Por Facundo Nolasco (@stabilemat)
Esta es la segunda parte de una serie de notas. Podés leer la primera acá: https://lapelotasiempreal10.com/reflexiones/repensando-a-peucelle-introduccion-al-futbol-humano/
El Fútbol Todotiempo de Peucelle es un retrato vibrante de “La Nuestra”, pero nos invita a repensarlo desde hoy, no a superarlo como si fuera un pasado a dejar atrás, sino a dialogar con su legado y hacerlo florecer en un contexto más amplio.
Los artículos de Jamie Hamilton y Jozsef Bozsik nos abren la puerta a este repensar. Jamie describe el relacionismo como un fútbol donde el juego nace de las relaciones entre los jugadores y el balón, un flujo de conexiones que no depende de posiciones fijas marcadas en un plano, como las que caracterizan el posicionalismo de entrenadores como Pep Guardiola.
Si lo miramos desde hoy, el 1-10 de Peucelle tiene ecos relacionales: los diez de campo suben y bajan sin atarse a un rol estático, guiados por la pelota más que por un esquema fijo. Su amor por el “toco y me voy” -pases cortos y rápidos para moverse hacia adelante- y su pared, nacida en la calle con los chicos, son ejemplos de patrones que emergen del instante, del vínculo entre los jugadores, no de un esquema dibujado antes del partido.
«Una organización para desorganizar al adversario», como él decía, que «La Máquina» encarnó sin un DT que la planificara. Desde esta mirada, Jozsef profundiza la distinción: el ataque funcional -relacionismo- pone al hombre y su relación con la pelota por encima del espacio predefinido, mientras el ataque posicional organiza el campo como un tablero, asignando zonas que los jugadores ocupan con disciplina racional.
Si repensamos a Peucelle desde aquí, su fútbol se inclina al flujo del balón: cuando debatía con Pedernera, terminaron por decir que siempre era un ajuste al momento, un devenir guiado por el balón y el rival. Su nombre de «Barullo» -bajar desde el wing, subir como interior, desbordar o asistir- era un caos vivo que desorganizaba al adversario, una danza instintiva alrededor de la pelota que hoy podríamos llamar relacional, lejos de un mapa fijo.
Esto nacía de su convicción profunda: «No hay maestro que pueda enseñar el juego», solo jugadores que lo adquieren en la cancha, donde el DT, como él decía, «sugiere pero no crea», un rol secundario frente al «acoplamiento» espontáneo que hace del fútbol un arte vivo, no una ciencia de pizarrón.

En vez de encasillar a un jugador en un puesto fijo, abrazamos su idea de «buscar el puesto para el hombre», o de otro modo, «un acoplamiento entre personalidades opuestas» como él decía, donde los jugadores encuentran su lugar en cada jugada según el momento.
Esto no es una táctica cerrada, sino un “flujo vivo”: el balón dicta los movimientos, y el “acoplamiento” surge del roce entre jugadores distintos -un gambeteador que rompe líneas, un pasador que teje la jugada, un luchador que recupera la pelota-que se potencian en la cancha como una “ensalada humana” que vibra con vida.
Esa “ensalada” no es solo una metáfora: son jugadores moviéndose como un organismo donde cada parte late al ritmo del otro con una libertad que los une en el caos vivo del juego.
Si el fútbol es este organismo vivo, ¿cómo se entrena sin traicionar su espontaneidad? El entrenamiento para este fútbol vivo sería una recreación de las condiciones que el potrero genera, elevado a un nivel más consciente sin perder su esencia.
No habría un DT gritando instrucciones fijas ni un pizarrón con flechas; el entrenador guiaría el caos, dejando que los jugadores sientan el juego, ajusten su “arritmia” -pasar lento para preparar, rápido para explotar- y descubran cómo desorganizar al rival como un “Barullo” (des)controlado.
Es un fútbol que sigue siendo humano, que vive en el verde césped y rechaza la rigidez de los esquemas, pero que se adapta a rivales diversos -desde equipos posicionales que ocupan el campo con precisión hasta otros relacionales que fluyen como agua- sin perder su raíz criolla. La pared sigue siendo la esencia, como Peucelle la veía, y ahora se multiplica en combinaciones que mueven al equipo hacia adelante, y los pases cortos y largos se deciden en el instante, sin fórmulas rígidas, como él y Pedernera intuían.

Esta es la segunda parte de una serie de notas que se publicará en los próximos días. La parte 3 está disponible acá: https://lapelotasiempreal10.com/reflexiones/repensando-a-peucelle-una-red-viva/
Este texto fue extraído de https://medium.com/@stabilemat/repensando-a-peucelle-f%C3%BAtbol-todotiempo-en-2025-47eb4f178169