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	<title>Alejandro Sabella archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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	<title>Alejandro Sabella archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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		<title>Modelo 82: la zurda mágica de Alejandro en un equipo de colección</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Feb 2023 19:13:43 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Un recorrido por aquel brillante Estudiantes del 82. El rol de Sabella en ese mediocampo de colección conducido por Carlos Bilardo. Un texto incluido en nuestra tercera revista digital. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Walter Vargas (@waltervargas58)</strong></p>



<p>Nobleza obliga: sabrán disculpar el empleo de la primera persona del singular, pero confío en lo que sabe consentir un énfasis discursivo capaz de albergar algo más o menos aproximado a lo que el autor de estas líneas pretende evocar, reponer, testimoniar.</p>



<p>Deduzco que el vínculo de Sabella con Estudiantes nace el domingo 4 de mayo de 1975. Esa tarde, en el estadio hoy remodelado bajo el inconfundible nombre de Uno, el Pincha que dirige Bilardo le gana por 2-1 al River de Ángel Labruna, que, meses después, cortará la célebre sequía de 18 años sin vueltas olímpicas.</p>



<p>En la fecha de entresemana River había sacado adelante su partido con Racing y sin embargo sobrevolaba el vestuario cierta aureola de inquietud: se había lesionado el insigne Beto Alonso e iba de suyo que no jugaría en La Plata.</p>



<p>Y así fue nomás. La responsabilidad de portar la número 10 recayó en un joya de las Inferiores, un gambeteador empedernido que a sus 20 años se movía con pericia de veterano dentro y fuera de la cancha. Criado en el refinado barrio porteño de Plaza Guadalupe, hincha de Boca (sí, de Boca), aspirante a alumno de Derecho y adherente a la Juventud Peronista: Sabella.</p>



<p>Bilardo se salió con la suya, Estudiantes ganó con dos centros de laboratorio, pero cuando River estampó el 1-1 transitorio después de un sprint coreográfico rubricado con un derechazo rasante, el Doc les dijo a sus ayudantes: “¡Qué bien juega ese pibe!”.</p>



<p>Contra lo que piensan o desean pensar sus detractores, entre sus varias obsesiones el Doctor ha cultivado sin desmayos el valor de un buen número 10. Debutó en Primera en una delantera en la que brillaba Sanfilippo y ganó todo con Estudiantes en compañía de dos 10 de probada calidad y características diferentes. Bocha Flores: su cerebro entendedor y la zurda de terciopelo que en Nancy fascinaría al Platini adolescente. Juan Echecopar: todocampista dinámico, solidario, veloz y filoso.</p>



<p>Cuando a comienzos del año 82 asume por tercera vez la dirección técnica de Estudiantes, Bilardo ya había honrado su ponderación a los jugadores con capacidades especiales que portan el dorsal del número perfecto. En el Pincha, el español García Ameijenda, el misionero Carlos López, el marplatense Jorge Santecchia, el nicoleño Patricio Hernández. Y en Colombia, en Deportivo Cali, un tal Diego Edison Umaña, un prestidigitador de pelo ensortijado que lo había hecho renegar tupido por su escasa resistencia a las tentaciones de la noche.</p>



<p><strong>“Sabella, Sabella, Sabella, hay que traer a Sabella”, repetía como un poseso, mientras los dirigentes se encogían de hombros y respondían al pan pan: “No tenemos un dólar ni en fotos”.</strong></p>



<p>Del paso siguiente se ha escrito mucho. La anécdota ha corrido como reguero de pólvora, así que los eximiré de hablarles de la mojadez del agua. Bilardo acopia recortes de diarios que dan cuenta de la profunda crisis económica que vive la Argentina, junta mil dólares, sube a un avión y llega a Sheffield. Sorprendido y al tiempo halagado, el propio Sabella oficia de traductor con el dirigente inglés que tiene la potestad del sí y del no. <strong>La verba caótica y seductora del Doctor gana por goleada y pocas semanas después Alejandro ya es el lujoso 10 de Estudiantes que se pone el equipo al hombro hasta que en una semifinal del Torneo Nacional, versus Quilmes, una patada artera lo deja fuera de carrera.</strong></p>



<p>“Vos hacé lo que sabés, tenela, tenela y hacé jugar. Lo único que te pido es que, cuando la perdemos, nos des una manito”.</p>



<p>Por aquellos días la revista Estadio me encomienda entrevistar a Bilardo en su departamento cercano a la Plaza Morelos: Flores. Entre pocillos de café, el Doctor me habla de su sistema ideal. “Tengo dos buenos puntas, Gottardi y Trama, se mueven, alternan, tienen gol. ¿Para qué quiero un wing-wing? Si lo necesito en algún partido, lo pongo al Gringo Galletti y chau. <strong>Lo más importante es tener gente que juegue bien en el medio campo. Si domino el medio campo, domino el partido. Y si domino el partido, hay más chances de ganar. </strong>¿Sabés lo que me está faltando? Un socio para Sabella. Eso no me deja dormir”.</p>



<p>Un par de semanas después suena un teléfono en la redacción de Estadio. “Para vos, Walter. Es Bilardo”.</p>



<p>-Cómo te va, Walter. Te llamo para contarte que se me ocurrió un nombre para que sea el socio de Sabella. Es Trobbiani. ¿Qué pensás?</p>



<p>-¿Trobbiani? Un lujo, Carlos. ¿Querrá ir a Estudiantes?</p>



<p>-Querer, quiere, solo tengo una duda: ¿No se me descompensará el retroceso?</p>



<p>Asombrado por el honor que me dispensa el interlocutor, pero gozoso de mi impertinencia, le doy mi parecer.</p>



<p>-Ojo que Trobbiani ya no es el pibe calesitero que debutó en Boca en 1973, Carlos. Hasta donde sé en Elche jugaba como una especie de enlace con Gómez Voglino y también colaboraba en la recuperación. Además, tenés a Miguel Russo, que es un pulpo y si es necesaria más marca, eso te lo garantiza Lemme. Yo que vos, al pibe Ponce lo llevaría de a poco.</p>



<p>Sí, pueden pensarlo y decirlo: aquel periodista (y Pincha) que fui a los 24 años se despacha con una absurda, acaso ridícula, andanada de narcisismo.</p>



<p>Pero hete aquí que una de las virtudes más admirables de Bilardo es escuchar con atención a Beckenbauer sin desdeñar una certera observación del quiosquero de la esquina.</p>



<p>-Me gusta eso de Trobbiani como un media punta, un poco delantero, un poco volante que se junte con Sabella.</p>



<p>-Sabella, primera guitarra, Carlos. Trobbiani, segunda guitarra. Como en el rock.</p>



<p>-De rock no entiendo nada, a mí me gusta la cumbia, me dice el Doctor. Y suelta una risotada.</p>



<p>De rock, nada, pero de fútbol, mucho. <strong>Bilardo forja un Sabella insospechado cuando había emigrado a Inglaterra. Sin declinar ni un ápice de la gambeta –corta, impredecible, tormento de sus marcadores- aquel pibe de River deviene este hombre de Estudiantes que engalana la tradición de la número 10 en clave de sabia hormiguita que va y viene juntando compañeros, pases, vías de salida, de confección y de llegada.</strong> (Por las orillas con Camino y Herrera, por el medio con Russo, a veces con Ponce y sobre todo&nbsp; con Trobbiani, el socio ideal&nbsp; de paredes, preciosuras y&nbsp; profundidades, tres cuartos de cancha calle arriba).</p>



<p>Ese Sabella prefigura el que 30 años después, al frente de la Selección, inculcará un apotegma con rango de ley de oro: “el nosotros antes que el yo”.</p>



<p>El Estudiantes del Metropolitano 82 corona el 14 de febrero de 1983, cuando en un partido cerrado Sabella pide la pelota tanto, tanto, pero tanto y recibe tantas faltas, que un defensor de Talleres se despista y comete el penal que el Tata Brown transforma en gol.</p>



<p>No bien termina la vuelta olímpica, corro raudo a los vestuarios y cuando entro veo a Sabella sentado en un largo banco enfrascado en el trámite de sacarse las medias.</p>



<p>-¿Dónde encontrás el gran mérito de este título, Alejandro?</p>



<p>-Mirá. Peleamos mano a mano con otro equipazo, como Independiente, pero creo que lo merecemos porque trabajamos mucho, muchísimo, mucho más de lo que se pudo ver en la cancha.</p>



<p>Le estrecho la mano y cuando me acerco a hablar con Trobbiani aparece Bilardo. Sabella se pone de pie y abraza al Doctor.</p>



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<p>Este texto lo podés encontrar en nuestra tercera revista digital. La misma la podés conseguir por <a href="https://mpago.la/2oYbPDR"><strong>aquí</strong></a> y luego te la enviamos por mail.</p>
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		<title>Sabella: el maestro que para dar clases eligió una cancha de fútbol</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/destacado/sabella-el-maestro-que-para-dar-clases-eligio-una-cancha-de-futbol/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Nov 2022 18:02:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Perfiles]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un texto de Máximo Randrup sobre la capacidad docente de Alejandro Sabella, parte de nuestra tercera revista digital</p>
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<p>Por Máximo Randrup (@maxorandrup)</p>



<p>Alejandro Sabella fue un educador revolucionario que ideó un disruptivo método pedagógico: para brindar sus clases, el reconocido profesor argentino se apartó del clásico escenario áulico y optó por dar cátedra desde una cancha de fútbol.</p>



<p>Esta inusual forma de presentarlo no es un mero capricho. No se trata de un antojo sin argumentos. Sus dirigidos/alumnos eligen subrayar y realzar su arista docente. Se les pregunta por el entrenador y ellos elogian al formador. Al maestro.</p>



<p>Tres testimonios de los últimos años bastan para demostrar que los futbolistas quedaron impactados por la docencia de un DT que, más que un técnico de fútbol, fue un técnico para la vida.</p>



<p>“Cada vez que te habla, te deja algo. Alejandro es sabiduría, profesionalismo, humildad, docencia y bondad. Si agarro lo mejor de todos los entrenadores que tuve, se forma Sabella”, decía en 2018 Rodrigo Braña, quien fue dirigido por Diego Simeone, Gustavo Alfaro, Reinaldo Merlo, Miguel Russo, Diego Maradona, Mauricio Pellegrino y Ricardo Rezza, entre otros.&nbsp;</p>



<p>“A lo largo de mi carrera tuve grandes formadores y un maestro que fue Alejandro. Es un DT que al jugador le llega por su conocimiento futbolístico y también por su costado humano. Muchos técnicos se preocupan por la idea y dejan de lado si el futbolista la entendió. Para mí es como un padre”, afirmaba Leandro Desábato en 2020, cuando era entrenador de Estudiantes de La Plata.&nbsp;</p>



<p>“Para nosotros significó más que nuestro técnico. Él era un sabio que siempre tenía la palabra justa, tanto para decirnos lo bueno como para marcarnos algo malo. Fue un ser humano extraordinario y un docente para el ambiente del fútbol. Le gustaba ayudar al futbolista y no sólo dentro de la cancha”, confiesa Gastón Fernández. Palabras sentidas, como aquellas que escribió cuando Pachorra falleció: “Descansa en paz, PROFESOR, te recordaremos por siempre. Gracias por cada momento compartido y por ser un padre para muchos de nosotros. Te amo para siempre”.</p>



<p>Justamente la Gata, hace unos días, juntó a sus dos campeones: los planteles del Pincha de 2009 y 2010. “Más nosotros y menos yo”, pedía el DT. Y eso hizo Gastón Fernández: transformó su partido despedida en un homenaje para muchos.</p>



<p><strong>Sabella preparaba a sus dirigidos para ganar, pero les enseñaba que perder era una posibilidad. Sabella motivaba a los futbolistas para que buscaran la gloria, pero los levantaba si no la encontraban. Sabella entrenaba jugadores, pero no se olvidaba que eran personas.</strong></p>



<p>Por todas esas enseñanzas, Pachorra no dejó huellas; las huellas se borran. A quienes lo disfrutaron, les estampó tatuajes. Marcas perennes.&nbsp;</p>



<p>Y a Sabella no sólo le sacaron jugo los futbolistas. También lo exprimieron dos equipos: Estudiantes y el seleccionado argentino. Al Pincha le demostró que –si se lo propone– puede ser un grande del continente y a la selección la convenció de que —con trabajo— todavía se puede luchar por un Mundial. Cuando el Pincha creía que la Copa Libertadores de América era un cuento que los abuelos les contaban a sus nietos, apareció Pachorra y a ese <em>cuentito</em> lo volvió realidad. Cuando la Albiceleste pensaba que los cuartos de final de la Copa del Mundo eran un muro infranqueable, emergió Sabella y señaló el sendero para sortear ese obstáculo.</p>



<p>Esa búsqueda insaciable del éxito deportivo, sin embargo, jamás lo alejó de aquel valor que lo guió a lo largo de su vida: el respeto. Docencia para entrenar y decencia para competir. De esa manera se manejó en su exitosa carrera como director técnico. Perdón: como educador.</p>



<p>“Un Gran DT. Un noble caballero en una galaxia espinosa. El último pedagogo”. Así lo describe el periodista, psicólogo social y escritor Walter Vargas en su libro <em>Fútbol, antifútbol y otras yerbas</em>.</p>



<p><strong>Sabella hizo algo que en el fútbol logran unos pocos: combinar gloria y humildad. Ése es, quizás, su mayor legado: ratificar que el éxito y la bondad son compatibles.</strong></p>



<p>Además de bueno, Alejandro Sabella fue un tipo raro. Infrecuente. Un maestro que, para dar clases, eligió una cancha de fútbol.&nbsp;</p>
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		<title>Sabella, el Profesor</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 Nov 2022 14:44:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
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		<category><![CDATA[Selección Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Viviana Vila]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Viviana Vila y el prólogo de nuestra tercera revista digital sobre Alejandro Sabella. Unas líneas entre la memoria y el corazón. </p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/destacado/sabella-el-profesor/">Sabella, el Profesor</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Por Viviana Vila (@viviana_vila)</p>



<p>“Nosotros, que somos los conductores, nos creemos que miramos de arriba y vamos a tomar examen a todos, y no nos damos cuenta que en ese mismo momento todos nos están tomando examen a nosotros. Esa prueba tenemos que aprobar, para ganarnos el respeto de nuestros dirigidos. Ellos deben ver la dedicación al trabajo y nuestro conocimiento”, así sentía Alejandro Sabella en la más profunda de sus convicciones el perfil de un conductor que se construyó desde las inferiores de River, regado con una experiencia inglesa, la consolidación pincharrata y la cumbre de la Selección Argentina.</p>



<p>Hay un Alejandro Sabella tremendo jugador de fútbol, convertido a 10 clásico en épocas del gran Beto Alonso y la dirección técnica de Angel Labruna. Un volante exquisito en días de Diego y los superlativos Bochini y Borghi. Seducido por Carlos Bilardo volvió de Inglaterra y logró ser campeón con Estudiantes, su nueva y definitiva casa que lo abrazó para todos los tiempos. Un amor tan de ida y vuelta como místico y ganador.&nbsp;</p>



<p>Hay un Alejandro Sabella enorme conductor técnico-táctico, inteligente y obstinado en sacar lo mejor de cada jugador, potenciando cualidades y corrigiendo errores. Le ocurrió en cada sitio que caminó desde que comenzó su carrera en 1990 como ayudante de campo de Daniel Passarella y mucho más aún desde 2009 cuando tomó la decisión de ser cabeza de un grupo que supo de momentos gloriosos.</p>



<p><strong>Hay un Alejandro Sabella generoso, compañero, comprometido con su vida social y política que se extiende a la concepción de un universo menos cruel, más justo y digno.&nbsp; Lo habitaba un profundo ejercicio de contemplar la vida desde el gesto reflexivo y la decisión oportuna.</strong></p>



<p>Hay un Alejandro Sabella solidario, que abrió su casa y recibió vecinos de Tolosa cuando se inundó La Plata en 2013. Los que sobrevivieron y miles más, como en procesión desde distintos sitios fueron a esa misma casa a dejar un recuerdo, un mensaje, una camiseta o una foto cuando, temprana y dolorosamente, se murió un feo día de diciembre del 2020.</p>



<p>El mundo del fútbol, cada tanto, se permite salir del resultado puro para empaparse de estos seres que marcan caminos y dejan huellas, porque <strong>era coherente con su lenguaje público y su vida privada desde el “más nosotros, menos yo”,&nbsp; comprendiendo que los liderazgos son construcciones que se trabajan desde la honestidad, convicción y ejemplo de ser respetado antes que temido.&nbsp;</strong></p>



<p>En los textos acá presentados se repasan las aristas de este hombre que provocó, por ejemplo, que muchas estrellas del mundo se sientan felices juntas en un vestuario y en eso tan simple como poderoso de jugar a la pelota. A Messi le pasó, a Mascherano, a Lavezzi, y compañía, porque en la exigente simpleza transmitía mucha tranquilidad y les daba paz. Una de sus primeras decisiones como seleccionador fue quitarle la cinta al “Jefecito” y darle la capitanía a Lionel. Todos lo entendieron.&nbsp;</p>



<p>Alejandro se fue atrás de Diego admirando su vida y conmocionado por su muerte, en medio de la peor pandemia que recordemos por estos tiempos. Desgarran el alma las ausencias de gente necesaria. Sabella y Maradona lo eran.&nbsp;</p>



<p>En las palabras de quienes pasaron por su vida se concentran muchas emociones porque les significaba algo más que un entrenador de turno, sentían a un Maestro con la palabra justa, la mirada aguda y el abrazo oportuno. Un docente que los ayudaba dentro y fuera de la cancha.&nbsp;</p>



<p>Y hablando de docencia, recuerdo el día que lo invité a la Universidad, me contó que la noche previa no durmió por lo que significaba semejante acontecimiento en su vida y por el respeto que le generaba la educación pública y gratuita a la que defendió también y de la que formó parte.&nbsp;</p>



<p>Hay un resultado esperanzador: poner el bien común por encima del individuo.</p>



<p>Como dijo Sabella, “seamos dignos nosotros mismos, con nuestros compañeros o rivales, seamos dignos en la victoria y también en la derrota”.&nbsp;</p>



<p>Disfruten el camino y la lectura.</p>



<p>“Por favor y muchas gracias».</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/destacado/sabella-el-profesor/">Sabella, el Profesor</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
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