Por Sebastián Tafuro (@tafurel)
Hace 18 años, Mariana Copland debió asumir un cuadro de depresión e internarse en una clínica de rehabilitación. Al poco tiempo de estar ahí, Diego Armando Maradona, acuciado por otras problemáticas, hizo lo mismo y durante un tiempo fueron dos pacientes que abordaron juntos sus recuperaciones. Se hicieron compinches en el medio de un lugar no deseado y Diego, con su altruismo a flor de piel y aún pasando ese mal momento, logró que ella salga de esa situación.
La Pelota Siempre al 10: Contanos primero qué era de tu vida en la previa a conocer a Diego.
Mariana Copland: Vengo de una historia bastante compleja. Estuve de novia de los 14 a los 22 con quien fue el novio de mi adolescencia, empecé a laburar y me fui a vivir sola muy pendeja, después conviví con él y finalmente me separo. Estaba viviendo la vida de una mina de 35 y tenía 22. Se me rompió la estructura. Me enteré que tenía depresión, una enfermedad con la que vivís el resto de tu vida, y la Ley de Salud Mental era diferente pero llegaba un punto en el que si eras peligrosa para vos misma te internaban.
LPSA10: ¿Vos llegaste antes que él?
MC: Mucho antes. Y cuando me estabilicé un toque, no me quería mover de ahí. En ese momento pensás que el mundo es una mierda y decís “adentro está mejor”. Pero cuando empezás a estar mejor, te empiezan a soltar la piola. Como soy una trastornada y al mismo tiempo muy lectora, se me ocurrió que quería ir a la Feria del Libro. Salimos de ahí con mi mamá, nos fuimos a merendar y vemos el titular en la tele: “Diego Maradona internado”. A mi vieja se le transformó la cara cuando vio que también lo habían internado en la Clínica Avril.
LPSA10: ¿Cómo fue ese momento de regresar y saber que estaba Diego?
MC: Yo estaba en Narnia. Y esa imagen no me la olvido más. Estaba Diego tomando mate con Verónica. Dentro del Narnia en el que vivía, veo a Maradona, no veo a Diego. Para mí está Maradona y está Diego. Y mirá que yo soy cero cholula, pero fue un montón. Sentí que le tenía que dar la bienvenida porque ese lugar era una mierda. Me acerqué, les di un beso a cada uno, me presenté. Charlamos dos segundos y me fui.

LPSA10: ¿Cómo lo tomaste desde ahí?
MC: Fue como si llegara otro internado. Para mí fue completamente natural, las conversaciones eran las que podías tener con cualquier persona. Cagarte de la risa porque era un tipo muy gracioso, con una rapidez mental para contestar increíble. Ya cagarte de la risa en una situación así es un montón, pero después siguió el mismo régimen de internación que todos.
LPSA10: ¿No tenía ningún «privilegio»?
MC: Lo único diferente es que con Verónica compartían la habitación. Ella se internó con él. Entonces, lo único que él tenía, que no teníamos todos los demás, es que podía ir a la habitación cuando se le cantaba. Pero no porque fuera Maradona, sino porque estaba internado con Verónica, no podía estar solo. Lo demás era todo igual.
LPSA10: ¿Se hicieron amigos ahí adentro?
MC: Sentí que desde el minuto cero me apañó. Hablábamos mucho, nos cagábamos mucho de la risa, tomábamos mucho mate… Él además no había manera de que no te empujara a levantarte si te veía medio para abajo. Capaz que no te querías mover y él arrancaba “eh vos, dejá de escribir”. Y teníamos además un mismo código. Entonces nos hicimos muy compinches. Horas y horas, la mesa, el mate, yo escribía, dibujaba, ahí empezaron a surgir los apodos.
LPSA10: El “Lapicera Veloz».
MC: Primero fue Malba [NdeE: por el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires]. Lo pienso ahora y digo, “no puede ser tan rápido”. Porque me podría haber dicho cualquier otra pelotudez pero me gritó «Malba». Y el apodo “Lapicera Veloz” se dio un día en que todos estaban jugando al vóley en el patio. Me acuerdo que estaba escribiendo y él gritando “vamos a jugar”. Yo no quería hacer nada. Y ahí me tira “eh, Lapicera Veloz, ¿vos no vas a jugar conmigo? ¿No vas a gritar un gol conmigo?”.
LPSA10: Imposible decirle que no.
MC: ¡Obvio! Muchos años después te das cuenta, sobre todo cuando sos madre, ahí hay cosas que se te transforman. El tipo lo hacía sin pensar, era “che, esta piba tiene que mover el orto porque está todo el día sin hacer nada». El tipo era eso, siempre quería sacarte del bajón en el que estabas. Y el jodía mucho con «me quiero poner bien». Quizás la procesión va por dentro, pero no vi una persona peligrosa ni extremadamente para abajo, vi una persona normal.

LPSA10: Y ahí vos le contás tu historia.
MC: Un día le hablo de este pibe con el que yo estaba de novia. A los días cae un pedido suyo para visitarme, y él me dice “Ah, pero es un pelotudo”. Me pide un papel, le digo que se llamaba Nicolás y ahí escribe “Nicolás, sos un pelele”. Y lo firma, me interpela para que se lo dé y cierre esa historia. No me acuerdo ni de la visita del pibe, pero el papel se lo debo haber dado porque mi vieja guardó esos cuadernos y ahí no está.
LPSA10: ¿Cuánto tiempo estuviste vos ahí adentro?
MC: Debo haber estado dos meses y medio. Y cuando salí tuve que hacer 3 meses de hospital de día, que es casi peor. En algún momento hubo un quiebre en mí y fue tomar conciencia de dónde estaba. Pasé a que me agarraran unos ataques insoportables de llanto, de mucha angustia. Cuando a uno le agarra mucha angustia y empieza a llorar, en una situación que la recuerdo muy traumática, me agarran entre dos enfermeros, me llevan abajo y me dan un antipsicótico muy potente, Midax.
LPSA10: Terrible.
MC: El rígido se te apaga. Cuando vuelvo, al otro día me empiezo a dar cuenta que tenía la mitad del cuerpo paralizada. Voy a mi terapia y el médico que me trataba se levanta hecho una furia y me dice «espérame acá». Cuando vuelve, vuelve ya con un acta firmada por él, me la muestra y me dice «esto que pasó no debería haber pasado, no están autorizados a darte más medicación de la que yo te estoy suministrando”.
LPSA10: ¿Diego te vio cómo estabas?
MC: Sí, y ahí es cuando va a intervenir en lo que hubiera sido una segunda vez así. Habrán pasado cuatro, cinco días más que se da la misma situación. La única diferencia es que en el SUM estaban Diego y Verónica y cuando vienen a agarrarme los enfermeros, se me pone Diego adelante y les dice: “Con la nena no, no la vas a tocar”. Los enfermeros le decían que había que estabilizarme, pero Diego se puso firme y se les plantó.
LPSA10: Y era difícil plantarse contra él.
MC: Se arma una situación tipo batahola, yo estaba en el medio, no paraba de llorar y Diego le dice a uno de los enfermeros que le traiga el teléfono. Ya había pasado el horario de la única llamada por día que teníamos permitida. Diego se cansó. “Tráeme el teléfono, porque yo en dos minutos te prendo fuego todo». No había dudas de que podía hacerlo. Le traen el teléfono, él se daba vuelta y conmigo era una seda. Y Verónica, muy bajito, me decía «quédate tranquila que no le van a ganar, no te van a tocar y punto”.
LPSA10: Para ella quizás ya era más normal verlo así, pero a vos seguro te pegó distinto.
MC: Mi recuerdo es quedarme en el mismo lugar con ella atrás y él agarra el teléfono y me grita “¿cómo es el teléfono de mamá?». Y llama. «Hola, señora, habla Diego. Diego Maradona”. Le contó que estaba bien pero que le parecía mejor que yo no durmiese ahí. “¿Por qué no la venís a buscar?”, le dijo.

LPSA10: Inmenso gesto.
MC: Al toque me vinieron a decir que preparara algunas cosas, que hoy no dormía ahí. Mi vieja debe haber llamado luego a la clínica y me vino a buscar. Entonces, a partir de eso iba todo el día ahí y a la noche me iba. Estuvimos así cinco, seis días más hasta que se tenía que desocupar una plaza del hospital y me fui.
LPSA10: ¿Te pudiste despedir de Diego?
MC: Cuando abren la plaza para el hospital de día, voy a buscar todas mis cosas y Diego me dice “te traje esto” y me firma el libro Yo soy el Diego. Y además que había pedido que le trajeran una camiseta. Y ahí me acordé de la camiseta que me había regalado mi bisabuelo Daniel en San Luis, la camiseta azul del ’94. Llamé a mi mamá para que me la traiga y él me la firmó: “Para Marianita con mucho amor”.
LPSA10: Recuerdos que quedan para siempre.
MC: Antes de irse, él pide hablar con mi mamá y se encierran en una habitación. Mi vieja le había traído un perfume. Y ahí nos despedimos, con él en la puerta. Yo en ese momento no entendía ni el llanto de mi mamá, ni el agradecimiento, ni el perfume. Durante muchos años no fue ni una anécdota para mí. Primero, porque salí, me recuperé y andar contando que estuviste internada en un neuropsiquiátrico no era grato o no era algo que tenía asimilado.

LPSA10: ¿Y cómo decidís contarlo en Twitter ya en 2020?
MC: La historia sigue como la conocemos todos. Toda su vida fue pública y después tuvo un sinfín de internaciones. Y de repente la última, no me preguntés por qué, pero llamo a una amiga y le digo: “che, no va a zafar de ésta”. Ella me dice “pero Maru, es Diego, zafa todas” y yo le insistía. Antes de irme a dormir el 4 de noviembre, en un momento muy lúcido que puedo escribir todo de corrido, cuento eso en Twitter. No lo vio ni mi vieja.
LPSA10: Y a los 20 días fallece.
MC: Estábamos en pandemia. Mi hija tenía clases virtuales y yo laburaba solo por Zoom. Ana en ese momento tenía 9 años y no sabía absolutamente nada de lo que te acabo de contar. Mueve la puerta del balcón donde estaba y me dice: “están diciendo los chicos en el Zoom que se murió Maradona”. Estaba en una reunión y dije que tenía que cortar. En ese momento yo estaba casada y mi marido estaba trabajando dos pisos arriba. Entré a su oficina y me caí, fue tipo “no puede ser”. Creo que estuve así una semana.
LPSA10: Te tocaba una fibra especial.
MC: De ahí salto al 24 de Febrero del 2021, que estábamos en un asado y empiezo a ver un sinfín de notificaciones. Entro a Twitter y veo que Varsky lo había retuiteado, y ahí explotó. Cuando me voy a dormir tenía la casilla de mensajes explotada, no lo podía gestionar. Y un mensaje de Gianinna que no me lo voy a olvidar nunca más: “Estoy llorando. Te agradezco muchísimo que hayas compartido esta parte de mi papá”.
LPSA10: Después llega el encuentro con Dalma.
MC: Claro, en el medio me escriben de la producción del programa que tenía Dalma en ese momento en la Metro. Tenían una sección que era como “tu historia con el 10”. Me llama el productor y ahí está la nota con Dalma, terminamos las dos llorando y le pude agradecer. Le dije “esto me pasó a mí porque tu viejo estaba en un lugar donde no tenía que estar, porque donde tenía que estar era al lado de ustedes”.
LPSA10: Cerraste el círculo.
MC: Un año después yo trabajaba en la revista Oh La La y decidimos hacerle una nota a Dalma. Cuando terminamos, el fotógrafo le comenta que yo soy Lapicera Veloz. Se le inyectan los ojos de lágrimas y me dice: «No te voy a perdonar nunca que no me lo contaras en el minuto cero”. Y me abraza. Al día siguiente le escribo: ”Yo no creo en nada pero, ¿vos sabés que nos conocimos un 24 de febrero y que fue exactamente hace un año que explotó el tuit?”. Su respuesta fue: «Vos no creés en nada, pero este es mi papá”.

Este artículo fue originalmente publicado en nuestra décima revista, dedicada a explorar la parte humana de Diego. Podés conseguirla acá: https://lapelotasiemprealdiez.mitiendanube.com/productos/revista-n10-diego-armando-maradona