Por Rocío Gorozo (@RGorozo)
Fin de la novela: el partido que enfrentaría a los vigentes campeones de América y Europea se canceló. Europa vendió esta edición a los qataríes y, al estallar la guerra en Medio Oriente (cortesía de Estados Unidos), empezaron las operetas. Primero, dejaron trascender que la organización no era su responsabilidad. Luego, la situación bélica escaló de tal manera que el presidente de la Federación Española anunció que se dieron de baja los charters con destino a Asia.
Mientras se rumoreaban distintas sedes (Roma, Lisboa, Miami, Nueva York, Nueva Jersey, Londres), decidieron decantarse -sin aviso ni consulta previa- por el estadio Santiago Bernabéu para cumplir con objetivos comerciales, conseguir cierta ventaja y recomponer vínculos con Florentino Pérez, presidente del Real Madrid.
Esto viola el principio de neutralidad y de equidad deportiva; más allá de que existe un importante porcentaje de argentinos viviendo en la región y que parte de la opinión pública concebía épica la posibilidad de ver al Diez levantar un nuevo trofeo en el patio de su casa, significaba sentar un precedente para manipular los próximos encuentros según los caprichos europeos (por ejemplo, aquellos a desarrollarse en territorio sudamericano).
En cuanto se supo la novedad de este lado del Océano Atlántico, hubo una reunión de emergencia entre Chiqui Tapia y Alejandro Domínguez, que se plantaron por la negativa -con el aval del cuerpo técnico- e iniciaron reuniones para buscar una solución.
UEFA también propuso partido de ida en Madrid y una vuelta en Buenos Aires para ¡2027-2028! La otra opción era jugarla en Italia el 27 de marzo. Dado que Argentina se quedó sin un segundo amistoso (Qatar) y que se le denegó realizarlo con Serbia, planteó trasladarla al 31, último día de la Fecha FIFA, para no tener que liberar tempranamente a varios jugadores -cuestión que suele suceder- y contar con más entrenamientos.
Sin embargo, España no quiso jugarlo si no era bajo sus condiciones (a pesar de que el calendario fue adaptado a sus necesidades desde un principio) y el Viejo Continente, unilateralmente, anunció la anulación del encuentro. Para colmo, hace unas horas trascendió que La Roja busca reactivar el enfrentamiento contra Egipto, para esa misma fecha.
Es verdad que significaba una prueba de fuego compleja para ambos seleccionados por encontrarse tan cercana a un Mundial en el cual son firmes candidatos (en la edición 2022, Italia no había clasificado), cuyas consecuencias podrían haber sido enviones anímicos o golpazos para unos y otros. Particularmente, la Albiceleste cuenta con incógnitas a resolver desde lo futbolístico e hubiera sido importante para el capitán de cara a una decisión en cuanto a su continuidad.
De todos modos, el accionar de la prensa ibérica y europea a lo largo del conflicto -alineados, por supuesto, a los intereses de su propia confederación- ha sido indigno. Con titulares nefastos y artículos sensacionalistas señalaron a la Asociación del Fútbol Argentino de desprolija, boicotera, inflexible y mercenaria, a Scaloni y Messi de cobardes; desde el diario AS ahora intentan instalar que el trasfondo de la negativa reside en los problemas de Tapia con la justicia (¿qué tienen que ver las autoridades españolas en eso, no?). Las redes sociales, naturalmente, viralizan tales acusaciones.
Esperamos que tanto CONMEBOL como AFA sigan plantándose y que nuestros jugadores -en especial Dibu Martínez- tomen nota, saquen capturas y lo usen como combustible para lo que viene, incluyendo la posibilidad de que nos encontremos en unos hipotéticos 16avos de final…
