<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Literatura deportiva archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
	<atom:link href="https://lapelotasiempreal10.com/tag/literatura-deportiva/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://lapelotasiempreal10.com/tag/literatura-deportiva/</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Sat, 07 Feb 2026 18:35:26 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	

<image>
	<url>https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2022/04/cropped-logo-512-32x32.png</url>
	<title>Literatura deportiva archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
	<link>https://lapelotasiempreal10.com/tag/literatura-deportiva/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Papeles y achuras: Parte 1</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Feb 2026 18:35:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<category><![CDATA[Penal]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3639</guid>

					<description><![CDATA[<p>Hay cosas que no se dicen. Trabajos que no se preguntan. Y errores que merecen el exilio.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/">Papeles y achuras: Parte 1</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Leonardo Nieto (<a href="https://www.instagram.com/leonardo_nieto17octubre/?hl=es">@leonardo_nieto17octubre</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-46e31b93b702cd30b5bc22589f14d549">Esta vez era Nieto el mayor el que manejaba. Había pasado por la casa de su hermano -circunstancia extraña- para levantarlo. Raro. Por lo general, era Nieto el menor el que manejaba y se ocupaba de buscar al otro Nieto a quien debiera buscar. La cosa dependía siempre del trabajo. Y en esta ocasión, había un trabajo. Y Nieto el mayor había sacado del garaje su Corvette Stingray 1963 color plata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-91a0657bef686ceefe706aead17dc75a">-¡Qué hacés, Nieto!- le había gritado el menor a su hermano mientras cerraba la puerta de calle en su casa de San Martín.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-10fb39b738ccc9fe21913693a536c837">El Corvette en marcha, Nieto el mayor habló en voz baja, negando con la cabeza; lo envolvía un aire de frustración y cualquiera habría notado con absoluta nitidez una suerte de resignación. El menor subió al auto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd9c71a5af945be66fb512d4bfa65cd2">-Uh, ya veo que te estás quejando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ccabfd42850a675e04228f00c7824386">-Pará, son las cuatro de la mañana, bajá la voz. Discreción, Nieto. Te pido discreción- habló el mayor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f2008aa251daf04d1372a597d3ede9f2">Se dieron la mano. Nieto el menor bajó el vidrio de su lado. Estaba excitado, ansioso, inquieto. Como siempre. El auto echó a andar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7032805fe0a607c48b46b513853e7bad">-Qué raro- escupió el menor de los hermanos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3fcd41677568997dfd643628438ed156">Estaba nublado. Una brisa amable se repartía para ingresar sin permiso a través de cada ventana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b029cc4d2c6baea2796fa2741b42c32d">-¿Qué es lo raro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-83c68100f55b4213687ab7013596f02a">-Que hayas sacado el Corvette.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de167561b4f961e6bd356911aa5cf766">-Mmm…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff88e12c9ee39107528bedbd8ad86dbb">-Que me hayas buscado vos a mí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de167561b4f961e6bd356911aa5cf766">-Mmm…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1e62d822ca23dd55a16e04e537cc0764">-Que no me hayas pedido un vehículo discreto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7bd254019fddaa251e1b6b8522f7e561">-Nunca traés un vehículo discreto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c8f18b841d63c8e143b5af245d21f195">-Yo soy el que se encarga del transporte siempre. ¿Pasa algo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-efc8f7e41a478fbbb89269aaac6388c0">-¿A qué te referís?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0ba8be9f06cfad4b42138db9a97bb40b">-¿Estás enojado conmigo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-078a35950309bae155739e207e9c5095">-Te pido por favor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-64f1ffe5829bb7cab91d8ba97e660b87">-Siempre lo mismo con vos- se quejó Nieto el menor mientras se cruzaba de brazos como un chico con el ceño fruncido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3992faed9a709b1c57ba5b163bcbd1bc">-No empecés. Y no me hablés, que estoy pensando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0b8aba89394607f3a9f0b6e730d71d99">Nieto el menor se arrellanó en su butaca, buscó los cigarrillos en el bolsillo del saco y se puso uno entre los labios. Buscó el encendedor en el otro bolsillo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4bbdc1ad77ab36d7a414f8cb6ace601f">-¿Qué hacés?- inquirió el primogénito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-009d68fbf84f8e144beb2a8540f1da5f">-¿Qué hago con qué? ¿Qué hice ahora? ¿Qué pasó?- dijo el menor, que ahora sostenía el cigarrillo con pulgar y mayor de la mano izquierda, el encendedor en la otra mano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4903e07228f4f561fdd1ac7255029070">-¿Vos me ves fumar acaso?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-46881c2dbedc45c0f32b09c62174d2cc">-Uy, no te la puedo creer.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd8c09093defe7bfc96e8f9dc1d555eb">-¿Vos me ves fumar? ¿Sabés cuánto vale este auto?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0769299f735e46db82c5fbc62798ed2c">-Ya empezamos mal. Qué día de mierda vamos a tener.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0943919a1e45af3c2be146a75a6f6d5a">-Vos. Yo no. Yo estoy bien. Sos vos el que me pone así. Pero no te voy a dejar. Yo voy a tener un gran día.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2d8c7ef9ea8842cc373e27d84c3c71ce">Nieto el mayor dobló a la izquierda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b09fe11f90b6b2d1326b018a2484ea00">-¿Por qué bajás tanto la velocidad para doblar? Si no hay nadie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04e04f885310f71f3b8958753de52a91">-No me hablés- contestó el primogénito, enojado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-743c6a3efabfb1c8492950c018b8eeae">-A esta hora no hay nadie, mirá.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04a66b572e2522309d04debe2456e984">-Callate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c5c559ae8cb716c79f941e17ea083aa8">-¿Fuiste de cuerpo antes de salir? Lo mejor es ir bien temprano. Te acomoda el resto del día. Yo hice antes de que me buscaras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-221470e9cc35219ff2ed34e3242b047a">-Callate, ¿querés?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8fe34471e7e77de114127033c2a6bfb6">-Ah, no me digas que estás tomando ese brebaje de mierda otra vez.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6b22e5edeb092aac0a5e9eb08a92bb9">-¿Qué brebaje? ¿Qué decís?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66c0225f485c7e267a16e97746439cc9">-Esa bosta hindú que se te ocurrió tomar en ayunas hace un par de años.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-87c75d287d0253558528daf78aa01523">-No sé de qué me hablás.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4757b43d443b0ad81fca545c5db006d8">-Era una porquería radiactiva que te había recetado la Pitonisa. Y vos tomabas esa cagada de loro descompuesto no sé para qué carajo pero te ponía de un humor de perro. Horrible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-67539abc1103e7ec3e1af8313784c45f">-Tenemos trabajo- dijo Nieto el mayor para cortar justo cuando doblaba a la derecha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-01dd2a60376cf415e5dd7524101712d2">-Ahora me contás. ¿Puedo fumar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8610cb0b41b17ae5202a4e98ec65af1a">-No.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-45c9725b874817a5a13b4dabd14d33b4">-Pero saco la cabeza por la ventana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-93156df0a8bdcfe83df3e4ba21ccef1d">-Ni se te ocurra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1346da521ca99ef80b91ff9d4db5740a">-Ah, el señor no quiere que le fumen en el Corvette… Ah, el señor y su auto de colección…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04a66b572e2522309d04debe2456e984">-Callate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f9a8e2f4738665fa75c98850221a4fb2">-El señor es el hermano mayor…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fe904d5a3ea4a00a71df33d64a712797">-El preferido de mamá…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-18519c092ab4d2488af9b5badd11476e">Nieto el menor había dejado de hablar repentinamente. El silencio llenó la cabina del Corvette y se metió en la luneta. Nieto el mayor había manoteado la .45 de la sobaquera con la mano derecha y había apoyado el cañón en el cuello de su hermano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8a04058c78c105334009eb49e2d3db17">Nieto el menor tiró el cigarrillo apagado por la ventana. Lo propio hizo con el encendedor que tenía en la otra mano. Luego buscó el atado en el bolsillo del saco y lo arrojó también, furioso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-147a8a7e4fa705a41817890f00b090c7">-No fumo más.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f03d7458c28693b559b13fbbdaba34d0">Nieto el mayor miraba hacia el frente, la mano izquierda apoyada en el volante, cuando habló:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5f306cef1f4ecfd4da5058c1cbb00ebd">-Pasá los cambios, Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca21265f66ae4ff5073f30eb447417fe">-Sí, señor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b835d4995f6a1680a087ad9a19d07156">Nieto el menor se ocupó de la palanca cuatro o cinco veces, con la mano derecha, para lo cual debió arquearse un poco, girar levemente el torso. Sintió que el cañón del arma le presionaba la garganta con mayor ímpetu.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-21cf0d6691a86665f7f135a37c7c5683">-¿Estamos bien?- preguntó el primogénito al cabo de varias cuadras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-56a1d4534e06f8c0a4db999a95498b9a">-Estamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9595422c140642f5736ae26786cbcea">Nieto el mayor guardó la .45 en la sobaquera y se hizo cargo de la totalidad de los controles nuevamente. Su hermano se relajó, se arrellanó en su butaca y bufó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-11f3d14ff89d835665e673d91f2f45d1">-No se puede joder con vos. No te aguantás un chascarrillo ni por putas- soltó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7ecb68147def0ed2ba173afa46714964">Nieto el mayor encendió el reproductor y comenzó a sonar el Dave Brubeck Quartet. <em>Time out</em>. 1959. Anduvieron un largo trecho. Sin hablar. Entrada la madrugada, la noche estaba linda; seguía nublado y estaba fresco. El conductor estacionó al costado de una plaza sobre una calle de doble mano y le bajó el volumen a Dave Brubeck. Giró la cabeza para hablarle a su hermano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cee94f1e9e1b77e03b6dcf68c5045338">-Escuchame bien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1d5762887aa283a9c27c3a13a1de918e">-Ah, por fin vas a largar prenda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2051d564610acce0c8d8e18a8be6138a">-Anoche me llamó el Chiqui.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cea17c531b48ff4d032aff047c90c84f">-¿El tullido que corta?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f244fc0cba64698a35359ff3f5b149f9">-No, bruto. <em>El</em> Chiqui- contestó poniendo énfasis en el artículo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ded7c18ebc2778ce49bdcc065debb599">-Ah, <em>el </em>Chiqui- repitió Nieto el menor con el mismo énfasis en el mismo sitio de la oración.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0b1cfe2356c4265218b50da41c906183">-Sí. Terminó el partido y me llamó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c318c4db717ff618577a7659e81ba9c1">-No me hablés del partido, negro y la puta madre que te parió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-33769644f9659225e433b6cc7e776608">-Atendeme.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1177ceae52108aa41b6619cdb2950fb0">-Sí. ¿Qué quería?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a5b8a627da172ae75b00b907d2a0fb1d">-Tenemos que sacar del país al uruguayo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-64d83320fdf686d6e764e92d6ce0b4a6">-No me digas. ¿Por el penal?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9d48fea7ca9cbdc6285673441408467c">-¿El negro uruguayo que erró el penal?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-322a1a0f1018a88284f2b92f20b5dfcb">-¿Querés que te lo escriba?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ad825654255f8a8c03981cf58266f185">-Lo odio. Cómo nos cagó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd4c2336d365f4c6e4e44603eb1a60ce">-Pará.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-88519e4b5000aeb01d1dcc29c1318779">-Hijo de re mil puta cómo lo puteé.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b6bfce1e5df0e2f70da463a6cf32679b">-Concentrate, por favor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7343dfa711c562a31e2cdb5634ff812">-Hijo de una gran puta cómo vas a errar el penal…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c7d77eb170c7a202db7c0727f167a041">-Era el gol del empate, uruguayo perdedor, cagón…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3826404b0d836711df7fb5f810448423">-¡Nieto!- gritó en voz baja el mayor a la vez que agarraba a su hermano del cuello de la camisa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-70b347bddf66c5215ec9453f2a94a3f0">-Sí, sí, está bien. Me calmo. Ya está.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9cb8517f7cfca453c5789d2e3d470acf">Nieto el mayor largó. Habló sorprendido cambiando el rumbo de la conversación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e6f6393c5761ed51220d3aa53bdb8f22">-¿Y la corbata?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ce0243ef31753f6abd0905aabac94277">-¿Qué corbata?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-608d50fcae394e1d3c7e80d047a9cfd7">-Te pedí que esta vez te pusieras una corbata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1c324f116e6563b425f00a6f902179bd">-Yo no uso corbata. Es más, vos tampoco deberías. Te envejece. Y te queda como el culo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9dbd8705706fa15373ba6b926de31433">-Nieto y la puta madre que te parió. Una vez. Una puta vez que te pido que te pongas una puta corbata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ade25c9280001de06293fb51ccf4a1fd">-No te entiendo. Es un detalle. Insignificante. Qué ganas de hinchar las pelotas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3089b4be1a2d4cd50e9c18fe3c97a31c">-Te odio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6b806167f2dd836dfba877e5d932486d">-¿Qué? ¿Es por el Chiqui?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7be9d265b1f488d38fcd4bbe8289382c">-Después tenemos que ir a Ezeiza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-48921479d588de5367c74512a0765e76">-Ah, entiendo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-494e0fd57eaa42c791c7b09415766477">Nieto el mayor bajó del auto y prendió un cigarrillo. Su hermano bajó lo mismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b19c6b16372f2057b7b3b8d6d4a75bf4">-No tengo cigarrillos- le dijo por encima del techo del Corvette.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0384214367fe2c6c6e3e99a24208666e">Nieto el mayor rodeó el auto por delante y subió a la vereda de la plaza. Le dio su cigarrillo a su hermano y encendió otro para sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8953c920622a3fad23ee5de8812f5453">-Gracias- dijo sinceramente el benjamín.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-450667c2ed1eb6fb3a1549a6d6da3d2e">Mientras fumaba, Nieto el mayor explicó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-48231fb7d2377af17eece6c4498caf14">-Tengo al uruguayo en el baúl.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dda6780f966ef9834c72a7fcea94b22f">-Me vuelvo loco. ¿Está el negro ahí atrás?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4ee74e4820f166174abda5c3ac6516a4">-¿Muerto?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9294470ea4d205a88a847c2c8ed18347">-No, qué decís. Tenemos que sacarlo del país. Le buscamos papeles nuevos, lo llevamos al puerto, lo metemos en un bote y chau, de vuelta a Montevideo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1bd5ef721986296c57aebe108742612">-Fácil.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b11aa56406610028796db74213c641cd">-Delicado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c3e713a77c6fe304d9f6288d9292872c">-Fácil. ¿Está inconsciente?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0f7142ebbf591845a80065371c770c51">-En un barco, entonces.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-47e01ec9750920b954d573839b4f66e4">-Un bote. Algo discreto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b593e6de2a58b7faedc4629dfcffdfdd">-¿Lo golpeaste?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df2c6ed9adb1ba184bc269923caec1dd">-Un poco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-427b03f68303a9bc5f7ead6e5c7c7774">-¿Lo puteaste?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df2c6ed9adb1ba184bc269923caec1dd">-Un poco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6001e98994a0bd0eafab4e19bcae0908">Nieto el menor echaba el humo por la nariz cuando empezó con su retahíla:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3e7f9bbb80913757cb52ced71cb5f241">-Uruguayo hijo de mil puta, negro indigno, te voy a enseñar a errar un penal, ya vas a ver.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c9cab545cfb748afc465c1465df4cf83">-Bueno, calmate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9a97e176ce042c1c53f31c8ad6eadd1c">-Indocumentado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-56e5d1f636ed5da1469b1bf6fe4e77fd">-Me cruzo a la panadería. Unas cremonas que te morís. A esta hora están calentitas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2a29d3f76bdfe6b42d967ae84e87a0ce">-Dale.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6baa53a5d372a9c095e4e5a12bc3b550">-Ya vengo. No toques nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8372fee24523d38b07457f00db7dc577">-¿Qué voy a tocar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-10bbec2974cdcbb864d5d543a7386600">-No hagas nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca0f08b320af63ca43d586be306d416d">-¿Podés confiar en mí?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f19cb035d063b9f3cb280eae8a32f7b8">-Me quedo tranquilo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-90b5378aa469bdf96431aa6e5ce6975e">-Tranquilo- confirmó Nieto el menor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c638b5dcc0d590b23dd85bae6779101d">-Ahora vengo- dijo el otro y cruzó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-00c5332bc6d5feee91aedc6303308ba7">El menor de los hermanos giró y contempló la plaza. Pitó y echó el humo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-02e760dfe42a9ddf1675a76819ba87bb">-¡Nieto!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ef507783ee156a3cdf858541d6e6c979">-Sí- dijo el mayor a mitad de la avenida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9521276340ead104a91de7570d93af08">-¿Puedo correr un poco?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3bdde428843c8dc5cb404eee1aacd8cb">Nieto el mayor no le contestó, volvió a girar y se dirigió a paso rápido a la panadería.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-133f1271664c0793f58a11df7ba718f4">El menor volvió a ojear la plaza. Luego se acercó al auto, lo contempló un momento y palmeó dos veces el techo en señal de cariño, de aprobación o acaso de envidia:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5506d766e9c0ea39bc4d2e2be1d83970">-Algún día- dijo para sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0d94d4910e4da10d2e1ab3fd56cfef4a">Luego se agachó y miró a través de la ventana abierta. En el interior vio que la llave estaba puesta en el tambor. Los ojos le refulgieron un instante. Se irguió para echar un vistazo hacia la panadería. Vio a su hermano dentro, conversaba con alguien, el dueño del boliche o quizás algún empleado. Volvió a mirar la llave. Hizo un gesto con la boca, un frunce, como si pensara <em>No, no está bien.</em> <em>Me dijo que no tocara nada.</em> Cuando se dio cuenta de lo que cavilaba, ya estaba levantando la puerta del baúl.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-52594c0f8745d78ed92c48631c33052a">-A la mierda- dijo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3bf96be89b4cf00b9fc4d994013e286e">El centrodelantero estaba ahí echado, la pilcha del partido puesta, sin las canilleras, las medias bajas, las manos atadas detrás de la espalda, los pies inmovilizados con un suncho. Tenía machucada la jeta por los golpes de Nieto el mayor. Estaba dormido. O inconsciente. Para el caso… Nieto el menor le metió un par de cachetazos para despabilarlo. Cuando el jugador abrió los ojos, éstos no tardaron mucho en revelar el miedo que el hombre experimentaba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e473d0c19a6c474d0819d4af6606b77">-Así que te gusta andar errando penales- habló Nieto el menor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-93efd012c13c50bb7a96e858baf3e3fc">El futbolista uruguayo trataba de moverse, de zafarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8ab0e32ecf16d3c7a8c7dcc129504d88">-Perdimos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-15fc20ac162c95275db062b0028f7230">Nieto el menor tiró la colilla y la aplastó con el zapato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-004b560778e1d141b97d90768c88379b">-Perdimos por tu culpa. Porque erraste el penal. La hinchada te odia. El club y los dirigentes te odian. Yo te odio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66e3b1681d63e3af936a360ddd7f425f">Volvió a mirar en dirección a la panadería. Nieto el mayor bailaba -su hermano adivinó que se trataba de un vals- con una empleada de trenzas negras y pollera. Nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f42d36f313222b639dbd88fce3bc820a">-Vamos a hacer una cosa. Atendeme. Te voy a sacar la cinta de la boca. Si tosés, si llorás, si bostezás te hago un agujero en el pecho- dijo y abrió levemente la hoja izquierda del saco para que asomara la .45 en la sobaquera.- ¿Está claro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6f9683a75a68b86a410ccf248a9ee191">El jugador asintió como pudo. Nieto el menor le despegó la cinta de la boca sin removerla del todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-abc617aeba1d84f9e0c603b9cc7365c7">-Tranquilo. Ahora decime. Bajito, no vas a gritar, pelotudo, eh. ¿Por qué la cruzaste? ¿Por qué mierda la cruzaste? Nunca la cruzás y anoche se te ocurrió cruzarla y al arquero se le ocurrió adivinar el palo y la reputa madre que te parió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8013195077c612cb061e277757df235f">El delantero pidió agua. La voz casi no le salía. Nieto el menor, decepcionado, le metió un puñetazo en el estómago.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bc36618ca2cf1d4c56ffc632b20d0eb9">-Tomá, negro. Ahí tenés tu agua. Para que aprendas a patear penales. No, si es para matarte. Decí que el Chiqui es un buen tipo, te salvó la vida. Y decí que mi hermano no se sale del plan cuando hay un plan, que si fuera por mí… Pero no, Nieto… Uy, qué boludo, dije Nieto. Olvidate. Vos no escuchaste nada. Para el tipo, el trabajo es el trabajo. Miralo si no- dijo y giró la cabeza hacia la panadería-: cómo baila, es una pluma. Uy, ahora se la está arrancando. Se está arrancando a la bailarina. Uy, cómo mete mano. Decí que no hay otros clientes. No, mi hermano es mi ídolo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0c858468b6697305f7aa528ce9b5d2bb">Estiró la mano para volver a poner la cinta sobre la boca y el futbolista, dolorido, echó el vómito incontenible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8282119978a3dd296f16b10ca2a2d370">-Pero me cago en la mierda. Uruguayo y la puta madre que te reparió, qué asco, me vomitaste la mano. No, yo te tengo que matar. Qué asco. ¿Qué comiste? ¿Qué es esto? Pero me cago en tu carrera y en tus goles y en los doce palos que pusimos la puta madre, será de Dios… No. El auto. El Corvette. Mi hermano me mata. ¿Cómo se te ocurre lanzar en el baúl del Corvette de mi hermano? ¿Pero vos sos retrasado o qué? ¿Sabés qué modelo es este auto? No, qué mierda vas a saber si ni siquiera sabés patear un penal. Qué asco. No, mi hermano me mata. A los dos nos mata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3d9180d6c43e66a7d363f8a848b59e2f">Nieto el menor se limpió como pudo la mano en la camiseta del jugador, primero en el pecho y luego en el dorsal. Aún le quedaban bajo las uñas. Discriminó algún pedacito de jamón cocido. Luego sacó del bolsillo del pantalón la corbata que su hermano le había pedido que llevara para la ocasión. Prolijamente doblada en varios pliegues para evitar que se arrugara, la desplegó y acto seguido la estrujó en una mano para formar un trapo o más bien una esponja y le limpió la jeta al futbolista haciendo el mayor de los esfuerzos. Ahora, sin embargo, la cinta ya no agarraba. Con la mano limpia se tanteó los bolsillos buscando un pañuelo. Nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-aa5c3205dd5af7a735ba6820b04229c1">-Me cago en tu puta madre, negro. Doce palos pusimos para traerte. Doce palos. Y nos hacés esto. Te maldigo. ¿La tenías que cruzar justo anoche? ¿Qué se pasó por la cabeza? No me digas… No me digas que tomaste algo. ¿Ingeriste estupefacientes? ¿Le mandaste narcóticos? Tendrías que ir al dópin. Shh… Si abrís la boca te disparo. Tengo silenciador. Esto no es una conversación. Estoy hablando solo. Me estoy descargando. Hago catarsis.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-54b94246e5126a8a192f8810c94def88">Quiso limpiar el tapizado del baúl con la corbata echa un bollo y lo empeoró todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c5cb6cfa939194b64a3030164ab8c766">-Soy hombre muerto- se dijo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c37235419efad2e7bf2658c083e0f707">Ahora tenía manchadas ambas manos. Decidió taponarle la boca al delantero con la corbata. Dio una última advertencia -más bien una amenaza de muerte-, le metió una piña al nueve para volver a dormirlo y bajó la puerta. Corrió hasta el asiento del acompañante y vio salir a su hermano de la panadería. Se apresuró a agacharse y colocar la llave en su sitio. Se limpió el sudor de la frente con la manga del saco y cruzó los brazos sobre el techo del Corvette.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1bd59f70215493238c5485bc11afd81f">-¿Estamos bien?- preguntó Nieto el mayor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-165451781803a111462217c06f17ff95">-Bien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-15dd441ec21c06af55ec09f9bd41a9bf">-Tomá- dijo y le pasó un paquete a su hermano por sobre el techo del auto.- Una para nosotros y una para la Bárbara.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b3e31a7aa8c3f57e5b040e0ae9185de">-Me vuelvo loco, la bárbara.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-188bc0cd786b86f33380279d074e45f5">-Pero no se come en el auto. Esperá que lleguemos. Estamos cerca.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4d3db1c002a8f1c12ac13801044eb030">Subieron al Corvette. Dave Brubeck reanudó la música. Arrancaron.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-30dac40c9dfe243a58a628b39d738f3a">-Doce palos pusimos para traer al uruguayo este.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-51dd9df5851a3b50ff200cbce1447743">-No me hablés. Estoy pensando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1d374b92b67adeeeeb26b6345691d8a7">-Cómo piensa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c68072a8512f07b8671c17a333613d04">Nieto el menor tanteaba el paquete calentito que llevaba apoyado en el regazo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5932dc31a18e72555226c75079ba41a8">-Me vuelvo loco con la salvaje.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-59c61f3e8504b8bdb5fca82c721c10b3">-Bárbara- corrigió el primogénito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-197bed134a0132d490bb8343e3917364">-Bárbara. Qué sobrina. ¿Cómo se llama?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8454e42daa5b4f5a9a81375e907da84e">Nieto el mayor palmeó dos veces el torpedo del Corvette en señal de cariño, de aprobación o acaso de orgullo. Siguieron andando.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="300" height="300" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7.png" alt="" class="wp-image-3640" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7-150x150.png 150w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7-50x50.png 50w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/">Papeles y achuras: Parte 1</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Let&#8217;s play some jazz</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lets-play-some-jazz/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lets-play-some-jazz/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 05 Oct 2025 13:55:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Amalfitani]]></category>
		<category><![CDATA[Clapton]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3311</guid>

					<description><![CDATA[<p>¿Para qué sirven las genialidades si no es para emocionarnos?</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lets-play-some-jazz/">Let&#8217;s play some jazz</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Leonardo Nieto (<a href="https://www.instagram.com/leonardo_nieto17octubre/?hl=es">@leonardo_nieto17octubre</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e8de88c6749e41633a8af6debc61a17">«Si el tipo fuera realmente Dios, ya habría elegido tocar conmigo» piensa Moe Mont, piensa y dice, aunque muy bajito, pero no para que nadie, en estas escaleras desbordadas de gente como ganado, pueda oírlo sino porque al pianista de jazz se le canta, ahora, mientras también él trepa los peldaños que llevan a una de las plateas altas del Amalfitani, hablar así, en susurros, sólo para sí. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2e09abaa7a7ebc60844805cd0afefc91">Las personas que lo rodean y que suben, que siguen subiendo, no lo reconocen, no reparan en él, se diría que es un fantasma; no sabemos cómo pasó los sucesivos controles si ha ingresado con todo lo prohibido que lleva encima. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6e81d428bc563b52517cd7649c5ee016">Todo el mundo parece abstraído en su propia vorágine y algunos hablan con otros de cualquier cosa menos de música, menos de fútbol. «Libre albedrío», piensa -y susurra- Moe Mont, que ya está harto de subir peldaños en un estadio que lo tiene sin cuidado. «¿A qué viene esta gente? ¿Por qué no se habrán quedado en sus casas? Y este tipo encima viene a florearse y me hizo pagar la entrada -bueno, en realidad me la pagaron los Nieto- y seguro va a pretender que yo lo aplauda. Y voy a tener que aplaudir, nomás. Gringo tenía que ser. Dios. Tomatelá».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3dd1c12b7d86357951e7b9221298ea0b">Cuando empezó el concierto, Moe Mont ya estaba durmiendo hacía unos buenos minutos. Recostado como puede en la butaca incómoda, la cara cubierta con el sombrero, se sobresalta de golpe cuando un cocacolero le pisa el pie y sigue como si nada, sin pedir disculpas. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6378b311f5922943ad9da5e2b36844a2">El pianista de jazz echa un juramento al cielo, se calza el sombrero, carajea al vendedor ya inalcanzable, mira la hora en su reloj y otea el escenario para ver cómo va la cosa. Ve el poncho por primera vez. Manotea los cigarrillos, enciende uno, comprueba que el anillo está en su sitio, se pone de pie. Comienza a subir para poder luego bajar. Aunque es su primera vez aquí, pega la vuelta al estadio por los corredores internos como si él mismo lo hubiera construido. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-390d6340a13c836b182e069ce07b33c6">Mientras fuma, piensa que una galaxia -cualquiera de ellas, pero se decide a reflexionar sobre la Vía Láctea en particular- no es menos frágil que el mecanismo flotante de una mochila de inodoro y que todo cuanto ha visto del universo se le antoja poco y soso. Piensa que si tuviera que escribir este pensamiento omitiría el adjetivo “soso”, buscaría otro, más adecuado, para su aserción. O para su negación. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6bc6320cb27bf8c495f31762cd4e87ed">Ya no está seguro de lo que va pensando, por dos motivos. Uno, más profesional, es el apuro por llegar al escenario a cumplir su cometido. Otro, más pasional, es una melodía que le viene de súbito mezclada con el perfume de una mujer de pelo enrulado y largo, negro, a la que no puede verle la cara en tanto se halla -esta mujer- de espaldas; y desnuda, es preciso agregar, porque Moe Mont trata de vestirla en su mente y ella no se lo permite: ella -la mujer- o ella -su mente, la mente de Moe Mont- se empeñan en la desnudez y en no revelar ese rostro que ahora lo viene perturbando feo y que lo va haciendo olvidar del tema de la fragilidad de las galaxias. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-35d70083119a7bebf669a9223b2e0cfa">La ve de espaldas, desnuda, con el pelo enrulado y largo, cada vez más largo, negro caminando sobre los anillos de Saturno. La melodía se va confundiendo, ya no es tan clara, se pierde; suenan, intrusas, notas que no pertenecen a la escala y la mujer sigue allí como un monolito vivo, un tótem de carne y pelo largo y negro y enrulado. Algo se le escapa. Y lo sabe. Cae en cuenta de que hay otra realidad que lo reclama cuando siente el ardor de la brasa del cigarrillo entre el índice y el mayor de la mano derecha. No se contiene y lanza un juramento en una lengua que sólo él habla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6441f988608e5942a1fb5eb3e382944b">Al primer seguridad lo soborna con billetes verdes. Al segundo debe noquearlo porque al tipo le parece poca esa cantidad de dinero y no piensa arriesgar su trabajo de esa manera; en realidad no es un golpe de knock out, más bien un ataque certero a la garganta para comprometer la respiración y luego un subirse a esa esfinge por la espalda como un mono y abrazar el cuello con el brazo izquierdo mientras el derecho, por detrás, es decir desde la nuca, ejerce presión. Así llega Moe Mont al escenario mientras Eric Clapton atraviesa -hasta ahora- lo mejor del concierto. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cf48a3e8d805cc3fd191f6c00fa97cd5">Mont lo ve desde por ahí atrás. Ve el poncho y se sorprende nuevamente, hace un gesto de aprobación con la cara que nadie le ve. Cerca hay una botella de whisky. Una asistente parece custodiarla. El pianista de jazz se le acerca y la besa en la boca como si la amara. La mujer debe buscar un asiento para recuperarse. Mont manotea la botella y empina. Se limpia la trompa con el dorso de la mano y llena con whisky su propia petaca; la guarda en un bolsillo del saco, prepara el teléfono y sube los tres o cuatro escalones que lo separan de <em>la altura de Dios</em>. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a7561bd73db408118556873b7175bdde">Su figura resplandece en las pantallas gigantes a diestra y siniestra. El público vitorea eufórico sin saber quién diablos se acerca a Clapton. Cuando se le para al lado, el guitarrista británico, sin dejar de tocar, le hace señas con la cabeza como si le preguntara quién carajo es. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9ca52faef7548299a85b09777445e9d2">Aunque intuye la sorpresa del otro, entre la gorrita con visera, las gafas y los ojos pequeñitos, las señas del inglés son incomprensibles para Moe Mont quien, como en el patio de su casa, le pone una mano en el hombro a Clapton, lo felicita en castellano por el poncho, le advierte que los Nieto le mandan un saludo y un mensaje y le muestra el video en pausa desde el celular. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9948bce4b2ae1c1435168b2bf227b939">Los músicos siguen tocando porque Clapton sigue tocando. Verá el video sin dejar de tocar. Mont pone <em>play</em> y los ojos del inglés se van agrandando paulatinamente. Lo propio sucede con los labios finitos que se separan y la boca se abre como si el tipo no entendiera nada de lo que está viendo. Y es cierto: no entiende nada. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6873e7a2fb7e9561fc0f8cae3fd7440a">Lástima que mis limitaciones narrativas no me permitan ser más preciso, lector. Mont le pone el teléfono en la mano a Clapton, quien se ve obligado a dejar de tocar -y la banda hace lo propio- en tanto su instinto de agarrar lo que el otro le ofrece prevalece. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-be7a60cbded0048ae78e230675ad3ab8">Entonces ve. Y cuando ve, cree. Felices los que creen sin haber visto. ¿Y qué es lo que ve? A Edinson Cavani con la camiseta de Boca y <a href="https://www.youtube.com/watch?v=6OUaRW3zVG8">el gol de chilena que le hace a Central Norte por Copa Argentina</a>. Eric Clapton no puede contener las lágrimas. Acaba de comprender. Un <em>algo </em>como sudamericano le galopa la sangre. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6e08383f4e2f7c54ae7fffb515cb02e5">Es algo nuevo pero prístino a la vez. Él mismo pone <em>play</em> y vuelve a ver el gol de Boca, el gol de Cavani, el Matador. Vuelve a ver el festejo de la flecha charrúa que vuela y se clava en algún corazón xeneize de la popular o de la platea y entonces se toca el sitio del corazón y sabe. Sabe. Mira a Moe Mont y ahora sí sus ojos son claros cuando, lagrimeando, con ellos dice <em>I got it.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-97212788ed61fefbf7f7f0f547bdbe07">-¿Ve usted? ¿Qué me vienen con la Premier League? Que hagan fila, papu- dice Mont mientras se guarda el teléfono en el bolsillo interno del saco. -Fútbol argentino. Boca. Cavani. Te volvés loco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-84a96d4e7cc5afeea604376814e53429">Todo es una gran confusión. Desde las plateas y el campo, el público ve a través de las pantallas gigantes a Moe Mont que se acerca a uno de los teclados, le mete un cachetazo a Tim Carmon, lo obliga a hacerse a un lado, se sienta en su lugar, enciende un cigarrillo, aplaude finalmente a su admirado guitarrista y tira un DoMaj7.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6ef6d7cc0869e0ca03f29e75d86a78d2">-Ey, Clapton! If you are God, let’s play some jazz with Moe Mont!</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="573" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-1024x573.jpg" alt="" class="wp-image-3313" style="width:510px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-1024x573.jpg 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-300x168.jpg 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-768x430.jpg 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-1536x860.jpg 1536w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Canva IA</figcaption></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lets-play-some-jazz/">Let&#8217;s play some jazz</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lets-play-some-jazz/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>3</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Mi pibe</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/siempre-al-10/mi-pibe/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/siempre-al-10/mi-pibe/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Sep 2025 17:37:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3301</guid>

					<description><![CDATA[<p>Hay cosas en la vida que a ningún padre le gustaría tener que decir.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/siempre-al-10/mi-pibe/">Mi pibe</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Uriel Frimet (<a href="https://www.instagram.com/ufrimet_">@ufrimet_</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3a245c85e904267a86ae8ad45da53e24">-¿Cómo hacemos para explicarle?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9928b07e070ff3ea370287ab0cb91225">-No sé… De eso siempre te encargas vos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0752d4ec60b9a91bb37387d3bbb2fd08">-Pero vos sos más pedagógica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1dbeb60fdf61d4ed07d667efa672638">-¿Y qué tiene que ver? ¿Cómo hago para explicarle?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7cb046d66472c001c481d860444ad4a4">-Qué sé yo… Si yo le cuento, me quiebro ahí nomás. ¿No viste cómo estaba ayer? Casi deshidratado de tantas lágrimas. También me duelen las manos de aplaudir tan fuerte el esfuerzo ajeno y con el frío medio que se me pasparon.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-074e2c7e9d74101c97e29f8efb5ce91a">-¡Pero si lo tenés que decir con la boca y no con las manos, Marcelo! ¡Dejá de joder! ¡Siempre buscás una excusa para las conversaciones incómodas!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0a168807f82bec484fa7e1849fd3761d">Y eso era verdad. Nunca pude enfrentar lo importante. Siempre busqué intermediarios para que socorran mis problemas. Es que yo en mi cabeza ya estaba visualizando la película que iban a hacer de la hazaña de este clú. Llegamos a la final con todos pibes del clú menos el arquero, que decidieron poner una torta de guita porque el anterior se podría decir que no tenía dedos, y somos generosos… Una vez tuvimos la desdicha de tener tres penales en contra. El tipo creyó en todas que se la iban a dejar servida, en el medio donde se quedó paradito cual poste de luz averiado del conurbano. Fué el espectador más VIP de esos tres tiros al costado con una velocidad mínima que hasta un arquero de baby fútbol hubiera atajado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6248a18aa1a3ea0c45f201cfd61812e6">Yo a mi pibe no lo llevé a la cancha porque está muy caldeado el asunto con dos hinchadas. El berrinche que nos hizo, madre de Dios… Encima por televisión no lo podía mirar mi pibe. Me rajaron de la fábrica el mes pasado y tuvimos que recortar gastos. La radio ni la iba a saber prender. Es un bardo ese bodoque que nos dio la madre de Belén.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8f68899ddb59e7725b43688232b9eeee">Aguantamos unos cuantos minutos frente a la puerta de la casa antes de entrar; aún sabiendo lo picado que estaba el barrio, esperamos ahí nomás, nostálgicos y medio vacíos. Tuvimos que tomar coraje antes de entrar por la puerta de casa. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-65ee73ebf708de94d9f84052e2fdb0f1">La miré cuatro veces al menos a Belén esperando que me diga “bueno, yo le digo”, pero su cara de madre sufrida me decía que me encargue de darle el pésame al pibe. Mi pibe estaba todo vestidito con el conjuntito del clú cuando nos fuimos… Hasta los botines sucios se puso para esperar a que sus papis vengan y le digan que por primera vez íbamos a levantar una copa. Le prometimos que nos íbamos a sacar una foto con Rodríguez, el ocho que juega por toda la cancha. Ese sí que se tiraba a todas las pelotas como si jugara a pincharla y ganarse el premio mayor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3899ac8d0289b169d2380e6aaffa4008">Cruzamos la puerta y ahí estaba, sentadito en el sillón gastado, otro regalo de la madre Belén, la única abuela viva que tiene mi pibe. Sus piecitos no le llegaban al piso, estaba medio en diagonal cual hamaca oxidada de placita con promesas incumplidas del municipio. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff608e4b30140f83021834f7c77ed0dd">Apenas escuchó que se abría la puerta y entraba mi olor moribundo a pucho barato cerró de un saque el álbum de figuritas incompleto que tenía y vino corriendo hacia nosotros. No dijo ni “hola”, se paró en frente nuestro con una sonrisa expectante y ansiosa de que le demos la mejor noticia de su vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-25f2ff5256296005f121413534f9a130">Igual él no hablaba mucho, era muy chico para ese entonces y solo decía palabras básicas. Si te descuidás, apenas decía cosas como mamá, papá, caca y fútbol. Sus ojitos brillosos delataban que había estado bostezando varias veces, esperando a sus papis con total inocencia de que el resultado iba a ser favorable y ver nuestra foto con Rodríguez. Le dije que nos sentemos en la cocina. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7cca1d599f6f025e297fa73e0ea2c7b">Estaba un poco más oscura para contarle y seguro se me iban a caer las lágrimas mientras le relataba el partido. Además la heladera hacía apenas más ruido que un camión de los ‘60 y eso me jugaba a favor para aturdirlo un poco en todo lo que le iba a contar. Pensaba en decírselo parados para poder hacer de éste asunto un trámite sin valor agregado a nuestras vidas. Él me iba a mirar desde abajo con cansancio y ganas de sentarnos y yo no iba a estar preparado para cambiar la estrategia sobre la marcha. No podía ni imaginarme la situación. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7a082ab40438ef7d9b568294ce35d143">Encima yo estaba recaliente con Belén que me mandó al muere solo y no me hizo el aguante. Pero ojo, con esos once muertos que tenían que hacer que un coso redondo pase por adelante de una línea, sí se involucró; desde arriba del paravalancha alentó la muy turra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-58e2259de55d1a451f538c23b103343e">Y poco a poco la cara de nuestro pibe iba haciéndose cada vez más seria. Para cuando voy a contarle el final del partido donde nos meten el 4 a 3 en la última jugada después de estar ganando 3 a 0 en el primer tiempo, mi pibe, nuestro pibe, dice: ¡manga de fracasados hijos de puta!</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="683" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1-683x1024.png" alt="" class="wp-image-3308" style="width:404px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1-683x1024.png 683w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1-200x300.png 200w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1-768x1152.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1.png 832w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/siempre-al-10/mi-pibe/">Mi pibe</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/siempre-al-10/mi-pibe/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Concurso de cuentos: «Mejor persona que jugador»</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/revistas/concurso-de-cuentos-mejor-persona-que-jugador/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/revistas/concurso-de-cuentos-mejor-persona-que-jugador/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Apr 2025 17:12:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Revistas]]></category>
		<category><![CDATA[Concurso]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3076</guid>

					<description><![CDATA[<p>Si tenés ganas de escribir y la figura de Diego te toca una fibra distinta, ¡esta es tu oportunidad!</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/revistas/concurso-de-cuentos-mejor-persona-que-jugador/">Concurso de cuentos: «Mejor persona que jugador»</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-95283944fc47bc2dad0c6d38969cafd3">Desde La Pelota Siempre Al 10 asumimos para nuestra décima revista en papel el desafío de retratar la parte humana de Diego Maradona, ese D10S imperfecto que no contento con su legado futbolístico, regó toda su historia de diferentes ejemplos de solidaridad desinteresada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d3908c33780fd150b2a44d7031d7eb13">Y justamente no hay nada más solidario que abrir el juego, incorporar voces nuevas, dar oportunidades. Por eso para esta edición entendimos que lo mejor era dejar un apartado, el ficcional, reservado para el pueblo maradoniano. Para eso sirve este concurso del que todos pueden participar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df0dd9d1e09813e884085e6c753766a4">Un jurado de primera clase va a leer todos los cuentos que lleguen&#8230; ¡y el mejor será publicado en nuestra revista! Además, otros dos relatos serán publicados en esta misma página web y difundido por nuestras redes sociales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8f900c749657d4a313986ae3ac08b24b"><strong>Recordemos a la persona, traigámoslo lo más cerca posible. A eso queremos que apunten todos los relatos ficcionales que vayamos a recibir.</strong> Que aparezca ese que decía presente para apoyar a los que más lo necesitaban. Ese que estaba atento a todos los detalles. Ese capaz de recordar a cada persona que vio a lo largo de sus infinitas vidas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9e7bf3334deb4b8c43f29318dde77671">Para evaluar todo eso, como ya dijimos, convocamos un jurado de notables. Tres periodistas grossos en serio:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e2ed8fcbee6d19857adec40ebad0767e"><strong>Ariel Scher</strong>, profesor en DeporTea que trabaja en AM 750 y escribió numerosos libros de altísima calidad (entre ellos, una compilación de cuentos titulada «Todo mientras Diego»).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-832a5469e0931cb8eb109573d01da12d"><strong>Alejandro Duchini</strong>, redactor en Página 12, LaAgendaBA y Revista Acción, entre otros. Es autor de «Mi Diego, crónica sentimental de una gambeta que desafió al mundo».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-82130ccedcde13fe139386e1436b1025"><strong>Viviana Vila</strong>, profesora en la Universidad Nacional de La Plata, comentarista pionera con más de 30 años de experiencia entre radio y TV. Hoy la podés escuchar en Relatores.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a8a88396148ecd1b679678e6bbf2d80d">Ahora sí, después de todo este preámbulo, tenemos que pasar a cuestiones más técnicas. El cuento debe ser enviado a <strong>lapelotasiemprealdiego@gmail.com</strong> y la hora límite son las 23:59 del miércoles 30 de abril. Si el tuyo es elegido &#8211; tanto para la revista como para la web -, te lo comunicaremos al mismo mail por el que fue enviado tu relato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cc01b696319d40e3c2eca7f5b8f8ab10">En cuanto a la extensión, pedimos un mínimo de 3000 y un máximo de 6000 caracteres (con espacios). Debe estar firmado con seudónimo para garantizar la imparcialidad del jurado a la hora de leerlo, y tampoco puede faltar un título que invite a la lectura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-13f8b7370315dcd463ccd18cda7de860">Para lo relativo al formato, pedimos que sea entregado en Word, A4, fuente Arial, tamaño 12 interlineado simple. El cuento debe ser inédito, y la participación también sirve como declaración jurada de que el texto enviado es de tu autoría.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d48e945296908b84235023600a9d7ca9">Sacando lo anteriormente explicado, no hay restricciones de edad ni lugar de residencia. Consideramos que cuanto más diversidad haya entre los participantes, más se enriquecerá el concurso. Aún así, podés enviarnos todas las consultas que tengas a lapelotasiemprealdiego@gmail.com o a <a href="https://t.co/jPvHhyKOi5">las redes sociales de La Pelota Siempre Al 10</a>.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/revistas/concurso-de-cuentos-mejor-persona-que-jugador/">Concurso de cuentos: «Mejor persona que jugador»</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/revistas/concurso-de-cuentos-mejor-persona-que-jugador/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Crack</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/crack/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/crack/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Dec 2024 19:46:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol del barrio]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol entre amigos]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=2796</guid>

					<description><![CDATA[<p>No es fácil aceptar la existencia de un milagro sobrenatural. Pero a veces sobre la cancha vemos jugadores que no se pueden explicar.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/crack/">Crack</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Sebastián Pujol (<a href="https://www.instagram.com/seba_del83/">@seba_del83</a>)</strong></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“…vio algo asombroso, algo asombroso… la pelota empezó a rodar hacia el pibe. Sola.&nbsp;La pelota, sola, empezó a seguir al chico.”&nbsp;</p>



<p>Roberto Fontanarrosa.&nbsp;</p>
</blockquote>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-88c14f0fd4884fa8065bc2b04ae3a6d2">Hubiera preferido quedarse callado, irse a su casa y meditarlo con la almohada, no hablarlo con nadie, olvidarlo, pensar que se había equivocado, que no pasó, que no puede pasar, porque esas cosas no suceden y menos a él que siempre alardea de su escepticismo. Pero no tiene manera de escapar. Está obligado a dar una respuesta. El Gordo le apuntó con un dardo envenenado. Un interrogante de esos que acorralan.&nbsp; </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1e54fa836116cd621a7ac7a984af868c">—¿Y a vos qué te pasa? —le lanzó el Gordo a través de las tres mesas que los separan. Lo agarra llevándose a la boca una porción de anchoas. A Bruno se le revuelve el estómago cada vez que se lleva la pizza a la boca y ve trozos de pescado sobre la salsa. Intentaba frenar las náuseas con cerveza cuando Darío Troiano, el Gordo, su amigo de toda la vida, le hizo la pregunta y no le dio otra posibilidad más que responder.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b758baffa71e5930ce24861fa29326d8">—No dijiste una palabra desde que terminó el partido.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cc53e1ef9b93483eaaea597746cb11f9">Bruno se toma unos segundos para acumular la bronca suficiente y responde.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3e34cc4838abda5767ceebf6af6f4162">—¿Ustedes no lo vieron? —dice Bruno, y se manda a la garganta medio vaso de cerveza para sacarse el gusto de las anchoas.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b103672d35966043ac24639f72ddc1b4">Todos se quedan en silencio. Lo vieron, pero no quieren aceptarlo. Quisieran dejar las cosas como están, irse a sus casas, repasar una y otra vez lo sucedido, negar todo y con el tiempo convencerse de que fue un error, un juego sucio de la mente:&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ae0e5b9c8e0c7061c0a6ad7b68b640f2">“A veces la sabiola te juega una mala pasada”, dirían. Pero eso ya no es posible. El Gordo abrió la boca y ya no hay vuelta atrás. El tema está sobre la mesa.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b55c3b68642609121c55c46924063d3e">Habían llegado a la cancha siendo nueve. Invitaron a jugar a un pibe que miraba el césped sintético, apoyado en un poste de luz. Era alto, flaco, vestía unos pantalones viejos y demasiado cortos, una chomba blanca y tenía el pelo largo hasta los hombros.&nbsp; </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7624fbec71c829fe364b909a45d2c745">Se presentó como Leonardo Campodónico. Dijo que había llegado al barrio hacia dos semanas junto a un circo ambulante con el que giraba los 365 días del año alrededor del país y que esa misma noche levantarían la carpa para partir hacia un nuevo destino. El Gordo le dijo que no se preocupara, que se iba a sentir cómodo. “Adentro de la cancha somos nueve payasos”, le dijo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6c3b5774cb008f1df436f2c0a4e97642">El tipo no precalentó. Sacaron del medio y le dieron la pelota, como para probarlo. Estaba bien atrás, cerca de su propia área, sobre la izquierda. La paró y sonrió. Bruno lo vio estirar las comisuras de sus labios con la alegría de un chico y mirar la pelota como si se reencontrara con alguien muy querido. Tenía pinta de no haber jugado al fútbol en su perra vida.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d35aee711f5b5f7b3c27c4727b1436ae">Encaró y dejó a tres tipos en el camino sin esfuerzo, con la mínima cantidad de movimientos posibles. Para probar la zurda, acomodó el cuerpo y le pegó desde mitad de cancha. Pero en el arco estaba el Turco, que es un arquerazo y estaba bien parado. La descolgó del ángulo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-88b4be1c5a8190d9d7228d99e6254209">La bocha quedó picando en la puerta del área. El Turco no da rebotes, pero este tipo alto, con un par de piernas flacas y desgarbadas, le pegó fuerte y esquinado. El rebote fue corto, pero increíblemente el tipo este, Leonardo Capodónico, sin que nadie llegara casi a verlo agarró el rebote y la picó por encima del Turco que seguía en el piso. Después agarró la pelota y la puso debajo del brazo como si cobijara a un amigo querido, alguien a quien no veía hacía mucho tiempo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cca5b21977577077512d2f9f21a55152">¿Qué había pasado? Es una pregunta que nadie se animaba a verbalizar alrededor de la mesa de la pizzería. Mejor usar la boca para entrarle a la pizza. O para pedir una más, ahora sí, de muzzarella.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e392b8f64d9c9849820c2cb9e83a9f17">Gerónimo, que estuvo mirando su celular para hacerse el distraído, toma las riendas. Levanta la botella vacía de cerveza con la mano derecha y le apoya la punta del dedo índice de la zurda sobre el vidrio transpirado. El gesto es inconfundible: “Otra”.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8477070abdf5eb74be2354f5e43f8367">¿Qué había pasado? Después de esa primera jugada Guille preguntó: “Che, pero esperá loco, ¿qué es esto?, ¿qué pasa?”. Se tuvo que callar, intimidado ante el silencio y la perplejidad del resto. Todos lo vieron. Era físicamente imposible que el tipo hubiera llegado al arco tan rápido.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5da28214bf33d210a55c1da181ced6c1">Que fácil sería aceptar que se equivocaron, que sí, que todo fue un espejismo, un error. Pero no lo fue. Continuó pasando cada vez que este tipo flaco y alto la agarraba, y la agarraba mucho. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1f59d0766eb892e7f038846abb98149c">Parecía que la pelota lo buscaba, que iba hacia donde estaba él, que lo reclamaba. Esa pelota de gastados gajos naranjas y negros que el tipo que maneja la cancha llena de arena en la que juegan todos los miércoles les tiró desde el buffet a las 20:45 para que fueran calentando, esa bocha vieja y ovalada lo buscaba a él. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-15dbeb45b34aa47ad5ac37738db46224">Una pelota cualquiera hecha en serie en algún país asiático. Iba hacia él. Demandaba su buen trato. Quería sus pies. Siempre, después de cada rebote y desafiando a las leyes de la naturaleza, caía mansa cerca suyo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-18d1220ca36a34e4fa67e1944fba10ea">Mejor irse a dormir y pensar que nada de eso pasó en realidad. Rajarse a sus casas a meterse en la cama e intentar dormir. Escaparle al insomnio y torrarse sin pensar. Porque el tipo agarraba la pelota en un sector de la cancha y, sin que nadie supiera cómo, un segundo después aparecía cerca del arco, o directamente buscando la bocha en la red.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0a01716bad43a5051e8ecc49abddac53">Ahora no había lugar para hacerse los distraídos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b60024439d2f76be7c5ece764666a05">—Claro que lo vimos —admite Gerónimo, mientras empuja la comida con cerveza.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c6bdb9bad3e663112cb9fe7a9c489d4e">Cruzaron algunos comentarios temerosos y desganados sobre el tema, pagaron y se fueron casi sin saludarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-31607a128dbe37aff6161367896fe308">El miércoles siguiente, después del partido, la primera pizza que piden llega fría y la cerveza caliente. Había empezado a lloviznar mientras se cambiaban para irse de la cancha y llegaron a la pizzería bajo un diluvio torrencial. El local está vacío. Es la primera vez que se sientan adentro.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5b298f5b298fb1ff8a259796f49364f8">—No cuesta nada sacar las telas de araña del techo —se queja Darío, mientras Gerónimo intenta mirar sin éxito hacia la calle a través de los vidrios sucios y empañados.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-24eaa3a70e66b5cacd8dd1ba6de1ef9f">&nbsp; —Qué difícil se nos está haciendo conseguir armar los equipos —dice Bruno— Terminamos siempre metiendo a jugar al primero que se nos cruza.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-55ae376e30a857b2237acb591e6fc65f">&nbsp; Por unos segundos solo se escuchan algunos ruidos que llegan desde la cocina. Todos piensan en lo mismo. Bruno está seguro de que la cabeza de todos se está remontando a lo que pasó al comienzo del partido que terminaron de jugar.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3214a295ec638245c1488e9fc2488bda">&nbsp; Habían llegado temprano y terminaron de cambiarse rápido. Entraron a calentar mientras los equipos del partido anterior todavía no abandonaban la cancha. Había estado nublado todo el día y tenían miedo de que se largue a llover y no llegar ni a tocar una pelota.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ad00e48ad40eb18a27e57b8758546d71">&nbsp; —Falta uno —avisó Bruno.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a0f56c0ee346fb545da6974565ebc8a8">&nbsp; —El Turco ya dijo que no viene —gritó Darío desde un córner.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-82364605d7228e6b3958cb611a196646">&nbsp; —¿Qué hacemos?&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7bbb38c289f3a38429cf7065577cac99">&nbsp; La mirada de todos se dirigió hacia el poste donde había estado apoyado Leonardo Campodónico el miércoles anterior. Desde allí, nuevamente alguien los miraba precalentar. Era un muchacho panzón, de unos cuarenta años. Llevaba unos botines naranjas, pantalón y remera de Boca. Aceptó la invitación a jugar.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-59e8fc9249196b3807a97a12f2f5b6e0">&nbsp; Como cada miércoles, Darío y Bruno armaron los equipos. No sabían dónde poner al desconocido. Después de las demoras habituales sacaron del medio. Guille recibió en la puerta del área y se la dió al muchacho que tapó el agujero, que equiparó los equipos y esperaba la pelota bien atrás, cerca de su propia área, sobre la izquierda.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fb0b3e142d26fab8ca21314fad1abf02">Todos contuvieron la respiración, alertas. Esperaban el milagro una vez más. El suspenso duró un segundo. Quiso pararla y la pelota le rebotó con fuerza en el pie.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-994e2b21264208396575b4319cd75183">&nbsp; El delantero rival, que había salido a presionar, le pegó como vino y la mandó a guardar.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9a99c69cc1cce85e43effa0ed9b1faa7">&nbsp; —Que malo que era, mamita querida —dice Gerónimo, mientras pide otro combo de pizza y cerveza.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-51ee341b73e64a50a19e3127445f51fb">&nbsp; Bruno llena su vaso con lo que queda en la botella.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-33c3de17a55395f8d3ed595f8221f5fa">&nbsp; —Como Leonardo Campodónico no hay dos.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1000" height="600" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Crack-2.jpeg" alt="" class="wp-image-2801" style="width:658px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Crack-2.jpeg 1000w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Crack-2-300x180.jpeg 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Crack-2-768x461.jpeg 768w" sizes="auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/crack/">Crack</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/crack/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Cábalas</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cabalas/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cabalas/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Dec 2024 21:49:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Ascenso]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=2787</guid>

					<description><![CDATA[<p>¿Cuántas cosas puede hacer un hincha para que su equipo gane un partido clave? Algunas veces, es necesario ir hasta las últimas consecuencias.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cabalas/">Cábalas</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Federico Rodríguez (<a href="https://x.com/federodr">@federodr</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4a54ac8ff51c8c358cb629c0d2947327">Mi mejor amigo está destruido. Ayer su novia de toda la vida se casó con otro. Habían salido desde los 16 y estuvieron más de diez años juntos. Hace dos, cortaron. Lo que mi amigo no sabe es que se separaron por culpa mía. Y por algo que hice a propósito.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d8340cd23bb1ddd0feb5f912440a848d">No me enorgullezco, pero con el diario del lunes es fácil opinar. Si él hubiera sabido lo que descubrí de ella, supongo que habría hecho lo mismo. Pero, ¿para qué contárselo? ¿Hay que decir la verdad a cualquier costo? Creo que, a veces, es mejor no saber.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3218a11c63088992f2232635b79ebd6f">Aquel día fuimos a tomar una cerveza con Lucas. Dimos un par de vueltas en torno a temas intrascendentes y de golpe largó:&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c658f27c5e93aecc6efa608e5527d33e">—Ana me pidió un tiempo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c72ce8d53242c392b9957c81e65b85c3">Me lo dijo sin mirarme, como avergonzado, con los ojos fijos en su cerveza y pasando el dedo por la transpiración del vaso. Me quedé de piedra. Era difícil imaginarlos separados: parecía que ya venían así de fábrica.&nbsp;Le dije que la cercanía de los 30 traía crisis jodidas y que era normal que ella pudiera tener dudas. Hizo un gesto vago, no sé si para aprobar mi reflexión o considerarla una poronga, y decidí que era mejor cambiar de tema.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5db5a88d6345bab15695ea93fd445c6d">—El sábado podrías volver a la cancha con nosotros, entonces.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6fdd96cd4f1148db1e3734f023d4a100">—Meh —contestó, sin mucho interés—.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0ed8e0385c428dbe8508b473070d311c">—Dale. Como antes, a alentar con Pachi y conmigo. Hace mil que no venís.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9f9856e9727cc77d4e9e0fd09d812710">Sabía que esa acusación siempre lo hacía calentar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2d765362d9a72d38573df4369de34a4a">—No seas pelotudo, fui hace poco y perdimos 3 a 0.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6e1cc1226b225f70e14bfa016d57e5c5">—El equipo es un asco, pero hay que bancar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-896e2fff18edb453c84b955d18f8d310">Lucas había empezado a salir con Ana en septiembre de 2009 y, a los dos meses, descendimos después de 60 años. Él siempre dijo –espero que más en joda que en serio- que haber estado enamorado lo salvó de suicidarse por culpa de lo que llamaba «esos once hijos de mil putas».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ddbfa9e708e3d3493b7fa284921d5718">Ni en la pesadilla más trastornada temimos volver a descender. No éramos Boca o River, pero salimos campeones varias veces y peleábamos los primeros puestos. Por eso creímos que ascenderíamos al año siguiente, no que pasaríamos una década sufriendo hasta con un combinado de PAMI.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cb05dd5f019dcaafa07aa9640d5d8848">Con Pachi le insistimos a Lucas y nos prometió ir la próxima vez que tocara de local. Pero la verdad, lo veíamos mal. Fumaba mucho y se tomaba un vino casi todos los días. Había dejado de hacer chistes, estaba más flaco y cada tanto perdía su mirada en cualquier punto fijo. Para que nos escuchara teníamos que chasquearle los dedos frente a sus ojos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-225b148d141094bb89e096ea21b17232">—Lo que no entiendo —nos decía a veces, de la nada, y se apretaba la sien, como si eso lo ayudara a comprender—. Es por qué. Si hasta ayer estaba todo bien, ¿qué cambió?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-39a010986673c528dbb9fd7ae5c13444">—Yo creo… —arrancó Pachi y, conociendo su sensibilidad, temí lo peor— que se debe estar cogiendo a otro.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dad85b9158270586da5b115469f14d20">Volvimos a la cancha los tres por primera vez en muchísimo tiempo. El equipo estaba en plena remontada: cuatro partidos sin perder. Desde las tribunas se palpaba un despertar futbolístico. Un mes atrás veníamos tan mal que por poco festejábamos los laterales ofensivos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3ba15fe6a663b426ad82bcb94d42a861">Lucas estaba en el tablón de abajo: me le trepé encima cuando metimos el primero, y casi me lo transo cuando hicimos el segundo. Cuando lo pusieron 1-2 empecé a sufrir. Y cuando vi, por encima de su hombro, que después de dos meses le llegaba un mensaje de Ana, también. Era corto, directo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b1640508523f94b8e0905b4800d2e5ee">—Te extraño.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-535c2b5e6c41b1374244b543b00f0020">Cuando levanté la cabeza, los rivales tiraron un centro asqueroso, nuestro arquero salió como el culo y un forro de mierda la clavó en el ángulo. 2 a 2 sobre la hora. Todos nos fuimos con cara de orto. Todos menos Lucas, que no hablaba y sonreía. En el bondi lo pinché.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-28232fff49e88327a585c956d16f65fd">—¿Novedades de Ana?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f8ab20b91416a0d826ee427016a8f6eb">—Nada —empezó a mentir, pero se frenó—. Hoy me mandó un mensaje, bah. Va y viene, está indecisa, no sé.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-917efa1d3d9ccc6469b4aa17cfb6770a">—¿No aprovechaste para coger con alguna otra? —preguntó Pachi, que tenía el tacto de una hoja de lija grano 80.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b5c75b571232252dff8c4b3db32c974">No ahondamos más en el asunto. Yo me fui pensando que, pese a todo, llevábamos seis sin perder y estábamos novenos. Lucas se fue pensando en Ana. Pachi se fue pensando en si habría sobrado alguna milanesa en la heladera.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-faf9eeef4918017650c89abaa032e6fc">El viernes nos juntamos en lo de Pachi a ver el partido. Llevé la misma ropa interior que había usado los últimos dos meses cada vez que jugábamos, porque el equipo nos empezaba a ilusionar y no era cosa de andar especulando con si las cábalas eran al pedo o no.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3a455d529c2199fcc96ece3c64775f3f">Cábalas… Mentiría si dijese que les doy mucha importancia. Y mentiría si afirmara que no. ¿Cómo puede influir en el rendimiento del Real Madrid que alguno de los 180 millones de hinchas que tiene en el mundo cuelgue mal un cuadrito, por ejemplo? Y, ante la duda, mejor torcerlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f286769679832e2e164e2cfb2dc69c6b">La cuestión es que jugamos pésimo todo el primer tiempo y nos fuimos al descanso perdiendo 1 a 0. Lucas no se enteró: estuvo los 45 minutos mirando el celular y sonriendo, lobotomizado. Parecía que se había enterado de que ganó el Quini en el medio de un velorio. Me paré, me acerqué a Lucas y vi que sí, hablaba con Ana, obvio.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a53d35ba0e215f964f045e4668c56ff6">No lo pudimos remontar. Volvimos a jugar como en las peores épocas. Jugadores daltónicos, erráticos, con problemas de motricidad fina, torpes, desganados, apáticos, mercenarios conchudos. Encima, el sexto ganó y se nos alejó la ilusión de trepar a los puestos de ascenso.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2a577f488cc2e40200e6a57e8ebdaecc">El día de la primavera fuimos a mamarnos a un bar. Lucas estaba un poco apagado, incómodo. Hasta que lo dijo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f1bd1db8b7f8fce7ace2fbc0905da6b2">—Se terminó, amigos. Cortamos con Ana. Ya está. Es definitivo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-26caf966c964c9f502632abbf24117b9">—¿Qué pasó? —preguntó Pachi, que ojalá la hubiera cortado ahí— Debe estar garchando con medio mundo, ¿no?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e5b40431e8d6508460f1d551605a2f50">El otro contestó en piloto automático.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-640966526d58faab00705b294db22085">—No sé. Últimamente venía todo bien. Pero el otro día me tiró que yo le había puesto un like a una mina, que era amiga de ella, que era medio modelito, qué se yo… Estaba desquiciada. Yo ni me di cuenta. ¿Puedo ser tan boludo?&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-109adc9a5b7dc6b7ea86975869b89ca5">Fuimos a su casa a ayudarlo a embalar chucherías de su relación con Ana. Quería deshacerse de todo: según él, no tenía rencor, pero tampoco ganas de recordar por asalto. En un momento tomó un sobre, sacó la invitación que había dentro y me la tiró, con una sonrisa.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d594d86f6caf1e853de9da98f5bdfb6d">—¿Te suena?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a4794905034c62ca7da2d708f4c7c2fb">Me reí. Era una tarjeta que me habían pedido para su compromiso. Las caras de Ana y Lucas se mostraban felices, encastradas con photoshop rudimentario en los cuerpos de dos musculosos guardavidas de la costa este de Estados Unidos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-31cbc2e0a9ee51c3aa02c93d6c44af71">—Ja. Ahora edito un poco mejor.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-08fc942f1608ea8b2268210499c04e72">Los días que siguieron fueron felices. Clima primaveral, vino en las plazas. Volvimos a tener 16 años, a ser solteros, aunque ahora con canas, panza y dolor de ciático. Y lo mejor: quedaban pocas fechas y teníamos muchas posibilidades de volver a Primera, al fin y para siempre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7e62a6089f43b2b7d6165e048842c25b">En nuestro veranito, no obstante, cada tanto aparecían algunos nubarrones. Y coincidían con las sonrisas de Lucas y los mensajitos intermitentes de Ana. Al parecer, no era tan definitivo. Increíblemente, fue Pachi el que me hizo notar algo que cambiaría el curso de las cosas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7714d3595374e7043afa4a9a089ff22c">—Pachi, ¿dónde puedo cargar el celu? —preguntó Lucas en un entretiempo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-898934ec48290be685486088dc088278">—Ahí —contestó el otro—. Ojo que la última vez que lo cargaste perdimos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5167ce18933ed7db05cfc3d2d359f805">—Callate… La otra vez empatamos y no lo cargué.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-94aeb612c11d49f7f85606f809d65580">Esa situación tan al pasar, en apariencia tan intrascendente, a mí me trastocó la cabeza. Empecé a hacer memoria. Repasé datos en Google, estadísticas, fechas, incidencias de los partidos. No fallaba: cada vez que Ana revoloteaba cerca, se nos escapaban puntos decisivos. No quería creerlo, no quería que el sesgo de las cábalas nublara mi razón, pero ¿qué otra explicación había?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3471445b78b88a587281d6e4e635846a">«Si no me ponía a salir con Ana dos meses antes del descenso, me mataba». «Dos meses antes…». La frase de Lucas me venía una y otra vez a la cabeza, como un <em>puching ball</em>. Recobré la tranquilidad transitoria el domingo: ganamos 1 a 0 de puro ojete y quedamos a un triunfo de ascender por primera vez en diez años –el mismo tiempo que habían salido Ana y Lucas, pensé-. La euforia, el milagro, el llanto de felicidad estaban a tres puntos de distancia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-865169186afca444452ecae8b7a68e2e">La semana previa a esa final fue un suplicio. El viernes a la noche, Lucas mandó un WhatsApp al grupo: «Mañana ceno con Ana. Parece que volvemos», y algunas caritas felices. El imbécil de Pachi contestó con un emoji de aplausos, un fueguito y una berenjena. Yo, directamente, lo llamé.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-42242cfa90ea800df9238a245d811eaa">—¿Estás loco, boludo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f2882232a2c6c3574f0a4c188875b8e6">Creo que ni entendió lo que le dije. No podía ver ni escuchar más allá de su propia felicidad.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fc2ea3994e6c69357c9dc0a46c2d868">—No seas pajero —insistí—. ¿La noche anterior al partido? Vas a estar nervioso. No se te va a parar. Haceme caso, juntate después de la final.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ec550921eb543665320b9553acb2d13f">—Ni loco, papá. Esperé esto todo el año.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4d4a5e45357d38c25d516aa89b386a3a">Aquel sábado estuve muy alterado. Recordé mi infancia, las idas a la cancha con mi viejo. Las épocas de gloria, las vueltas olímpicas. Pensé en la última década: jugando en canchas de mierda, incubando un cáncer por partido cada vez que esos once muertos nos enfermaban la sangre. Pensé en Ana y Lucas. En sus años juntos, coincidentes con nuestra malaria… Y tuve una idea.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-501cd7425379ae91429fd98933ac5d3e">Tomé aire. Dudé. Exhalé. Me decidí. Faltaba un día para el partido. Había tiempo. Anoté un número de mi agenda de contactos y salí al kiosco. Después me pasé el día frente a la compu.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f240d3c6ff2806b4e721ae2d063d3f2f">A la una de la mañana me llamó Lucas. Lloraba. Se lo escuchaba detonado y borracho. Hasta que por fin lograba tragarlos, se ahogaba con sus propios mocos. Repetía todo dos veces.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-53c96a3115cc6f10df582095abcc1f68">—No sé qué pasó. No sé qué pasó. Venía todo bien. Venía todo bien. No entiendo nada. No entiendo. ¡Te juro que ese no era yo, ese no era yo!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0c63a5c3eb18b159f2e1429f4030552b">Por fin me lo contó. Todo marchaba bien hasta que a ella le llegó un mensaje. Temblando, le mostró el teléfono desde el otro lado de la mesa: un número desconocido le había mandado una foto donde el mismísimo Lucas besaba a su mejor amiga en el cuello, contra la barra de un bar. Le gritó que era un sorete y le garantizó que no se lo iba a perdonar nunca en la vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-11d589c7e31069bb69cd0b9b4967e426">Me costó mucho calmarlo. Traté de distraerlo recordándole que el día siguiente iba a ser histórico para el equipo del que éramos hinchas desde chiquitos, y lo convencí de que viniera a ver la final. Mientras hablaba con él, eliminé el proyecto de Photoshop y tiré un chip en el inodoro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4c28a254971aeb052fc44ea09442c21b">En cuanto a lo que pasó el domingo… Todavía no puedo hablar de ese 5 a 1 en contra sin que se me llenen los ojos de lágrimas. Se me hace una pelota en la garganta. Los que venían atrás ganaron, nos pasaron en la tabla y nos dejaron sin ascenso ni un carajo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c56024c72d61d3eaf24a11428cd25827">De Ana no supimos más nada, hasta ayer: una amiga en común la etiquetó en una foto en la puerta de un Registro Civil, mostrando una libreta roja, con una sonrisa enorme y el pelo ondulado cubierto de granos de arroz.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-10-1024x683.png" alt="" class="wp-image-2791" style="width:526px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-10-1024x683.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-10-300x200.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-10-768x512.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/image-10.png 1200w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><em>Este artículo fue originalmente publicado en <a href="https://eltercercajon.com/2021/09/23/cabalas/">https://eltercercajon.com/2021/09/23/cabalas/</a></em></p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cabalas/">Cábalas</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cabalas/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>1</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>De la cuna al cajón</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/de-la-cuna-al-cajon/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/de-la-cuna-al-cajon/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 30 Jul 2024 20:17:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchadas]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=2491</guid>

					<description><![CDATA[<p>La última voluntad de un hincha debe ser respetada... por las buenas o por las malas</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/de-la-cuna-al-cajon/">De la cuna al cajón</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Toni (<a href="https://twitter.com/ToniDibujante">@ToniDibujante</a>)</strong></p>



<p>Jorgito corrió hacia la esquina donde se juntaba con los pibes. Las piernas no le daban más, pero la trágica noticia que llevaba encima no le dio respiro. Traía consigo el diario de la tarde y a juzgar por su color pálido parecía que había visto un fantasma. Cuando por fin llegó, puso sus manos sobre las rodillas en clara señal de cansancio.</p>



<p>—Se murió el Cabezón —dijo por fin Jorgito mientras le brotaban las lágrimas.</p>



<p>— ¿¡Qué!? —Respondieron a coro los pibes.</p>



<p>—Le pegó… un bobazo…</p>



<p>— ¡Pero el Esteban tiene 27 años! —gritó el Gordo.</p>



<p>—Acá tenés el aviso fúnebre, mirá si voy a joder con una cosa así, pelotudo —le espetó Jorgito mientras señalaba una necrológica en el diario.</p>



<p>“Esteban Rapetti partiste hoy. Siendo tan joven te nos fuiste al cielo. Te extrañaremos. Tu familia” decía el texto debajo de una cruz. El Gordo tiró el diario y se agarró la cabeza. El Ruso se sentó en el cordón, otros como Seba y Fede quedaron en silencio. Juan se puso la mano a la altura de la boca y se largó a llorar.</p>



<p>—Pero pará un poco, ¿cómo sabemos que es el Cabeza? —el Gordo se resistía a creer lo de Esteban.</p>



<p>—Lo llamé al celular, no atiende, da apagado… no sé. Además vengo de la casa, está lleno de gente llorando, muchos vecinos… no me animé a más.</p>



<p>— ¿¡Fuiste hasta la casa!? —se sorprendió Juan.</p>



<p>—Tenía que confirmar, hice de tripas corazón y me mandé. Ojo, solo miré, desde la vereda de enfrente, no voy a ser tan pelotudo de meterme ahí cuando en esa familia no nos juna nadie y más en un momento así.</p>



<p>Este aborrecimiento de la familia de Esteban a sus amigos provenía por una cuestión netamente futbolistica. Los Rapetti siempre estuvieron vinculados a la vida social de Newell’s. Pero por esas cuestiones de la vida, el Cabezón se había hecho fanático de Rosario Central desde pequeño. No hubo oferta ni amenaza familiar que lo convenciera de lo contrario.</p>



<p>La familia no tuvo más remedio que aceptar esa elección. Eso sí, lo que no aceptaba era la relación con sus amigos, una banda de vagos sin oficio ni beneficio. Fue en el cumpleaños del abuelo Cholo, allá por 2008, cuando se armó la podrida. El Cabezón había ido al cumple del<em> nonno</em> con los amigos canallas y fue como una olla a presión. No tardaron mucho en trenzarse a golpes con unos primos y tíos leprosos que empezaron a cantar canciones de cancha. Ahora ni siquiera podían llamar a la casa.</p>



<p>—Como mierda vamos a hacer para despedirnos, boludo —dijo con desazón Sebas.</p>



<p>—Yo iría igual, viejo. No creo que sean tan chotos de impedirnos entrar al velatorio de un amigo —terció el Gordo.</p>



<p>—Son chotos, hermano… son chotos. Olvidate.</p>



<p>—A mí me preocupa que no le vamos a poder cumplir la última voluntad al Esteban —dijo en tono preocupado Jorgito.</p>



<p>—Ustedes están en pedo, en primer lugar como carajo hacemos para meter un ataúd en una tribuna, más en medio de un partido —se indignaba Juan—. Seamos realistas, no podemos y si queremos hacerlo primero nos caga a tiros la familia y después la policía cuando queramos entrar el ataúd a la cancha. Es imposible.</p>



<p>—El Cabezón es un hermano. Yo daría la vida por cumplir su sueño—se rebelaba Jorgito.</p>



<p>—Yo también, loco. Hay que hacerlo&nbsp; —se sumaba el Gordo.</p>



<p>Un silencio quedó flotando en el aire, como si esa falta de palabras fuese un compromiso asumido.</p>



<p>Esteban y sus amigos tenían un pacto. En 2011 un hincha del Cúcuta, que había sido asesinado el día anterior,&nbsp; había tenido su “última visita” a la cancha en pleno partido. Con el cajón en andas los hinchas irrumpieron en pleno partido para que el difunto hincha tuviese un velatorio acorde a sus ideales. Los pibes se juraron que el día de la muerte de alguno de ellos, iban a hacer lo mismo. Nunca pensaron que eso iba a ocurrir tan pronto.</p>



<p>—Bueno. ¿Cómo mierda hacemos? —se plegó al compromiso Juan— ¿Vamos hasta la casa le decimos que por favor nos presten el ataúd con Esteban para llevarlo a la cancha y volvemos? Nos van a sacar a tiros boludo…</p>



<p>— ¿Y si robamos el ataúd?</p>



<p>— ¿Qué mierda fumaste pelotudo? —lo paró en seco Juan.</p>



<p>—Las casas velatorio ahora cierran a la medianoche por la inseguridad —empezó a maquinar Jorgito—, ahí podemos entrar. Forzamos una puerta, sacamos el féretro y nos mandamos para la cancha bien temprano, cuando la barra mete los trapos y eso…</p>



<p>—Estás completamente en pedo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p>—Buenos días, soy el sargento Roberto Esqueda de la policía científica. Recibimos una denuncia sobre el fallecimiento de Esteban Rapetti y tenemos que llevarnos el ataúd con los restos del causante a la morgue judicial.</p>



<p>—En este momento no se encuentra ningún familiar en la sala, son las seis de la mañana y hasta las siete está cerrado el lugar.</p>



<p>—Tenemos una orden judicial.</p>



<p>—Un momentito por favor —respondieron por el portero eléctrico. Al cabo de unos minutos abrió la puerta un hombre flaco de bigotes entrado en años. Intercambió un saludo frío con el sargento, se interiorizó de la orden judicial, constató su legalidad y por fin hizo pasar a los oficiales al hall.</p>



<p>—Bien, está todo en orden —dijo el de la funeraria—, ahora llamo a personal de la cochería para que los ayude a cargar el féretro.&nbsp;</p>



<p>Lo que siguió fue un papeleo, firmas, algún testigo que pasaba por allí. Al cabo de media hora cargaron el ataúd a la camioneta de la policía científica. El móvil hizo un par de cuadras y doblar por una cortada y se detuvo frente a unos muchachos que estaban como esperando a la camioneta. El sargento, que iba del lado del acompañante, bajó la ventanilla. Uno de los jóvenes se acercó hasta él.</p>



<p>—Juli, ya tenemos a tu amigo a bordo —dijo mientras se prendía un cigarrillo—, tuvieron suerte, la denuncia que hicieron por muerte dudosa tuvo eco. La fiscalía nos mandó a recoger al causante y acá lo llevamos a la morgue judicial.</p>



<p>—Gracias tío, no sabes el favor enorme que te vamos a deber —dijo el Gordo al borde de las lágrimas.</p>



<p>—Mira Julito, te voy a ser sincero. Con esto me juego el puesto, pero lo hago por nosotros para que esos pingüinos malparidos no impidan cumplir el sueño de uno de nosotros —dijo el sargento, ya abajo del móvil—. Ahora me lo llevo para la morgue, a eso de las tres, cuando falte poco para el partido lo llevo hasta la cancha. Voy a poner la chata en la calle, por detrás de la tribuna y de ahí no se mueve. No va a estar adentro de la cancha pero de la camioneta no lo podemos sacar.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p>La camioneta se había estacionado ya. Faltaba muy poco para que el partido comience, pero los muchachos habían ido tempranito a esperarla. Tenían preparada una bandera que decía: “Por siempre Cabezón”. Los pibes rodearon la camioneta y se pusieron a llorar. Seba se largó a cantar y los otros lo siguieron. No se querían mover de ahí.</p>



<p>—Vayan a ver el partido. Eso es lo que hubiese querido su amigo, no se van a quedar acá —les dijo el sargento—. Ustedes ya cumplieron.</p>



<p>Entraron a la cancha llorando y cantando. Cuando entraron había mucho silencio, eso los impactó aún más. Pero era porque justo Banfield había metido el primer gol, el uno a cero. A los pibes no les importaba el resultado, aunque si querían ganar así su amigo se iba para el cielo con una victoria del Canalla. Y llegó el empate.</p>



<p>Seguramente Esteban estaría ahí, contento, celebrando el gol, llevándose consigo un grito eterno de gol. Lo vieron a apenas unos metros, sonriendo y levantando una mano hacia donde estaban ellos. El Cabezón estaba ahí.</p>



<p>— ¿Cómo andan muchachos? Llegué tarde, no saben lo que me pasó —les dijo mientras se acercaba.</p>



<p>El Gordo empalideció. Los otros se quedaron mirándolo atónitos, como tratando de entender semejante milagro.</p>



<p>— ¿Che, qué carajo les pasa?</p>



<p>—Pero vos… vos… ¡Acá! —tartamudeó Seba.</p>



<p>—Sí, yo acá. En realidad no iba a venir, ¡no saben la que me pasó! Ayer se murió mi tío Esteban, un bobazo fulminante. Con todo el quilombo no pude avisarles, encima no encuentro mi celular, un garronazo. Supuestamente hoy era el entierro, pero no sé qué mierda pasó y la policía se llevó el cuerpo. Aproveché que no había entierro y vine. ¿Qué carajo te pasa, Gordo? ¿Viste un muerto?</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/de-la-cuna-al-cajon/">De la cuna al cajón</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/de-la-cuna-al-cajon/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>A la memoria de Héctor</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/a-la-memoria-de-hector/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/a-la-memoria-de-hector/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Jul 2024 03:50:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=2462</guid>

					<description><![CDATA[<p>¿Cuánto estamos dispuestos a poner en juego ante la tragedia de no poder juntar suficientes jugadores para un partido?</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/a-la-memoria-de-hector/">A la memoria de Héctor</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Federico Rodríguez (<a href="https://x.com/federodr">@federodr</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c6cd9b0097762a5dcfd25a04ae640c4a">Damián, uno de los convocados, me escribió el sábado a las 17 para avisarme que se bajaba. Para poder completar el fulbito necesitábamos, entonces, dos más. Y faltaban solo dos horas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-82fbe8943c182e7e5655347542d1a8e6">—¿Y Tate? —me sugirió Augu, con su humor negro habitual. A Tate se le había muerto el padre esa misma mañana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c69d8c5a5739cbdacf17be40265f5caa">No le di bola y le pregunté si no se le ocurría nadie más para sumar. Respondió que no, y no me podía enojar con él porque ya había conseguido a dos. Era el único de los potenciales diez que había movido el culo para jugar. El otro, claro, era yo. El boludo de siempre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0fd3f07cc7c25bcb23cadbea98591c05">A esta altura no puedo aceptar que se sume cualquier imbécil. Como organizador habitual, me niego a muerte. Después de los 30, ya no estoy para soportar a un cancherito que venga a romper con los códigos y las mañas de la barra histórica. Ya lo resumió Dolina: mejor perder con amigos que ganar con indeseables. Pero yo ya había pagado la seña de la cancha, como el iluso que soy.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bdedac113a147406ee47e2cccc6b14cc">Mandé un mensaje al grupo y les pedí que activaran. Que me hinchaba las pelotas pasar medio fin de semana reclutando jugadores para que todos los demás solamente tuvieran que cambiarse e ir a la cancha. Empezaron a ofrecer opciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5127b8c60d6f4f8754eda9161298b155">—Le digo a Jerito —ofreció Pancho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e1e6da28ad0013ac132553e4598cb371">—¿El pendejito soberbio pelotudo ese? Ni en pedo —lo corté.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8cccc73f5efc0a38f4cc20a6763ca6b9">—¿Gonza? —sugirió Toro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-07cd2a9a64eb18e9c7a18ab6cbc0016e">—Siempre llega tarde y nos cagó dos veces. Nunca más.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-13372086ba273b94da52d2aee103726a">—¿Pineda?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fef68cc8f20a3be9b69d5c055dd11020">—¿Pineda, el gordito? Puede ser —evalué.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-299a051fdc3de5e20bdb5d7d7418deb8">—Yo con Pineda no juego —escribió otro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-98181696cd8d6eac64ed0b744380f461">—Tranca, arreglamos allá —puso Mopa, cuya existencia transcurría en estado canábico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a283bbc408c198e6604428dfe710ed6b">—No podemos andar tirando mensajitos en el velorio —advertí, aunque estaba claro que así tendría que ser.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cf5dea63b1d8b347e32c8858d55cf867">Porque no teníamos dos horas enteras para buscar a los jugadores faltantes. Antes teníamos que pasar por el velorio del padre de Tate. Tate, vale aclarar, era un tipazo, pero no era uno de los integrantes habituales de la barra. De hecho, hacía dos o tres años que no lo veíamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-78e38716e55cf9f83dab3e0e10fd2fa7">Originalmente, Tate sí era parte del grupo de amigos y uno de los miembros fundacionales, pero las circunstancias de la vida —la facultad primero, un trabajo en el exterior después, comerse a la ex del Ñoqui más tarde— lo habían alejado poco a poco. Pasó, en muy pocos años, de ser el mejor anfitrión de torneos de Play 2 a evaporarse de la vida de casi todos. Hasta se sorprendió cuando nos vio llegar a la casa velatoria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d70b559943f76a2913350df542989434">Aunque no tenía por qué ofenderse por nuestros planes post condolencias, intentamos guardar las formas. Salvo Mopa, claro, que se persignó junto al cadáver vistiendo jeans y unos botines Adidas naranja flúor. Tate se mostró muy conmovido por nuestra visita. Se lo notaba golpeado: al parecer el infarto de Héctor había sido un mazazo inesperado para toda la familia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e850c670c48b033cec1bee5c81e063d4">Recordamos aquellos torneos en la casa de Tate, y cómo Héctor hacía la vista gorda con el alcohol y otras sustancias, mientras se preocupaba porque tuviéramos un rato entretenido y a gusto. Concluimos, en voz alta y para reconfortar a Tate, que Héctor había sido un gran tipo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4c860d59c4d8c8b1a86ce5460b5d63cc">Estábamos en ronda en la puerta de la funeraria cuando Mopa, tan boludo como siempre, gritó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e1329eca40c18f132cd92445dcaec53e">—¡Pineda puede!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-528c61723a862579cbca9831ad2e362a">—Que esté puntual —amenazó Augusto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1b89b884b82bb74d27959ac4361dc3e7">Sentí vergüenza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-41c4d9618d04b4e4a45966e195a39a29">—¿Juegan? —preguntó. Contestamos que sí, que en Predio Sur, a tres cuadras nomás.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-17fc6916132d2eca43d99b44502d992a">Eran las 17:40 y faltaba un jugador. Pineda no era la opción ideal, pero había que llegar a los diez como fuera. Un fútbol 5 con ocho jugadores es un fiasco, pero uno con nueve lo arruina por completo. Para resolverlo en silencio, mandé un mensaje al grupo:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cbd8000e942963f637dd50c27d2b397b">—Díganle a cualquiera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-baf80cf3c134488276484901483e4ff8">Chequeamos los celulares con el mayor disimulo posible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-39612a9b4eb23b41e3695eb9f9e77132">—Jerito no puede.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f1ca9d5673585b1936a8f75c25879ab7">—Gonza tampoco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a817934731a36cbb70e5081ff4d259ce">—Pablo viajó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-26b9f99b397bd3b5a44a0b10c7a21361">A las 18:30 nos acercamos a saludar a Norma. No se había movido de al lado de su marido, que estaba amarillento y frío, con un gesto apacible en el rostro. Ella nos agradeció y lloró. Tate la consoló y nos despidió. Todo el grupo enfiló hacia la puerta. Yo me retrasé. Me quedé un poco más junto a Tate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-42d0705aefdf7bad2db1acc1f0104363">—Qué bronca, loco. De verdad que lo siento mucho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-22b936c1234030df0f8363d4d47e6f63">—Gracias, Fede —me respondió Tate—. Qué va’ser. Son cosas que pasan.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-202516c539b22c3d1adf8f4e35c8616b">—No sé ni qué decir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9876b9eb8b4c102d7af3187e66e643a7">Él suspiró, como resignado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-87df99b961b26fe9e673191cb991ddb1">—A veces no hay nada para decir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0b5a19fb3d62f571c6239c89b026587f">—Supongo —coincidí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f3d8a0cb94bf5a9176aab2eb5b9d88a2">Tragué saliva. No sabía si estaba bien o estaba mal, pero me sorprendí al escucharme mentir:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-07aefdb87d005193e72d1ee037e0237f">—No me olvido más de una vez que nos quedamos charlando en el patio. Él y yo, en una de las juntadas de Play en tu casa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-debb281d4d6e489b2aef03b4300a6258">Tate no habló. Siguió mirando el cuerpo de su padre. Pero sentí que me escuchaba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2cd60e745b2bfaee37ca5e92a9c94a82">—Me dijo que lo volvía loco de felicidad verte disfrutar con nosotros, con amigos, de las juntadas y el fútbol.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66f17957d264ba5132c0f044525c4f69">Él frunció un poco las cejas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-983c965ee8428440e7765b8e98d00b25">—Je, qué loco. No era muy expresivo con el fútbol. Le gustaba, supongo; veíamos los partidos del Rojo y de Argentina, pero no le ponía muchas ganas. Nunca me llevó a la cancha, por ejemplo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-29ff89bd9df61e66d4cfcece90cff294">Chasqueé la lengua.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ac9a58913fab01c50da5d78b9c041338">—Y, no, boludo no era. No quería que pensaras que era un básico. Pero a él le encantaba que te gustara el fútbol. Me lo confesó esa vez. Tenía un poco de miedo de que te volcaras mucho para ahí y no le dieras bola a los estudios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e75aff01af10d0256b3516c0813e15f2">Ahora Tate me miraba, pero yo no lo miraba a él. No podía dilucidar si desconfiaba de lo que le decía o si, en algún rincón suyo, creía que lo que le contaba era verosímil.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-07bd3400d823742509bd9f14c2527ad7">—Nah… No dijo eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1ab051dfd25bbdcf295c5f7de3f8f0d0">—Posta —ignoré la culpa—. La vez que vio lo del Mopa y Pluma en el quincho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66c33daed3894b7972fec4b209b8f17e">Había sido un recuerdo muy fácil de llevar a Tate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c022dfe0ae8b31ff920dd58199358701">—Casi los mata, ¿te acordás? —se rió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-192469782107a09b8648464de0e68538">—Y, éramos pibes —lo justifiqué—. Y la mentalidad no era la de hoy. Bueno, esa noche hablamos en el patio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8a0d5c3a723bef56aacb77da7710dc98">Tenía, de pronto, la atención plena de Tate. Y sospechaba que Norma, su madre, también escuchaba de refilón. Hablé más bajo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-64cee15c5213ab37cdebfe8a9da4c243">—Fue un lindo momento. Ahí me dijo: «Qué tranquilo me deja saber que a Julián le gusta el fútbol».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-951cae94a95c1ce12c97161c38f3ad41">Se le quebró la voz.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b1fb3e09ae071c220ab3c21f781fe3ea">—¿Papá te dijo eso?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d91569c31d7378de3bf4dc1d5fc8452e">Carraspeé y contesté lo más convincente que pude.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-280d0d7bd6b00f87a27c1ce7927ca73f">—Te juro. «Y que disfrute de un deporte sano con sus amigos, que se divierta. ¿A qué padre no le enorgullece que su hijo juegue a la pelota?».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1c8a43949b8da37680872d914eeb0dd6">Dejé de hablar porque Norma me miraba, y no podía descifrar si expresaba curiosidad o descrédito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-aa334f864b93c37a9d0f67b04a154e22">—Pero bueno, querido. Rajo porque jugamos en media hora. Encima nos falta uno, vamos a tener que pedirle a alguno de por ahí. Un cinco contra cuatro es un espanto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1c97545557fc565ff488f3fe86f02911">Le di un abrazo y varias palmadas firmes en la espalda. Norma ahora saludaba a una mujer que me sonaba cara conocida, seguro de haberla visto en lo de Tate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-73485cf46d9b442c3f5790e39be7cb68">—Te digo que si tuviera botines voy un rato. Con tal de no pensar en nada… —evaluó, un poco en broma, quizás en serio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5b2e8dd80e018d6a8bdf06244e9aca88">Le puse una mano en el hombro y le dije, con solemnidad exagerada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bb6028063ea9729256b7c659f2a1e4c3">—¿Estás loco? No, viejo. Tenés que estar acá, con tu mamá. Botines tengo en el auto, pero hoy tenés que despedir a tu viejo. La semana que viene venís.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6e9de9c30fb057eedbbc85b5393899c3">Lo volví a abrazar y encaré hacia la puerta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9086a99fc0a213877fc05915f0ca0a17">Tenía la mano en el picaporte cuando sentí que me frenaban.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4c8de4e692c5b789bf9e54214f0994a3">—¿Vos tenés botines?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f1583972040f7bf4504ac5246c618fc7">Hice un esfuerzo por mantenerme serio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-60e8a934eac76bd7fe55a1eaac961ed1">—Sí, compré un par la semana pasada y dejé los viejos en el baúl del auto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cf960e588ee67335050ef24d789c2e24">—¿Y pantalón, remerita, algo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9d7327d5d540333f37b991a74d07e08f">—No, Tate, perdón. Y además, loco, tenés que estar acá.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9f1384e688df297206a77906c2e7b18a">Entonces pareció caerle la ficha. Me preocupó la pausa dramática. Así que me apuré.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1fa7c20f560eb33935f01555238c20c7">—Augu tiene seguro. Vive ahí nomás de la cancha, le preg…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-601e6300f692260a674a01fb59e6d18b">—Llamalo, dale. Predio Sur tiene ducha, y a papá lo velan hasta mañana. En una hora y media, como mucho, estoy acá. Mal no me va a venir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fff31283eae2c9d558c467396510c010">A las 19:06 llegó el gordo Pineda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2cca398f1f956d64b08898ac9299b002">—¿Arrancamos? —sugirió Pancho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b40b8b4e2e61985b578787e09fea2328">Distribuimos los equipos y nos acomodamos en la cancha. Tate se paró junto a la pelota, listo para sacar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a0d08a6c1479124281397c17364de768">—Pará, Tate —lo frené, levantando los brazos para llamar la atención del resto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c693a4d10ac94a960b9b8695e85d13b8">Luego bajé la cabeza. Me persigné y junté las manos detrás de la espalda. Todos entendieron de inmediato. Cuando calculamos que el minuto de silencio se había consumado, Pinino empezó a aplaudir. Los demás lo imitamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cd7dcb9058b006f18dd6d0d0f858d2b6">Ahora sí, Tate, con una lágrima rodándole por la mejilla, dio el puntapié inicial.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/07/cuento.webp" alt="" class="wp-image-2463" style="width:380px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/07/cuento.webp 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/07/cuento-300x300.webp 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/07/cuento-150x150.webp 150w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/07/cuento-768x768.webp 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/07/cuento-50x50.webp 50w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><em><strong>Este artículo fue originalmente publicado el 11 de julio de 2024 en <a href="https://eltercercajon.com/2024/07/11/a-la-memoria-de-hector/">https://eltercercajon.com/2024/07/11/a-la-memoria-de-hector/</a> </strong></em></p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/a-la-memoria-de-hector/">A la memoria de Héctor</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/a-la-memoria-de-hector/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
