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	<title>Sociología archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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	<title>Sociología archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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		<title>¿Campo? de exterminio: Parte 2</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 Sep 2023 20:51:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Antropología]]></category>
		<category><![CDATA[Belleza]]></category>
		<category><![CDATA[Potrero]]></category>
		<category><![CDATA[Sociología]]></category>
		<category><![CDATA[Sudamérica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un análisis desde las ciencias sociales a nuestra identidad latinoamericana y cómo se relaciona con el fútbol.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/reflexiones/raza-gen-raiz-y-tierra-parte-2/">¿Campo? de exterminio: Parte 2</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Sócrates Atanzio (<a href="https://twitter.com/SocratesAtanzio">@SocratesAtanzio</a>)</strong></p>



<p><em>Podés leer la primera parte de este artículo acá: <a href="https://lapelotasiempreal10.com/analisis/reflexiones/raza-gen-raiz-y-tierra-parte-1/">https://lapelotasiempreal10.com/analisis/reflexiones/raza-gen-raiz-y-tierra-parte-1/</a></em></p>



<p>Tantas décadas degradando nuestra imagen sobre el estilo y forma latinoamericano de jugar a la pelota llevó a que surgiera la creencia de que el retraso intelectual para leer el juego limita nuestras condiciones para competir.</p>



<p>Si intentamos desenredar las costuras del lenguaje obtenemos algunas respuestas interesantes. Uno de los códigos que comparte la comunidad futbolera son los dialectos, y es a través de ellos que creamos las relaciones de estética, imagen y cultura. Inventamos una identificación.</p>



<p>Esta costumbre es rara. En un deporte dominado por la tecnología y elitizado de arriba a abajo, no hay lugar para «artesanías». En otras palabras, el fútbol <em>inerte</em> no se derrama en la memoria de quienes lo comparten, sólo sirve como un escape inmediato, una diversión artificial de contenido dopaminérgico. Sin acceso a las puertas del afecto lo que depende exclusivamente del alma se vuelve incapaz de sobrevivir.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Potrero, el sinuoso camino de tierra</strong></h2>



<p>Con todo este sistema cancerígeno hemos alcanzado el umbral capaz de explicar la conducta suicida estimulada en la cultura futbolera. En primer lugar, es necesario hablar del fracaso de no tener el fútbol en el centro de las relaciones humanas.</p>



<p>Si se piensa que el juego es externo al ser humano y al entorno como cualquier objeto o trabajo es poco probable que llegue al éxito de su esencia, que se configura en jugar a la pelota. No en su sentido corpóreo y terrenal, sino en su significado para el mundo, el logro de liberarse de la impaciencia mecánica de la vida y ser un individuo en ascenso.</p>



<p><strong>La pelota es lo sagrado. Ella narra. Y como sabemos, está entrelazada en la época contemporánea a través de lenguajes, signos, ópticas.</strong> De la misma manera que en una película el ocular es capaz de sensibilizar al espectador hasta el punto de unirlo a la historia, en el fútbol quienes juegan y quienes miran (aunque pertenezcan a una unidad creativa) sienten la misma causa. La cancha no está separada de sus entes.</p>



<p>Cuando se pasa a pensar el fútbol como una práctica aislada de la noción física del ser humano, en este caso controlada, medida y definida (alto rendimiento), nos alejamos directamente de su carácter fenomenológico. Se descarta el orgullo de la creación humana y cuando visualizamos un intenso contorsionismo simbólico para la aplicación de métodos infames, se entiende que todo esto es cuestión de tiempo, modos de producción y moral.</p>



<p>Desde que el fútbol sufre cambios en su formato a nivel industrial, hemos perdido un poco de lo que lo convertía en un completo placer. Quien regula descaradamente la forma de jugar al fútbol es el mercado.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Lo vivo y lo bello</h2>



<p>¿Qué se necesita para la felicidad moderna? Consumo. El sentido del mundo son las convicciones de las personas, y en eso nunca estaremos hablando de estética o planificación. Desde que aceleramos el modo de vida hemos ido perdiendo el sentido del gusto y sobre todo la voluntad.&nbsp;</p>



<p>¿Qué es lo que hace que te guste el fútbol? ¿O una catedral? ¡¿Qué es tan importante?! ¿La materia, la ocupación espacial? <strong>Hace mucho tiempo que no se piensa en la vida. </strong>Cuando Roger Scruton (2009) nos pregunta abiertamente adónde se fue la belleza está hablando de eso.&nbsp;</p>



<p>La forma de pensar sobre las relaciones (el juego) se refleja en la forma en que construimos la sociedad. Si no es necesario pensar en la plenitud ni en la importancia de cada elemento vivo para que exista una armonía visual capaz de trascender lo humano en cuestión (el ser de emoción), no necesitamos más que dedicar horas sobresaltadas viendo vallas publicitarias.&nbsp;</p>



<p>La escasez de creación es inherente a nuestro tiempo, a nuestra forma de vida. Como trata Kant en “La Crítica de la Facultad de Juicio”, para encontrar la belleza en algo es necesario que su reflejo pase por el tamiz del desinterés; el puro desinterés de la razón. <strong>Una cosa es bella precisamente por la gracia de estar ahí y desde el momento en que pasamos nuestros gustos por el filtro de la utilidad matamos lo que hace que una persona sea persona: la emoción.</strong></p>



<p>Lo mismo ocurre con el lenguaje, precisamente con la forma en que conjeturamos nuestro entorno y establecemos cómo vivimos: la cultura. En este sentido, hablando también del mundo y de América Latina, estamos hablando de una barrida histórica.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Lo nuestro</h2>



<p>Todos nosotros estamos encerrados en una mera definición <a href="https://pt.wikipedia.org/wiki/Complexo_de_vira-lata"><em>vira-lata</em></a>. Subyugados a la propia insignificancia y a la voluntad de imitar. Y según lo expuesto resulta imposible identificar si es <em>pelada</em>, <em>fulbo</em>,<em> peloteo</em> o un <em>picadito</em>.</p>



<p>Seguimos una línea cada vez más racional, disfrazando la audacia, anulándonos. Esta es la verdad detrás de la desaparición de elementos de nuestro juego que se refieren a la comunicación del tiempo, el espacio, el hombre y la pelota. Como dice <a href="https://twitter.com/Jozsef_Bozsik">el viejo húngaro</a>, es el factor determinante para que pensemos la vida.</p>



<p>«Mi lengua, mi patria», diría Fernando Pessoa. Mientras tanto, la desaparición de figuras construidas bajo nuestra mirada tiene que ver directamente con la modernidad y el sometimiento al capital.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El latino rompedor</strong></h2>



<p>Así podemos llegar a la pregunta que motivó la creación de este texto. ¿De qué ámbito hablamos cuando hablamos de fútbol? El pensamiento rutinario de un juego juzgado, definido y limitado a sí mismo rompe con la naturaleza de lo impredecible. Es esto último lo que permite la lógica completa de creación del propio deporte.</p>



<p>Dada la desaparición de imágenes tan personales y tan propias de sus culturas, estamos ante un potente fenómeno comercial. <strong>Cuando no hay rasgos, ornamento y dimensión, no se cumplen las tres causas de que algo sea importante y verdadero: ser bueno, bello y justo.</strong></p>



<p>Lo doloroso es comprender que aunque sigan existiendo jugadores de poder trascendental los medios los anulan para que sean cada vez más duros y sin memoria. Y sin memoria no hay movimiento. Y sin movimiento no existiría lo más bello de las cosas. Nuestros rasgos no pueden ser los de un autómata¹, afirma Pasolini.</p>



<p>Es por eso que el gusto por el juego se apaga ante cualquier partido de un campeonato nacional. Si se tiene a Crespo en Argentina, Salas en Chile y Adriano en Brasil, significa que las consideraciones humanas sobre el juego están ahí física y moralmente.&nbsp;</p>



<p>Es como leer la Odisea a cualquier griego o el Bhagavad Gita a cualquier indio. No será un texto cualquiera, sino un proverbio tan propio, interno y real, que te concierne incluso en esa condición, una transfusión metafísica entre el hombre y el juicio de su alma. Raza, gen, raíz y tierra.</p>



<p>________________________________________</p>



<p>¹ Pier Paolo Pasolini en Los Jóvenes Infelices denuncia el modo de vida de los jóvenes de aquella época. Agotados por la futilidad y con la cabeza regulada por el consumo, los &#8216;setenteros&#8217; italianos son para el gran cineasta una aberración ética y moral.</p>



<p>________________________________________</p>



<h2 class="wp-block-heading">Referencias</h2>



<p>Scruton, Roger (28 de noviembre de 2009). Por qué importa la belleza (documental). BBC 2.</p>



<p>Kant, Immanuel (1892). Crítica del juicio. Traducido por J. H. Bernard, Nueva York: Hafner Publishing, 1951.</p>



<p>Galeano, Eduardo (1971). Las venas abiertas de América Latina; L&amp;PM; Traducción de Sérgio Faraco.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/reflexiones/raza-gen-raiz-y-tierra-parte-2/">¿Campo? de exterminio: Parte 2</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
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		<title>¿Campo? de exterminio: Parte 1</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 Sep 2023 17:59:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
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		<category><![CDATA[América]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un análisis desde las ciencias sociales a nuestra identidad latinoamericana y cómo se relaciona con el fútbol.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/reflexiones/raza-gen-raiz-y-tierra-parte-1/">¿Campo? de exterminio: Parte 1</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Sócrates Atanzio (<a href="https://twitter.com/SocratesAtanzio">@SocratesAtanzio</a></strong>)</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>«Y nada de eso es más triste que un corazón que no acepta la sangre que lo tiñe.»</p>
</blockquote>



<p>El material que producimos tiene poco que ver con nosotros y se vuelve cada vez más genérico; son vestigios de las marcas coloniales que hacen que no nos aceptemos en tiempo y espacio. Cuando uno se deja perder en el tiempo y se vuelve incapaz de tocar las intimidades de la memoria cultural, asume la tarea de prostituirse ante los dioses artificiales del mundo capitalizado y especializado. Eso es lo que ellos quieren.</p>



<p><strong>El fútbol es una idea que también entra en esos parámetros. </strong>Los valores que consideramos importantes suelen ser distorsionados tanto dentro como fuera del deporte, aunque odiarse sea diferente a negarse a uno mismo.</p>



<p>Rodeados de deslumbrantes máquinas grises que ocupan cada terreno abierto, se dificulta más sentir la energía de un juego indomable, puro e ilimitado fluyendo en la piel. Ese juego insubordinado cuando se vende es como un pájaro en cautiverio, porque no se enseña a jugar a la pelota como se enseñan matemáticas.&nbsp;</p>



<p>El arte compartido, unido y separado como la serie <a href="https://www.obrasbellasartes.art/2015/01/desnudo-azul.html">“Los Desnudos Azules” de Matisse</a> no se inyecta en las personas sino que se hace en ellas: <em>es</em> porque <em>debe ser</em>. Simplemente se dirige hacia algunos elegidos (los que tienen alma) y les dice «sos futbolista».&nbsp;&nbsp;</p>



<p><strong>Los frustrados -quienes se quedan con las facultades de juicio y separan sus horas para organizar las cosas- detonan la lógica natural del negocio invirtiendo en reglas y formas que lo atrofian. </strong>El positivismo científico se convirtió en el arma principal de este grupo.</p>



<p>Combinan estadística, materialismo, evidencia puramente física y concretismo para negociar el intercambio entre lo anticuado y lo moderno, lo primitivo y lo avanzado, una raza y otra.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Sinónimos: raza, valor y localidad</strong></h2>



<p>Enfocándolo desde ese plano nos embarcamos en un camino sensible, un árbol que intenta encontrar la luz solar sin importarle cómo hacerlo. Y en el fútbol nos enfrentamos a una moral poseída por la hiperespecialización del trabajo -únicamente capaz de pensar en la producción y el producto sin llegar a comprender el fenómeno-, haciendo que la práctica se rinda ante la fría prueba de lo real y deje de lado su plano humano y abstracto.&nbsp;</p>



<p>La raza es un elemento que depende exclusivamente de la conciencia y solo garantiza su importancia si está debidamente incrustada en lo metafísico, el sentido social que determina lo que será relevante para las relaciones dentro de la sociedad.&nbsp;</p>



<p><strong>Es el conflicto que más formas tomó a lo largo de la historia de la humanidad, pero sigue siendo principalmente un juicio más relacionado a lo moral. Forma parte del sentido común, y únicamente en pura situación de pertenencia una u otra raza puede o no ser identificada por el entorno.</strong></p>



<p>El valor tiene un peso único en estas decisiones colectivas. Los valores son ideas, y la idea de raza está a la altura de las convicciones que rodean el entorno. Cuando hablamos de latinidad (el sentimiento compartido de verse latino fenotípico-racialmente), algo caracterizado por el mestizaje, nos encontramos ante el deseo tiránico de envolverlo en un paquete y guardarlo en el fondo de un cajón.&nbsp;</p>



<p>No hay lugar en las ideas que compartimos para comprender nuestra raza/identidad. No hay espacio para comprender al individuo a la luz de su raíz. Con esto, la localidad se convierte en capital. Precisamente ella es la materia para que todo esto sea extraído del campo de las ideas, es nuestra <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Inmanencia">inmanencia</a> como individuos.&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading">Respiro el aire de aquí</h2>



<p>Lo local es la cultura que se ve en cada pared y el conocimiento compartido da significado simbólico a esas prácticas, contabilizando así valor (moral) para la existencia de un sentido de pertenencia. Por tanto, las señales del mundo dependen exclusivamente del acceso que permita lo local.</p>



<p>Cuando unimos estos conceptos y divagamos sobre su actualidad en el fútbol nos encontramos ante una realidad que desconoce estas dimensiones que forman el juego. Y ni hablar de respetar cada una de estas unidades como objeto de promoción de una actividad cercana al expresionismo.</p>



<p><strong>Hay que entender al humano como algo completo, inmenso y profundo, sensible a las ocasiones temporales del espacio.</strong> Es un paso inerte para el fútbol. Sin movilidad no hay vida.&nbsp;</p>



<p>Todas estas condiciones de raza y sus valores pertenecen a la inestabilidad e irreductibilidad del movimiento. Por eso no habría “fútbol cafetero” si no hubiera cumbia. Solo hay samba si hay <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ciranda">ciranda</a>. Y cada una de estas «celebraciones» sólo existió si primero inventamos las Américas.&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Desconectados de la noción de identidad</strong></h2>



<p>La uniformización de las relaciones es un fenómeno de avance humano que se ha vuelto inherente a la modernidad. Las relaciones laborales modifican las relaciones humanas. Todo debe ser velocidad. Importa la producción, y más aún, la reproducción. Las epifanías industriales vuelven asépticas a las personas e instalan un abismo en su humanidad.</p>



<p>En el fútbol no es diferente, y al pertenecer a esta red de microorganismos sociales, todo aquello de lo que se alimenta la sociedad también es devorado por ella. El fenómeno del aburrimiento también se apodera del deporte. Aún así en su caso se vuelve un poco más problemático porque adquiere la impronta de la raza y el valor.&nbsp;</p>



<p><strong>Como sudamericanos cultivamos una forma de vivir la vida lenta, placentera y contemplativa. Esto nos marca como individuos de culturas que se entrelazan más allá de las tensiones del lenguaje.&nbsp;</strong></p>



<p>La forma en que se ve el mundo es la misma desde Bogotá a Recife, desde Lima a La Plata. La forma en que entendemos el mundo se refleja en la forma en que jugamos al fútbol, al fulbo, al <em>futebol</em> o a la pelota.</p>



<p>Sin embargo, quienes promueven este “espectáculo” desde las sombras tienen el resentimiento encarnado de ver este juego multimillonario en la intimidad de las clases bajas, hijo de la cultura popular.</p>



<p>El fútbol latino aborda el paradigma moral de la reforma. Y esto se trata de raza y cultura. Es racial desde el momento en que sabemos que el deporte está dominado por quienes siempre han estado a cargo de los negocios acá: la clase alta. Y son precisamente ellos los que en el fondo odian que un juego que debería ser exclusivo sea lo suficientemente inclusivo como para apoyarse en las habilidades capoeiristas o en el llanto de Gardel.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Poder y no-poder</h2>



<p>Cuando abordamos la raza entendemos que lo que odian es precisamente la posibilidad de que el fútbol provenga de las condiciones del arte para todos, cosa que provoca una ebullición de peculiaridades que marcan nuestro estilo.</p>



<p>La subversión o la indiferencia pertenecen a la capacidad de las clases bajas de ser absurdas con la vida, de embellecerla frente al caos. El odio colosal de nuestra burguesía radica en su fracaso para controlar ese tipo de capacidades que hoy solo pertenecen a la raza supuestamente menos educada.</p>



<p>La turbulencia de este fenómeno, a pesar de ser un pensamiento burgués, llega de todos modos a las masas. <strong>Y lo más común de todo es poder ver en un plano casi físico la desaparición de nuestra identidad y el predominio de tendencias disonantes. Los medios de comunicación son grandes culpables.</strong></p>



<p>Llaman la atención los discursos que propagan la llamada «maldición genética» del fútbol brasilero recapitulando pasajes como el Mundial de 1950 con Moacir Barbosa y el de 1954 con toda la selección -Didí, entre otros-. Allí vemos que el razonamiento es esencialmente colonial. Nada nuevo bajo el sol.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>«A la burguesía industrial de América Latina le pasó lo mismo que a los enanos: llegó a la decrepitud sin haber crecido. Nuestras burguesías hoy son funcionarios de corporaciones extranjeras todopoderosas.»&nbsp;</p>
<cite>Galeano, 1971, p. 276</cite></blockquote>



<p>Este pasaje de «Las Venas Abiertas de América Latina” sintetiza en número y grado la burla racial cultivada por esta clase y su necesidad de desvincularse de la masa/cultura -sucia y genéticamente desfavorecida-. El deseo de proyectarse ante el mundo como capaces de ser extremadamente civilizados alimenta sus convicciones racistas desde hace 500 años y podría hacerlo 500 años más.</p>



<p><em>Podés leer la segunda parte de este artículo acá: <a href="https://lapelotasiempreal10.com/analisis/reflexiones/raza-gen-raiz-y-tierra-parte-2/">https://lapelotasiempreal10.com/analisis/reflexiones/raza-gen-raiz-y-tierra-parte-2/</a></em></p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/reflexiones/raza-gen-raiz-y-tierra-parte-1/">¿Campo? de exterminio: Parte 1</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
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