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	<title>Fútbol entre amigos archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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	<title>Fútbol entre amigos archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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		<title>Lo que no corresponde</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Mar 2025 14:23:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Vivir sin patear una pelota no es vivir. Y no hay restricciones que puedan impedirlo... ¿o sí?</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lo-que-no-corresponde/">Lo que no corresponde</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Felipe Alonso (<a href="https://x.com/felipealonso19">@felipealonso19</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f390e1cccaf160682062e9f7b6e4ce49">-Menos mal que nada podía salir mal, Muque y la reconcha de tu madre- gritaba Budó apretado en el asiento de atrás del patrullero, esposado y tan transpirado que parecía salido de una pileta pero convencido de que la falla del plan era que no lo había hecho él. El Muque estaba tirado con la frente contra la ventanilla y repetía “Mi abuelo me mata”.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9421148f9e5f99abc80fa0a56cd77a64">Y tenía razón en preocuparse porque en tremendo quilombo había metido al pobre de Don Diez, que a sus 95 años le habla dejado la mejor parte de su campo, con la casa venida a menos, pero amplia y a su modo lujosa, la pileta inmensa con un trampolín tan alto que desentona con el ambiente rural y desafía a los más valientes.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dbe540b851d3950e23f6cf38f54fe854">Cuánto se iba a desilusionar cuando supiera qué era lo que hacía el Muque en ese galpón, con tantas luces, tan tapado con telones. Con eso lo había convencido, con un sistema de producción inteligente que combinaba la cantidad justa de agua, con la plena oscuridad, los súper reflectores y la alfombra y qué sé cuánto.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8ba284920af2524cc30681170ca5eef5">Si se lo habían advertido a Don Diez, que no le convenía. Que era mejor otro nieto, Cristián por ejemplo, que además era ingeniero agrónomo. Hasta le dijeron que Eugenio -jamás permitió que se lo llame el Muque enfrente de él- alquilaba el casco de la estancia por Airbnb, pero no quiso escuchar.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5a4212981a75bbb7e6d9eb3e1525ba60">Cuando llegaron a la comisaría de Olavarría al Muque le pareció que los patrulleros eran 10 o 12. Si subieron a dos por auto, en 6 autos estaba todo el grupo, pensó. ¿Y los demás? La imagen de su abuelo esposado le dolía más que la tetilla donde justo, justo, le vino a dar la taser que lo derribó cuando corría en cuero, ajeno a lo que sucedía afuera.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="955" height="624" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-31.png" alt="" class="wp-image-3043" style="width:386px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-31.png 955w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-31-300x196.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-31-768x502.png 768w" sizes="(max-width: 955px) 100vw, 955px" /></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ab5e33a95c4f21b22b62ba01ee9e3b0c">Fue ahí que todos se dieron cuenta que habían perdido, cuando cayó el Muque al suelo, de frente y sin poner los brazos, con las rodillas vencidas como los boxeadores que tocan la lona y los árbitros enseguida hacen la seña de que no va más y el otro va a subirse a las cuerdas y con los brazos en alto grita que es el mejor y que va a noquear al que le pongan enfrente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1aebb5945d46dfadae564bc7ccc6a29">Cuando entraron a la comisaría, a Nacho le pareció escuchar que los de recepción detrás del vidrio llamaban a otros policías para que vengan de raje, que había que estar. Los pusieron a los 12 contra la pared y un robot que parecía un tanque de guerra en miniatura los recorrió de arriba a abajo, uno por uno, con un scanner de una fuerte Iuz roja. Cuando terminó con todos, volvió y repitió el procedimiento con Sebastián que increíblemente se encontraba esposado con guantes.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f46cb30029b2cbf80466de714cc34eb">Por la misma puerta que salió el robot, entraron dos policías que disfrazados de eternautas les quitaron las esposas y con dos mangueras como de bombero los rociaron -sin escatimar maldad- con un líquido espeso que dejaba un sabor casi tan desagradable como cuando te revuelca una ola y tragás agua, arena y vergüenza y ni volvés ni a mojarte los pies por el resto de la tarde.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-406023a73e73887e3b6277feda774ff3">Ahí estaban los 12, parados y empapados. Uno al lado del otro contra una inmensa pared blanca, ordenados alfabéticamente aunque ninguno lo notó. Una luz incandescente los apuntó directamente a la cara y a Juan Ignacio se le vino a la mente la imagen de la liebre que se quedó seca en frente de su auto cuando entraban al campo y después en pedazos en su paragolpes. Había sido hoy mismo y hasta hacía menos de una hora su única preocupación era cuánto le iba a salir el faro antiniebla que rompió.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8d2567cf7ad16bb69a10a32419587a5c">Justo cuando sus ojos se empezaban a acostumbrar a la luz, una voz salida de una cara que apenas detallaban se presentó como comisario Britos y leyó rápidamente la serie de delitos de los que se los acusaba y les ordenó que dieran un paso al frente cuando escucharan sus apellidos. Salvador fue el primero, que confirmó su número de documento, su soltero de estado civil y su dirección en Bragado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de26ad6bdaa14bed3014dd957d7e54fe">Luciano fue el segundo que movió lentamente sus piernas y confirmó sus datos. El comisario se acercó y los 12 pudieron ponerle cara a esa voz que chequeaba datos pero anunciaba problemas.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-337d3ed780ef364a5bd68497e81cbbba">-Todos son unos pelotudos grandes, de más de 40. Pero vos además de ser el más viejo, sos el que tiene más cara de delincuente, sacate esos tatuajes Altamirano, ¿querés?- lo desafió Britos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8d2c660f77b4849de1b55933f20dbe3e">Milton fue el siguiente en confirmar que eran suyos el número de DNI y la dirección en Berazategui. Estaba tan nervioso que parecía que bailaba con sus hombros y rodillas y se reía mostrando sus paletas separadas a las que atribuía un insuperable poder de seducción, siempre enmarcadas por su histórico bigote perfectamente teñido de negro aunque a todos les jurara que era su color natural.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-23ce7109dead64848d7c073d9b784d9c">Cuando fue el turno de Budó, los 12 notaron que estaba llorando. Asintió los datos sin escucharlos mientras repasaba una y otra vez el plan en su cabeza y buscaba cuál había sido la falla, cómo los habían encontrado.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c1f209efc18eb81a1e24d986a54764dc">¿Los habrían seguido desde que salieron de La Plata? Era difícil, tres autos, tres rutas diferentes. Cargaron nafta y pagaron en efectivo. Él mismo se encargó de que nadie se mostrara de más en la estación de servicio. Incluso evitó justo a tiempo que Luca le diera su teléfono a la chica que en la YPF le vendió unos anteojos de sol baratos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fd024deb2b3fb74cf8c7d42cc2fc1d49">A Budó le constaba que los 11 que viajaban hacia Olavarria tenían los permisos en su aplicación. Incluso tenía constancia Martín, que en una actitud más que reprobable, se había bajado del plan la noche anterior argumentando que tenía familia, que le parecía demasiado arriesgado y que le dolía la rodilla.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-08fd3a325f977eb58d0459ab13888dfc">Después fue el turno de Nacho, que se repetía para adentro que iba a ser el preso más pelotudo de todos por algo que encima tampoco le gustaba tanto y que casi toda su vida le había sido ajeno. Era terrible el costo que terminaría pagando solo por pertenecer, por querer hacer lo que hacían los demás, por no perdérsela. Pensaba que sería la nueva vergüenza de Necochea, como hace 10 años el boludo del <em>baby shower</em>.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9dc59e465bc68e1853779bfd8bd87cd">Sebastián, que era el único de pantalón largo y ya sin guantes, confirmó sus datos y su dirección en Mar Del Plata. Pensaba en que a los años en cana que se le venían por esto, tenía que sumarle algunos más por las plantas que iban a encontrar cuando allanaran su casa. Pero lo que más le dolía era imaginar que se las iban a fumar los policías.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9e9a948d4b7e3ece516932397f78477">Cuando fue el turno de Juan Ignacio de confirmarse, el comisario le preguntó si sabía que estar utilizando ropa con colores,escudos y simbología prohibida era un agravante. Se miró vestido de azul y amarillo y respondió que sí. Hasta pareció orgulloso.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b08bc45fbb1c47c5affbc6c557d460ba">Se le notó la cara de sorpresa al comisario Britos cuando notó que el mayor de los hermanos que tenía enfrente según documento, era el menor de estatura. Para colmo Francisco con sus más de 45 años estaba físicamente impecable, con el corte de pelo de los jóvenes y era común verlo ser uno más de ellos en el streaming de la Bresh con bastante dignidad.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c472dc201d5d62cafcb400cb663ea1dc">Hay quienes lo critican por esto y por tener una novia 23 años menor, pero él es feliz y en su familia a Amparo la adoran. Incluso su hija la quiere desde los 6 años ya que fueron juntas al colegio.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e50d802fec3b9596e43bbd3847ba450c">Facundo todo lo contrario. A partir del segundo año de aislamiento se afincó en una chacra por la zona de Sicardi y 8 años después se enorgullecía de vivir de lo que producía, comer absolutamente sin TACC ni colorantes.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a3d09409eb8e42a7b39abe5b0023b76e">Ya no se parecía al flogger de acento mezclado que llegó de Nicaragua a los 18 años a estudiar periodismo a la Universidad Pública y se dormía una hora y media en la cara del profesor Ciappina y enfrente de todos sus compañeros, que a pesar de eso 5 años después reventaron las urnas para elegirlo presidente del centro de estudiantes. Los 12 que estaban ahí parados habían trabajado empapelando la facultad con carteles que decían “en la facu, Facu”.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-71f29541642d5e1eedd390186fe88a9b">Tampoco se parecía al Facundo de los 30, de bigote fino y propensión a las piñas. Era un señor de 40 pero puro pelo, que se mezclaba con la barba y que iba desde la frente y las patillas, pasando cerca del ojo, pero también salía desde adentro de la nariz y parecía comerle los labios y cubrirle el cuello uniéndose con el pecho y quizás la espalda, todo absolutamente blanco de canas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-64747e6034634fd530947de05454720e">Los ojos negros sobresalían tanto que dejaban saber que todavía era Facundo, que era posible que en el fondo extrañara las harinas mucho más de lo que decía y que de todo este grupo de buenos tipos, seguia siendo el de mejor corazón.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cb33e9f7530db7d0a7d0a80028d20283">Luego fue el turno de Luca, que dio el paso adelante y su remera blanca todavía empapada dejaba ver apretada y traslucida una panza que hacía justicia con su vida de dueño de la mejor pizzería de La Plata. Respondió como si en el fondo algo lo divirtiera. Como si a pesar de todo lo que estuviera pasando y lo que se viniera por delante, todavía tuviera motivos para estar contento. Nacho lo miró con desconfianza y se dijo para adentro que seguro todavía no había caído.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-54fac609ed360cf94d148dbb7297285a">Carlos dio un paso enfrente y rechazó la dirección de su documento. Dijo que independientemente de lo que dijera ahí, e incluso con él viviendo en otra parte, su casa siempre sería 1 y 52.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-854975cbb9c374107299d92da0a1e98e">-Por último, el crédito local- presentó irónicamente Britos al Muque, que todavía en cuero dejaba ver la vejez de quien en su plenitud había sido por mucho el chico lindo del grupo, el encargado de acercarse a las chicas en los boliches e intentar sacar charlas y abrirles las puerta al resto. Esa labor le valió también el mote de Irizar, el rompehielos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c6012ba4e9c13d09e3a3629e335b627f">Lamentablemente, el Muque no era infalible y aún cuando lograba su cometido, convenía descartarlo conforme avanzaba la noche y los tragos si uno quería evitar situaciones incómodas o peleas.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b30aad12a69f535bfb59a9858b59f06d">El Muque sintió que ese breve interrogatorio era una experiencia cercana a la muerte, así que no escuchó nada de todo lo que dijo el comisario y repasó su vida desde el jardín de infantes. Concluyó que en situaciones límites el cerebro solo te permite guardar un recuerdo y escogió quedarse con el día que logró besar a una colorada de la facultad que era tan linda como las que salen por televisión.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6e21413a738e2beae914f0aed0b91d6a">Cuando miró a sus costados estaba con sus 11 amigos más amigos. De diferentes lados y de una misma facultad. Él los había convencido a todos de hacerlo, que no pasaba nada. Que era el campo de su abuelo. Él mismo les había indicado tres rutas diferentes para llegar a Olavarría y a todos les había hecho el permiso para que pudieran circular.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img decoding="async" width="250" height="250" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-35.png" alt="" class="wp-image-3047" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-35.png 250w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-35-150x150.png 150w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-35-50x50.png 50w" sizes="(max-width: 250px) 100vw, 250px" /></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-14b3733d96b52114a9f3f761e6bab12c">Cuatro venían a reparar todos los alambrados del campo. Cuatro venían a presupuestar un sistema de riego automático con empresa oficial y todo. Los últimos cuatro eran socios de un fondo de inversión que pretendía comprar un campo. Se encargó de que esos vinieran en el auto de Sebastián, que hacía la historia creíble.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-834d547e0bcc7afb860f81fda65cadc4">Dos años de trabajo en el campo para ese día. Todo solo, para no dejar testigos. Guardar peso por peso, comprar los insumos en diferentes lugares, para no levantar sospechas. Trabajar con diferentes herreros. Cuidar con tanto amor para ver que el verde empiece a crecer.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ad637513314ae59cca98206aca7fd326">Ni hablar de cuánto le costó conseguirla. Aprendió a navegar en la <em>deepweb </em>y seguro que le dejó a su notebook consecuencias irreparables, pero logró pactar un encuentro en plena ruta 226. La pagó carísima, pero la consiguió.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-352ce46213ae921413b987a1674f3a25">Por teléfono hablaron lo justo y necesario y en estricta clave. “10 años después”, de Calamaro, era la canción. Y que había que hacerlo, que lo necesitaban. Tantos años. Era una vez sola, para darse el gusto y después de nuevo, taza a taza, a seguir con las normas, como siempre. Todos adultos responsables, muchos padres de familia.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-432e76d09be034711e8680cb27e81408">El día había sido hoy. Todos salieron a estricto horario y muy temprano. Incluso Luca. El plan era simple. Cada uno guardaba lo suyo en el hueco de la rueda de auxilio, arriba la manta, arriba los bolsos y las herramientas necesarias según la habilitación. Milton cargó en el baúl tres maletines prestados que llenó con impresiones de planillas de excel sin sentido y gráficos de torta que creyó que haría la versión de poder comprar un campo más creíble para los controles.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e1d862a2802f696530d8939f2ec37410">El auto de Sebastián llegó a horario, el de Facundo diez minutos antes y el de Budó 15 minutos tarde porque Luciano pidió bajar al baño tres veces. Todos pasaron los controles perfectamente, habilitados, sin síntomas. Todos se encontraron con el Muque que estaba en la puerta del galpón desde hacía media hora, pero esperando el momento desde hacía años. Aunque no correspondía, se abrazaron.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" width="775" height="436" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-33.png" alt="" class="wp-image-3045" style="width:494px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-33.png 775w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-33-300x169.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-33-768x432.png 768w" sizes="(max-width: 775px) 100vw, 775px" /></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e2ba2703f5742f53070fbb00ba34f6ad">14:45, luego de que todos mearan en las plantas, entraron al galpón. Y aunque el Muque les había dicho poco, les había prometido mucho. Aún así nadie esperaba nada. Por eso la obra de arte que había construido los espantó el doble. Independientemente de lo que diga la policía, lo que había en ese galpón era una obra de arte. Un culto, prohibido bajo pena severa, es cierto, pero ¿es eso justo? Así que sin preámbulos y con equipos asignados empezaron.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2f2a72a3d453fa75b9cddad19c6da605">Cuando el Muque cayó al suelo, el reloj de luces rotas suspendido en medio de uno de los lados del galpón marcaba las 15:30. 45 minutos. Los primeros fueron incómodos y graciosos. Hay algo de goce en lo ilegal, es la mandarina más rica que comiste en tu vida, la que le robaste a Cervera, el verdulero de enfrente de la escuela. Luego se puso riguroso y hubo momentos de tensión. En definitiva. momentos felices, de esos que por estos tiempos ya no abundan.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bbc0c7f8c8586755175118cc24ca207e">Cinco minutos antes de que el Muque cayese al suelo, los patrulleros entraban a toda velocidad al campo de Don Diez y adentro del galpón cada cual hacía lo suyo como si fuera cosa de todos los días. Luca, como siempre, el mejor. Pero Facundo y Sebastián sabían lo que hacían y el resto acompañaba, con aciertos y errores, con algún lujo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7124259d9b9b248d141a62757d7ca7a7">En ese momento los 12 tipos no saben que existen ni en el campo ni en el mundo nadie más que ellos. Por eso cuando la policía entra los encuentra sin poder defenderse y lo agarra al Muque en cuero, con las manos en la masa o los pies en una pelota y en medio de un contraataque por izquierda. Solo la policía con su taser podía impedir que tirara el centro y sea gol de Budó.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-528a04f62f5b4323be6b2e3ebc911fa6">Eran 11 hombres viejos en pantalones cortos y uno de jogging negro, buzo con hombreras acolchadas y guantes. Uno vestido todo de Boca, uno tenía una remera de Dybala, uno con la remera blanca de Independiente, otro que vino con tapones de aluminio a pesar de estar prohibido con el argumento de que todo en sí estaba prohibido. Todos son una hora después 12 tipos detenidos en una comisaría de Olavarría.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9c217e18faa3e663c57287a5552b1f4">Los 12 estaban en una sala y casi todos hablaban, algunos gritaban, ninguno escuchaba. Facundo era el único que permanecía callado. Su pelo y su barba larga le daban un aspecto de guía espiritual que contrastaba con su camiseta del América de México en honor al Chavo del 8. El Muque intentaba hablar con todos y todos menos Facundo le gritaban cosas inentendibles.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-87678a8641ea505f934752064266a0da">Y así como el Chavo en la escuela quedaba diciendo solo algo fuera de lugar cuando sus compañeros de aula se callaban, Nacho ofuscado por la paz de Facundo lo llamó “hippie pelotudo” cuando la sala hizo silencio. Facundo levantó la mirada y por fin habló.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c036f989e390779ddc59bb0949a8c86e">&#8211; 10 años sin jugar a la pelota. Ahora, no sé. Con suerte nos dan 12 años. Con buena conducta, en 6, 8, estamos afuera. Es mucho tiempo. Y la verdad, es una cagada que haya terminado en empate.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="679" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-32-1024x679.png" alt="" class="wp-image-3044" style="width:482px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-32-1024x679.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-32-300x200.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-32-768x509.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-32-1536x1018.png 1536w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/03/image-32.png 1599w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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		<title>Abrazo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 Jan 2025 18:00:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol en dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol entre amigos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un gol puede ser más fuerte que mil peligros y enemistades. Incluso en dictadura.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Sebastián Pujol (<a href="https://www.instagram.com/seba_del83/">@seba_del83</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dc6ce87510484dc2b835f4f884e6c68a">El tipo de pelo largo y camiseta de River no le dio mucha opción. El flaco se negó con firmeza, pero tuvo que ceder, aunque no tuviera ropa adecuada. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e040c5d6c81c1b57c4f16276eb47ef32">—No pasa nada, jugamos con arquero volante— intercedió Eduardo. El de pelo largo lo apartó con el brazo sin decirle nada.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-692dc904f790015897c488c4989f4bc7">Eduardo lo había visto entrar al club y pensó en salir corriendo, pero el flaco iba solo y no tenía por qué saber que él lo tenía junado. Sus compañeros de la básica le dijeron miles de veces que era una pelotudez ir a jugar a la pelota.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6048d4909188cf4e3adcaee1c80f8ea3">Se lamentó en voz baja y siguió jugando. El partido estaba lindo. No dejó nunca de pispear al flaco que se sentó a mirar el partido en uno de los corners, cerca del bolso donde tenía el fierro. Y para colmo de males, a los quince minutos uno de su equipo se lesiona solo, corriendo a cortar una bocha fácil en mitad de cancha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4647981aa5c39c45252f8f5993d87b92">El flaco dejó la campera negra de cuero sacó su billetera de uno de los bolsillos y entró al campo de juego. Tenía puestos unos jeans azul oscuro y zapatillas negras.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3a146de7d7cfde0145fc024fd2390f36">—¿Con esa ropa vas a jugar?— le dijo Eduardo. El flaco lo miró con desprecio. Le pareció que en el fondo tenía ganas de entrar. Eduardo comentó que quizás lo mejor sería cambiar los equipos para que fuera más parejo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b087e94914df483331a42e6badd49102">La semana pasada le habían estado siguiendo los pasos con Patricio. A este mismo flaco y a otro tipo alto, un poco más viejo. Tres días seguidos los esperaron cerca de una entrada de Campo de Mayo. Unas horas después, salieron y se metieron con un auto negro en una casona vieja de San Miguel. A la mañana el recorrido fue en sentido contrario. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3beb196ca57e2198b28d56b44b61425d">Eduardo y Patricio no sabían cuál era el motivo por el que los tenían que seguir. Habían bajado la orden a la básica y ellos la cumplieron durante los días en que les tocó. Mabel había dicho que esos tipos eran los que habían agarrado a Mauro y al Zorro en Florida. “Es de la Triple A”, le dijo Mabel.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-31a008e5f2af2a278de77a1e74db4f5b">Lo peor es que el tipo era bueno. Recibió la pelota y lo buscó a Eduardo para dársela. Se la pasó más fuerte de lo que ameritaba la jugada. Eduardo, que no podía sacarse de la cabeza lo que le había dicho Mabel, descargó con el arquero.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5baed17d4743f9e0940ef73cb1a09af7">Ese hijo de puta era el que se había llevado a Mauro y al Zorro. Al menos si jugaba en el equipo contrario podía intentar romperlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6b8b9a8932f8187683ac5de9f43bf196">En un momento del partido, Eduardo bajó a buscar la pelota, descargó en un compañero y picó. El pibe se la dio al flaco, al hijo de puta este. Paró la pelota y cuando le salió a marcar un contrario lo dejó desparramado y se la tiró a Eduardo, que la bajó de pecho y le pegó de sobrepique. El arquero no llegó a salirle. La pelota pegó en el travesaño y entró.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-073f8c1ba63557ccdc26df71879c8444">No pudo festejar el gol. No tendría que haber recibido el pase. Por un momento se había olvidado de todo. Había llegado a la puerta del área. El arquero era bueno, le había sacado varias pelotas. Además, iban dos goles abajo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-27fec6bcd37ba311e2d6c9f6db93c4a6">El problema empezó cuando en la jugada siguiente hicieron una pared en la puerta del área. Porque antes no habían festejado. Eduardo había vuelto a mitad de cancha cabizbajo, sin mirar a nadie. Pero en esta jugada, el flaco que se había presentado ante sus compañeros con el nombre de Juan José, seguramente un nombre falso, le dio un pase a Eduardo y se desmarcó para buscar la devolución de la pared adentro del área.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-add85db992b62d0185c2ffe5d39970f9">Este flaco, el hijo de puta que había asesinado a dos de sus compañeros, unos pibes bárbaros, jóvenes, que habían dejado todo, familia, estudio y un futuro prometedor para entrar en la clandestinidad y jugársela por la liberación de la patria, este malparido fue a buscar el pase. La jugada terminó en gol y cuando volvían a mitad de cancha el flaco sonreía. Se acercó a Eduardo y sin mirarlo alargó la palma de su mano derecha para que Eduardo estrelle la palma abierta de la suya encima.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9248179d094da3cb0373eaf16980f584">El partido continuó durante quince minutos más y fue de ida y vuelta. En la última jugada estaban igualados. Afuera de la cancha, dos equipos nuevos se disponían a entrar. El tipo de pelo largo y camiseta de River avisó que era la última jugada.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-032c8db0fc95d4716daad5f23a378473">La última jugada fue bastante trabada. Con más fuerza que habilidad el flaco se sacó a dos jugadores de encima. Si alguien se hubiera quejado, podrían haber cobrado falta. Nadie dijo nada. Los dos rivales quedaron en el piso. Levantó la cabeza y lo dejó solo a Eduardo frente al arco, que la colocó abajo, despacio junto a un palo. Fue entonces que Eduardo se dio vuelta para festejar y casi que se chocó con el flaco de la Triple A, al que le resplandecían los ojos de felicidad. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5b0abeba9b342515eb1b58b4bdd2b24a">En ese momento, como si no hubiera nadie más adentro ni afuera del campo de juego, como si no existiese el imperialismo, ni Perón, ni López Rega, ni Montoneros, ni Evita, ni Isabel, ni la Triple A, ni los milicos, ni los compañeros, ni la patria, ni la revolución, ni Mauro ni el Zorro, ni el fierro que tenía en el bolso, ni un carajo, se abrazaron en el punto del penal mientras saltaban y festejaban el gol agónico que les daba la victoria frente a un montón de desconocidos. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-284586d8170828837aa59891cf02c19a">Eduardo había hecho una pelotudez. Había pedido permiso para volver a su barrio, al club donde jugaba cuando era pibe y esperar a que a alguno de los equipos que jugaban les falte uno para sumarse, cagándose en todo, en sus compañeros y en la causa. Todo por volver a patear una pelota. Sin embargo, mientras duró el abrazo nada de eso importó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e46a34a3dd7e3f528e83761accd711bb">Después se sentaron en el buffet y circularon algunas botellas de cerveza. El flaco se puso su campera y muy serio se despidió de todos en general. Eduardo pensó que lo mejor sería esperar. Después de un rato agarró su bolso y salió. Dio un rodeo de algunas cuadras. Hacía más de un año que no caminaba por aquellas calles. Pensó en pasar a saludar a sus viejos. Lo mejor sería asegurarse que nadie lo seguía y tomarse el Belgrano Norte hasta Munro.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2c35fc29e51bac582aeddf7fce163909">En la estación había poca gente. Una parejita que se besaba contra una columna y un tipo con un portafolio. Bajaría en Munro y caminaría hasta la casa en la que convivía con otros cinco compañeros. Ya imaginaba lo que le diría Mabel cuando lo viera llegar transpirado y vestido como estaba. Patricio estaba en Capital, en una reunión con unos compañeros de una universidad junto con otra gente de Zona Norte. Nunca le contaban demasiado a Eduardo sobre esas reuniones, pero imaginaba que no era nada demasiado importante. Lo mejor sería que Patricio nunca se entere de que había pedido un permiso para ir a jugar a la pelota, aunque a los dos les gustaba el fútbol y los domingos prendían la radio para enterarse del resultado de los partidos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-94e9eed1942e77f82c98fdb8737d3a6e">Se subió al tren en uno de los últimos vagones. Seguramente tendrían que cambiar de casa cuando se enteren de que el flaco este de la Triple A lo siguió. Evidentemente, ya los tenían junados. Lo mismo había sucedido cuando cayeron Mauro y el Zorro. El tren arrancó. Tres tipos vestidos de negro entraron a la estación y corrieron hasta subirse en el estribo del vagón. El tren ya había agarrado velocidad cuando Eduardo los vio subir. El vagón estaba casi vacío. El primer impulso fue correr. Cuando miró para atrás, el flaco con el que unos minutos antes se había fundido en un abrazo sincero, festivo, casi fraternal, iba al frente. Cambió de vagón. Abrió una de las puertas y bajó un pie al escalón del estribo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7eb98a6c6b85735ce44ef3bd228d2e1e">Entraba un viento frío que le alborotaba el pelo. Si saltaba ahora caería sobre matorrales. Esperó a que entrasen al vagón, sacó el fierro y disparó. El flaco, que venía con el arma en la mano, vio venir el proyectil y lo gambeteó. Se apoyó en su pierna derecha y sacó el cuerpo hacia la izquierda. La bala hizo estallar un vidrio.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-da148d8234ef99438b5e3a94da98ccb8">“Mierda que es bueno el hijo de puta”, pensó Eduardo. Y saltó sobre los matorrales.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9690cda0ddb3e2542f932aa383e340bc">Mientras corría con el arma en la mano, cojeando de una pierna y lleno de raspones, se lamentaba pensando en que por un tiempo largo no volvería a jugar a la pelota.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="948" height="533" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Abrazo.jpeg" alt="" class="wp-image-2805" style="width:536px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Abrazo.jpeg 948w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Abrazo-300x169.jpeg 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Abrazo-768x432.jpeg 768w" sizes="auto, (max-width: 948px) 100vw, 948px" /></figure>
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		<title>Crack</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Dec 2024 19:46:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol del barrio]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol entre amigos]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No es fácil aceptar la existencia de un milagro sobrenatural. Pero a veces sobre la cancha vemos jugadores que no se pueden explicar.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Sebastián Pujol (<a href="https://www.instagram.com/seba_del83/">@seba_del83</a>)</strong></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“…vio algo asombroso, algo asombroso… la pelota empezó a rodar hacia el pibe. Sola.&nbsp;La pelota, sola, empezó a seguir al chico.”&nbsp;</p>



<p>Roberto Fontanarrosa.&nbsp;</p>
</blockquote>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-88c14f0fd4884fa8065bc2b04ae3a6d2">Hubiera preferido quedarse callado, irse a su casa y meditarlo con la almohada, no hablarlo con nadie, olvidarlo, pensar que se había equivocado, que no pasó, que no puede pasar, porque esas cosas no suceden y menos a él que siempre alardea de su escepticismo. Pero no tiene manera de escapar. Está obligado a dar una respuesta. El Gordo le apuntó con un dardo envenenado. Un interrogante de esos que acorralan.&nbsp; </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1e54fa836116cd621a7ac7a984af868c">—¿Y a vos qué te pasa? —le lanzó el Gordo a través de las tres mesas que los separan. Lo agarra llevándose a la boca una porción de anchoas. A Bruno se le revuelve el estómago cada vez que se lleva la pizza a la boca y ve trozos de pescado sobre la salsa. Intentaba frenar las náuseas con cerveza cuando Darío Troiano, el Gordo, su amigo de toda la vida, le hizo la pregunta y no le dio otra posibilidad más que responder.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b758baffa71e5930ce24861fa29326d8">—No dijiste una palabra desde que terminó el partido.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cc53e1ef9b93483eaaea597746cb11f9">Bruno se toma unos segundos para acumular la bronca suficiente y responde.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3e34cc4838abda5767ceebf6af6f4162">—¿Ustedes no lo vieron? —dice Bruno, y se manda a la garganta medio vaso de cerveza para sacarse el gusto de las anchoas.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b103672d35966043ac24639f72ddc1b4">Todos se quedan en silencio. Lo vieron, pero no quieren aceptarlo. Quisieran dejar las cosas como están, irse a sus casas, repasar una y otra vez lo sucedido, negar todo y con el tiempo convencerse de que fue un error, un juego sucio de la mente:&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ae0e5b9c8e0c7061c0a6ad7b68b640f2">“A veces la sabiola te juega una mala pasada”, dirían. Pero eso ya no es posible. El Gordo abrió la boca y ya no hay vuelta atrás. El tema está sobre la mesa.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b55c3b68642609121c55c46924063d3e">Habían llegado a la cancha siendo nueve. Invitaron a jugar a un pibe que miraba el césped sintético, apoyado en un poste de luz. Era alto, flaco, vestía unos pantalones viejos y demasiado cortos, una chomba blanca y tenía el pelo largo hasta los hombros.&nbsp; </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7624fbec71c829fe364b909a45d2c745">Se presentó como Leonardo Campodónico. Dijo que había llegado al barrio hacia dos semanas junto a un circo ambulante con el que giraba los 365 días del año alrededor del país y que esa misma noche levantarían la carpa para partir hacia un nuevo destino. El Gordo le dijo que no se preocupara, que se iba a sentir cómodo. “Adentro de la cancha somos nueve payasos”, le dijo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6c3b5774cb008f1df436f2c0a4e97642">El tipo no precalentó. Sacaron del medio y le dieron la pelota, como para probarlo. Estaba bien atrás, cerca de su propia área, sobre la izquierda. La paró y sonrió. Bruno lo vio estirar las comisuras de sus labios con la alegría de un chico y mirar la pelota como si se reencontrara con alguien muy querido. Tenía pinta de no haber jugado al fútbol en su perra vida.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d35aee711f5b5f7b3c27c4727b1436ae">Encaró y dejó a tres tipos en el camino sin esfuerzo, con la mínima cantidad de movimientos posibles. Para probar la zurda, acomodó el cuerpo y le pegó desde mitad de cancha. Pero en el arco estaba el Turco, que es un arquerazo y estaba bien parado. La descolgó del ángulo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-88b4be1c5a8190d9d7228d99e6254209">La bocha quedó picando en la puerta del área. El Turco no da rebotes, pero este tipo alto, con un par de piernas flacas y desgarbadas, le pegó fuerte y esquinado. El rebote fue corto, pero increíblemente el tipo este, Leonardo Capodónico, sin que nadie llegara casi a verlo agarró el rebote y la picó por encima del Turco que seguía en el piso. Después agarró la pelota y la puso debajo del brazo como si cobijara a un amigo querido, alguien a quien no veía hacía mucho tiempo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cca5b21977577077512d2f9f21a55152">¿Qué había pasado? Es una pregunta que nadie se animaba a verbalizar alrededor de la mesa de la pizzería. Mejor usar la boca para entrarle a la pizza. O para pedir una más, ahora sí, de muzzarella.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e392b8f64d9c9849820c2cb9e83a9f17">Gerónimo, que estuvo mirando su celular para hacerse el distraído, toma las riendas. Levanta la botella vacía de cerveza con la mano derecha y le apoya la punta del dedo índice de la zurda sobre el vidrio transpirado. El gesto es inconfundible: “Otra”.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8477070abdf5eb74be2354f5e43f8367">¿Qué había pasado? Después de esa primera jugada Guille preguntó: “Che, pero esperá loco, ¿qué es esto?, ¿qué pasa?”. Se tuvo que callar, intimidado ante el silencio y la perplejidad del resto. Todos lo vieron. Era físicamente imposible que el tipo hubiera llegado al arco tan rápido.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5da28214bf33d210a55c1da181ced6c1">Que fácil sería aceptar que se equivocaron, que sí, que todo fue un espejismo, un error. Pero no lo fue. Continuó pasando cada vez que este tipo flaco y alto la agarraba, y la agarraba mucho. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1f59d0766eb892e7f038846abb98149c">Parecía que la pelota lo buscaba, que iba hacia donde estaba él, que lo reclamaba. Esa pelota de gastados gajos naranjas y negros que el tipo que maneja la cancha llena de arena en la que juegan todos los miércoles les tiró desde el buffet a las 20:45 para que fueran calentando, esa bocha vieja y ovalada lo buscaba a él. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-15dbeb45b34aa47ad5ac37738db46224">Una pelota cualquiera hecha en serie en algún país asiático. Iba hacia él. Demandaba su buen trato. Quería sus pies. Siempre, después de cada rebote y desafiando a las leyes de la naturaleza, caía mansa cerca suyo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-18d1220ca36a34e4fa67e1944fba10ea">Mejor irse a dormir y pensar que nada de eso pasó en realidad. Rajarse a sus casas a meterse en la cama e intentar dormir. Escaparle al insomnio y torrarse sin pensar. Porque el tipo agarraba la pelota en un sector de la cancha y, sin que nadie supiera cómo, un segundo después aparecía cerca del arco, o directamente buscando la bocha en la red.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0a01716bad43a5051e8ecc49abddac53">Ahora no había lugar para hacerse los distraídos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b60024439d2f76be7c5ece764666a05">—Claro que lo vimos —admite Gerónimo, mientras empuja la comida con cerveza.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c6bdb9bad3e663112cb9fe7a9c489d4e">Cruzaron algunos comentarios temerosos y desganados sobre el tema, pagaron y se fueron casi sin saludarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-31607a128dbe37aff6161367896fe308">El miércoles siguiente, después del partido, la primera pizza que piden llega fría y la cerveza caliente. Había empezado a lloviznar mientras se cambiaban para irse de la cancha y llegaron a la pizzería bajo un diluvio torrencial. El local está vacío. Es la primera vez que se sientan adentro.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5b298f5b298fb1ff8a259796f49364f8">—No cuesta nada sacar las telas de araña del techo —se queja Darío, mientras Gerónimo intenta mirar sin éxito hacia la calle a través de los vidrios sucios y empañados.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-24eaa3a70e66b5cacd8dd1ba6de1ef9f">&nbsp; —Qué difícil se nos está haciendo conseguir armar los equipos —dice Bruno— Terminamos siempre metiendo a jugar al primero que se nos cruza.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-55ae376e30a857b2237acb591e6fc65f">&nbsp; Por unos segundos solo se escuchan algunos ruidos que llegan desde la cocina. Todos piensan en lo mismo. Bruno está seguro de que la cabeza de todos se está remontando a lo que pasó al comienzo del partido que terminaron de jugar.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3214a295ec638245c1488e9fc2488bda">&nbsp; Habían llegado temprano y terminaron de cambiarse rápido. Entraron a calentar mientras los equipos del partido anterior todavía no abandonaban la cancha. Había estado nublado todo el día y tenían miedo de que se largue a llover y no llegar ni a tocar una pelota.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ad00e48ad40eb18a27e57b8758546d71">&nbsp; —Falta uno —avisó Bruno.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a0f56c0ee346fb545da6974565ebc8a8">&nbsp; —El Turco ya dijo que no viene —gritó Darío desde un córner.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-82364605d7228e6b3958cb611a196646">&nbsp; —¿Qué hacemos?&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7bbb38c289f3a38429cf7065577cac99">&nbsp; La mirada de todos se dirigió hacia el poste donde había estado apoyado Leonardo Campodónico el miércoles anterior. Desde allí, nuevamente alguien los miraba precalentar. Era un muchacho panzón, de unos cuarenta años. Llevaba unos botines naranjas, pantalón y remera de Boca. Aceptó la invitación a jugar.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-59e8fc9249196b3807a97a12f2f5b6e0">&nbsp; Como cada miércoles, Darío y Bruno armaron los equipos. No sabían dónde poner al desconocido. Después de las demoras habituales sacaron del medio. Guille recibió en la puerta del área y se la dió al muchacho que tapó el agujero, que equiparó los equipos y esperaba la pelota bien atrás, cerca de su propia área, sobre la izquierda.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fb0b3e142d26fab8ca21314fad1abf02">Todos contuvieron la respiración, alertas. Esperaban el milagro una vez más. El suspenso duró un segundo. Quiso pararla y la pelota le rebotó con fuerza en el pie.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-994e2b21264208396575b4319cd75183">&nbsp; El delantero rival, que había salido a presionar, le pegó como vino y la mandó a guardar.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9a99c69cc1cce85e43effa0ed9b1faa7">&nbsp; —Que malo que era, mamita querida —dice Gerónimo, mientras pide otro combo de pizza y cerveza.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-51ee341b73e64a50a19e3127445f51fb">&nbsp; Bruno llena su vaso con lo que queda en la botella.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-33c3de17a55395f8d3ed595f8221f5fa">&nbsp; —Como Leonardo Campodónico no hay dos.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1000" height="600" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Crack-2.jpeg" alt="" class="wp-image-2801" style="width:658px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Crack-2.jpeg 1000w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Crack-2-300x180.jpeg 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2024/12/Crack-2-768x461.jpeg 768w" sizes="auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></figure>
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