Por Claudio Gómez (@bochinista)
Luche y vuelve, por eso lucha y por eso vuelve, pero vuelve a Ezeiza, y como nada toma la dirección que se esperaba, todos se preguntan qué pasa, qué pasa, qué pasa, General, que está lleno de gorilas el gobierno popular, pero ya es tarde, se podrán hacer reclamos y hasta alguna autocrítica, aunque nunca pensar en retroceder, porque ya van a ver, ya van a ver, cuando venguemos a los muertos de Trelew, y para eso hay que seguir peleando, hasta que el General los echa de la Plaza por imberbes, por estúpidos, un rato antes de que escuche vea, vea, vea, qué manga de boludos, votamos una muerta, una puta y un cornudo, entonces se impone la desilusión, el desencanto, la clandestinidad, y el Viejo hace lo único que le queda por hacer, morirse, por eso el Brujo se descontrola con la cacería y Hernán Rocca aparece asesinado en Magdalena con veintiún balazos y el clima se pone espeso, irrespirable, hay mucha paranoia y miedo, y ya lo ve, y ya lo ve, es el glorioso errepé, o la gloriosa jotapé, da lo mismo, hasta que el Rodrigazo aporta devaluación y aumentos y provoca una nueva crisis mientras los uniformes toman impulso, entonces un comando de la CNU mata a balazos a Pablo del Rivero una noche que andaba en moto con dos amigos por el bosque de La Plata, justo tres días antes de que el Brujo se escapara por la puerta de servicio y dejara sola a la viuda, que hace tiempo autorizó el Operativo Independencia para desmalezar el Jardín de la República, ahí donde se canta a la lata, al latero, los ranchos tucumanos son fortines guerrilleros, pero lejos de los ranchos, allá en el monte, cae asesinado Hugo Lavalle, aunque de lo único que se habla en todos lados es del trescientos por ciento de inflación, de los cuatro ministros de Economía que pasaron en el año y del golpe, el más anunciado de todos los golpes, por eso el ERP intenta copar el batallón de Monte Chingolo, para retrasar lo inevitable, para resistir, para vencer o morir por la Argentina, pero el operativo fracasa y el 24 de marzo está cada vez más cerca, aunque no somos putos, no somos faloperos, somos soldados, pero como nada frena la pesadilla también muere Marcelo Bettini y se llevan a Alfredo Reboredo, integrante de la JUP, todo ocurre en La Plata, La Plata, ciudad Eva Perón, ciudad de Montoneros, para la liberación, y cuando se cumple un año del golpe, cuando ya arrancó la especulación financiera y siguen las salvajadas con uniforme, Mario Mercader y Jorge Moura ya no están, a ellos también los secuestran, los torturan, los matan y los hacen desaparecer, por eso no hay rastros, no hay señales ni cuerpos ni lugar en el que buscarlos, por eso Hebe, por eso Estela, por eso la Universidad se llena de huecos y las calles de ausencias, mientras los fusiles derriban la puerta de otra casa y Rodolfo Axat se suma a la lista, y un mes después Luis Munitis también se suma a la lista, y el terror lo atraviesa todo, Alejandro en el Sheraton Hotel, solo el instinto de supervivencia, y esa sombra que tiñe todo de oscuro cae sobre Enrique Sierra y Mariano Montequin, clandestinos por Buenos Aires, y por último se lleva a Julio Álvarez. Veinte muchachos asesinados o desaparecidos en apenas tres años, el más joven tenía veinte años, el mayor treinta y uno, los veinte militaban. Y los veinte habían jugado en La Plata Rugby Club.

Extracto de la introducción de «Maten al rugbier», libro de Claudio Gómez.