Por Facundo Nolasco (@stabilemat)
Esta es la cuarta parte de una serie de notas. Podés leer la tercera acá: https://lapelotasiempreal10.com/reflexiones/repensando-a-peucelle-una-red-viva/
Peucelle vio el fútbol como un arte humano y espontáneo, guiado por el «acoplamiento» de los jugadores, no por moldes rígidos. Desde ahí surge una pregunta radical: ¿qué hace el director técnico (DT) frente a ellos? Para él, el DT no crea ni domina el juego: selecciona, orienta y se aparta, dejando que lo humano decida.
«Me cuesta escribir, pero tengo un problema mayor, que es infinito», confiesa, «porque el fútbol es a cada momento una situación nueva, en razón de que el elemento humano varía constantemente. Y ese elemento humano es el único que decide lo que puede pasar dentro de una cancha».
El DT, para Peucelle, es un seleccionador, un orientador que se aparta tras dar un marco mínimo, dejando que los jugadores, en su diversidad y espontaneidad, tejan el juego desde su “acoplamiento”. Esta relación -elástica, descentrada, casi invisible- pone en jaque la autoridad tradicional del entrenador y eleva al fútbol a un acto colectivo donde lo humano, no el pizarrón, es soberano.
En un fútbol que hoy se estandariza bajo sistemas globales, Peucelle defiende un juego plural, impredecible, donde la diversidad de los jugadores, no la uniformidad de un modelo, define su ser.
Esta apuesta choca con un presente que la contradice. En marzo de 2025, cuando el fútbol se asfixia bajo sistemas rígidos, datos y staffs omnipresentes. La visión de Peucelle resuena como un desafío ontológico: ¿qué es el fútbol si no un devenir colectivo que escapa a la captura del concepto?
Guardiola diseña cada pase, Luis Enrique vigila cada rincón, imponiendo un control que Peucelle cuestiona. Diniz habilita relaciones, más cerca de su visión, pero aún retiene un saber técnico que Peucelle diluye al apartarse tras intervenir. Su DT no desaparece; se redefine.
El arte del «elemento humano»
Peucelle no teoriza en abstracto; su pensamiento se encarna en su apuesta por el «elemento humano». «El buen equipo se da con el acoplamiento de valores dispares que producen un funcionamiento colectivo», escribe. Es un proceso que surge del espacio y el tiempo vivo entre jugadores, no de un guión impuesto. «Primero se selecciona, luego se orienta y enseña técnica, luego se deja jugar», dice, rechazando la estandarización de escuelas o sistemas.
“No hay ningún maestro que pueda enseñar el juego, solo alumnos que lo adquieren”, sentencia. Un eco de Tarasconi y Ferreyra, que creaban sin molde externo. Su visión no es nostalgia, sino una apuesta por un fútbol que acontece, más allá de modelos uniformes.

Este caos creador tiene una “mística”: “El fútbol es además un hecho espiritual”, dice Peucelle, y “la mayor predisposición espiritual viene de la gran amistad entre los jugadores”. No es un adorno; es la fuerza que sostiene el acoplamiento. “Cuando sabe hacer amigos a todos los jugadores, los conoce bien, se hace querer por ellos, puede crear con su palabra la fuerza espiritual del equipo”, escribe.
Machín y Cesarini, desde los márgenes, tonificaban esta química sin imponer. Este caos creador no es solo una práctica; es una intuición sobre el ser del fútbol que desafía las lógicas modernas de control y definición.
La relación DT-jugadores de Peucelle desafía las formas en que Occidente ha pensado los grupos, buscando su esencia bajo la lógica moderna de definir y categorizar. El concepto aplasta la singularidad, y esa pulsión por atrapar lo diverso en pares antinómicos -individuo/sociedad, parte/todo- recorre el siglo XX.
No hay una evolución del saber, sino cortes epistémicos, verdades provisorias que emergen en contextos históricos como líneas disruptivas, no acumulativas. Los grupos no son ni la suma psicologicista de individuos ni una microsociedad sociologicista; son campos complejos que desbordan esas dicotomías reduccionistas de la Modernidad temprana.
Peucelle, con su “elemento humano” y su seleccionador que se aparta, intuye esta crítica: el fútbol no se define, se despliega en la tensión singular-colectivo, un ser que resiste la captura conceptual. Es una figura que no enseña el arte sino que lo potencia en los “alumnos” que nacen con él.

Esta es la cuarta parte de una serie de notas que se publicará en los próximos días. La parte 5 está disponible acá: https://lapelotasiempreal10.com/reflexiones/repensando-a-peucelle-tres-logicas-en-tension/
Este texto fue extraído de https://medium.com/@stabilemat/el-dt-seg%C3%BAn-peucelle-un-seleccionador-de-lo-humano-en-el-juego-cca444eedd4b