno de los cuatro nombres que la integraban. España jugó aquel día sin Rodri y sin Laporte, pero tenía a un Lamine en gran nivel y a Nico Williams en plenitud por el otro costado. Recordarán también la irrupción de Cherki aquel día en que Francia casi lo empata.
Lo concreto es que es el duelo que todos queríamos ver. Será la reedición de la rivalidad más tradicional del mundo, que se remonta a las Grandes Guerras Italianas de los siglos XV y XVI, la Guerra franco-española en el XVII, la Guerra de la independencia española a principios del siglo XIX (de aquel encuentro derivaron las guerras de independencia hispanoamericanas y, por ende, la independencia argentina) y que desde hace ya varias décadas se canaliza a través del fútbol.
Es como dijo el escritor Paul Auster durante la Eurocopa del ’96: “El fútbol ha salvado a Europa de otra guerra. Permite a los países odiarse de una manera civilizada”.
