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	<title>Guerra de Malvinas archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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	<title>Guerra de Malvinas archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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		<title>«Volvimos a ganar», dijo mamá</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Jul 2026 22:44:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Coberturas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jugar contra Inglaterra en un Mundial tiene significados muy profundos para nuestra sociedad</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/coberturas/mundial-2026/volvimos-a-ganar-dijo-mama/">«Volvimos a ganar», dijo mamá</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
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<p class="has-text-align-right"><strong>Por Rocío Airoldi (<a href="https://www.instagram.com/rocioairoldi/">@rocioairoldi</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4e826882d9cf73f3f27f20fb03e8288c">Nunca había visto llorar a mamá por fútbol. Bueno, por la pelotita y algo más. Porque a mamá el fútbol no le interesa demasiado, pero sí le conmueve ver felices a quienes quiere. Le emociona verlos viajar, abrazarse con desconocidos, cantar como si no hubiera un mañana, celebrar una camiseta que durante noventa minutos parece resumir una vida entera. Mientras el resto gritaba el gol, ella repetía una sola frase, casi en un susurro: «Qué emoción».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6c5e3d46a7a7bd4286ebf60048fc28c5">Mamá nació en 1965. Creció viendo a la abuela seguir con la misma pasión las noches de fútbol y de boxeo frente al televisor. También creció con la Guerra de Malvinas todavía demasiado cerca, en una juventud atravesada por un país que mezclaba heridas abiertas, reconstrucción democrática e identidades que buscaban volver a encontrarse. Quizás por eso nunca terminó de enamorarse del fútbol. O quizás simplemente eligió otros intereses. Pero entiende el poder que tienen ciertas emociones compartidas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-28fb74ba1d4aa33cebe9a2a7ed82647d">No hace falta saber de táctica, recordar formaciones de memoria ni discutir esquemas para entender lo que se vivió ayer en la victoria contra Inglaterra. Alcanza con mirar a alguien que nunca llora por un partido y descubrir que, de repente, tiene los ojos llenos de lágrimas. <strong>Entonces queda claro que no era solamente fútbol. Era otra cosa. Era la posibilidad de volver a sentirse parte de un nosotros.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4b626a4ac0c55b8eb60bff63e08f42ed">Cuando mamá dijo «volvimos a ganar», el verbo importaba más que el resultado. No dijo <em>volvieron</em>. Dijo <em>volvimos</em>. Sin proponérselo, se había apropiado de un nosotros. Uno construido por abrazos, canciones, camisetas, recuerdos y generaciones que encuentran en esos rituales una forma de pertenecer.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-95dd21e91e684763d8049aebcc60afc3">Hay algo que el filósofo y lingüista ruso Valentín Volóshinov explicaba hace casi un siglo: las personas construimos nuestra identidad a partir de los vínculos, de las palabras y de los símbolos que compartimos con otros. Los signos no tienen un significado fijo sino que adquieren sentido dentro de una comunidad. Y pocas cosas funcionan mejor que el fútbol como ese territorio compartido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3afd804bee315885db64dcf92e299953">Ayer, ese <em>nosotros</em> era inmenso. Estaban los que viajaron miles de kilómetros para alentar y los que miraban desde el sillón de su casa. Estaban los que saben de memoria la formación titular y los que preguntan quién juega de nueve. Estaban los que nunca pisan una cancha y los que organizan la semana según el calendario de partidos. También estaban, inevitablemente, los pibes de Malvinas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-54b87281d04ba751f5a19bdff94d003e">Porque cuando el rival vuelve a ser Inglaterra, la memoria colectiva hace lo suyo. No porque un partido pueda compararse con una guerra, sino porque <strong>hay símbolos que llegan cargados de historia. Sobre ese césped también se juega con recuerdos, con relatos heredados y con una identidad que se fue construyendo durante décadas.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d924df45e8591c69502c45c4a06f0107">Diego Maradona entendió eso mejor que nadie. Después de eliminar a Inglaterra en México 1986, dejó una frase que terminó de convertir aquel partido en un acontecimiento cultural: «Fue como robarle la billetera a un inglés». </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-29f5df378cabb0a85f6f0e7e332d0719">Años más tarde sería todavía más explícito al decir que aquel triunfo había sido, para muchos argentinos, una forma de reparar simbólicamente una herida abierta por Malvinas. No era una revancha real -una guerra jamás puede saldarse en una cancha-, pero sí una escena donde un país encontraba una manera de contarse a sí mismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e258188cc24d833667ab12c09fb56653">Quizás por eso mamá lloró sin saber demasiado de fútbol. Porque, por un rato, ese <em>nosotros</em> la abrazó también a ella. Y entendió que había partidos que se juegan con once jugadores, pero también con la memoria de un pueblo entero.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="900" height="900" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/07/image-40-edited.png" alt="" class="wp-image-4423" style="width:463px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/07/image-40-edited.png 900w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/07/image-40-edited-300x300.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/07/image-40-edited-150x150.png 150w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/07/image-40-edited-768x768.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/07/image-40-edited-50x50.png 50w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /></figure>
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		<title>Muñecos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 Jun 2026 19:38:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Eterno]]></category>
		<category><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></category>
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		<category><![CDATA[Argentinos Juniors]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra de Malvinas]]></category>
		<category><![CDATA[Maradona]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una historia que comienza y termina en La Paternal, con escalas en el Azteca, Malvinas y Londres.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Sebastián Pujol (<a href="https://www.instagram.com/seba_del83/">@seba_del83</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-752c28cc3719dd678a35911894e9f1b3">Volver es siempre igual. El barrio lo recibe con cariño y delicadeza. Lo ya conocido: algún mural, negocios, casas viejas, nombres de las calles. Hace mucho que ya no vive en La Paternal. Estaciona a unas cuadras de la cancha y camina. El estadio Diego Armando Maradona aparece siempre al doblar una esquina, sin anunciarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-309b66b5c3b5534dc9636fe7411edfe0">La primera vez que pisó los tablones de la tribuna tenía nueve años y hacía poco más de dos que había llegado a la Argentina. Su padre era un diplomático inglés destinado a la embajada en Buenos Aires y compraron un departamento a metros de Boyacá y Juan B. Justo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2b83c8e40421be025f6d29e61bd57fba">Padre e hijo empezaron a ir a ver a Argentinos Juniors cuando se hizo amigo de Bruno, el hijo del portero del edificio donde vivían y que jugaba en las inferiores. Un día les dijo que había un chico que estaba por debutar en primera y que no se parecía a nadie que hubiera visto jugar. Unos años más tarde, ese pibe de rulos debutaría en primera y sería el hilo conductor de la historia que lleva a John esta tarde nublada de nuevo hasta La Paternal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0edd48ce35ba160704f98c0ece0bfc1b">Trotó para cruzar Boyacá y se metió rápido en el santuario, un espacio en desuso que Argentinos decidió transformar en un pequeño templo dedicado al mejor jugador de la historia. Se sacó la campera. Ya lo había visitado antes. Sin embargo, lo tentó volver a recorrer las paredes repletas de camisetas, banderas, botines y demás. Había quedado en encontrarse con dos jóvenes de la secretaría de comunicación del club. En cualquier momento debían estar por llegar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c543b0d59791f66c620d328017a5e2f9">John quiso ser periodista desde que tiene uso de razón. Pasaba gran parte del día encerrado en su habitación escribiendo. Su padre tocó algunos contactos y ni bien salió del secundario le consiguió un trabajo en la redacción del Buenos Aires Herald. Unos meses después las fuerzas armadas desembarcaron en Puerto Argentino.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1c1addb37526fcac700b80edea7cda0">Su amigo Bruno, que hacía el servicio militar, llegó a las islas a mediados de abril. Argentinos Juniors todavía sentía la partida de Maradona a Boca. Su padre estaba internado, su mejor amigo en Malvinas y, en plena guerra contra Gran Bretaña, él era un londinense trabajando para un diario inglés en Buenos Aires.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-24e4566adc1fe787e021034455ba6f3e">Nada volvió a ser igual después de la rendición argentina. Su padre falleció la misma noche en que él cubría los incidentes en Plaza de Mayo el 15 de junio de 1982. Al poco tiempo su madre se fue a vivir a Londres, John se mudó a Belgrano y su amigo volvió a La Paternal, pero ahora solo se veían los días de partido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e4a61b4c136f43e064646b85e4a759a8">Recién la noche de su velorio se enteró de algunas otras cosas. El padre de Bruno lo llamó y le dijo que su hijo se había parado frente al tren San Martín, unos metros antes de la estación La Paternal.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bf0f47474e0d7fbad545324d38dc53fa">Dos días después, Argentinos jugó la final de la Intercontinental contra Juventus. John vio, con lágrimas en los ojos, perder a su equipo. Siguió llorando varios días más. Por Bruno, por él, y por el suelo y la gente que lo había adoptado. Por todo y por todos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66a1e1529a1437130d253ca3768d286e">Cuarenta años más tarde, mientras ve llegar a los dos pibes vestidos con camisetas de Argentinos, hace fuerza para contener las lágrimas. Se presentan y se sientan de cara al altar. John saca de la mochila una bolsa.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d8a600d09751b5de661bd2a948a8e2d2">Un muñeco, les explica, se lo dio la novia de Bruno unos días después de su muerte. La novia de su amigo lo fue a buscar al día siguiente del partido contra Juventus a la salida de la redacción y le contó que Bruno lo encontró en una casa en Malvinas cuando emprendían una retirada. Era un muñeco de chapa de Bobby Charlton con la camiseta de Inglaterra y la copa Jules Rimet en brazos. A su novia le pareció buena idea que quedara en manos de John.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f0db88252c357df20ae2c101d1acd5d2">El otro muñeco llegó a sus manos en junio del &#8217;86. John estaba en Londres. Su madre había muerto a fines de mayo y decidió quedarse algunos días en Europa. Miraría el partido de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra en la casa de un ex combatiente de Malvinas que había formado parte de la Marina Británica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fb0e941173ca54939e488b31c72fd260">Tomaron el té con la televisión todavía apagada. Cuando estaba por comenzar el partido, llevó a John hasta el pasillo que conectaba con el baño y agarró un muñeco de plástico que desentonaba sobre una repisa llena de platos y tazas de cerámica. “Mi mujer no está muy contenta con esto”, dijo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bfb2701264d11e9517e294c8ec825c96">Se lo pasó y él lo agarró con ambas manos por miedo a que se le cayera al piso. Era un muñeco de plástico de no más de cinco centímetros de un Maradona que corría con la camiseta de la Selección Argentina. Dijo que lo encontró en una trinchera. Parecía orgulloso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-99b48b292b7d742f4d6aaf008788a008">John quiso más que nunca en su vida estar en un bar porteño mirando el partido, tomando un café con leche y dos medialunas. El partido ya estaba por empezar y mientras John les hablaba sobre el Bichi Borghi, el otro crack de La Paternal, pensaba en el muñeco de Diego. La familia sonreía sentada en el sillón.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="694" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-29-694x1024.png" alt="" class="wp-image-4202" style="width:304px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-29-694x1024.png 694w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-29-203x300.png 203w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-29.png 750w" sizes="(max-width: 694px) 100vw, 694px" /></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-677538dc78cae1c8c7dd383c770a84f6">Ahora, varias décadas después, duda de sus recuerdos. En su memoria él presentía que el pibe de rulos que habían visto junto a su padre debutar con la camiseta de Argentinos Juniors en el &#8217;76 iba a hacer algo maravilloso. Muchas veces estando en la cancha tuvo la premonición de que algo extraordinario iba a pasar. Una sensación que flotaba en el aire.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7db5d816ae0a6028644593640977578e">Aunque quienes van a ver fútbol desde chicos saben identificar esos momentos, nunca le había pasado viendo un partido por televisión. Pero en su recuerdo él intuyó lo que finalmente pasó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-876abfd56c76603bf7503c561a4791d4">Los dos niños ingleses con la camiseta del West Ham ya no veían el partido y habían vuelto a correr por toda la casa cuando Diego agarró la pelota en el segundo tiempo, dejó dos ingleses en el camino, se la dio a Valdano y fue a intentar ganarle de cabeza a Shilton.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-893cc139985817df3ce3f44d1bc4db65">El soldado inglés no se inmutó. Se limitó a levantar su mano izquierda y esperar el fallo arbitral. La mujer miraba sin entender. Recién cuando volvió a rodar la pelota comenzó a quejarse, y seguía haciéndolo cuando unos minutos más tarde el genio del fútbol mundial eludió a todos los que se le cruzaron en el camino, la mandó a guardar y dejó a todo el mundo preguntándose de qué planeta había venido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b16853ffdf0b89b9e8deb2a11828fd3">John gritó el gol de la manera en que se festejó frente a todos los televisores argentinos: saltando de la silla, con los puños apretados, rompiendo la voz, buscando a alguien para abrazar. No tenía a nadie.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c8f4cd875050ec29e5a788fdccff022f">Los niños ingleses habían dejado de jugar. La dueña de casa parecía asustada. Solo el ex marino lo miraba con desprecio. “You&#8217;re a fucking argie”, escupió y apagó la televisión, mientras John pensaba en una sola cosa. Pidió ir al baño. No le respondieron y fue igual. Cuando volvía agarró el juguete de Maradona, se lo metió en el bolsillo de la campera y salió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e1efd0b1007c6177e899cc01ce1635c0">Esa noche no durmió. Escribió dos versiones de lo sucedido. Una más formal que envió al día siguiente a la redacción. La otra se la guardó. La tarde de noviembre de 2020 en la que su mujer le dijo que Diego había muerto se acordó de Bruno y la historia de la guerra y los muñecos. Hoy, por fin, pensaba darle un cierre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df3b85522d7ffd8c0f6a59a048a265eb">Nunca dejó que nadie leyera esa segunda versión. Cuenta la historia de dos muchachos hinchas de la Asociación Atlética Argentinos Juniors, uno porteño y otro londinense. Sobre cómo uno de ellos decide quitarse la vida porque no soporta tanto dolor y frustración y el otro, el inglés, acaba convirtiéndose en un <em>fucking argie</em>, en un argentino más. Sobre la carrera heroica de un pibe de rulos nacido en el sur de Buenos Aires y una reivindicación simbólica.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b380f8f7948c4de29db8101ef3ffde77">La historia termina con el relato de lo que hizo este argentino nacido en Uptown Park, al este de Londres. Lo mismo que un argentino nacido en cualquier parte del mundo hubiera hecho: llevarse lo que le correspondía, traer a su tierra a ese Diego de cinco centímetros hecho en plástico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-82f2eeec75fed90db1db6e816091db67">Buscan un lugar en el santuario donde ubicar los dos muñecos y detrás colocan el texto escrito aquella noche del 22 de junio de 1986. Se sacan algunas fotos y se despiden. John dobla una esquina. Se voltea a ver, pero el estadio ya está escondido tras las casas. Sube al auto y el barrio empieza a despedirlo con cariño y delicadeza. Lo de siempre, lo conocido: algún mural, los negocios, casas viejas, los nombres de las calles.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-28-768x1024.png" alt="" class="wp-image-4200" style="width:437px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-28-768x1024.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-28-225x300.png 225w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-28-1152x1536.png 1152w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-28-1024x1365.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-28.png 1200w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>
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