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	<title>Gimnasia archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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	<title>Gimnasia archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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		<title>El extraño de pelo largo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 14:42:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un ex arquero de Gimnasia resultó desaparecido en la dictadura. Lo recordamos en la espera de los 50 años del golpe.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Fabio Martín Olivé (<a href="http://x.com/@fmartinolive">@fmartinolive</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9523060bfb24e03a5e9115a90102fceb">Antonio Piovoso era fan de los Beatles y del Loco Gatti. Había decidido dejarse el pelo largo, a la moda de los años 70, como una forma de parecerse a sus ídolos, de construir una identidad propia. Ese mismo pelo largo, ese gesto mínimo de libertad, sería, tiempo después, el motivo por el cual lo secuestraron.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2f42a2adcdb82993d3d62468da4a66ea">Nació el 13 de agosto de 1953 en La Plata. Desde joven decidió ser arquero, aún cuando le repetían que no tenía la altura ideal para el puesto (medía 1,77m). No le importaba. Había algo más fuerte que la lógica o el prejuicio físico: el deseo. El deseo de volar, de descolgar centros, de adueñarse del área. Y, sobre todo, el deseo de gritar “¡El Locoooo!” cada vez que atrapaba la pelota, como si en ese grito pudiera tocar, aunque fuera por un segundo, a su ídolo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-27a173ff8cae81a49cf9f5fbef34096a">Quedó libre en las inferiores de Estudiantes y, en una decisión que también tenía algo de rebeldía, cruzó de vereda para sumarse a Gimnasia, donde coincidió justamente con Hugo Gatti. <strong>El sueño estaba ahí, al alcance de la mano. Sin embargo, su paso por el primer equipo fue breve: apenas tres partidos en el Metropolitano de 1973, ninguno completo.<br></strong><br>Uno de esos partidos, frente a Rosario Central, lo marcaría. Un error suyo terminó en el gol de Aurelio Pascuttini que definió el encuentro. En la crónica posterior para la revista El Gráfico, el periodista Horacio Pagani escribió que “la victoria llegó por un grave error de Piavoso, que fue el corolario de una desafortunada actuación”.<br><br>En 1974, su carrera futbolística se volvió errante: Atlético Mones Cazón, Athletic de Azul, Nación de Mar del Plata. Equipos de ligas locales, lejos del foco, donde el fútbol se mezcla con la vida cotidiana. Allí pudo seguir jugando los fines de semana, despuntando el vicio, mientras avanzaba con sus estudios de arquitectura en la Universidad Nacional de La Plata. Porque Piavoso también era eso: un estudiante, alguien que proyectaba edificios, que imaginaba espacios, que pensaba el mundo desde otra lógica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5558badb88b83c4f9529eb83169f3034">Para 1977 estaba en quinto año de la carrera y trabajaba en el estudio 2a&amp;2i, en el centro platense. Había colgado los guantes, pero no había dejado de ser quien era. Los Beatles seguían sonando en su casa a pesar de se habían separado hacía siete años. Seguía manejando su Citroën para ir a recitales, para encontrarse con alguna chica o para sentarse en un bar a hablar de fútbol con su amigo Humberto Moirano, a quien conocía desde las inferiores.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5ff4d6c528e5ff81ec32bc2981337841">“A vos te llevamos porque tenés pelo largo” fue lo que alcanzó a escuchar Moirano mientras temblaba, con los ojos cerrados y la nariz tan pegada a la pared que la cal parecía mancharle la cara. <strong>Cuando se dio vuelta, su amigo Piovoso ya no estaba. La atmósfera estaba cargada, pero el espacio, vacío. Los milicos se lo habían llevado por estar en el momento y lugar equivocados.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-784ecbc20189c9044cf1e14173f4842d">El operativo no era por él. Buscaban a Jorge Martina. Pero no hacía falta ser el “objetivo” porque nunca hubo motivo para la crueldad. Se lo llevaron por parecer hippie, por querer ser como el Loco Gatti o como John Lennon. Por querer tener una identidad. Por querer ser.<br><br>Ese día se interrumpió todo. Se interrumpió la posibilidad de que cuente, años después, que una vez le tocó reemplazar a su ídolo. Se interrumpió la risa inevitable al recordar aquel gol que se comió. Se interrumpieron los relatos de vestuario, las charlas de café y los festejos de tres mundiales. Se interrumpen los planos que no llegó a dibujar, las obras que no llegó a proyectar, las historias que no llegó a vivir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9253cb60a75e5566f21a45f7b2db034c">Quedan, apenas, tres partidos. Tres derrotas. Cuatro goles recibidos. Un puñado de datos que, en cualquier otra biografía, serían irrelevantes. Pero acá no. Acá son huellas. Son pruebas de existencia. Son la forma mínima de decir: estuvo. Antonio Piovoso fue futbolista. Fue estudiante de arquitectura. Fue amigo. Fue alguien. Antonio Piavoso está, como otros 30.000, presente.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="450" height="620" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-21.png" alt="" class="wp-image-3787" style="width:306px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-21.png 450w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-21-218x300.png 218w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /><figcaption class="wp-element-caption">Piovoso junto a Gatti. Foto: Twitter (@<a href="https://x.com/QLESDGimnasia">QLESDGimnasia</a>)</figcaption></figure>
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		<title>Siempre Maestro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Mar 2023 16:33:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nota presente en nuestra cuarta revista digital. Luis Rivera nos cuenta sobre el rol docente que cumplía Griguol dentro y fuera de las canchas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Luis Rivera (<a href="http://twitter.com/@luiggiriveralp" target="_blank" rel="noreferrer noopener">@luiggiriveralp</a>)</strong></p>



<p>Un jugador calificado. Un entrenador extraordinario. Un líder por naturaleza. Un hombre de un gran humor pese a su natural parquedad. Un gran anfitrión. Amigo, de los buenos, de sus amigos. Todo eso, y probablemente mucho más, fue Carlos Timoteo Griguol: pero si hubiera que elegir una cualidad que lo haya distinguido por sobre todas esas cualidades, esa fue la de su perfil docente.&nbsp;</p>



<p>La explicación es de Adrián Paenza, uno de sus grandes amigos: <strong>“Timoteo fue un maestro que eligió el fútbol para enseñar, para hacer mejores a los que tenía alrededor. Podría haber sido cualquier cosa, pero no pudo escapar a su destino de ser docente, de enseñar, de dejar algo en cada uno que pasó a su lado”.</strong></p>



<p>Lo notable de este cordobés que supo mantenerse en la élite del fútbol argentino desde 1957, cuando llegó a Atlanta como un aguerrido e inteligente volante central, hasta 2004, cuando dirigió su último partido en el Bosque platense con una victoria de su querido Gimnasia, es que esa faceta de maestro le aplicó tanto en lo que concernía al fútbol como a todos los órdenes de la vida que conlleva la formación de una persona.</p>



<p>Algunos lo recordarán por la versatilidad de sus equipos y otros elegirán la obsesión porque sus dirigidos invirtieran bien el dinero que iban ganando. Algunos se quedarán con aquel primer título propio de Rosario Central en 1973 o su pragmatismo para hacer un gol y cerrar los partidos. Muchos recordarán los años virtuosos de un Ferro que se interpuso en el camino de los grandes. Otros rescatarán su paso de escasa cosecha pero huella profunda por River y no serán pocos los que hablarán de la refundación de un Gimnasia en el que hubo un antes y un después de Timoteo.</p>



<p>Pero todos, sin distinción de camisetas ni identidades futboleras, no podrán obviar ni menospreciar al Timoteo que fuera de las canchas parecía tener iniciativa o respuesta para todo lo que involucrara la formación de una persona. <strong>Porque para él, siempre estaba la persona por delante del futbolista.&nbsp;</strong></p>



<p>“Yo trabajo con muchachos que tienen la ilusión enorme de trascender en el fútbol y también ganar mucho dinero para tener su vida resuelta. Pero no es fácil ni todos tendrán las condiciones para hacerlo. Entonces les tengo que dar herramientas para que estén preparados para la vida y también para el fútbol. Que estudien, que aprendan un oficio, que sean más inteligentes, que guarden el dinero, que se rodeen de gente buena. Todo eso les servirá para ser mejores futbolistas o mejores personas”, desparramó una calurosa tarde de 1995 bajo uno de los añosos árboles de Estancia Chica.</p>



<p>En aquel predio de entrenamiento y concentración en las afueras de La Plata Griguol cortaba el pasto, marcaba las canchas, plantaba árboles y armaba equipos poderosos. Porque una de las cosas que también imponía era el ejemplo.</p>



<p>Mario Griguol, su primo y compinche de los sueños de futbolista en Córdoba y de los primeros pasos grandes en Buenos Aires, recuerda que ya como compañero se tomaba el trabajo de enseñar. Así, por ejemplo, eligió la cama pegada a la puerta en la pensión de Atlanta para controlar de cerca a sus compañeros más jóvenes y evitarles excesos que complicaran sus incipientes carreras. O cuando consiguió un trabajo para él y dos compañeros en una galería de arte, así podían conseguir unos pesos más a la espera de los mejores contratos que ansiaban firmar.</p>



<p><strong>Ya como entrenador, era capaz de sentarse largas horas con sus jugadores, sobre todo con los más jóvenes, para interiorizarse de sus familias, de sus orígenes, y de allí sacar elementos para entender cómo los podía hacer rendir mejor.</strong> Fue por entonces cuando les pedía a sus dirigidos que se compraran un saco y una corbata para el momento en que debieran juntarse con los dirigentes para la firma o renovación de un contrato porque eso les generaría mayor respeto de parte de aquellos.</p>



<p>Uno de sus cuidados especiales era el manejo del dinero. Así, por ejemplo, inculcaba la imperiosa necesidad de comprarse una vivienda como primera medida. Sabía que muchos de esos jugadores provenían de hogares humildes y que quizás ese dinero que ganaban ya como profesionales, era la única chance de ellos y de sus familias de tener el techo propio. Entonces atacaba con la misma convicción y orden que sus equipos en la cancha: si un jugador llegaba con un auto nuevo y no tenía vivienda, corría el riesgo de no jugar.&nbsp;</p>



<p>El mensaje era claro y predicaba con el ejemplo. En los ’80 le habían conseguido la chance de comprarse un auto Toyota, un lujo de aquellos tiempos. Tenía el dinero y el negocio era tentador. Timoteo se quedó con su viejo auto nacional y se hizo traer de Estados Unidos una isla de edición para poder grabar partidos y hacer videos que después hicieron mejor a su Ferro.</p>



<p><strong>El estudio y la formación como persona era su obsesión a tal punto que llegó a poner normas estrictas: jugador que no terminaba el secundario, corría el riesgo de no jugar en sus equipos.</strong> Y hasta mandaba gente de sus cuerpos técnicos a seguir a sus futbolistas en el derrotero en las escuelas. Con los más grandes, los convencía de estudiar un oficio o algo que los mantuviera inquietos y por lo tanto, con la capacidad de incorporar nuevas cosas.&nbsp;</p>



<p>Hubo un año en el que Mariano Messera, aquel exquisito volante de Gimnasia de la mano de Timoteo, tuvo que salir corriendo en diciembre a dar las últimas materias de la escuela secundaria porque el ultimátum había llegado: no lo llevaría a la pretemporada. ¡Y ya era figura en Primera División!</p>



<p>El orden, el respeto, el cuidado, los buenos modales, la valoración de lo que se tiene, era una marca registrada de los planteles de Griguol. Sus equipos viajaban religiosamente vestidos de saco y corbata o con la ropa oficial del club, el Ferro de los 80 no concentraba a condición de un impecable comportamiento personal y de que nadie aprovechara de eso, en Gimnasia impuso multas para quienes llegaban tarde o no saludaban como correspondía. <strong>“En los detalles también está el crecimiento”, decía.</strong></p>



<p>Pero todo esto, de innegable valor, estaba siempre atado a lo futbolístico. Porque dentro del campo en la semana, y desde la raya los fines de semana, Timoteo también fue un maestro de los que ya no abundan. Armaba equipos siempre peligrosos, de mucha versatilidad, de innovación permanente, capaces de jugar con el mérito propio o con el error ajeno, casi siempre provocado. No en vano es el único entrenador que peleó campeonatos en los 70, los 80 y en la última década del siglo pasado. Rosario Central, Ferro, River y Gimnasia pueden dar fe de ello.</p>



<p>Maestro dentro y fuera de la cancha, Griguol fue uno de esos personajes destinados a escribir historia grande. Fue capaz de ser un magnífico estratega, un excelente entrenador y también un cariñoso docente. Por eso, será “Siempre Maestro”.</p>



<p></p>



<p><strong><em>Esta nota forma parte de nuestra cuarta revista digital, dedicada a Carlos Timoteo Griguol. Podés conseguirla por $600 en este link: <a href="https://mpago.la/2sf3m6s" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://mpago.la/2sf3m6s</a></em></strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img decoding="async" width="602" height="732" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2023/03/98351653-51ff-4a35-818e-6b6b0930e6aa-1.png" alt="" class="wp-image-1131" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2023/03/98351653-51ff-4a35-818e-6b6b0930e6aa-1.png 602w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2023/03/98351653-51ff-4a35-818e-6b6b0930e6aa-1-247x300.png 247w" sizes="(max-width: 602px) 100vw, 602px" /></figure>
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		<title>La noche de los portones cerrados</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 08 Oct 2022 20:36:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Boca]]></category>
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		<category><![CDATA[Lolo Regueiro]]></category>
		<category><![CDATA[Policía]]></category>
		<category><![CDATA[Represión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El jueves la brutal represión policial durante el Boca-Gimnasia podría haber terminado en tragedia. Aquí, lo hechos relatados por alguien que los vivió en carne propia.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Pablo Maltz (<a href="http://twitter.com/@pablomaltz" target="_blank" rel="noreferrer noopener">@pablomaltz</a>)</strong></p>



<p>En el estadio de Gimnasia el humo azul y blanco de un enorme recibimiento se dispersó para dar lugar a los gases lacrimógenos irrespirables. El caos, desborde e incertidumbre fue producto de la represión, palabra que resume una noche plagada de sospechas.</p>



<p>Lo cierto es que hasta una hora antes del trágico Gimnasia – Boca, la cosa en las inmediaciones se desarrollaba de manera festiva. Miles de familias y amigos arribando a 60 y 118 desde toda la región para disfrutar un partido importante por la definición del torneo.</p>



<p>El marco general era similar a los anteriores encuentros. Los mismos controles policiales, filas habituales, concentración de hinchas en el monumento y venta de pocas entradas generales. La diferencia: por algún motivo decidieron cerrar las puertas de acceso al estadio minutos antes del comienzo del partido. ¿Quién dio la orden? ¿Por qué dejaron a socios e hinchas con entrada afuera? ¿Por qué no quedaron los portones abiertos durante todo el partido?</p>



<p>La fiesta en las tribunas duró poco. En los primeros minutos de juego el humo que se acercaba a las tribunas ya no era el de los hinchas, y los disparos anunciaban que algo estaba pasando afuera.</p>



<p>Socios y socias que sacaron abono todo el año o compraron la entrada, no llegaron ni a quejarse cuando comenzó la cacería. Algunos se resignaron, corriendo por el Bosque y otros siguieron con el reclamo genuino para entrar; todos ya sumergidos en los gases lacrimógenos y balas de goma.</p>



<p>Desesperación de un lado. Del otro, los portones cerrados. Ya no importaba el partido, solo buscar un refugio y ayudar a los que su cuerpo no resistía por falta de respiración o vómitos. Con la nube tóxica ya dentro del campo de juego, los futbolistas se metieron en el vestuario, colaboraron como pudieron y la suspensión del partido era un hecho.</p>



<p>Gases lacrimógenos lanzados de afuera hacia adentro del estadio, por debajo de las tribunas y aún con las puertas inhabilitadas, no podía terminar bien. En el debate sobre qué hacer, la hinchada evitó un daño mayor porque empezó a ingresar al campo de juego y no hubo aglomeraciones para salir de forma desesperada. Puerta 12 y Cromañón nos siguen helando la sangre, laten en el recuerdo.</p>



<p>Durante más de 40 minutos siguieron los tiros, lanzados a la altura de la cara y poco divisibles en la oscuridad. Los baños se convirtieron en espacios para niños descompensados y los hinchas, sin señal, intentaban comunicarse con amigos y familiares que no pudieron ingresar.</p>



<p>Los alrededores de la cancha sin luces (como siempre), con bomberos llevando en andas a desmayados y los hinchas adentro y afuera, ayudando para que los pibes puedan cubrirse la boca, recibir agua y abrir paso al campo de juego donde se podía respirar mejor.</p>



<p>En el Bosque platense se vivieron encuentros con mucha más tensión y expectativa como la llegada de Maradona, clásicos, finales y definición de promociones por el descenso. Jamás se vivió algo así. Los breves nueve minutos en juego pierden sentido, salvo para la rosca de su reanudación. Rodarán algunas cabezas, pero el show debe continuar.</p>



<p>¿Internas policiales? ¿Pases de factura? Lo que está comprobado es que no fue solo negligencia. Por algún motivo el operativo policial decidió montar una trampa que terminó con heridos, gente descompuesta y la vida de César “Lolo” Regueiro, al que nunca vamos a olvidar.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2022/10/Fedjyc4XEAczUfw-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-859" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2022/10/Fedjyc4XEAczUfw-1024x683.jpg 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2022/10/Fedjyc4XEAczUfw-300x200.jpg 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2022/10/Fedjyc4XEAczUfw-768x512.jpg 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2022/10/Fedjyc4XEAczUfw-1536x1025.jpg 1536w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2022/10/Fedjyc4XEAczUfw.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption>Afortunadamente, los hinchas pudieron mantener cierta calma en el medio del descontrol y la desesperación. Foto: Twitter (@idiomafut)</figcaption></figure>
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