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	<title>Hinchas archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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	<title>Hinchas archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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		<title>En el país de la libertad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Mar 2026 14:53:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[24 de marzo]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
		<category><![CDATA[Milei]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El gobierno modificó el Programa Federal de Control en la Ruta para Eventos Deportivos con el objetivo de criminalizar la protesta y a los hinchas futboleros. </p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/reflexiones/en-el-pais-de-la-libertad/">En el país de la libertad</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Rocío Gorozo (<a href="https://x.com/RGorozo">@RGorozo</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-97064a7073df1f4f0e02921f3e73d410">El “están pasando demasiadas cosas raras para que todo pueda seguir tan normal” se vuelve cada vez más vigente. Lo que a priori parecía un chiste, meme o bait, resultó salir en varios portales de noticias: El Ministerio de Seguridad de la Nación, a cargo de Alejandra Monteoliva (y tácitamente, de Patricia Bullrich), aplicó derecho de admisión por tiempo indeterminado a 34 personas “identificadas con camisetas deportivas” por haber participado de la movilización contra la Reforma Laboral del pasado febrero, acusándolas de “atentado y resistencia a la autoridad”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-068b6f9e60a33ebb7f1074188f563799">En la misma clave, modificó el&nbsp; Programa Federal de Control en Ruta para Eventos Deportivos (PROFERED), habilitando la detención/sanción contra quienes participen en manifestaciones públicas, aunque no ocurran cerca de un estadio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-68b077ff9f6f6b0c1b9edac1cdfc5923"><strong>No es la primera vez que el gobierno nacional demuestra su desprecio contra el fútbol</strong>: la Ley Ómnibus, el apoyo al proyecto Foster Gillett, el ninguneo a la figura de Diego Armando Maradona y el mísero financiamiento a la transmisión televisiva del Mundial son ejemplos claros. Ni hablar del 12 de marzo del 2025, fecha en la cual la fuerte represión contra jubilados e hinchadas autoconvocadas fue catalogada -errónea y maliciosamente- como “La Marcha de las Barras Bravas”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fd890d4a3fd7f13b10d4afee298bc88c">Esto también se está replicando en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cuyos manuales policiales de primer año muestran la casaca de Boca Juniors como un elemento distintivo de la delincuencia (¿qué esperar de un Macri?).</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1023" height="1365" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-36-edited.png" alt="" class="wp-image-3832" style="width:539px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-36-edited.png 1023w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-36-edited-225x300.png 225w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-36-edited-767x1024.png 767w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-36-edited-768x1025.png 768w" sizes="(max-width: 1023px) 100vw, 1023px" /><figcaption class="wp-element-caption">Fuente: @faculoduca (Instagram)</figcaption></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-22ea3cc92b60979d976e0f55d6af6800">Paralelamente, se incumplen las normas jurídicas elementales de nuestro país, partiendo desde la Constitución Nacional, que en su artículo 14 bis garantiza el derecho a huelga. <strong>Ya quedó demostrado que los reclamos siempre terminan de forma pacífica cuando no está presente la policía</strong>; caso contrario, en caso de disturbios, los provocadores suelen estar encapuchados e impunes, mientras se desatan detenciones arbitrarias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-376cff120050ab1a57f0bef74bfa857a">Pasó con <a href="https://www.c5n.com/sociedad/el-llanto-un-jubilado-detenido-la-protesta-contra-la-reforma-laboral-es-una-caceria-humana-n230047">Carlos Dawlowski</a>, el famoso funebrero veterano, siempre firme frente al Congreso, que fue rodeado por una patota de policías tan solo por haber comentado ante los medios de comunicación su malestar por las políticas de Milei.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0651c0f6da0a50f1b26dc96b05a2f73a">En el supuesto “país de la libertad” que nos quieren vender como espejitos de colores, la casta no consiste en esos funcionarios camaleónicos que se perpetúan en el poder años y años, tampoco los empresarios que se enriquecen a costa de sus empleados y menos que menos los jefes de gabinete que se <em>desloman</em> en Nueva York y Punta del Este. <strong>En el país de la libertad, vestir una prenda futbolera es pecado, es una declaración de guerra. ¿Por qué?</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fa39945c5db752c7821c77606e9bcbc0">La pasión de los hinchas se extiende por fuera de las canchas, pues son garantes de la identidad, la historia, la cultura, la  colectividad. Los dirigentes y jugadores pasan, mientras ellos persisten. Son capaces de generar redes de apoyo y resistencia, de defender las causas justas tanto como sus camisetas. Están “donde exista una canción, donde se detiene el viento, donde haya paz o no exista el tiempo, donde el sol seca las lágrimas de las nubes en la mañana”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6e68ee2f9a843de2e9909449019e32d2">Las multitudinarias concentraciones en honor al Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia fueron fiel reflejo: repletas de remeras maradonianas, albicelestes y de Boca, Racing, Huracán, Estudiantes y Gimnasia de La Plata, Atlanta, Temperley, Banfield, Lanús, Racing, entre varias otras; en Rosario hubo columnas canallas y leprosas; en Córdoba capital los colores y banderas de Talleres, Belgrano e Instituto dijeron “presente”. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-25052990a7df9862b57eb87883ed57a1">La “motosierra” libertaria y su objetivo de adueñarse de los clubes tiene, junto a la veta económica, la finalidad de aniquilar la alegría popular, la organización, el sentido de pertenencia. En palabras del humorista nicaragüense Locuin, “un pueblo que se calla, que obedece, que agacha la cabeza, que no demanda, que se adoctrina, está muerto en vida”.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-37-768x1024.png" alt="" class="wp-image-3831" style="width:464px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-37-768x1023.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-37-225x300.png 225w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-37-1153x1536.png 1153w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-37-1024x1364.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-37.png 1200w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /><figcaption class="wp-element-caption">Hincha de Racin, el 24 de marzo. Foto: Juan Ignacio Ronconi (Instagram).</figcaption></figure>
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		<title>Nombrar lo que incomoda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Mar 2026 16:04:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
		<category><![CDATA[Rosario]]></category>
		<category><![CDATA[Rosario Central]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia simbólica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una invitación a reflexionar después del repudiable episodio de los hinchas de Rosario Central con las muñecas inflables</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Rocío Airoldi (<a href="https://www.instagram.com/rocioairoldi/">@rocioairoldi</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-afa489067e61c6cc6e453f92dcab1fe0">En tiempos donde vuelve a ser necesario sentarnos a explicar lo conquistado -y, sobre todo, no claudicar-, hay discusiones que insisten en volver. Y obligan a decir, una vez más, que no todo lo que sucede en una tribuna de fútbol es folklore. Y no, señalar no es “pasarse dos pueblos”. Es, justamente, negarse a naturalizarlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-97ceb944c08f5e00a0acf3d6c543de6c">Hace unos días la hinchada de Rosario Central arrojó muñecas inflables con camisetas de Newell’s Old Boys al campo de juego, en el minuto 22. El gesto, celebrado por algunos como una cargada más en el marco de la histórica rivalidad, se apoyaba en un dato para quienes lo hicieron: la diferencia de 22 partidos tras el último clásico. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d93bd36af3649311251f231c33e2c400">Sin embargo, lo que podría leerse como una puesta en escena <em>ingeniosa </em>dentro de la lógica del clásico abre una pregunta más incómoda y profunda. Porque no se trata solo de una burla al rival. No se trata solo de números ni de quién ganó más. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-029f9e7efe93730eeb28265eea9d7076"><strong>Lo que aparece ahí, en el centro de la escena, es el uso de cuerpos, cuerpos femeninos -aunque sean de plástico- como soporte del mensaje. Convertidos en símbolo de humillación, lanzados al campo como parte del espectáculo. </strong>Esas muñecas son objetos diseñados para la cosificación, para la representación sexualizada y pasiva. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0a312ee5b755e56a07eabddaf2158ff4">Ahí es donde el folklore deja de ser inocente, si es que podemos darle ese espacio (esa es otra discusión). Y donde el fútbol, una vez más, expone tensiones que lo atraviesan como fenómeno social. En línea con lo que plantea María Luisa Femenías, filósofa feminista argentina, la violencia no aparece de forma aislada sino como un continuo. Hay umbrales que nos permiten detectarla, pero esos umbrales cambian según la época, la cultura y la sensibilidad social. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5d02bfed884f54964b47d9cf588d12f6">Lo que muchos leen como “cargada ingeniosa” puede ser, justamente, una forma de violencia que no se nombra como tal.&nbsp;Porque una de las claves está en los mecanismos de invisibilización. Aquello que se vuelve costumbre, que se repite y se legitima bajo la etiqueta de tradición, pierde su carácter problemático. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2e016e9806a31c5f2103d8fe177a564c">Así, ciertas prácticas -sobre todo las que involucran a mujeres y disidencias- quedan naturalizadas. <strong>La violencia simbólica opera en ese plano: no necesita del golpe para existir, sino que se sostiene en discursos, imágenes y gestos que degradan, que cosifican, que ubican a ciertos cuerpos en un lugar de inferioridad.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4855a56a5e34b3fc08672f44c15a2fb0">En ese sentido, la escena de las muñecas inflables no es neutral. Es un mensaje construido sobre la desacreditación y la cosificación de lo femenino como forma de humillar. No es casual el recurso, no se elige cualquier objeto. Se elige uno cargado de sentido, que remite a una historia más amplia de subordinación. En el mundo de la pelota, la forma de ganarle al que está enfrente puesta en otras palabras.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-65f1946a382944e934ff7265e3edfa84">Cuando esa escena salta al espacio público, amplificada por los medios y las redes, entra en otra dimensión: la de la espectacularización. La imagen circula, se comparte, se celebra o se discute, pero en ese recorrido también se cristalizan roles. El que humilla y el humillado, el que se impone y el que es reducido a objeto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a60b311f54cb1fbda02d4ec216df1cea">Quizás el desafío sea ese. Dejar de romantizar todo bajo la etiqueta de folklore. <strong>Porque no todo lo que sucede en una cancha es inofensivo. Y porque, incluso en el ritual más pasional del fútbol, también se disputan sentidos.</strong> Nombrar estas prácticas como lo que son -violencia simbólica- no implica quitarle pasión al juego, sino entender que el fútbol, como cualquier otro espacio social, también puede (y debe) ser interpelado.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-29-1024x683.png" alt="" class="wp-image-3813" style="width:501px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-29-1024x683.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-29-300x200.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-29-768x512.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-29.png 1536w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen: Twitter (<a href="https://x.com/lostribuneros">@lostribuneros</a>)</figcaption></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9ac00cf961d1ea846fe5a532228b76c6"></p>



<p></p>
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		<title>El corazón tiene razones que la razón no conoce</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Feb 2026 14:39:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Gallardo]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
		<category><![CDATA[River]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una reflexión desde el sentimiento sobre cómo la renuncia de Gallardo despertó emociones encontradas en la hinchada de River.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Nicolás Guglielmetti (<a href="https://x.com/escriturabahia">@escriturabahia</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e95b1df273f022a877722c9ba35f4b1">El fútbol y la vida están llenos de frases hechas y, en la fugacidad de la época, el lenguaje se va pasteurizando. Pero no puedo; por más que evite el lugar común, esta es la única frase que representa lo que siento minutos después de ver el video con que Marcelo Gallardo anunciaba que, a partir del jueves, dejará de ser el técnico de River.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-388a856bea373da7318e2cbe3ef0ada8">Su postura corporal y la fluidez de sus palabras no concuerdan con la tristeza de sus ojos. Lleva la ropa de entrenamiento y el pelo prolijo pero canoso, muy distinto a cuando me lo crucé en un viaje una década atrás y nos sacamos una foto. Es un Gallardo erosionado que, desde hace más de un año, intenta salir del laberinto que creó tanto él como el nuevo paradigma de club en que se ha convertido River luego de Madrid. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6ddf8fafdd43e6f2205f3440bd213a7d">Un club cuyo aspiracional mutó de un club social al formato de una multinacional con restaurantes exclusivos, influencers con el último outfit en lugar de futboleros de buena cepa y proyecto de techo europeo. <strong>¿Tuvo la culpa el Muñeco de dejar la vara tan alta? ¿Cómo no caer en la tentación de creernos los mejores en todo?</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-eda06787ebef6e7fc47889b55a91b4e6">De la creación del River Camp a la búsqueda de un equipo con un afán ofensivo sobreactuado (incluso sin tener los intérpretes), hasta tomar literalmente las llaves del club. Todo ese peso se cargó Gallardo en los hombros y obviamente no hay cuerpo que lo resista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9e038f1c86a9ff9ee4db48291e210263">No había forma de que todas esas responsabilidades, sumadas a la histeria exacerbada del exitismo, terminaran bien. Nietzsche decía que «toda convicción es una cárcel» y no encuentro mejor caso para aplicarlo. <strong>Gallardo nos hizo creer que con su sola presencia bastaba para ganar un partido y nosotros nos encomendamos al milagro.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9c593d14eace748c42db4b626ccc0f90">¿Qué hubiera sido de River si Montiel no quedaba pasado contra Flamengo atacando en los minutos de descuento? ¿Qué hubiera sido del partido con Tigre si no se elegía marcar con los centrales mano a mano? ¿Es justo pegarle a Armani porque volcó en el gol de Vélez intentando atajar lesionado? Lo contrafáctico no sirve de nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-397208e6aa886c9aa5d2cf4984934632">Hoy el mismo tipo que, como un pastor arengando a sus fieles, decía: «Que la gente crea porque tiene en qué creer», se va porque los jugadores no pueden levantar las patas y en gran medida se debe a que como dicen ahora, «su mensaje no les llega». Hoy la realidad se llevó puesto a Gallardo y, en parte, sospecho que cayó en la cuenta de que, por más que tengas una estatua, la billetera de un banquero y la vitrina llena, el fútbol te alecciona y te baja a tierra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bd048fbf18fe892350114902542dbc3c">A pesar de todo, y cuando un nudo se le hizo en la garganta, recordé al Muñeco jugador inventando un chanfle perfecto contra Mondragón en los dorados &#8217;90, o ese equipo rocoso con el que silenció a la Bombonera el día del gas pimienta, y por un instante casi fui lo suficientemente egoísta de querer que se quede a como dé lugar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e181120a5a74e3fca365875a9e8a4523">Después obviamente volví a la realidad y entendí que <strong>antes que la maquinaria discursiva termine por deglutirlo, es mejor darle a Napoleón su merecido descanso</strong>. Así, en un futuro no muy lejano y cuando el tenor de la batalla lo exija, quizás volvamos a tener a ese estratega lúcido que últimamente se diluía intentando explicar lo inexplicable por no mandar al muere a sus soldados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9c53a2d1227f97cb843e302395221a46">Gracias por todo, Muñe; los hinchas verdaderos esperamos tu retorno cuando la espuma baje. El fútbol siempre da revancha.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="773" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-29-1024x773.png" alt="" class="wp-image-3698" style="width:489px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-29-1024x773.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-29-300x226.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-29-768x580.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-29.png 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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		<title>El equipo del bar de la esquina</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Feb 2026 13:45:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Directores técnicos]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cuánto saben de fútbol los hinchas? La única manera de saber es ponerlo a prueba</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Toni Schweinheim (<a href="https://x.com/ToniDibujante">@ToniDibujante</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4d6a223ed937db46f639e8b3c78a4f52">Juan Fontana o el Mencho, como le decían por su parecido con Medina Bello, probó de todo en diez partidos: dos nueves, uno por adentro uno por afuera, 4-3-3, 3-5-2, 4-4-2… y nada. De diez partidos ganó uno, empató tres y perdió seis, con el agravante de los tres últimos en fila.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f7fae2bceec28bc4d1fd12f97d0e0981">“Mire Fontana, nosotros respetamos a los entrenadores, sobre todo cuando han sido ídolos de esta institución, pero los plazos se acortan y los objetivos no se cumplen. No lo tome como una advertencia ni como una amenaza, pero fíjese qué hace”, fueron las crueles, duras palabras de Mambertti, el presidente del club.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b77ca7b229f5d9decc1d4f354a19f06c">No era ni una advertencia ni una amenaza, era algo peor, un despido encubierto, o quizás un apriete para que renuncie. El Mencho salió de esa reunión con la cabeza en otro lado. Estuvo como ido un par de minutos, veía pero estaba ciego. Busco oxígeno, bajó las escaleras, se metió por el vestuario y salió a la cancha.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-607d60455668902765f382a8417bda80">Sintió tristeza. No había podido lograr el ascenso como jugador. Doce largos años intentando ascender con ese equipo, como un moscón que repiquetea contra un vidrio. Lo más lejos que llegó fue a una semifinal en los viejos octogonales. Morón lo goleó.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ec785e1bf5c9c0070f3daf3c4fceea84">Cuando colgó los botines juró hacerlo ascender como entrenador. Esta era su primera experiencia al frente de un equipo. Tal vez sea la última también; cuando sos técnico en el ascenso y te va mal, desaparecés. El sistema perverso del ascenso. Te rajan. Chau. Ni siquiera quedas con los juveniles porque ahí hay gente desde hace décadas. Te vas al olvido.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c2ed17e44959c8d8aaf2821094b80876">A Juan se le arremolinaban los recuerdos. El gol que le hizo a Tristán Suárez en aquel arco para salvarse del descenso… aquella vez tuvo que hacer de arquero improvisado porque se quedaron sin cambios y el loco Sevilla se había ido expulsado…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3d539d4ebcff8875450c970d46d07273">—Es así maestro, si la pelotita no entra, fuistes —dijo el canchero arrastrando una “s” innecesaria en la palabra. El Mencho lo miró como desorientado. Todavía no había salido de sus recuerdos, le pareció que el canchero estaba más lejos la última vez que lo vio. Ahora estaba a su lado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-55f350fe4309b80434c8ecfb3c56f076">—Es así viejo, es así —dijo por fin con un suspiro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-00601a8882d6adc44d3cb49ab8ed6d68">— ¿Sabe lo que pasa, don? Ustedes, los técnicos, estudian mucho pero no saben nada. Ustedes piensan que porque fueron jugadores o se recibieron de DT, saben todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-27be3c99ece0b4fc2a5ea2f9d1d230b1">—Puede ser —respondió el Mencho casi sin ánimo. Estaba con la guardia muy baja. En otros tiempos le hubiese saltado a la yugular a cualquiera por esos dichos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4efb538dffb5cfd68c5ad1add98c234a">—No lo quise ofender —comentó el canchero admitiendo su dureza anterior—. Tampoco es para tanto, pasa que ustedes son muy teóricos. Y son muy caprichosos. Usted cambió de estrategia solito, sin consultar a nadie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a5a5852f9f5695bc7421e97858d5f51c">— ¿Y a quién le voy a consultar? —se encogió de hombros el Mencho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1faddd5f93238dcef4b861809151c7e3">—A nosotros, a los hinchas. Ustedes son como los políticos, hermano —dijo el canchero alzando los brazos—, si los políticos escucharan al pueblo seríamos felices. Si ustedes los entrenadores le preguntaran a los hinchas, yo le puedo asegurar que vamos a tener un mejor fútbol.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7288665b928a36659f1f27c6b895aa7">— Yo me llego a acercar a la platea o a la popular y me putean…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2ab309c3790c06d46c459c31acabca8f">—En el bar de la esquina, don Mencho —dijo el canchero, como si revelase alguna fórmula secreta, nos juntamos a charlar de fútbol todas las santas noches. Creo que ni el Menotti ni el Bilardo hablaron en su vida tanto de fútbol como nosotros. Nosotros mamamos de chicos este club. Es nuestra vida, usted es un ídolo pero nosotros conocemos palmo a palmo esto, estamos acá desde pibes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9194af34846c1485ff79153c98065535">—Lléveme ahí, ayúdeme, me queda un único partido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7ed7b6605a4f79546767c296c07d6c73">—Noooo, si usted llega a aparecerse por ahí, los muchachos no hablan, se cagan encima. No se van a sentir libres de hablar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-05aba1b15b73d5331e9e746bd01c7817">—Me pongo lejos, los escucho de lejos, no sé. Yo amo este club, no me quiero ir. Haría cualquier cosa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f9d52c48aad0607f7147f30dd1328c50">—Yo lo voy a ayudar porque a usted lo aprecio, pero desde ya le digo que usted tiene muchos errores y tiene que aceptarlos. Tales y Rodolfo siempre juegan encimados, se estorban. Un desastre eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bf2f30489692f8b01d4926137432e0eb">—Pero los cambié de posición como siete veces en diez partidos…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-595c9b65f11bea6b986bbf1bb22d74d9">—Ah, eso es lo que ve usted desde el banco. Yo le aseguro que todos los hinchas comentamos eso desde su llegada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c06ee382e7927a84c94b0f2857138af9">—Bueno, dígame qué más.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6de8cca02d453c7db1fc3ea80be097b1">— Vásquez sube pero nunca baja… —dijo mientras se rascaba la cabeza con la visera de la gorra—. Son muchas cosas, los muchachos le tienen que decir. Vamos a hacer una cosa. Hoy es lunes, el partido es el sábado. Desde hoy al viernes voy a ir al bar como todos los días a hablar con los muchachos y voy a grabar las conversaciones, así de sopetón sin que se enteren y no se abataten. Todos los días a esta hora voy a traerle el casete, usted lo escucha y va cambiando todo. Yo creo que es una linda experiencia, ¿no le parece?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-409aabea4deb39b307f97b350f91d753">—Mire, yo estoy jugado. La verdad es que vine acá para tomar coraje y renunciar mañana o pasado. Pero si escuchando al hincha puedo poner alguna variante y mejorar, rasguñar un empate y aguantar un partido más, yo le juro que sigo todo al pie de la letra. Si total ya estoy perdido…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-127da7dbf556a5097e336f589d3b16c9">—No sea tan tremendo, hombre, mañana esté por acá a esta hora que le traigo la primera escucha, somos como espías—dijo riéndose el canchero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b77af8c1ab042e12e6d069998a7f39dd">—Dígame si le tengo que pagar algo, una ronda de ginebra a los muchachos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a019805ce84c96b03b82151da6735459">—Despreocúpese, ellos no van a saber nada, además yo me doy por bien pagado viendo ganar a mi equipo. Lo que sí le voy a pedir un favor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e91199df1730a3db9c4be814299d4e7">—Lo que quiera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-964bb9fc60f10c86fee188e5c145edcc">—No me tire los puchos dentro del campo de juego, cuesta un huevo sacarlos —dijo el canchero despidiéndose del Mencho, que ya había vuelto a encender otro cigarrillo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8111fd544309ebdde3cf11b83c0bfb73">Desde esa tarde el Mencho cambió completamente de ánimo. Se llenó de optimismo. Al día siguiente fue a ver al canchero, este le entregó un casete y se fue. El entrenador fue corriendo hasta su auto y puso la cinta en el pasacasete. Lo que comenzó a reproducirse era una típica charla de bar entre amigos. El ruido de vasos, el bullicio general, voces de fondo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca325a4481fef5c145edf2f1d8fc68ba">Se distinguía perfectamente la voz de Miguel, el canchero y la de tres personas más. Los cuatro tipos que hablaban lo hacían con soltura y hablaban de estrategias y planteos tácticos. Pero también pasó algunos calores cuando denigraban su figura como entrenador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6165e867796cf9f23d1ecc14ab5b54dc"><em>— ¿Sabes lo que pasa? Que este Fontana es un pelotudo, ¿cómo mierda va a poner a Medina, que ya está de vuelta?</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1d13b03842bbb8da465a41b080e5393c"><em>—Debe tener un tongo con el representante, yo no sé porque no lo pone al Chino Ávila que es una maravilla, el pibe.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e8d3d16a7b121fd8595dc0b415980716"><em>—No seas malo con el Mencho, es una gloria —era la voz del canchero la que se escuchaba— yo creo que le erra al armar el equipo.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-556326f0bff78dcd46925db2cdd4c6e0"><em>—Pero claro que se equivoca con eso. Los dos delanteros que ponen se chocan como dos boludos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-92e6f811febb8601204db7503ee070ea"><em>—A Otero hay que ponerlo como a los viejos wines, a Roncatti de 8, ¡pero qué va a hacer eso!</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f7ae68ace400d468dae29f41bb5d6e44"><em>— ¡Este mamerto lo pone a Ochoa de cinco! El gordo no se puede ni mover. Hay que poner doble cinco, Sosa y Ríos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1ff0ead5e68134226357cec0e3c56e36"><em>— ¿Doble cinco? Vos sos un cagón ¿Por qué no pones dos arqueros, también?</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-664da4fa31891916b6330b23202105be">Luego la charla se iba por discusiones vagas y banales. Pero más allá de eso, el Mencho iba anotando cómo podía armar el equipo. Al otro día y a la misma hora el entrenador se encontró con el canchero. Nuevamente le dio un casete con una charla parecida a la anterior pero que tocaba otras cuestiones técnicas.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2a8efa210bfe3cb5b6a4a925c5a6886f">El Mencho no podía creer lo equivocado que estaba al armar el 11 y cómo los hinchas la tenían tan clara. El resto de los días el entrenador fue acumulando casetes y nombres en su cuaderno para armar al equipo. Creía poder revertir esa situación y tal vez si todo mejoraba, pensaba en nombrar un comité de asesoramiento con estos hinchas de pura cepa, algo inédito en la conducción técnica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a00807b304c4913cbbdbe2db537898ad">El día del partido paró un equipo basado en los cinco casetes que le había alcanzado Miguel, el canchero, un equipo del paladar del hincha. Y Fontana lo notó, porque a la salida del equipo los hinchas alentaban mucho más que en partidos anteriores. Estaba todo dado para ganar y dar vuelta la historia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f98e9a0617016045e47d280b9367a4ab">El primer cachetazo llegó a los cinco minutos: Sosa se equivocó en la entrega y dejó muy mal parada a la defensa, Salaberry puso el 1-0. A los 15, Atlanta ya ganaba 3-0 gracias a errores infantiles. El Mencho Fontana estaba sobre la línea de cal y lloraba como un nene.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-36841c524c93d129c4c7fb64c32a8836">El primer tiempo finalizó con la friolera de 5-0 en contra. Los jugadores entraron por la manga en fila india luego de la masacre de esta primera parte. El entrenador cabizbajo entró a lo último arrastrando los pies. Presentó la renuncia en el entretiempo. Nada más se supo del Mencho Fontana; el monstruo del olvido del cual se alimenta el ascenso se lo devoró.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dc6f1a2fecad1a2787df2b1f4e5cfc36">Esa noche se encontraron Miguel, el canchero, con sus amigos en el bar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-97119429fcbc2dacf0b8a83fa65a3f02">—Menos mal que se fue este hijo de puta, chorro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c91683be0339131a8d7954a286da8e6a">—Vino a chapear con que era ídolo y a robar con eso&#8230;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2078add352d3c54ed243c2baf3ad9908">—Mirá que poner al Chino Ávila, un pibe. Lo quemó para siempre —dijo uno de los muchachos mientras se prendía un pucho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-887851255484b2e54e7d7582acd845e5">—Y ese Sosa es un paquete, yo no sé para que lo pone. Debe tener un tongo con el representante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-92c32483257c0b57419f003ce9fc0769">—La cagó hermano, la cagó. Mirá que sacarlo a Medina, che. El único que corría un poco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-25b9daf34d965244648c05300e0c0321">—Rodolfo, traeme otra ginebra —dijo Miguel, el canchero, mientras miraba tristemente su vaso vacío.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="628" height="590" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-22.png" alt="" class="wp-image-3679" style="width:418px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-22.png 628w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-22-300x282.png 300w" sizes="auto, (max-width: 628px) 100vw, 628px" /></figure>
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		<title>Mi pibe</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Sep 2025 17:37:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay cosas en la vida que a ningún padre le gustaría tener que decir.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Uriel Frimet (<a href="https://www.instagram.com/ufrimet_">@ufrimet_</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3a245c85e904267a86ae8ad45da53e24">-¿Cómo hacemos para explicarle?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9928b07e070ff3ea370287ab0cb91225">-No sé… De eso siempre te encargas vos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0752d4ec60b9a91bb37387d3bbb2fd08">-Pero vos sos más pedagógica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1dbeb60fdf61d4ed07d667efa672638">-¿Y qué tiene que ver? ¿Cómo hago para explicarle?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7cb046d66472c001c481d860444ad4a4">-Qué sé yo… Si yo le cuento, me quiebro ahí nomás. ¿No viste cómo estaba ayer? Casi deshidratado de tantas lágrimas. También me duelen las manos de aplaudir tan fuerte el esfuerzo ajeno y con el frío medio que se me pasparon.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-074e2c7e9d74101c97e29f8efb5ce91a">-¡Pero si lo tenés que decir con la boca y no con las manos, Marcelo! ¡Dejá de joder! ¡Siempre buscás una excusa para las conversaciones incómodas!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0a168807f82bec484fa7e1849fd3761d">Y eso era verdad. Nunca pude enfrentar lo importante. Siempre busqué intermediarios para que socorran mis problemas. Es que yo en mi cabeza ya estaba visualizando la película que iban a hacer de la hazaña de este clú. Llegamos a la final con todos pibes del clú menos el arquero, que decidieron poner una torta de guita porque el anterior se podría decir que no tenía dedos, y somos generosos… Una vez tuvimos la desdicha de tener tres penales en contra. El tipo creyó en todas que se la iban a dejar servida, en el medio donde se quedó paradito cual poste de luz averiado del conurbano. Fué el espectador más VIP de esos tres tiros al costado con una velocidad mínima que hasta un arquero de baby fútbol hubiera atajado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6248a18aa1a3ea0c45f201cfd61812e6">Yo a mi pibe no lo llevé a la cancha porque está muy caldeado el asunto con dos hinchadas. El berrinche que nos hizo, madre de Dios… Encima por televisión no lo podía mirar mi pibe. Me rajaron de la fábrica el mes pasado y tuvimos que recortar gastos. La radio ni la iba a saber prender. Es un bardo ese bodoque que nos dio la madre de Belén.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8f68899ddb59e7725b43688232b9eeee">Aguantamos unos cuantos minutos frente a la puerta de la casa antes de entrar; aún sabiendo lo picado que estaba el barrio, esperamos ahí nomás, nostálgicos y medio vacíos. Tuvimos que tomar coraje antes de entrar por la puerta de casa. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-65ee73ebf708de94d9f84052e2fdb0f1">La miré cuatro veces al menos a Belén esperando que me diga “bueno, yo le digo”, pero su cara de madre sufrida me decía que me encargue de darle el pésame al pibe. Mi pibe estaba todo vestidito con el conjuntito del clú cuando nos fuimos… Hasta los botines sucios se puso para esperar a que sus papis vengan y le digan que por primera vez íbamos a levantar una copa. Le prometimos que nos íbamos a sacar una foto con Rodríguez, el ocho que juega por toda la cancha. Ese sí que se tiraba a todas las pelotas como si jugara a pincharla y ganarse el premio mayor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3899ac8d0289b169d2380e6aaffa4008">Cruzamos la puerta y ahí estaba, sentadito en el sillón gastado, otro regalo de la madre Belén, la única abuela viva que tiene mi pibe. Sus piecitos no le llegaban al piso, estaba medio en diagonal cual hamaca oxidada de placita con promesas incumplidas del municipio. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff608e4b30140f83021834f7c77ed0dd">Apenas escuchó que se abría la puerta y entraba mi olor moribundo a pucho barato cerró de un saque el álbum de figuritas incompleto que tenía y vino corriendo hacia nosotros. No dijo ni “hola”, se paró en frente nuestro con una sonrisa expectante y ansiosa de que le demos la mejor noticia de su vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-25f2ff5256296005f121413534f9a130">Igual él no hablaba mucho, era muy chico para ese entonces y solo decía palabras básicas. Si te descuidás, apenas decía cosas como mamá, papá, caca y fútbol. Sus ojitos brillosos delataban que había estado bostezando varias veces, esperando a sus papis con total inocencia de que el resultado iba a ser favorable y ver nuestra foto con Rodríguez. Le dije que nos sentemos en la cocina. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7cca1d599f6f025e297fa73e0ea2c7b">Estaba un poco más oscura para contarle y seguro se me iban a caer las lágrimas mientras le relataba el partido. Además la heladera hacía apenas más ruido que un camión de los ‘60 y eso me jugaba a favor para aturdirlo un poco en todo lo que le iba a contar. Pensaba en decírselo parados para poder hacer de éste asunto un trámite sin valor agregado a nuestras vidas. Él me iba a mirar desde abajo con cansancio y ganas de sentarnos y yo no iba a estar preparado para cambiar la estrategia sobre la marcha. No podía ni imaginarme la situación. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7a082ab40438ef7d9b568294ce35d143">Encima yo estaba recaliente con Belén que me mandó al muere solo y no me hizo el aguante. Pero ojo, con esos once muertos que tenían que hacer que un coso redondo pase por adelante de una línea, sí se involucró; desde arriba del paravalancha alentó la muy turra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-58e2259de55d1a451f538c23b103343e">Y poco a poco la cara de nuestro pibe iba haciéndose cada vez más seria. Para cuando voy a contarle el final del partido donde nos meten el 4 a 3 en la última jugada después de estar ganando 3 a 0 en el primer tiempo, mi pibe, nuestro pibe, dice: ¡manga de fracasados hijos de puta!</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="683" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1-683x1024.png" alt="" class="wp-image-3308" style="width:404px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1-683x1024.png 683w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1-200x300.png 200w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1-768x1152.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1.png 832w" sizes="auto, (max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure>
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		<title>Fútbol, ¿para todos?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 14 Mar 2025 20:35:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Entradas]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
		<category><![CDATA[Seleccion Argentina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cada vez es son más inaccesibles lo precios para ir al estadio a ver un partido de fútbol, y la Selección es un gran ejemplo</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Rocío Gorozo (<a href="https://x.com/RGorozo">@RGorozo</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3623cd3200a9626762ddedb645199876">En vísperas de la nueva doble jornada de Eliminatorias camino al Mundial 2026, y aún sin salir a la venta, <a href="https://www.instagram.com/p/DHCELTTzr2e/?igsh=N2d2eDd2M3Z1cHZ6">el Diario Olé publicó los valores de las entradas para Argentina &#8211; Brasil</a>, que se llevará a cabo el martes 25 de marzo en el Más Monumental. Un encuentro cargado de significado: la Selección campeona de todo jugando de local contra un clásico rival, en lo que además podría ser el último enfrentamiento entre dos grandes leyendas, como lo son Lionel Messi y Neymar Jr.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-95a30c6c55afffef6ae0f4237142b71d">Las opiniones de streamers, periodistas y usuarios de las redes sociales no tardaron en llegar. ¿El motivo? El hecho de que<strong> los precios reflejarían un aumento del 100% en relación a la última fecha FIFA del pasado noviembre, contra Perú en la Bombonera. </strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cf6fc6586a6632761fd2f5332f5f49e6">La popular estaría a $110.000, mientras que las plateas rondarían entre los $350.000 y $510.000; sin contemplar los gastos en el servicio de la ticketera, el transporte y consumo, siempre multiplicados en caso de que uno vaya acompañado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4cc19c509b13224a15d1ecc1e1f8304b">La relevancia del partido, la mayor capacidad del estadio ni “el público no es el mismo que el de la cancha”, son excusas válidas para semejantes cifras. La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) aún no se expidió ni dio a conocer oficialmente los precios, pero todo parece indicar (ojalá me equivoque) que la dirigencia vive en una burbuja, sacando provecho del amor por la camiseta albiceleste.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d26a9e123e4f5d3f0723ea9455506ced">La noticia cayó como un balde de agua fría, puesto que <strong>no considera el momento del mes ni mucho menos la situación económica del país,</strong> con un pueblo hambreado, una inflación baja que no condice con el aumento de precios ni la pérdida de poder adquisitivo, menos cuando el salario y jubilación mínimas no llegan a los $300.000. Es probable que algunos de los que asistan sea a costa de endeudarse; otros rogarán ganar algún sorteo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-61c1dda0cf53585a9d915806133689af">A esto agreguemos que, nuevamente, se trata de un espectáculo reservado a Buenos Aires. ¿Acaso desaparecieron del mapa el Madre de Ciudades de Santiago del Estero, el Kempes de Córdoba, el Coloso del Parque de Rosario o el San Juan del Bicentenario? Cuando fue consultado el año pasado, el propio Lionel Scaloni manifestó su simpatía frente a la posibilidad de jugar en el interior, más aún cuando los partidos no demandaran demasiada logística.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-83feed78d6803adcd6cf73f8f2f09bc6">Desgraciadamente, estamos frente a otro ejemplo de la elitización del fútbol, proceso del cual ya venimos siendo testigos. A nivel internacional, quedó en evidencia con las canchas sintéticas de la última Copa América, el anuncio de un show de media hora en el entretiempo de la final de la Copa del Mundo 2026 (cual Súper Bowl) y la repartición de la sede de la Copa 2030 de ¿64 equipos? (con el aval de CONMEBOL y en perjuicio de Sudamérica), para beneficiar los negociados entre FIFA y Arabia Saudita, anfitrión de la competición en 2034.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e02d2a04b0a2f71dba0b2dfb325acd90">En el ámbito local, <strong>el triunfo de Qatar 2022 se transformó en un objeto de marketing</strong>, reflejado en la apertura de oficinas en Miami y próximamente en Abu Dhabi, polémicos contratos de patrocinadores (como las casas de apuestas, mientras la ludopatía infantil está haciendo estragos en el sector más joven de la sociedad), el slogan de la “Liga de los Campeones del Mundo” (plagada de falencias), la “membresía VIP” a los partidos mediante el AFA ID y la presencia cada vez mayor de celebridades influencers.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-98723d9cdaf5f589159e9ec2c19eb799"><a href="https://www.aacademica.org/000-074/708">Hernán D’Alessio (2021)</a>, al analizar el caso de la posible Superliga Europea, impulsada por Florentino Pérez y algunos de los clubes más ricos de ese continente, destacó que su fracaso se debió a la protesta y presión de hinchas (que expresaban que no eran clientes), jugadores y exjugadores, entrenadores, equipos, federaciones nacionales e internacionales. Quizás esto pueda dar una pista de cuál es la solución y quiénes deben plantarse para que el deporte no sea “<em>robado por los ricos</em>”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c51ef16687e264031b27edf9ec70305e">En una Argentina donde jugar a la pelota es motivo de pasión, algarabía, resistencia y unión, en la cual se tejió un lazo muy fuerte entre la gente común y “la Selección más federal” de los últimos tiempos, el “fútbol como negocio” aparece con fuerza y pone en cuestión tal vínculo. Es irónico que, mientras se alza el discurso de que “los clubes son de los socios” para evitar su privatización, el disfrute de la Scaloneta se vuelva un privilegio y un lujo para unos pocos.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-40.png" alt="" class="wp-image-3059" style="width:564px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-40.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-40-300x200.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-40-768x512.png 768w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Fuente: Rionegro.com.ar</figcaption></figure>
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		<title>¿Sabés cuál es tu problema?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Feb 2025 20:05:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Goles errados]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura sobre fútbol]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay muchas formas de reaccionar cuando tu equipo tiene un mal día. El Inspector es de esos tipos que no lo suele llevar bien.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Leonardo Nieto (<a href="https://www.instagram.com/leonardo_nieto17octubre/?hl=es">@leonardo_nieto17octubre</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b14b827f83b40c5de05b9c7804a5ac59">El Inspector se ha sentado en un banco de la Plaza Kennedy. Mira en derredor y entiende que puede soltarle la correa a la perra. Cerca de la medianoche, la gente ya ha paseado a sus canes y, salvo alguna excepción, parecería que tiene la plaza completa para sí.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-daf007dbdc48766d83cb3b7029fbec17">Flexiona el codo del brazo izquierdo y se mira la muñeca. Claro, no usa reloj. Siempre se le olvida -no el reloj, del que no dispone jamás, sino que no usa, que no tiene siquiera uno para olvidar-. Comprueba entonces en el teléfono que faltan ocho minutos para las cero horas.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d387cca0c43c497987fe3f88dabe7c1d">Se ha sentado de cara a la avenida con la intención de que desde algún auto le griten algo, alguna barbaridad -lleva puesta la camiseta, la misma con la que ha visto el partido-. Anda con ganas de agarrárselas con alguien, con el primero que pase, de irse a las manos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-88f1becf15cf3706dd67dca285bb4a55">Tiene la mano pesada el Inspector. Le pega un grito a la perra que se hace la otaria y se está alejando más de lo pautado -pautado por nadie, es algo que se le ocurre ahora mismo a él, un límite difuso que acaba de establecer; otras noches, la perra se ha alejado bastante más-. El animal vuelve, más o menos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b5440a8b93b4f6dee457fc773bb32bd">Ahora el Inspector mete la mano en el bolsillo de la campera -es la campera deportiva también con los colores del club- que, desabrochada, deja ver, como en una continuación natural, los colores de la camiseta -le faltan los pantaloncitos nomás-.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-382483471b0f166ba065c0d8b7641d3a">En fin, tantea los cigarrillos. Como no los encuentra cae en cuenta de que lleva años sin fumar. <em>Me cago en la mierda. Maldita la hora…</em> Bufa. Trata de serenarse. Difícil. <em>Te odio. Gas noble y la renegrida… ¡Kala!</em> le grita de nuevo a la perra, que esta vez no se ha alejado pero anda persiguiendo ardillas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-da45746304f15ad51348a731a46ceb6d"><em>¡Pero quién sos! </em>Vuelve. <em>¿Dónde te pensás que estás jugando? ¿A quién le ganaste? ¿Qué carajo ganaste me querés decir? A ver: ¿qué carajo ganaste? ¿Ganaste algo? No ganaste una mierda. ¿Por qué le pegás así? ¿Por qué no le pegás bien? La tenías que meter no más. Te odio. ¿Te pensás que sos el goleador, que sos el 9? ¿Por qué no se las das al 9? Dásela al 9, si tenés pase. Tenés pase, dásela que es gol seguro. Me va a dar algo. No, estoy lleno de odio.&nbsp;</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3bac3e2131ef71026486378f5616da00">Busca en el morral una lata de cerveza. Tantea y elige la que parece estar más fría -todas están a la misma temperatura, las catorce latas-. Abre y toma. Media lata se toma. De un tirón. Un auto pasa y aminora la marcha. Le gritan algo feo. El Inspector, apurado por reaccionar, se ahoga con la cerveza, escupe todo, tose. <em>¡Ojalá se te muera el canario!</em> gritó. Y siguió por lo bajo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-75a70efc07fe29fded06cf4c06f03f39"><em>Qué lindo que te hubiera agarrado el semáforo. A ver si me lo decís de nuevo en la cara. No, el mundo está lleno de cobardes. Pero maldita la hora, si tenés pase. Dásela al 9. El 9 la mete y todos contentos. Y vos quedás como un héroe. Vos y el 9, claro. Pero estamos hablando de vos. Egoísta. Pie de niña. Te odio. Y quizás hasta metías el pase y el 9 no hacía el gol. Los odio a todos.</em>&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-115f5578d048b2945ead89bd1981a034">Se termina la cerveza y abre otra. <em>Ganábamos. Con ese gol ganábamos. Nos llevamos un puntito de visitante, un punto de mierda, que es como haber perdido. Andá a jugar a la Selección y quedate allá. No vuelvas más. Sos un irrespetuoso. Un irresponsable. Me duele el pecho.</em> Como narrador, me siento con todo el derecho a cambiar de tiempo. También yo estoy enojado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8c14ad9e085c65bb2ab370d305f99cb9">Un hombre que hacía ejercicio -a esas horas- pasó caminando ligero con ropa ajustada y de colores fluorescentes. Sin detenerse, dijo algo como <em>Noche difícil, eh</em>. El Inspector, por completo derrotado, levantó la vista, se puso de pie como un titán y lo siguió unos metros con la mirada.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bcbab1dac382574f83ed13866e5d23fc"><em>¡Kala! ¡Ataque!</em> La perra dejó de olfatear un árbol meado y cruzó al instante y sin ladrar, con decisión y obediencia, la distancia que la separaba del hombre. Le mordió el garrón. No lo soltaba. Lo hizo sangrar. <em>Difícil tu hermana, pelotudo. Ahora te vas en una pata. Por vivo. Como éste que no dio el pase. Que no dio el pase y que no la metió tampoco. Porque si la mete, andá a decirle algo. Un fenómeno. Ídolo. Figura. Pero no. La tenía que cagar.</em>&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-78f3ab1decccab384767fdc01065cf24">Y siguió quejándose hasta que los gritos del hombre lo devolvieron a las circunstancias. <em>¡Suelte, Kala! </em>Y la perra soltó. Y el hombre se levantó como pudo entre gritos y amenazas y un dolor insoportablemente nuevo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd30614907ace00474b1bfc43426ae0">El Inspector le ofreció una cerveza. <em>¿Por qué no querés? Qué gente rara, que no toma cerveza.</em> Abrió esa lata para sí. Bebió largo. <em>Andá, andá a que te curen esa pata. Tiene todas las vacunas. Andá tranquilo. Mirá si pudieras morderle la pata al que se erró el gol, Kala.</em> El hombre herido se alejaba ya. La perra giraba contenta, con las fauces que chorreaban sangre, persiguiéndose la cola. El Inspector le acarició la cabeza y volvió a sentarse en el banco. Bebía e iba amontonando las latas vacías a un costado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a437e2eea3c1541adeb64733a6975bdc">Phylicia Arias, la mujer más hermosa del mundo, y Enrique Lambert el poeta surgieron de repente. Habían estado dando vueltas y ahora Phylicia quería regresar. Lambert no. Lambert quería que la noche se estirara hasta lo imposible. Y quería acostarse con ella, claro. Como siempre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4cd5b6667feb4de5f3e24a0e34ce9f32">-Basta, Enrique. Ya sabés cómo es la cosa. Ya lo hablamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f157c3e3fb9aa1dcdaa7ca460221948">Enrique Lambert el poeta echó el humo por la nariz.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3f83ead1f5e1721a4fb5906b6acf4d85">-Me he propuesto no acostarme con ninguno de los amigos de mi padre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-200b0898e3c2b9ac145cb5564eb2c9e0">-Pues quizá deba enemistarme con Arias. Irnos a las manos. Y chau. Vía libre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-561800522628af90f2d493cbce242071">-Sos un chico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d7fc03c28b2386ba5b69bd5490fffb89">-Tengo veintiocho años.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-110968416fa7fc34fbd0a0c61af44ec5">-Siempre tenés veintiocho años.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-75685b3fcf906c22924e4de95a68ea14">-¿Querés fumar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2a29d3f76bdfe6b42d967ae84e87a0ce">-Dale.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c35bf92c4d9831a9a55099eb841bed0c">El poeta le convidó un cigarrillo a la vez que tiraba la colilla por ahí en el pasto. Encendió el que se posaba en los labios de Phylicia y luego acercó el fuego al suyo propio. Ella tenía una manera de fumar, algo en la forma de sostener el cigarrillo entre el índice y el mayor, una como delicadeza nueva, recién aprendida, que a Lambert le fascinaba.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4d6fa34f3205f0a457f2f01780be7dc9">Todo en Phylicia lo fascinaba. La miró durante la primera pitada de ambos. Cuando ella largó el humo como una condesa él sonrió y supo que se guardaba ese momento para siempre. Echó entonces su primera bocanada y Phylicia le pidió que formara algo en el aire con la próxima.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e41113cca94ddc031561299986e54efc">-Por favor, Enrique. Cuando hacés eso me vuelvo loca.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-edcc202fe4a65bc218700884a57e57d7">-Cuidado con lo que pedís, muchacha. Y cuidado con lo que decís también. Somos esclavos de lo que enunciamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c7892c1067b0f3eaa00f903b12043001">-Yo no soy esclava de nadie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cb235cdae89e2d575dde4a6b460c151c">Lambert sintió, aunque lejos del amor, ganas de pasarse la vida entera con la hija de su amigo el artista Rafael Arias. Ya no resistía el deseo de abrazarla, de acariciarla, de estamparle la boca con su boca indigna, malhablada, maldita. Sacudió la cabeza como para despabilarse de sueño, pitó y lanzó al aire una carroza de humo tirada por dos caballitos de mar.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e61df8a8e17912c38e1d854a67e80903">Phylicia aplaudió sin hacer ruido en tanto y cuanto sostenía el cigarrillo con la mano izquierda y ello le demandaba una fuerza sustraída al insistente encuentro de las palmas a la manera de festejo. Sonrió como una niña y abrazó a Lambert.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-777ef63457f72b7a108c3597d968f727">-Gracias, poeta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fd3b33c3699f0bff42607506201beb47">-¡Eh!- gritó el Inspector que los venía observando desde el banco, huraño-. A ver si aflojan.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-40147aad939d65acd62fac18a89f96ad">-¡Inspector!- dijo Phylicia sorprendida mientras se arrimaba al banco llevando al poeta de la mano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ab00c0522d6467d59ea98f802df21ded">-Phylicia- contestó el Inspector estirando la mano a la vez que se ponía de pie. Se saludaron y luego estiró la mano hacia Lambert.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3e73690655e102db5bda2a35de94f967">-Poeta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dbf796f4c725d76f0b1574fa2433cd93">-Inspector.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c01298bc1c6cc5f56617c84bccc2d578">La perra llegó corriendo sin ladrar para saludar a los recién venidos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ffb529ba9194153b468a0e741eacdfbf">-¡Kala! Hermosa, ¿cómo estás?- dijo Phylicia mientras acariciaba con la mano derecha la cabeza de la perra, que la olfateaba eufórica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b05ee70ed00fed2d984006a06586c4b8">-¿Una cerveza?- propuso el Inspector, que volvió a sentarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-73e90207f3b817afea499d0867dfc494">-Qué buen momento- dijo Phylicia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-122195800f55a127432abe4c44d6bf65">-Siempre es buen momento- replicó el Inspector.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e88044c04f6f3d3236f1f61af2258f80">Sacó del morral dos latas. Le entregó una a la muchacha y la otra a Lambert.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-82e9dd1bfdc2c4b17bce74aab50293b0">-A vos ni te pregunto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-843e299336c235709af57dcffdecc2fb">-Gracias- respondió el poeta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-17ad1b728c47441ca9c2c25bceaddce9">Luego sacó otra para sí. Una vez abiertas las tres, brindaron. Bebieron. Enrique Lambert el poeta vio la montañita de latas vacías, aplastadas sin seguir parámetro alguno, sobre el banco, a un costado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d65831ac5ac238cc163bf502cbf29df2">-Noche difícil.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6db604d731a35576e381b111f7798aac">-¿Y qué querés? Con lo que pasó…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-85cb49f01d883e6248e78167afed571e">-No quiero tratar el tema.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8b54c2c8d176761549623dd667f3ef55">-¿Qué pasó?- preguntó Phylicia, inquieta, mirando a uno y a otro, desconcertada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b35f23c395474c6ba5d515bd1a6fee12">-No insistas, Arias- sentenció el Inspector.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04b65f3a8ec8f87320e99ed471e015d4">-¿Pero es grave? ¿Algo feo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b83ff4a3037825ae5334b6dd4fc1de33">-Fútbol- colaboró el poeta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ef23fac94bb15d424150f2758aa565d2">-Ah…- pareció distenderse Phylicia y bebió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3ec4810a7c7f2b372a1fcb6d736b14e7">-Estamos viejos, Lambert. Bueno, vos, al parecer, quedaste así para siempre. Pero entiendo que la procesión va por dentro. ¿No?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7269fec601316d9c60373608bf53ecd8">El poeta no dijo nada. Bebió largo. Volvió a pitar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-29b13ee78c405a1b2846d80b4ed33fce">-Por dentro debés de tener mil años. Estoy seguro de que no te gusta este fútbol de mierda que se juega ahora. No me mientas. Hoy, mientras seas pibe y corras, chau, ya está. ¿Técnica? Olvidate. ¿Pensar? Pensar la jugada, digo; prever el partido. Olvidate. ¿Tener la mente fría? Pero mirá lo que hizo este pibe. No, cómo lo puteé. Odio a los jugadores de fútbol. Esto ya me da asco. Perder, perder así…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1c83821152fdb2594fb3dae2e5c45dc1">-Empatamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-31862752c9e7fe33e666f1f5f0fb9323">-Perder así… Me dan ganas de soltarle la mano, ¿sabés?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-af0f45cc1b80275923139a3e7dc563f1">El poeta giró la cabeza hacia su izquierda cuando sintió que una mano -era una mano dulce, debía de ser la de Phylicia- le acariciaba la espalda. Ella no lo miraba: también con su cara vuelta hacia la izquierda, seguía con la vista la colilla del cigarrillo que acababa de tirar.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2943cc991f344ef7480e4e92cbd843a1">El poeta esperó que el rostro de la muchacha regresara y le buscó los ojos. Las miradas se encontraron por un momento: ella echó el humo hacia abajo, como silbando, mientras alzaba los ojos y las cejas tupidas y perfectas; sonreía con toda la cara. A su vez, Enrique Lambert no entendía nada. Sólo contemplaba. Ella quitó la mano y él, volviéndose al Inspector, preguntó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f27e8f609998be66c12309efefdc19a6">-¿A quién?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1e6030dbfa135752ccc48c3e46850c30">-A quién qué.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9a8f0fd594f1068691f4415c99272aa4">-¿A quién querés soltarle la mano?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-376ff30afbc0524822691b0da8d250a8">-¿Y a quién va a ser? Al equipo. A los jugadores. Al técnico. Hasta al club, mirá lo que te digo. Dirigentes, todos, todos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6b78a8d7ef2e478f182c8cc4a339af53">-¿Sabés cuál es tu problema?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-57166f10e6f1e9dc1d8c5d4687d3c2e4">-Pará. Pero después, llega el día, y cuando faltan veinte minutos para que el equipo salga a la cancha, me olvido de todo, se me pasa todo. Y me vuelvo loco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-51aa47563e593268517a4d7075a54720">Phylicia, al escuchar las últimas palabras del Inspector -palabras que ella pronunciara momentos antes-, sonrió leve y apretó suavemente el brazo del poeta. El Inspector calló y miró a Lambert como esperando que éste dijera algo. El poeta no dijo nada. Como el silencio de Lambert persistía, el Inspector, impaciente, dijo:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-333754600093abf0dae20e650b308e59">-Pero me cago en la puta madre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-acc42955069ab4d7f46766d26f7c6f9e">Luego, miró a Phylicia y la inquirió con la expresión de un rostro desencajado pero sin decir palabra, como alguien que busca con desesperación un poco de fe. La muchacha, sintiéndose aludida, se levantó un poco la remera, lo necesario para que se vieran los colores del club en las tazas del corpiño.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1966f51b1f7a1b5b570fd2ace1e918a2">-Me vuelvo loco- dijo el Inspector.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9d4e7b5c06f145b1e089f9aad66a5259">A Lambert se le aceleró el corazón. Esperó que la muchacha se bajara la remera y la miró a los ojos. Ella, que sonreía mordiéndose suave el labio inferior, le habló:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bc4099235abcbb7aa64f24640fd141e9">-¿Vamos?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a666ad7560df488d05951aa0516087dc">-Vamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f3e70ddea3cfcbe87ae130d4d3a8fe29">-Chau, Inspector. Un placer, como siempre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f316935813209b20f0aa8b0ba9b09c58">-Inspector- dijo Lambert inmediatamente tocándose el ala del sombrero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a65a440593639232656e5b9d249b7813">Ella lo tomó del brazo y emprendieron la marcha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7b3d74ed0688b8141d6a8245efcbbae1">-No se pueden ir ahora. Tengo un par de latas todavía. Lambert. ¡Lambert! ¡No se va a acostar un carajo con vos! ¡Hizo una promesa, te acordás! ¡No puede! ¡Por más que quisiera! ¡Es imposible! ¡Te odio, Lambert! ¡Phylicia, no caigas en su trampa!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7d7cc536a012fedb81c3289ef0c42538">Hablaba a los gritos. Indignado, por supuesto. Lleno de envidia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b40ed9043cf1b54f4645762006182fad">-¡Chau, Kala!- gritó la muchacha sin voltearse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f5350af2fe08242c1821adfc2c4c9676">Enrique Lambert el poeta encendió otro cigarrillo. Echó el humo y detuvo la marcha. Automáticamente, Phylicia paró también, intrigada. El poeta se volvió al Inspector girando sobre sí mismo y sin dejar de sostener el brazo de la muchacha que lo acompañaba. Allí parado, volvió a preguntar:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6b78a8d7ef2e478f182c8cc4a339af53">-¿Sabés cuál es tu problema?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9badaa4e0935ed13852da4aecf9f7fa1">El Inspector, desde el banco, levantó las cejas para no preguntar. Enrique Lambert, sin embargo, volvió a girar y siguió caminando junto a Phylicia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9cb2e4e76522e7015cd7e432f46ff59">La perra ya le pedía regresar. El Inspector, que había quedado solo, sin la compañía que favorece la buena conversación, bufó. Abrió otra cerveza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-45c3bb10dc6bcc16b280d4309da48920">-Estoy lleno de odio- dijo y se levantó para tirar las latas vacías en el cesto más cercano. Cuando volvió al banco para sentarse nuevamente, se acarició el escudo en la camiseta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bb90c9ea53c62e157e9a0d3a07f61634">La noche comenzaba a oler dulce.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/02/Inspector-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-2973" style="width:448px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/02/Inspector-1024x1024.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/02/Inspector-300x300.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/02/Inspector-150x150.png 150w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/02/Inspector-768x768.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/02/Inspector-50x50.png 50w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/02/Inspector.png 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Canva IA</figcaption></figure>
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		<title>Por puro instinto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Jan 2025 22:04:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchadas]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
		<category><![CDATA[Infiltrado]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En Sudamérica seguir al club de tu vida juegue donde juegue puede requerir de habilidades que no cualquiera sabe dominar.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Mariano Tosca (<a href="https://www.instagram.com/marianotosca6/">@marianotosca6</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-20cad8bd23dfa8c91e4f7164e47c0d0f">La culpa fue del que me preguntó quién había hecho el gol. Hasta ese momento estaba saliendo todo bien, el plan iba a la perfección. No era la primera vez que lo hacía. Tampoco voy a decir que soy un experto, pero uno aprende, va teniendo seguridad en cada movimiento, cada palabra que dice, la forma de interactuar con los demás. La actuación es la clave; para pasar desapercibido también es imprescindible dominar las artes dramáticas. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-19e9cc7b301573d52b24c721480a80e4">No solo es no hacer nada, porque algunas cosas hay que mostrar para perpetuar el engaño. Es importante la ropa por ejemplo. Los colores del equipo hay que llevarlos, pero la remera o el gorrito o la campera tiene que tener signos de uso. No puede estar impecable, tiene que haber alguna rotura, un poco zurcida, que se no note que esa ropa o accesorio lo venimos usando hace tiempo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a33c532c59b5e4c800e6448fd689824b">Los anteojos negros solo si hay sol, o reflejo, pero llevarlo a un partido de noche o un dia muy nublado sería sospechoso. No hablar mucho, pero tampoco estar completamente callado. Hablar mucho conlleva el riesgo de meter la pata, y no hablar nada también. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-760760f5673e3ec8871d29e719a6e9fe">Entonces para eso hay que saber un poco, en la semana estudiar nombres, posiciones, goleadores o posibles cambios. Después observar el partido con total naturalidad. Gritar los goles, los “uuuuuuuhhh”, putear un poco al referí; lo de siempre. Cara de sufrimiento y todo tiene que salir bien. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5553528dae43a6cde184b267dca11a5d">El partido ya se terminaba, un cero a cero de esos que no se mueven ni aunque dure tres semanas. No parecía que se jugara algo tan importante como quedar primero faltando solo una fecha para que termine el campeonato. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b070acadf8c693bdb4a5140c7789a227">Hasta que en la última jugada pasó la catástrofe. Un pelotazo como tantos, que justo le quedó en la cabeza al nueve de ellos. Apenas movió el parietal para clavarla al ángulo. La tristeza y la decepción es mucho más grave cuando no se puede mostrar, y mucho peor cuando en vez de eso hay que aparentar alegría. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-272f4aa8655fef32f99669601056ecad">Ya lo había tenido que hacer en otros partidos. La actuación debía ser magistral, porque era el clímax, en las películas es el momento crucial, el mas importante, cuando el que está mirando no puede ni moverse y el actor debe hacer el mayor esfuerzo para lograr una escena inolvidable. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-24c3fa1eec2e1eca9cbe0efc646b7990">Entonces yo tenía que hacer la mia; gritar ese gol con todo, porque era la última jugada, porque significaba la punta del campeonato. Si había emoción mucho mejor, total las lágrimas de alegría o de tristeza son iguales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04d8aeb82b850f99bcfd955a2447b54d">Y si ahora estoy con cuatro costillas rotas y en la cama de este hospital no es por haber actuado mal. La escena la hice a la perfección, como la venía haciendo siempre desde que el público visitante no puede concurrir a ver a su equipo y hay que camuflarse para verlo con todos los contarios en su estadio. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9466595f0bbd5e70b3aa955a300e1572">Hay que gritar sus goles, poner cara de tristes por los nuestros y no dejar que nos traicione el instinto, como me pasó a mí cuando el que estaba al lado me preguntó quién había hecho el gol. Sin tiempo para pensar, con las lágrimas que simulaban ser de alegría todavía recorriendo mi cara, contesté:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cbba28f2251fc7bc4f79b55cb94c044b">–Lo hizo Vidal. Siempre nos caga ese hijo de puta.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="763" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/01/image-7-1024x763.png" alt="" class="wp-image-2900" style="width:570px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/01/image-7-1024x763.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/01/image-7-300x224.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/01/image-7-768x572.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/01/image-7.png 1200w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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		<title>Amor a distancia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Oct 2024 17:41:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Ascenso]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol europeo]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Qué sentido tiene juzgar la pasión con regla y compás en mano?</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Fabio Martín Olivé (<a href="http://x.com/@fmartinolive">@fmartinolive</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e11b9ca6389712e6e9cc356c13383268" id="59a5">A principios de año, un video de la peña oficial de Liverpool celebrando el triunfo sobre Chelsea en un bar porteño se viralizó. La euforia por el gol de Virgil generó el enojo de algunos usuarios, que desde la cobardía del anonimato y apelando al chovinismo berreta, buscaron generar interacciones cuestionando su pasión. La pregunta es: ¿se puede ser hincha de un club que está a miles de kilómetros de tu hogar? La respuesta es clara: sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-54df0e7ded2aa657138800bc06ad5e71" id="9e62">La globalización y el avance de las nuevas tecnologías han permitido que nos relacionemos sin necesidad de ocupar espacios comunes. Se han creado nuevos hábitats virtuales, una cosmovisión en la que se eliminan las fronteras y nos permite compartir momentos con gente de diferentes países, clases sociales o idiomas. Desde los antiguos foros y las salas de LatinChat hasta Facebook e Instagram, estas plataformas han revolucionado la forma en que interactuamos y nos conectamos con otros.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7179add0d935af4bb89e31f37177c51f" id="63d7">De la misma manera que se cuestiona el sentimiento de un oriundo del Gran Buenos Aires por Juventus, se podría cuestionar el de un hincha de Boca que vive en Corrientes, pero The Proclaimers no compusieron <em>I&#8217;m Gonna Be </em>para que andemos midiendo los kilómetros en el amor. <strong>El no tener una presencialidad no nos impide conectar.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d57c789ab4b62dea938de1d20dab7c7f" id="d61b">En Argentina siempre existió la figura del “doble camiseta”: aquellos que son hinchas de un club de ascenso (por lo general de su barrio) y de alguno de los cinco grandes. El fútbol es una representación de la cultura nacional, de sus regionalismos y barriadas. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8185285af4bbe3d55c09161fc3e4b530" id="d61b">Los clubes hoy compiten por la atención con sus pares de todo el mundo, y no ayuda que sea mucho más fácil ver un partido de la Bundesliga que uno de la Primera B, gracias a la decisión de TyC Sports de no permitir que los medios partidarios transmitan los partidos. A pesar de las numeros trabas, la identidad que construye la cotidianidad de los clubes sigue afianzando el vínculo con sus hinchas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-38c524df2beda8e14115d33fe63e5e70" id="379a">El poliamor también llegó al fútbol. <strong>La oferta de partidos en televisión ha ido expandiéndose desde finales del siglo XX, y difícilmente podemos sentarnos a ver uno sin pasión. </strong>Así sea porque empatemos con el equipo más débil, porque odiemos a alguno de los dos contendientes, juegue nuestro futbolista preferido o solo porque nos gusten los colores de su camiseta, elegiremos un bando para hacer que los 90 minutos sean más emocionantes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-902d6d0012f544219041b7b8d06b9b3f" id="c188">Rousseau decía que las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho. Esos inexplicables sentimientos envuelven a uno que arranca un sábado por la mañana viendo un partido en el que no sabe quiénes juegan y termina enamorado del enganche checo del Arsenal inglés. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a79a302368f6d3a1a66fd7eb5a6f3c87" id="c188">Así le pasó al periodista Sebastián García, quien&nbsp;<a href="https://x.com/SebaHGarcia/status/1171834986749714433" target="_blank" rel="noreferrer noopener">contó que su amor por el Queens Park Rangers</a>&nbsp;nació porque eligió a ese club de siglas inusuales en el videojuego PC Fútbol y comenzó a adentrarse en foros para hablar y seguir las noticias de ese equipo que gestionaba con tanto mimo. Nunca está de más recordar que el amor se encuentra, no se busca.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6ec6a088719d418078aaff592cb67b70" id="dd52">No vimos a Elvis mover la pelvis y a Green Day lo conocimos por MTV, no por verlos tocar en un garito barrial. <strong>El fanatismo por un cantante o banda extranjera se logra por una conexión mágica, algo en su música que nos toca una fibra íntima y nos hace conmover, aunque no entendamos siquiera lo que nos está diciendo.</strong> </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-385e62aa96558e7e60436c4ebd457b06" id="dd52">Así como Daniele De Rossi es romano, romanista y bostero porque amaba a Maradona y se fascinaba al ver a La Bombenera latir por televisión, un pibe de Florencio Varela puede escuchar a The Beatles y al Noba además de ser hincha de Defensa y Justicia y Manchester United porque de chico veía a Cristiano Ronaldo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9fd7dbbc856618c8826aff8c8ce407d9" id="9899">En un mundo cada día más inhóspito para la mayoría, donde se asientan los discursos de odio, la plata no alcanza y la ansiedad nos consume, si tenés genuinas ganas de gritar un gol del Wisla Cracovia o un triunfo del Osasuna te alegra una tarde de sábado te felicito. Es loable que la gente encuentre un poco de felicidad en este maremoto de mierda en el que vivimos.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/10/image-4-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-2647" style="width:406px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/10/image-4-1024x1024.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/10/image-4-300x300.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/10/image-4-150x150.png 150w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/10/image-4-768x768.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/10/image-4-50x50.png 50w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/10/image-4.png 1100w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



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<p><em style=""><b>Este artículo fue originalmente publicado en </b></em><strong><em><a href="https://fmartinolive.medium.com/amor-a-distancia-6893d32c0044 ">https://fmartinolive.medium.com/amor-a-distancia-6893d32c0044 </a></em></strong></p>
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		<title>De la cuna al cajón</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 30 Jul 2024 20:17:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchadas]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La última voluntad de un hincha debe ser respetada... por las buenas o por las malas</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Toni (<a href="https://twitter.com/ToniDibujante">@ToniDibujante</a>)</strong></p>



<p>Jorgito corrió hacia la esquina donde se juntaba con los pibes. Las piernas no le daban más, pero la trágica noticia que llevaba encima no le dio respiro. Traía consigo el diario de la tarde y a juzgar por su color pálido parecía que había visto un fantasma. Cuando por fin llegó, puso sus manos sobre las rodillas en clara señal de cansancio.</p>



<p>—Se murió el Cabezón —dijo por fin Jorgito mientras le brotaban las lágrimas.</p>



<p>— ¿¡Qué!? —Respondieron a coro los pibes.</p>



<p>—Le pegó… un bobazo…</p>



<p>— ¡Pero el Esteban tiene 27 años! —gritó el Gordo.</p>



<p>—Acá tenés el aviso fúnebre, mirá si voy a joder con una cosa así, pelotudo —le espetó Jorgito mientras señalaba una necrológica en el diario.</p>



<p>“Esteban Rapetti partiste hoy. Siendo tan joven te nos fuiste al cielo. Te extrañaremos. Tu familia” decía el texto debajo de una cruz. El Gordo tiró el diario y se agarró la cabeza. El Ruso se sentó en el cordón, otros como Seba y Fede quedaron en silencio. Juan se puso la mano a la altura de la boca y se largó a llorar.</p>



<p>—Pero pará un poco, ¿cómo sabemos que es el Cabeza? —el Gordo se resistía a creer lo de Esteban.</p>



<p>—Lo llamé al celular, no atiende, da apagado… no sé. Además vengo de la casa, está lleno de gente llorando, muchos vecinos… no me animé a más.</p>



<p>— ¿¡Fuiste hasta la casa!? —se sorprendió Juan.</p>



<p>—Tenía que confirmar, hice de tripas corazón y me mandé. Ojo, solo miré, desde la vereda de enfrente, no voy a ser tan pelotudo de meterme ahí cuando en esa familia no nos juna nadie y más en un momento así.</p>



<p>Este aborrecimiento de la familia de Esteban a sus amigos provenía por una cuestión netamente futbolistica. Los Rapetti siempre estuvieron vinculados a la vida social de Newell’s. Pero por esas cuestiones de la vida, el Cabezón se había hecho fanático de Rosario Central desde pequeño. No hubo oferta ni amenaza familiar que lo convenciera de lo contrario.</p>



<p>La familia no tuvo más remedio que aceptar esa elección. Eso sí, lo que no aceptaba era la relación con sus amigos, una banda de vagos sin oficio ni beneficio. Fue en el cumpleaños del abuelo Cholo, allá por 2008, cuando se armó la podrida. El Cabezón había ido al cumple del<em> nonno</em> con los amigos canallas y fue como una olla a presión. No tardaron mucho en trenzarse a golpes con unos primos y tíos leprosos que empezaron a cantar canciones de cancha. Ahora ni siquiera podían llamar a la casa.</p>



<p>—Como mierda vamos a hacer para despedirnos, boludo —dijo con desazón Sebas.</p>



<p>—Yo iría igual, viejo. No creo que sean tan chotos de impedirnos entrar al velatorio de un amigo —terció el Gordo.</p>



<p>—Son chotos, hermano… son chotos. Olvidate.</p>



<p>—A mí me preocupa que no le vamos a poder cumplir la última voluntad al Esteban —dijo en tono preocupado Jorgito.</p>



<p>—Ustedes están en pedo, en primer lugar como carajo hacemos para meter un ataúd en una tribuna, más en medio de un partido —se indignaba Juan—. Seamos realistas, no podemos y si queremos hacerlo primero nos caga a tiros la familia y después la policía cuando queramos entrar el ataúd a la cancha. Es imposible.</p>



<p>—El Cabezón es un hermano. Yo daría la vida por cumplir su sueño—se rebelaba Jorgito.</p>



<p>—Yo también, loco. Hay que hacerlo&nbsp; —se sumaba el Gordo.</p>



<p>Un silencio quedó flotando en el aire, como si esa falta de palabras fuese un compromiso asumido.</p>



<p>Esteban y sus amigos tenían un pacto. En 2011 un hincha del Cúcuta, que había sido asesinado el día anterior,&nbsp; había tenido su “última visita” a la cancha en pleno partido. Con el cajón en andas los hinchas irrumpieron en pleno partido para que el difunto hincha tuviese un velatorio acorde a sus ideales. Los pibes se juraron que el día de la muerte de alguno de ellos, iban a hacer lo mismo. Nunca pensaron que eso iba a ocurrir tan pronto.</p>



<p>—Bueno. ¿Cómo mierda hacemos? —se plegó al compromiso Juan— ¿Vamos hasta la casa le decimos que por favor nos presten el ataúd con Esteban para llevarlo a la cancha y volvemos? Nos van a sacar a tiros boludo…</p>



<p>— ¿Y si robamos el ataúd?</p>



<p>— ¿Qué mierda fumaste pelotudo? —lo paró en seco Juan.</p>



<p>—Las casas velatorio ahora cierran a la medianoche por la inseguridad —empezó a maquinar Jorgito—, ahí podemos entrar. Forzamos una puerta, sacamos el féretro y nos mandamos para la cancha bien temprano, cuando la barra mete los trapos y eso…</p>



<p>—Estás completamente en pedo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p>—Buenos días, soy el sargento Roberto Esqueda de la policía científica. Recibimos una denuncia sobre el fallecimiento de Esteban Rapetti y tenemos que llevarnos el ataúd con los restos del causante a la morgue judicial.</p>



<p>—En este momento no se encuentra ningún familiar en la sala, son las seis de la mañana y hasta las siete está cerrado el lugar.</p>



<p>—Tenemos una orden judicial.</p>



<p>—Un momentito por favor —respondieron por el portero eléctrico. Al cabo de unos minutos abrió la puerta un hombre flaco de bigotes entrado en años. Intercambió un saludo frío con el sargento, se interiorizó de la orden judicial, constató su legalidad y por fin hizo pasar a los oficiales al hall.</p>



<p>—Bien, está todo en orden —dijo el de la funeraria—, ahora llamo a personal de la cochería para que los ayude a cargar el féretro.&nbsp;</p>



<p>Lo que siguió fue un papeleo, firmas, algún testigo que pasaba por allí. Al cabo de media hora cargaron el ataúd a la camioneta de la policía científica. El móvil hizo un par de cuadras y doblar por una cortada y se detuvo frente a unos muchachos que estaban como esperando a la camioneta. El sargento, que iba del lado del acompañante, bajó la ventanilla. Uno de los jóvenes se acercó hasta él.</p>



<p>—Juli, ya tenemos a tu amigo a bordo —dijo mientras se prendía un cigarrillo—, tuvieron suerte, la denuncia que hicieron por muerte dudosa tuvo eco. La fiscalía nos mandó a recoger al causante y acá lo llevamos a la morgue judicial.</p>



<p>—Gracias tío, no sabes el favor enorme que te vamos a deber —dijo el Gordo al borde de las lágrimas.</p>



<p>—Mira Julito, te voy a ser sincero. Con esto me juego el puesto, pero lo hago por nosotros para que esos pingüinos malparidos no impidan cumplir el sueño de uno de nosotros —dijo el sargento, ya abajo del móvil—. Ahora me lo llevo para la morgue, a eso de las tres, cuando falte poco para el partido lo llevo hasta la cancha. Voy a poner la chata en la calle, por detrás de la tribuna y de ahí no se mueve. No va a estar adentro de la cancha pero de la camioneta no lo podemos sacar.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p>La camioneta se había estacionado ya. Faltaba muy poco para que el partido comience, pero los muchachos habían ido tempranito a esperarla. Tenían preparada una bandera que decía: “Por siempre Cabezón”. Los pibes rodearon la camioneta y se pusieron a llorar. Seba se largó a cantar y los otros lo siguieron. No se querían mover de ahí.</p>



<p>—Vayan a ver el partido. Eso es lo que hubiese querido su amigo, no se van a quedar acá —les dijo el sargento—. Ustedes ya cumplieron.</p>



<p>Entraron a la cancha llorando y cantando. Cuando entraron había mucho silencio, eso los impactó aún más. Pero era porque justo Banfield había metido el primer gol, el uno a cero. A los pibes no les importaba el resultado, aunque si querían ganar así su amigo se iba para el cielo con una victoria del Canalla. Y llegó el empate.</p>



<p>Seguramente Esteban estaría ahí, contento, celebrando el gol, llevándose consigo un grito eterno de gol. Lo vieron a apenas unos metros, sonriendo y levantando una mano hacia donde estaban ellos. El Cabezón estaba ahí.</p>



<p>— ¿Cómo andan muchachos? Llegué tarde, no saben lo que me pasó —les dijo mientras se acercaba.</p>



<p>El Gordo empalideció. Los otros se quedaron mirándolo atónitos, como tratando de entender semejante milagro.</p>



<p>— ¿Che, qué carajo les pasa?</p>



<p>—Pero vos… vos… ¡Acá! —tartamudeó Seba.</p>



<p>—Sí, yo acá. En realidad no iba a venir, ¡no saben la que me pasó! Ayer se murió mi tío Esteban, un bobazo fulminante. Con todo el quilombo no pude avisarles, encima no encuentro mi celular, un garronazo. Supuestamente hoy era el entierro, pero no sé qué mierda pasó y la policía se llevó el cuerpo. Aproveché que no había entierro y vine. ¿Qué carajo te pasa, Gordo? ¿Viste un muerto?</p>
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