Por Julián Maciel (@JuliGranatee)
Caracterizar a San Martín de Formosa como revelación o sorpresa no suena mal, pero aún así es raro. Hace años es un peleador que espera agazapado su momento para pegar la trompada. Estuvo cerca el año pasado cuando perdió en ambos rounds ante Atlético Rafaela. Esta vez no quiere bajarse tan fácil del ring.
“La Franja” tiene en sus manos la posibilidad latente de llegar a un escalón que nunca pisó. Procede de una de las provincias más postergadas en el mapa futbolero argentino, la cual solamente se abrazó con la élite hace 50 años cuando Sportivo Patria pisó por única vez el Nacional de 1976. El mismo Sportivo Patria sigue formando parte del trinomio de oro de la zona junto a San Martín; el tercero en discordia es Sol de América (participante también del Torneo Federal A).
Se fundó un 8 de abril de 1941 bajo el nombre de Chacra 25, dado que en esa barriada se asentó por primera vez y para siempre. Su territorio cambió de nombre (pasó a denominarse San Francisco, en honor al santo patrono local), pero ellos recién lo hicieron en 1950 y en lugar de tomar el nombre del diácono se decidieron por el prócer, del que se cumplía el centenario de su muerte.
En este momento son vigentes campeones de la Liga Formoseña de Fútbol, en la que ostentan 13 coronaciones (segundo elenco más ganador, detrás de Patria). Además como club tienen una particularidad que no debería ser excepción, pero por ahora lo es: su máxima autoridad es una mujer. Grisel Cardozo gestiona el club y tiene una carrera de varios años en el apartado dirigencial.
Desde Río Negro llega la otra ilusión de esta final. Estancado hace 25 años, se despertó uno de los dueños de la Patagonia. «El Capataz», como se lo conoce a Cipolletti, es un marca insignia dentro de nuestro pulmón futbolero que se retroalimenta de una efervescencia popular a lo largo y ancho de nuestro país.
Sebastián Sánchez, máximo responsable de la recomendable obra La Pasión de Cipo: más de un siglo de historia albinegra, se encarga de esbozar una premisa básica acerca de la institución: fue un club antes que una ciudad. Y es así. Mientras que la entidad vio luz en 1926, la localidad asumió (gracias al entonces presidente Marcelo T. de Alvear) su existente designación en 1927.
Pertenece a una región como la patagónica, que debería tener más relevancia desde lo deportivo. Y no es un club más. Seis temporadas en Primera División lo avalan y erigen como el mejor representante sureño. Una posible consagración le otorgará el beneplácito de retomar luego de dos décadas y media a una categoría que lo acogió durante 10 años. En esa constancia, también es que se (re)valida su esplendor. Es un logro que catapultaría a todo el sector patagónico en un progreso que se aceita en recientes experiencias.
Nombres como Gervasio Nuñéz, Dylan Leiva, Blas Finardi, Ricardo Tapia, Andrés Almirón, Federico Acevedo, Cristián González y Leandro Vella nos invitan a ilusionar con una final de alto vuelo, en la que la política –y sus actores gubernamentales, claro- quedaron en segunda posición. Un espectáculo que teje, a partir de los argumentos sólidos de ambos planeteles, un nuevo relato cargado de emoción en el apasionante mundo del Torneo Federal A.
