Por Augusto Dorado (@augustodorado)
Las crudas imágenes de los episodios que le pusieron final al partido que disputaban Independiente y la Universidad de Chile en el Estadio Libertadores de América – Ricardo Enrique Bochini ya son sobradamente conocidas y se transformaron en noticia de repercusión internacional.
Llegó el momento de preguntarse por las responsabilidades (o irresponsabilidades) que permitieron el desarrollo de estos incidentes que arrojaron el saldo de alrededor de 30 heridos -2 de mucha gravedad, uno de gravedad extrema- y 98 detenidos. El título de esta nota spoilea la conclusión, que no por obvia deja de ameritar fundamentos.
Cuando la Conmebol dio el visto bueno y habilitó el plan presentado por la dirigencia de Independiente para recibir a alrededor de 3.000 hinchas visitantes de la U, no tuvieron en cuenta en absoluto la posibilidad de agresiones a la que quedaban expuestas ambas parcialidades: la ausencia de un alambrado que evitara una lluvia de objetos entre tribunas (piedras, palos, lo que fuera) y/o inhabilitar algunos sectores para que quedaran espacios vacíos y distantes entre las hinchadas. Configuraron un escenario peligroso en sí mismo.
Las autoridades de los clubes y de la federación pueden escudarse en que a priori no manejaban ninguna “hipótesis de conflicto” entre las hinchadas. Ya es un nivel de irresponsabilidad porque el propio desarrollo del partido podía desatar situaciones de descarga de bronca a niveles indeterminables: un penal no cobrado, una expulsión, cualquier cosa podía desatar reacciones desmedidas. Además, ya se habían verificado problemas con la barra de la U en su visita a Estudiantes de La Plata en abril por Copa Libertadores.
Sin embargo, todo comenzó por causas totalmente ajenas al partido, con un resultado que favorecía desde lo deportivo a la Universidad de Chile (2-1 en el resultado global). ¿Qué motivó a sectores de la barra visitante a iniciar destrozos?
Muy difícil todavía determinarlo, posiblemente alguna interna de la barra, o tal vez se haya tratado de simples expresiones de xenofobia, ese veneno que implantaron en nuestra cultura dos de las dictaduras más sangrientas que padecimos en Latinoamérica (Pinochet, Videla y toda la dictadura genocida del ´76 al ´83) y que alimentan formaciones políticas de derecha e incluso muchas veces reproducen medios de comunicación hegemónicos a ambos lados de la cordillera.
El conjunto de la Comisión Directiva de Independiente, con Néstor Grindetti a la cabeza, no solamente tiene la responsabilidad de haber presentado el plan de habilitación del estadio (en un noticiero del mediodía el presidente del Rojo se paseaba alegremente ufanándose de la revisión del lugar en la previa) sino de algo todavía más grave: haber posibilitado por acción o por omisión que la facción oficial de la barrabrava de Independiente se pasee desde la tribuna Santoro baja hasta la Pavoni alta.
Una centena de barras debieron peregrinar un trayecto equiparable a 4 cuadras de distancia y atravesar varios portones para llegar hasta ahí a desplegar una golpiza criminal contra una treintena de hinchas que no había podido salir todavía. El único “obstáculo” que encontró la barra eran unos empleados sueltos de la empresa de seguridad privada UP Seguridad, empresa de la que se desconocen gerentes y dueños pero de evidentes vínculos comerciales con esta dirigencia PRO-LLA que les otorgó la concesión.
La Policía Bonaerense también tuvo su parte: cualquiera que haya concurrido a la cancha de Independiente en los últimos años (este cronista puede dar fe) estuvo sometido a controles lentos y tediosos, cacheos excesivos, controles que incluyen el escaneo de DNI por el “derecho de admisión”, maltratos y destratos por parte de la Policía.
¿Cómo es posible que se les hayan “escapado” cuchillas de acero, o una bomba de estruendo que terminó arrojada contra una platea (incidente con el que escaló la agresión)? Una vez desatado el descontrol, se limitaron a reprimir a hinchas de ambas parcialidades que desconcentraban inevitablemente en desorden.
En el rol de la Policía también tiene su responsabilidad la APREVIDE (la Agencia de Prevención de Violencia en el Deporte, que depende del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires), que avaló que el día anterior la CD del club realice una asamblea a puertas cerradas “por seguridad” (jugaba Racing) pero no aportó ninguna prevención para la noche del partido.
Hay un último nivel sobre el que cabe profundizar: cuando grupos de 5 o 10 tipos agreden con saña mortal a una sola persona ya rendida ¿dice algo del momento social que atravesamos? En cualquier barrio se manejan códigos tácitos por los cuales pegar en ventaja numérica a una persona indefensa, ya derrotada, no se hace. Y menos con ventaja “militar” como palos y fierros contra personas desarmadas. Hasta pueden ser evaluados como cobardes (o “cagones”) los agresores que se manejan así.
Pero cuando la mayor autoridad, como es un jefe de Estado, lo alienta discursivamente (“zurdos corran”, “los vamos a matar”, etc) o en los hechos, como hizo Milei agrediendo a Ian Moche (el niño de 12 años activista de los derechos para personas dentro del espectro autista), también tiene una cuota de culpa.
Si nos ponemos a hacer memoria, los ejemplos son interminables: elogia a otro jefe de Estado como Netanyahu, que está liquidando a la población palestina utilizando el hambre como arma de sometimiento, empezando por niños y niñas; las fuerzas de represión que dirige junto a su ministra “estrella” Patricia Bullrich no solamente golpean y hieren a personas vulnerables e inocentes, sino que además se las apaña y se les garantiza impunidad.
Al final, todo eso genera un clima que habilita a cualquiera a agredir sin limites a otro por cualquier cosa, como vimos anoche en Avellaneda. Ahora apuntarán con dureza contra “violentos” abstractos para deslindarse de responsabilidades y salvar a su aliado Néstor Grindetti, que se limitó a unas declaraciones vergonzosas en las que puso el eje en “pelear por los puntos” y en culpabilizar al club chileno y a su parcialidad, sin ninguna autocrítica ni mensaje de solidaridad a las familias de las personas heridas.
Lo más probable es que terminen pagando los clubes: Conmebol debe determinar qué hace con el partido cancelado y todo indica que serán perjudicados tanto Independiente como la U con su eliminación de la Copa Sudamericana y recibiendo sanciones a futuro en competencias internacionales.
Los verdaderos responsables, los Grindetti y Bullrich, Javier Alonso (jefe de la Policía Bonaerense) y todas las Policías de turno, la FIFA, la Conmebol, seguirán manteniendo sus lazos con las barras, sus negocios en común y sosteniendo el punitivismo como única respuesta, cuando ya conocemos los desastres que provoca.

Este artículo fue publicado originalmente en https://www.laizquierdadiario.com/Conmebol-dirigencia-de-Independiente-y-Policia-responsables-del-desastre-en-la-cancha