<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Videojuegos de fútbol archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
	<atom:link href="https://lapelotasiempreal10.com/tag/videojuegos-de-futbol/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://lapelotasiempreal10.com/tag/videojuegos-de-futbol/</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Fri, 27 Dec 2024 13:26:00 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	

<image>
	<url>https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2022/04/cropped-logo-512-32x32.png</url>
	<title>Videojuegos de fútbol archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
	<link>https://lapelotasiempreal10.com/tag/videojuegos-de-futbol/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Liverpool contra Aldosivi</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/liverpool-contra-aldosivi/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/liverpool-contra-aldosivi/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Dec 2024 13:24:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[FIFA]]></category>
		<category><![CDATA[Videojuegos de fútbol]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=2828</guid>

					<description><![CDATA[<p>Cuando un vecino es insoportable, el fin justifica los medios.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/liverpool-contra-aldosivi/">Liverpool contra Aldosivi</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Federico Rodríguez (<a href="https://x.com/federodr">@federodr</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e0b03c54279ece3bacba34676909606a">El grito me despertó a las 3:26 de la mañana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3e20ff25699337a155764681a43757f3">—¡GOOOOOOOL! ¡GOOOOOOOL! ¡GOOOOOOOOL! ¡GOOOOL HIJODEPUTA GOOOOL!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-604a49abe537b54a30b9854c7e117bf8">—¿Qué pasó? ¿Qué pasó?—, me preguntó Rocío, apenas incorporada por el sobresalto, mientras miraba con los ojos cerrados al ropero, aunque el grito venía del lado opuesto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9ddd2b04398375335c0938c5e8e13177">—El pelotudo de siempre— le dije yo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c06f91f9803f0a9564e845dbf98fe8fc">—¿Qué hace?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cc99d620b061ba4a0ada92afe312fd2b">—Un gol, evidentemente. Dormí, dormí— le contesté.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cd57eaefeb6b5df4460ced8b89ff9e1e">—¿No se lo puede… denun…?— empezó, pero en el medio bostezó y dejó la frase a medias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5f374a09d27005cc9438ef6ac11d286f">Siempre me gustaron los videojuegos de fútbol, aunque el paso de los años discontinuó mi práctica y terminé por volverme mediocre también en ese campo. Podía entender que, en algún torneo entre amigos, la adrenalina produjera algún festejo exagerado. Aun así, el desafuero con el que mi vecino se expresaba era un indicador claro de alguna patología neuronal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e84c85720851399087fb579dd3012749">Él estaba ajeno al sufrimiento, enajenado, poseído, con los ojos venosos y las arterias de su cuello hinchadas y latentes, a punto de agrietarse y explotar, cosa que lamentablemente nunca sucedía.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d4538d2eaa07b7bae85303272d323d9a">Pasaban los minutos, y volvía a festejar. O le hacían un gol, y entonces insultaba con igual vehemencia. O se erraba un mano a mano, y golpeaba mesas y paredes, mientras gritaba, claro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7965e5184a252096f1ca6fc6a37745a7">A la cuarta noche seguida me asomé al pulmón del edificio. Miré hacia arriba, apunté los labios a alguna de las mil ventanas que cerraban ese cuadrado asfixiante de paredes, y exigí, proyectando la voz:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-412f1950027d894611e17507b6630830">—Flaco, ¿te podés calmar? Hay gente que tiene hijos chicos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-973b0560168d88f6c526b8d848a58aab">Durante diez segundos reinó el silencio. Podría haberse oído el caer de un alfiler sin usar el Magni Ear de Sprayette. Pero lo que se escuchó fue el chirrido de alguna ventana, seguido de una voz con inflexión amable, aunque grave y herida:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-57917894ee12a86acefdf1e16af9481b">—Chupame bien la verga, gordo coge travestis.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-16e905c5c961c71f6bf0309c6330b6c3">Y cerró la ventana.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-44b1a286561ab4785adf79f061bb1aa8">A la mañana siguiente Rocío me preguntó si me pasaba algo. Le dije que no, pero tres segundos más tarde, le pregunté:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-551d1567788ed2a987c4be8e01c1b919">—¿Estoy gordo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e443493a4593577ce94b95cc784dae3a">—¿Eh?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-41cd82e7690251923c8c58aaf55ab887">—Dale, decime la verdad, no me voy a enojar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1a62465d4915e183ec52c229ac64ca28">—A mí me gustás así.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8c31ca4e4505cdd66d271e742a12bc2d">—O sea que estoy gordo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-edf7bd7116c90a9dbdc2205655f10d54">Cerré la puerta y me fui a la otra habitación. Había trasladado el televisor chiquito y había desempolvado la PlayStation. Pagué 80 dólares por el último FIFA y lo descargué. Jugué -¿o debería decir “perdí”?- durante cuatro horas seguidas contra diversos jugadores del modo online.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5f7b859d770d2e634cb94ebd913f6188">Durante cinco días consecutivos pasé seis horas de corrido en la consola. Anotaba. Tachaba. Dormía cinco horas por día. Con Rocío apenas hablaba. Cada tanto, ella me decía que estaba más flaco. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-20f2d4358570f2960ccfb541d291fa2f">Mientras tanto, mi vecino seguía gritando goles en la madrugada. Adrede, lo hacía cada vez con más desquicio, y apuntaba a mi ventana. No sabía que de esa forma me alimentaba.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-810dca6b5bb09b96f36c2c3b8805c530">El séptimo día me asomé a la ventana cuando puteó a Higuaín como si lo tuviera yo en mi habitación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e13e01a6a380732b55bae1ebd8a636a8">—Che, retardadito— le dije, aunque sabía que estaba mal emplear esos insultos—. ¿Tan bueno sos?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c0a525379bf278939ea9ba0dc3b310d6">—Preguntale a tu señora, gordo trolo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4c7c1c9ef11602d7ad83f4e5fbb8f871">—Escuchame, gordofóbico: ¿en qué departamento vivís, flor de hijo de puta?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b2159290169d0505e4b5619c5530eb7">—¿Me vas a venir a pegar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-be6f2dfdbc75eeeab2e7537f7fcb0aef">Escuché como algunos vecinos abrían sus ventanas para seguir la conversación. La tensión era total.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-464d3df8dc367f0dabceec85f385d18f">—Un baile te voy a pegar. Decime en qué departamento estás. Te voy a coger a domicilio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-98e9a0c0cdd0bdd48eed7822ceae49b2">—Octavo treinta y siete, muerto de hambre. Tres de la mañana del próximo sábado. Te espero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8cfad9512343d1024f2e6a78f9f652ea">Me pareció un poco tarde.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-57e945cd85026753d16149052ed529db">—Los vecinos duermen a esa hora.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-74c7d3b3a48e61d0183ddc01701f572e">—Gordo y cagón.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f4275e7708722425acc209e2f96e8238">—A las tres menos cinco estoy ahí, rata. Llevo mi joystick.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-527e704f9aee4b8bae877e10e019d805">Y bajé la persiana con todas mis fuerzas.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a71e5c3f354e7ecd38270d34b134d643">A la mañana siguiente llamé al trabajo y dije que tenía coronavirus. Dupliqué mis horas semanales de PlayStation y reduje a la mitad las de sueño. Empecé a tomar todo tipo de bebidas energizantes e isotónicas. Solo hablaba con Rocío para que me alcanzara más café. Mi nivel había mejorado mucho. Pero estaba claro que iba de punto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7f3cdef66847236531a7fe2d180c9ec1">La mañana del jueves Rocío rompió todos los protocolos: entró a la pieza. Sonreía. Llevaba en sus manos dos ramos de rosas y más de cuarenta y cinco cartas. Eran todas de mis vecinos para desearme suerte. Rosa, del cuarto veintiuno, enviaba bombones. Ricardo, el encargado, un vino de La Rioja. Anita, que tenía seis años y era hija del chico del segundo trece, me mandó un dibujo con un corazón en el que se leía “Suerte, gordo travesti”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a740941a0a1010146e21867e2de55c41">A la noche saqué la cabeza hacia el pulmón.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-827b93c63cc66c5095f461c767014dbf">—¿Qué equipo vas a ser, virgo?— lo pinché.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8f8e00d11a999f513ed0086f6cafce17">—El Liverpool, cornudo— respondió rápido—. ¿Y vos con cuál perdés?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ad1f237886c60fd49a21c06652cb90b6">—Vayamos a la apuesta. Si yo te gano, te olvidás de los partidos a la madrugada. No gritás más un puto gol a cualquier hora. Si yo te gano y volvés a gritar un gol, vamos todos y te hacemos mierda la casa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3d6d539bee9ff61e1505a7924b8162b4">No logré preocuparlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b00570011f1f08c7fd4f5f82b87eb4a">—Si vos me ganás… Mirá lo que te voy a decir, eh. Si vos me ganás, te doy la PlayStation. Te la llevás. Y si gano yo, vos te comés una ensalada. Te espero a las tres de la mañana del sábado. Duración de seis minutos por tiempo. Clima soleado. Dificultad Legendario. Mi Liverpool, ¿contra tu…?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ed51b376137120d8538cf4d6647d5e96">Dije lo primero que se me vino a la mente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5ea77e9624fe37198371f90955a8c34f">—Aldosivi.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e97702749519c4df6699f34431566940">Y cerré la ventana.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2af21c2b9cf36e6d98ae24768287c4eb">A las 2:52 de la madrugada del sábado me puse la campera y le di un beso a Rocío.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f51e2de5875d8260814747dfdfe268c4">—¿Te parece la campera? Vas cinco pisos más arriba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-edcb697292cc4423a17a98936a37a1a4">No le hice caso y salí. Subí lentamente por la escalera y, tres minutos más tarde, toqué el timbre del octavo treinta y siete. Me abrió la puerta un pibe de no más de veinte años.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bc0b15d84906cce761d3d4b9be127c8e">—Hola. Busco a tu papá—le dije.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8abad63ecd88c7d5bd9f8c33589c925a">Me contestó con voz de merquero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1489d6fbf570a8ff5b3529b54b54234d">—Mi papá vive en Ciudadela —se señaló el pecho—. Pero acá vas a encontrar a tu papá.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4bcd5bc18f9df47affef771aba3bd251">Me ofreció que me sacara la campera y la colgara en el perchero. Me negué.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b991412426a73864375181f465efd776">—¿Vas a estar todo el tiempo con campera? Es más…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b135a41991f77d6923625dda0dd2565d">Abrió la heladera y sacó un bowl. Dentro había tomates, lechugas, zanahoria rallada, rúcula.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-95d0bc72d8f7de270f7c575a9809c046">—¿… Vas a comer una ensalada con campera?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-58cdd9cd4f4005ff6cb3bb3e29e1864f">No le contesté. Desde el balcón llegaba un lejano rumor de vecinos congregados en las ventanas. Era obvio que no alcanzaban a ver la pantalla y que se guiarían por nuestros gritos. Escogió el Liverpool. Me posé sobre el escudo de Aldosivi. Antes de apretar la X para confirmarlo, el pibe me tomó del brazo y me miró a los ojos:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-45cd3611d2728423a67dabab1c15d25b">—Quedate tranquilo. Elegí un equipo en serio. Nadie se enterará a cuál le gané.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3cc77f98fcfc10d8ede06bf0ce5e16c1">Sin dejar de sostenerle la mirada, pulsé el botón.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c603f34ab5370779b16939981d4b96ec">—¡GOOOOOOOL, GOOOOOOOOOOOL, GOOOOOOOOOL CONCHATUYA GOOOOOOOOL!<br>Todos los vecinos suspiraban en el pulmón del edificio. Recién había arrancado el partido. En menos de tres minutos de juego virtual, Liverpool ganaba 1 a 0.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-157ed0ebcc6bb371eab25d31d6395b53">A los veinte minutos casi paso la mitad de la cancha. Era imposible sacarle la pelota y se floreaba. Estaba dispuesto a aplastarme.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6532e02f1201e67ee517c6ee8f38560f">—¡GOOOOOOOOOOOOL, GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL, TOMÁAAAAA!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bfd8cb0f0f7a5dd1bb5aeb09fd4060a5">2 a 0. 3 a 0. Los vecinos empezaban a bajar las persianas. Sabían que, al término del primer tiempo, el resultado era desolador: el 4 a 0 era irremontable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cb3c3f8b0603275aec56ffd0af89cb40">En el segundo tiempo él salió a cancherear. Sacaba al arquero, hacía jueguitos, bicicletas, tiraba sombreros. El arquero de Aldosivi, que jamás supe cómo se llamaba, comenzó a atajar algunas pelotas, y era el obrador del milagro de que el resultado se mantuviera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-99cd25f907795f6a6473b7fa3d6f2e98">A los setenta minutos armé una buena jugada. Rematé cruzado y metí el gol. Lo grité y él se rió, pero lo hice para que los vecinos pudieran seguir el tanteador. A doce minutos del final, salió con el arquero y le robé la pelota. Cuando iba a hacer el gol, me bajó al delantero desde atrás. Roja para el arquero y penal que transformé en gol, pateándolo casi al medio, sin muchos artilugios ni recursos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-815bc9f9dcddc43a5af9e473e59276ed">Lo increíble pasó en los últimos cinco. Estuvo a punto de hacerme el quinto gol, pero en la contra, con un pase filtrado dejé a mi delantero de área mano a mano con el arquero. Era mi jugada predilecta. Definí con el pie abierto y me puse a tan solo un gol de distancia, a cuatro minutos del final. Lo grité muy fuerte, y el murmullo en el pulmón del edificio comenzó a crecer nuevamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4ea7a78e632921fb07e5d5f86c09cb91">—Si iba a ser derrota digna, me hubieras jugado con Los Pumas— me chicaneó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2f3cc2a37d7781fee305fe7ea8bf8066">Pero algo me decía que estaba nervioso. En la última jugada del partido tuvo un córner a su favor. Su delantero estrella cabeceó al palo y mi defensor central reventó la pelota al campo rival. Mi delantero se largó a correr: su defensa diezmada había quedado mal parada. Mi jugador se puso mano a mano con el arquero. Contuve la respiración y apreté la combinación de botones: con un movimiento ágil, eludí a su guardameta y definí con el arco vacío.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b020dfee5ff087ccc6ea1d86166d1f25">Antes de que la pelota cruzara la línea, puse pausa y me paré.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e3d091ed17e01768550a1bd0dc5ad725">—¿Qué hacés, la reconcha de tu hermana? — explotó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d71ae6fc389336192adea56487b289d8">—Es el empate. Y si hay empate, hay alargue. Y después penales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7d5fd0760b7a4ae6dfd2520cb1b0270">—Y qué mierda tiene que ver, sacá la pausa, la puta que te parió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9034b3ada939153fccf7255e5c380e21">—¿Te pone nervioso que te levanten un 4 a 0?— jugueteé con su nerviosismo. Él simulaba estar tranquilo, pero mis aires de triunfo lo tenían muy alterado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d241e894d1f7e70280605cef4f645cb6">—¿Te alegrás con un empate, cagón, equipo chico?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b064d028ea2b20a5691cfd6303bc4877">—Y, es Aldosivi. Contra el Liverpool. Cuando saque la pausa voy a asomarme al balcón a gritar el gol para todo el edificio. Te lo van a festejar en la cara. Ya es un triunfo para mí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-945ec5802e9144e19b0b30f6b90c02b6">—Sacá la pausa, hijo de mil putas, choto, puto, gordo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f33f0cb7d08fcb024b5d29b8adba95c9">—A mi novia le gusto así— respondí, y reanudé el juego.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-594bb627475ed875f13f160f3935576d">Mientras la pelota ingresaba mansa al fondo del arco, bajé el cierre de la campera y metí la mano en el interior. Él me miró pero no tuvo tiempo de impedirlo. Acompañé cada uno de los quince martillazos con un grito de gol corto pero estertóreo, como un poseso con emoción violenta. Los golpes fueron suficientes para que la PlayStation quedara hecha añicos sobre la mesa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-afa784321cb79462e3dbb26936197060">Mi contrincante apenas pudo reaccionar. En el pulmón del edificio sonaban las cornetas, gritos, y se adivinaban los abrazos y los llantos de alegría. Salí sin mirar atrás, olvidándome el joystick en el piso. Sonreí repasando la jugada en mi mente, y agradeciendo la suerte de que en su ciega rabia por el empate que lo humillaba, mi contrincante no hubiera visto que el juez de línea había cobrado el offside.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="763" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-14-1024x763.png" alt="" class="wp-image-2830" style="width:508px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-14-1024x763.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-14-300x223.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-14-768x572.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-14-1536x1144.png 1536w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-14.png 1920w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><em>Este artículo fue originalmente publicado en https://eltercercajon.com/2020/07/25/liverpool-contra-aldosivi/ el 25 de julio del 2020.</em></p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/liverpool-contra-aldosivi/">Liverpool contra Aldosivi</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/liverpool-contra-aldosivi/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
