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	<title>Hincha archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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	<title>Hincha archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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		<title>Crónica de un clásico</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Mar 2026 17:16:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
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		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Hincha]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Qué cosas puede hacer un hincha para llegar a tiempo a un partido importante? Los límites están por verse.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cronica-de-un-clasico/">Crónica de un clásico</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Uriel Frimet (<a href="https://www.instagram.com/ufrimet_">@ufrimet_</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7f0e2ed862358118fa3a91c03a6adb07">Yo ya presentía que no iba a salir redondo el día de laburo. Sabía desde el lunes que quería tenerlo todo bien cerradito para el viernes a las 4 de la tarde, por si surgía algún <em>martes 13</em> y tener 2 horas para solucionar cualquier inconveniente e irme rajando a la cancha a las 6 de la tarde. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7023c54f360f8f9dd0b65f05eadeb0dd">Pero este laburo del orto, con compañeros displicentes, sueldos bajo tierra y ni una mina linda, nunca me va a dar un puto día de paz. Y con paz me refiero a poder salir en horario y llegar puntual al clásico. Este no era cualquier clásico. Pasaron 23 años desde el último que jugamos. Se fueron tan al descenso que llegaron a quebrar los boludos. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e86ce1cc220a8a79fa043ced63ec96c8">Lo digo en voz alta pero toco madera, no vaya a ser que por decir esta mufa nos pase a nosotros. Ese día de la quiebra sus barras empezaron a quemar pelopinchos en la sede central. Se ve que alguno laburaba en una empresa de plásticos y se afanó varias piletas para llevarlas al <em>reclamo legítimo</em> que tenían. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6a6b2f133a2fc78ad811589f093991c">Hubo cobertura de varios medios de televisión pero también un vecino del barrio que quedó incomunicado para siempre. Inhaló tanto plástico quemado que la quedó. “Ya estaba a un paso del cielo”, decían los barras en el juicio cuando los imputaron por homicidio indirecto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-273b28dd74096fcea599588d811e6f85">Frente a todo pronóstico pude salir seis y diez. Era más que una batalla ganada. Salí corriendo como pude por los molinetes de la oficina y me fui a la parada del bondi. De camino ya visualizaba cómo y por cuál calle iba a entrar a la cancha; como iba a esquivar a todos los faloperos que siempre entran tarde y encima gratis porque la barra les da entradas. ¡Forros! </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff3cc0979841c4c0c4baab0b552e1261">Pero el puto bondi no llegaba. Eran las seis y veinte. Y pensé en tomarme el subte y después otro bondi para acortar camino. Lo hice. Arranqué disparado como si tuviese un monopatín y casi que no esquivé a la gente y me llevé puesto hasta la vieja más vieja.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6f634bccb6b809a3ada05da2369fb5cb">Ya en el subte siendo las seis y cuarenta me puse a pensar si haber saltado el molinete de la estación había estado bien. Recuerdo que pensé “Me chupa un huevo todo”. Es que era viernes y jugábamos el clásico después de años verlos hundidos en la mierda. Nunca festejé el dolor ajeno, pero pa&#8217; qué te voy a decir que no si sí. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3f50acb7fdf9750ccac1e117947148b1">Faltaban 10 minutos y yo todavía estaba a media hora. Puteaba al aire a cada uno de mis inútiles compañeros. Primero en orden alfabético y después por edad, de mayor a menor. Porque me daban más rabia los viejos esos que pedían ayuda todo el tiempo con la computadora.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-eedb8076f5b797fb796a461eeffd849e">Son las 7 de la tarde y recién me subía al bondi. Estuve sentado con las manos y pies orientados a la puerta del medio para salir corriendo en cuanto sea mi parada. Miraba por la ventana y veía a cada pelotudo llevando su día tan tranquilo que me daba ganas de sacar la cabeza por la ventana y gritarle cosas para activar su nerviosismo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de9de59d2f109898dace5a579d35b807">¿Que no se dan cuenta que es el clásico? ¿Qué mierda van a hacer un viernes a la tarde? Estos pensamientos de matón creo haberlos heredados de mi tío que era medio tranza y medio ferretero. Nunca supimos bien qué le pasó. Dicen que se la pegó haciendo <em>la Willy </em>en el puente de San Martín, pero nunca encontraron el cuerpo ni nada. Ya no quería pensar en desgracias. Yo necesitaba llegar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b24630a5093e9a08ebc5783b056a3073">Supe nada más que estaba 0 a 0 a los diez minutos de haber empezado el partido y me quedé sin batería en el teléfono. Estaba a la deriva. Sin rastros de mi club ni de los amargos esos quebrados. La ansiedad y la transpiración aumentó exponencialmente al estar incomunicado totalmente con mi mundo real, el clásico. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-24150a66329ddc1a39f48368ecac82b0">Contaba cada semáforo en rojo que no se arriesgaba a pasar el colectivero. Sumaba los segundos que tardaban en subir las viejas al bondi. Asomaba mi cabeza a ver el tablero para asegurarme que vaya lo más rápido posible. Son incontables la cantidad de detalles que uno puede estar pendiente cuando se enfoca en un objetivo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9f89eb5cff2648c3a8f87efcaa4bf2d8">Lo último que recuerdo del trayecto de ese día amargo, vacío y sin alma era que lo vi a Tito, el del kiosco del barrio, contando billetes de tantas birras vendidas. Al menos uno en el barrio se fue feliz ese día. Y yo, que ya no distinguía qué molinete pasar civilizadamente y cuál no, crucé el de la cancha con un salto en alto formidable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dfc86d1cfb86eef7df494cf887d236a8">Caras largas, desazón y bocas tapadas con bigotes a punto de largar una guarangada sobre la madre del primer jugador que se equivoque. Había un silencio incómodo, gente con manos en la cabeza, hombres sentados diciendo cosas incoherentes a punto de perder la razón. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-39a255f8665e0997e49b1056ae927719">Un ambiente en el que se debía prestar ovación a once energúmenos en realidad era un funeral multitudinario con tribunas llenas replanteandose su existencia. Giré mi cabeza hacia el tablero electrónico. 40 minutos y 0-4 abajo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c8a1bfeebdb1487ebb29ea564d290457">Miré incrédulo a los ojos a quienes tenía a mi alrededor. Fue en ese preciso instante que engendré y coordiné, como nunca había hecho en mi vida, el momento de mayor divinidad sobre la faz de la tierra. Un instante que parecía ensayado durante años y que mi destino me tenía esperando: liderar 40.000 almas congregadas para descargar sus miserias y labrar por un bien común gritando un humilde y sentido: “Jugadoooooores la concha de su maaaaaadre…»</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="560" height="839" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-8.png" alt="" class="wp-image-3753" style="width:390px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-8.png 560w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-8-200x300.png 200w" sizes="(max-width: 560px) 100vw, 560px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen realizada con IA.</figcaption></figure>
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		<title>La pasión infinita</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Sep 2023 19:08:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Relato sobre la vida de un hincha, desde el principio del partido hasta el pitazo que marca un nuevo comienzo.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Carlos Bucci (<a href="https://twitter.com/ElCronGasolero">@ElCronGasolero</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a00e3d03e546df8f05f3b7ada1ad11c4">Los rayos bajan como puñales sobre las tribunas color cielo, algo desgastadas por el paso del tiempo y la falta de una caricia del pintor. Todo indica el fin de la siesta y el comienzo de un camino que no tiene fin.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-36829fd3da90e8760cabe60ad6fcb700">Las voces onomatopéyicas que se escuchan a lo lejos despiertan la curiosidad de ese niño que sin permiso busca el mejor hueco posible. <strong>Significará el ingreso al instante justo en que su mirada brille y su corazón no pare de latir acelerado por la picardía y la emoción.&nbsp;</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-90646019efd94fabdfb5266383118ff7">Las gradas de madera a espaldas del ferrocarril, que alojan a la barriada sureña, son el pasaporte ideal para una función estelar. Un gran megáfono presenta a los actores y en simultáneo vende al ritmo de Stella Publicidades, mientras “Navarrito” entrega el programa al ingreso a plateas.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-08ba194983301c7e6dc968fba6b3bc9f">Toda la vida había esperado ese momento mágico en que el señor de negro diera comienzo a la función haciendo sonar su silbato al inicio del primer acto. Los espectadores rugen entre olas celestes que no paran de flamear al ritmo de los bombos y las trompetas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-63a30ec77d7f1008f079b1ce5d649fb5">El inefable vendedor de golosinas recorre los pasillos gritando “Chueeengaaaaa” mientras los actores suben al escenario y los papelitos zigzaguean al ritmo de un cálido viento estival. <strong>La alfombra verde desplegada como escenografía comienza a sentir el rigor de los veintidós uniformados que van en busca de un trofeo circular.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f18d20bf949088184cc6d6d9fe8ab6b1">Las redes aceradas que envuelven la escena intentan tocar el piso y vuelven a erguirse luego de cada aproximación de los protagonistas al arco del triunfo. Penetrarlo no es tarea fácil, pero no desvían ni un segundo su atención en poder lograrlo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-24ea798c396e0c01365cea9f8fc47f2f">Se escuchan relatos metálicos que bajan desde los palcos, pero es muy difícil comprender lo que dicen interferidos por los cánticos y las sonoras bocinas de la 9 de Julio. Mucha gente sentada sobre sus butacas de madera se abalanzan sobre los actores mientras vociferan su descontento por el equívoco de sus libretos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-183d360cfdaf2db90f893c3d591a2ede"><strong>Todo parece ser un drama para ese adolescente que mira expectante lo que sucede sobre el escenario y no comprende bien por qué todo es tan monótono y lento. </strong>Imagina un final feliz, pero la escena le devuelve frustración.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-739c97298ddd23d033b7aac5d8faaf97">Los parlantes decretan el fin del primer acto mientras invitan al baile de carnaval para el sábado a la noche. Anuncian la presentación de Roque Narvaja y un desconocido grupo llamado Soda Stereo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-706fe1c134c7875b3e20630e3707efc6">Luego del breve descanso, todos se acomodan en sus butacas plásticas mientras “Navarrito” les retira la llave de cartón a su ingreso. Restos de latas vacías se acumulan en los cestos que aún esperan una nueva invasión.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-31111502ca8acd57c4238069b070ac36">El segundo acto comienza y la melancolía invade a ese hombre que se pasa las manos por su sien nevada. Se está acercando el final sin que pueda disfrutar plenamente del espectáculo.<strong> </strong>De repente se desata la locura cuando el protagonista principal se arrodilla con los brazos en alto mirando al cielo para agradecer el tributo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8253ac1138b2a6046c7181542aac8377"><strong>Las cámaras de televisión apuntan a ese racimo humano que festeja el triunfo. Los abrazos son interminables entre espectadores que derraman lágrimas de alegría por el desenlace soñado. </strong>Las luces LED se encienden anunciando el ocaso.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-346e8643e49f9e55eada915b0c711375">El tiempo pasa dejando las huellas que refleja la contienda. El segundo acto termina con final feliz y los actores se encauzan para volver a sus camarines. Se retiran por aquel túnel acolchado mientras los aplausos bajan de la popular de cemento que da a espaldas del ferrocarril.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b244ff4461503fe66d396b119fb8adf7">El público se retira satisfecho a sus hogares, mientras recibe un guiño cómplice de “Navarrito”. Muchos van comentando cada detalle que les dejó el espectáculo simulando ser críticos profesionales.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2dc7218f8f6b8c1c39f19faadfc2cc27">Ya nadie queda en el Teatro de Turdera, pero el corazón de ese veterano con permiso se siente dichoso de haber vivido otra vez la más maravillosa obra. Al fin y al cabo, eso continúa siendo el combustible que alimenta su pasión por la vida color celeste.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2023/09/image-4-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-1447" style="width:594px;height:594px" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2023/09/image-4-1024x1024.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2023/09/image-4-300x300.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2023/09/image-4-150x150.png 150w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2023/09/image-4-768x768.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2023/09/image-4-50x50.png 50w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2023/09/image-4.png 1440w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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