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	<title>Cuentos archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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	<title>Cuentos archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
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		<title>¿Qué es D10S?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Jun 2026 02:32:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Eterno]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Maradoniana]]></category>
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		<category><![CDATA[Religión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El futuro, como no podía ser de otra manera, también es maradoniano.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/que-es-d10s/">¿Qué es D10S?</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Matías Grimberg (<a href="https://www.instagram.com/matigrim.dt/">@matigrim.dt</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-78e7087ddec0d41d43ce9bf451ddafc8">Hace ya treinta años, en el 2120, ocurrió un accidente que hizo que retrocediéramos doscientos años en materia tecnológica, especialmente en cuestiones electrónicas. Algunos dicen que fue un pulso electromagnético, pero nadie sabe bien si esas cosas existen o solo pasan en las películas. Otros dicen que algo salió mal con la inteligencia artificial. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a1ccf9c8377468bb7e992e1950745977">En definitiva, hubo que reinventar muchas máquinas que nos facilitaban la vida, aprender cosas que ya sabíamos pero habíamos olvidado, y sobre todo un punto muy sensible: perdimos todo registro de archivos reproducibles en una pantalla. Ese fue el gran cambio, el difícil, el aterrador. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f4dd42771755b2b2060b41464612a126">Por supuesto que al día de hoy hemos reconstruido mucho, pero extraviamos películas, fotos, videos de todo tipo, y solo nos quedó lo analógico. Volvieron los viejos VHS, las fotos impresas, las revistas. De estas cosas solo los coleccionistas y los nostálgicos conservaban en su poder y algunos ganaron mucha plata comerciándolas. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-25e09713d08a766aa21eaefcba4aec14">A partir de esto, el fútbol volvió a sus bases en dos cosas fundamentales: la primera, volvió a jugarse en todos lados y a cualquier hora. Todos lados no es el alquiler de la cancha de 5. Todos lados son las calles poco transitadas en las que hay que frenar al grito de «¡Auto!», o en una plaza donde los arcos son mochilas o abrigos. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-284981e758659c5dd512f39ccc1dc08d">Y la segunda, volvió a discutirse en el bar. Ya no estábamos embriagados de registros con tomas de todos los ángulos de los goles de Messi en toda su carrera. Ya era un mito la recordada como mejor final de la historia en Qatar 2022, que en su tiempo se transmitió en todo el mundo en alta definición y se reprodujo infinidad de veces. Ahora era recordada como se recuerdan los grandes hitos de la historia universal, por la palabra. Como en todo recuerdo narrado, no faltaban las exageraciones, los incrédulos, los que elegían creer. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d97ec6343a898c4e7db76a5a72f0b654">Y es en ese terreno donde, cien años después de que nos dejara, en una época donde nadie lo vio jugar en vivo pero sí llegaron a la época de los registros fílmicos, creció la religión Maradoniana. Y claro, la Iglesia Maradoniana existe desde que Diego vivía, pero estamos hablando de religión con todo el peso de la palabra. Hablamos de fé, de creyentes, de ateos y agnósticos, de quienes acusan a los adeptos de herejes. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5d6d8544b1051554e632539ee71829bd">Al principio se recordaba con nostalgia todas sus jugadas que ya no podían verse, sus declaraciones filosas y sus respuestas ocurrentes. Con el tiempo había cada vez más gente que nunca había visto ningún archivo en video suyo, pero que si veía fotos impresas, revistas o hasta los murales de todo el mundo. Era tal el tiempo que había pasado, que se permitía la duda: ¿Fue un hombre de verdad? ¿Es la imagen de un santo? ¿Es un dios que bajó del cielo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7d17a50fb4580cc0f83b0698f9ae1297">Cuando la memoria había llegado a un límite difuso, el mito no hizo más que crecer. Los que aún recordaban discutían, y en el terreno de las exageraciones habían quienes lo empujaban para arriba y quienes querían tirarlo para abajo. Aquellas personas eran conocidas por los fieles como «los que la tienen adentro».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5953105fca8d38402a64a070052e8947">&#8211; El tipo agarró la pelota en mitad de cancha, en un Mundial, contra los ingleses, pocos años después de la Guerra de Malvinas, y los dejó a todos en el camino. Querían agarrarlo pero los traspasaba, era intocable para los mortales, no paró hasta gambetear hasta al arquero y meter el gol.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d38d60a6defa079e20bc6ca52daf9d2d">&#8211; Sí, pero vos querés contar que también hizo un gol con la mano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ee39fef661b285fb64133eb371d39f4d">&#8211; Y si eso no es justicia divina, ¿qué pensás que es?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-123efee89d38effe21b3bd2b777c2af6">Por supuesto que el fútbol era solo una arista dentro de los pilares que lo erigían como dios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-87d8493204581022603629858a39d6cf">&#8211; También bajaba a las calles para reclamar por los derechos del pueblo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-913b29dd37523b925206551f46ef91ee">&#8211; Le gustaba meterse en política pero se tenía que dedicar al fútbol y dejarse de joder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cdabc645043fdc2b1158d244f207fc9b">&#8211; Vos porque sos un cagón que no defiende a los jubilados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0dad4b7ad7671c8caf03b4b4a265aa32">Cuando se enumeraban sus virtudes, para quienes no fueron contemporáneos de ningún archivo suyo ya solo quedaba creer o en la religión o en que se exageraba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9fe99a12f7a8c81b3250520027e4d4c7">&#8211; Jugando era el mejor, lindo tipo, un poeta que dejaba frases icónicas, rápido para responder con picardía, con conciencia de clase.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66208574c6bb5991704a035d69f409ba">&#8211; Dale, y me vas a decir que cantaba bien también.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-99d19434cfd4e851bcfe81967146f462">&#8211; ¡Obvio! Cantaba y bailaba también.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d19604f5028134e7e9cca5490ccbaaaf">Sus pecados también eran discutidos. Algunos fieles los negaban, otros los relativizaban, otros buscaban la comparación: si Jesús tropezó…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e9fcb7d99ccbaa5e546ef915ea0266c9">Se decía que vivió mil vidas en una, que salió de Fiorito, que un día debutó en primera y lo fueron a ver más personas de las que entraban en el estadio, que se hizo dios de Nápoles aún en vida, que conquistó el mundo con los colores de su patria que tanto amó, que fue usado política y mediáticamente, que tropezó y se reinventó, que quiso estar mejor para sus hijas, que era capaz de transpirar un corazón o las Islas Malvinas y que siempre, pero siempre, fue el Diego de la gente. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-107e3d83f0413598ea9781e5c0e4a7fb">Por eso algunos dijeron que era un genio pero humano, cuando lo vieron llorando porque “se le fueron sus dos viejitos”. Carne y hueso o divinidad, la historia del pibe de Fiorito, del Barrilete Cósmico, de Diego Armando Maradona, se convirtió hoy en un mito. En una forma de entender el mundo. En una religión.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="576" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/Diego-santo-1-576x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4258" style="width:252px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/Diego-santo-1-576x1024.jpg 576w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/Diego-santo-1-169x300.jpg 169w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/Diego-santo-1.jpg 720w" sizes="(max-width: 576px) 100vw, 576px" /><figcaption class="wp-element-caption">Ilustración: @likearainb0w_</figcaption></figure>
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		<title>Muñecos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 Jun 2026 19:38:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Eterno]]></category>
		<category><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Argentinos Juniors]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra de Malvinas]]></category>
		<category><![CDATA[Maradona]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una historia que comienza y termina en La Paternal, con escalas en el Azteca, Malvinas y Londres.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Sebastián Pujol (<a href="https://www.instagram.com/seba_del83/">@seba_del83</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-752c28cc3719dd678a35911894e9f1b3">Volver es siempre igual. El barrio lo recibe con cariño y delicadeza. Lo ya conocido: algún mural, negocios, casas viejas, nombres de las calles. Hace mucho que ya no vive en La Paternal. Estaciona a unas cuadras de la cancha y camina. El estadio Diego Armando Maradona aparece siempre al doblar una esquina, sin anunciarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-309b66b5c3b5534dc9636fe7411edfe0">La primera vez que pisó los tablones de la tribuna tenía nueve años y hacía poco más de dos que había llegado a la Argentina. Su padre era un diplomático inglés destinado a la embajada en Buenos Aires y compraron un departamento a metros de Boyacá y Juan B. Justo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2b83c8e40421be025f6d29e61bd57fba">Padre e hijo empezaron a ir a ver a Argentinos Juniors cuando se hizo amigo de Bruno, el hijo del portero del edificio donde vivían y que jugaba en las inferiores. Un día les dijo que había un chico que estaba por debutar en primera y que no se parecía a nadie que hubiera visto jugar. Unos años más tarde, ese pibe de rulos debutaría en primera y sería el hilo conductor de la historia que lleva a John esta tarde nublada de nuevo hasta La Paternal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0edd48ce35ba160704f98c0ece0bfc1b">Trotó para cruzar Boyacá y se metió rápido en el santuario, un espacio en desuso que Argentinos decidió transformar en un pequeño templo dedicado al mejor jugador de la historia. Se sacó la campera. Ya lo había visitado antes. Sin embargo, lo tentó volver a recorrer las paredes repletas de camisetas, banderas, botines y demás. Había quedado en encontrarse con dos jóvenes de la secretaría de comunicación del club. En cualquier momento debían estar por llegar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c543b0d59791f66c620d328017a5e2f9">John quiso ser periodista desde que tiene uso de razón. Pasaba gran parte del día encerrado en su habitación escribiendo. Su padre tocó algunos contactos y ni bien salió del secundario le consiguió un trabajo en la redacción del Buenos Aires Herald. Unos meses después las fuerzas armadas desembarcaron en Puerto Argentino.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1c1addb37526fcac700b80edea7cda0">Su amigo Bruno, que hacía el servicio militar, llegó a las islas a mediados de abril. Argentinos Juniors todavía sentía la partida de Maradona a Boca. Su padre estaba internado, su mejor amigo en Malvinas y, en plena guerra contra Gran Bretaña, él era un londinense trabajando para un diario inglés en Buenos Aires.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-24e4566adc1fe787e021034455ba6f3e">Nada volvió a ser igual después de la rendición argentina. Su padre falleció la misma noche en que él cubría los incidentes en Plaza de Mayo el 15 de junio de 1982. Al poco tiempo su madre se fue a vivir a Londres, John se mudó a Belgrano y su amigo volvió a La Paternal, pero ahora solo se veían los días de partido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e4a61b4c136f43e064646b85e4a759a8">Recién la noche de su velorio se enteró de algunas otras cosas. El padre de Bruno lo llamó y le dijo que su hijo se había parado frente al tren San Martín, unos metros antes de la estación La Paternal.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bf0f47474e0d7fbad545324d38dc53fa">Dos días después, Argentinos jugó la final de la Intercontinental contra Juventus. John vio, con lágrimas en los ojos, perder a su equipo. Siguió llorando varios días más. Por Bruno, por él, y por el suelo y la gente que lo había adoptado. Por todo y por todos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66a1e1529a1437130d253ca3768d286e">Cuarenta años más tarde, mientras ve llegar a los dos pibes vestidos con camisetas de Argentinos, hace fuerza para contener las lágrimas. Se presentan y se sientan de cara al altar. John saca de la mochila una bolsa.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d8a600d09751b5de661bd2a948a8e2d2">Un muñeco, les explica, se lo dio la novia de Bruno unos días después de su muerte. La novia de su amigo lo fue a buscar al día siguiente del partido contra Juventus a la salida de la redacción y le contó que Bruno lo encontró en una casa en Malvinas cuando emprendían una retirada. Era un muñeco de chapa de Bobby Charlton con la camiseta de Inglaterra y la copa Jules Rimet en brazos. A su novia le pareció buena idea que quedara en manos de John.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f0db88252c357df20ae2c101d1acd5d2">El otro muñeco llegó a sus manos en junio del &#8217;86. John estaba en Londres. Su madre había muerto a fines de mayo y decidió quedarse algunos días en Europa. Miraría el partido de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra en la casa de un ex combatiente de Malvinas que había formado parte de la Marina Británica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fb0e941173ca54939e488b31c72fd260">Tomaron el té con la televisión todavía apagada. Cuando estaba por comenzar el partido, llevó a John hasta el pasillo que conectaba con el baño y agarró un muñeco de plástico que desentonaba sobre una repisa llena de platos y tazas de cerámica. “Mi mujer no está muy contenta con esto”, dijo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bfb2701264d11e9517e294c8ec825c96">Se lo pasó y él lo agarró con ambas manos por miedo a que se le cayera al piso. Era un muñeco de plástico de no más de cinco centímetros de un Maradona que corría con la camiseta de la Selección Argentina. Dijo que lo encontró en una trinchera. Parecía orgulloso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-99b48b292b7d742f4d6aaf008788a008">John quiso más que nunca en su vida estar en un bar porteño mirando el partido, tomando un café con leche y dos medialunas. El partido ya estaba por empezar y mientras John les hablaba sobre el Bichi Borghi, el otro crack de La Paternal, pensaba en el muñeco de Diego. La familia sonreía sentada en el sillón.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="694" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-29-694x1024.png" alt="" class="wp-image-4202" style="width:304px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-29-694x1024.png 694w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-29-203x300.png 203w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-29.png 750w" sizes="(max-width: 694px) 100vw, 694px" /></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-677538dc78cae1c8c7dd383c770a84f6">Ahora, varias décadas después, duda de sus recuerdos. En su memoria él presentía que el pibe de rulos que habían visto junto a su padre debutar con la camiseta de Argentinos Juniors en el &#8217;76 iba a hacer algo maravilloso. Muchas veces estando en la cancha tuvo la premonición de que algo extraordinario iba a pasar. Una sensación que flotaba en el aire.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7db5d816ae0a6028644593640977578e">Aunque quienes van a ver fútbol desde chicos saben identificar esos momentos, nunca le había pasado viendo un partido por televisión. Pero en su recuerdo él intuyó lo que finalmente pasó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-876abfd56c76603bf7503c561a4791d4">Los dos niños ingleses con la camiseta del West Ham ya no veían el partido y habían vuelto a correr por toda la casa cuando Diego agarró la pelota en el segundo tiempo, dejó dos ingleses en el camino, se la dio a Valdano y fue a intentar ganarle de cabeza a Shilton.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-893cc139985817df3ce3f44d1bc4db65">El soldado inglés no se inmutó. Se limitó a levantar su mano izquierda y esperar el fallo arbitral. La mujer miraba sin entender. Recién cuando volvió a rodar la pelota comenzó a quejarse, y seguía haciéndolo cuando unos minutos más tarde el genio del fútbol mundial eludió a todos los que se le cruzaron en el camino, la mandó a guardar y dejó a todo el mundo preguntándose de qué planeta había venido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b16853ffdf0b89b9e8deb2a11828fd3">John gritó el gol de la manera en que se festejó frente a todos los televisores argentinos: saltando de la silla, con los puños apretados, rompiendo la voz, buscando a alguien para abrazar. No tenía a nadie.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c8f4cd875050ec29e5a788fdccff022f">Los niños ingleses habían dejado de jugar. La dueña de casa parecía asustada. Solo el ex marino lo miraba con desprecio. “You&#8217;re a fucking argie”, escupió y apagó la televisión, mientras John pensaba en una sola cosa. Pidió ir al baño. No le respondieron y fue igual. Cuando volvía agarró el juguete de Maradona, se lo metió en el bolsillo de la campera y salió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e1efd0b1007c6177e899cc01ce1635c0">Esa noche no durmió. Escribió dos versiones de lo sucedido. Una más formal que envió al día siguiente a la redacción. La otra se la guardó. La tarde de noviembre de 2020 en la que su mujer le dijo que Diego había muerto se acordó de Bruno y la historia de la guerra y los muñecos. Hoy, por fin, pensaba darle un cierre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df3b85522d7ffd8c0f6a59a048a265eb">Nunca dejó que nadie leyera esa segunda versión. Cuenta la historia de dos muchachos hinchas de la Asociación Atlética Argentinos Juniors, uno porteño y otro londinense. Sobre cómo uno de ellos decide quitarse la vida porque no soporta tanto dolor y frustración y el otro, el inglés, acaba convirtiéndose en un <em>fucking argie</em>, en un argentino más. Sobre la carrera heroica de un pibe de rulos nacido en el sur de Buenos Aires y una reivindicación simbólica.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b380f8f7948c4de29db8101ef3ffde77">La historia termina con el relato de lo que hizo este argentino nacido en Uptown Park, al este de Londres. Lo mismo que un argentino nacido en cualquier parte del mundo hubiera hecho: llevarse lo que le correspondía, traer a su tierra a ese Diego de cinco centímetros hecho en plástico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-82f2eeec75fed90db1db6e816091db67">Buscan un lugar en el santuario donde ubicar los dos muñecos y detrás colocan el texto escrito aquella noche del 22 de junio de 1986. Se sacan algunas fotos y se despiden. John dobla una esquina. Se voltea a ver, pero el estadio ya está escondido tras las casas. Sube al auto y el barrio empieza a despedirlo con cariño y delicadeza. Lo de siempre, lo conocido: algún mural, los negocios, casas viejas, los nombres de las calles.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-28-768x1024.png" alt="" class="wp-image-4200" style="width:437px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-28-768x1024.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-28-225x300.png 225w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-28-1152x1536.png 1152w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-28-1024x1365.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-28.png 1200w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>
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		<title>Elvis José</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 Jun 2026 19:38:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Eterno]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Infancia]]></category>
		<category><![CDATA[Maradona]]></category>
		<category><![CDATA[Víctor Hugo Morales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El fútbol puede ser la mejor fuente de ilusiones. Y todavía más si es 22 de junio de 1986.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Elías de Arce (<a href="https://www.instagram.com/eliasdearce?igsh=N3BpNTgzZmt6a3V5">@eliasdearce</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f1021f7a86cc0094bd86f203789ffe48">Hablando con Elvis José de fútbol y otras cosas buenas de la vida, siempre se acordaba del mundial del &#8217;86. En su casa no tenían televisión para entretenerse, pero sí un radio viejo color hueso con una antena torcida, parecida a la línea que mide los índices de pobreza en África, Asia y América Latina. Así eran las cosas en la casa de Elvis José. A veces no había con qué mojar el pan.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d040c76aea3c25ab892486399c2b1e72">Ese era el primer mundial de fútbol que se registraba en la memoria de Elvis José, y estaba muy atento a su desarrollo. Lo mismo les pasaba a sus amigos de barrio, que jugaban fútbol en un lote de terreno que habían desmontado con el permiso de don Domingo, un anciano buena gente dedicado a arreglar los carros viejos del pueblo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6dcb32a788ef191290b68b491fe46eb8">Domingo no quería que ningún chico anduviera en malos pasos para que no le pasara lo mismo que le había sucedido a su único hijo varón, Dominguito: cayó en el mundo de las drogas y un día cualquiera apareció en la “lista negra”. Tuvo que marcharse del pueblo. Poco tiempo después, para un día de las madres, apareció tirado muerto a las orillas de un río de ciudad amurallada. Tenía varios impactos de bala en el cuerpo. De todos esos orificios salió humo con olor a munición de estado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66e906d6e40b8bd4c6aae56cf7389b3d">Sin importar el calor que siempre hacía en el pueblo, Elvis José y sus amigos se la pasaban jugando en aquel potrero, al cual llamaron La Bombonerita. Se los podía ver todos los días en cualquier horario a pata pelada y descamisados. Elvis José y sus amigos eran muy pobres, pero inmensamente felices y sobre todo muy optimistas. Todavía el pesimismo no hacía parte de sus vidas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5b4cffc7c5a6531052f14872dbf133aa">Me contaba mi amigo, al que conocí en una protesta contra el imperialismo yanqui, que el primer partido del Mundial lo vio sentado en las baldosas relucientes de la sala de la casa de la niña Ana. Toda la cuadra estaba allí, no cabía un alma más. Era la única casa que tenía televisor a color. Esa vez la sala quedó hecha una mierda, por lo que el esposo de la niña Ana cerró las puertas y ventanas hasta dos días después de haber terminado el torneo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7cd77432881a8f6d8abbd570e9dc8dcf">Los otros partidos mi amigo defensor de los derechos humanos y asesinado por paramilitares los vio desde la ventana de alguna casa del barrio de los ricos, junto a varios de sus amigos que tampoco tenían televisor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7147faec4dfec46a0f78d8e568da95e9">Debo decir que a mi amigo Elvis José una de las cosas que le dolió de ese mundial fue la eliminación de Brasil en manos de Francia. Era un equipo de América del Sur, y siempre todos los que somos de acá, queremos que ganen los de acá.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8588101baf27c61f5e49b7829ad826df">Ese día que Argentina derrotó a Inglaterra en los cuartos de final de la Copa Mundial de México 1986, muchos en ese pueblo no pudieron verlo porque llovió, y siempre que caía agua del cielo y venía con rayos y centellas, la luz eléctrica se iba.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0d30af41bd054e78dff9a001d7eda29c">Es increíble, pero eso todavía pasa en ese pueblo ubicado cerca del mar, donde aún hoy día la gente sigue arriando agua en burros o en carretas ya que no hay un dirigente que valga la pena.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-178af97f7534b96eaee97281329f2c02">Puesto que el radio viejo también funcionaba con batería o pilas eléctricas<strong>,</strong> todos los de la cuadra del barrio El Carmen pusieron plata y compraron las doce baterías que necesitaba el radio, y de esa manera lograron escuchar ese partido.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5b92735f385ed880515253dab6a6e6d0">A los alrededores de la casa vieja con techo de palma, paredes levantadas con guaduas (bambúes) y repelladas con barro, pisos en tierra y cercas de palito, había gente de todas partes del pueblo, pues el radio de Elvis José tenía una potencia y sonido increíble.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de9b2845a9456437503897384c0fa0e5">Había logrado adaptarle una antena de cobre para escuchar noticias desde cualquier rincón del mundo, ya que los noticieros de acá a veces no dicen la verdad. Así tuvieron la dicha de sintonizar la narración de Víctor Hugo Morales del Gol del Siglo y la Mano de Dios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e9ecf0cb627db615567d35d1517dd02f">Ese veintidós de junio del año 1986, Maradona no solo era héroe en su país. Lo era en todos los pueblos del mundo donde un potrero o campo de fútbol árido se convertía en el lugar perfecto para soñar con cosas que le dieran alegría a la humanidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a238603ddcee70f1320a1d21b4b45d04">La luz no volvió tampoco al día siguiente, por lo que no podía acceder a la repetición de los goles por televisión. Los diarios se habían vendido en tiempo récord. En vistas de esa situación mi difunto amigo Elvis José se dirigió a la biblioteca del pueblo. Sabía que allí el repartidor de la prensa dejaba un ejemplar del periódico más leído a nivel nacional. La fila de gente esperando turno para leer las páginas dedicadas al Mundial era enorme.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f1d24d5a7be588be47274be92ef1a2c5">Quiso Elvis José ser el último en leer ese periódico, y cuando lo hizo, ratos después, la luz eléctrica llegó y pudo desde la ventana de la casa del político que mandaba en el pueblo, apodado Maquiavelo, ver a color la repetición de los goles que Maradona había anotado. Después de aquello todos en el campo de fútbol llamado La Bombonerita querían ser como Maradona.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-05dbbbde3c2367960444cfe94fb46f89">Elvis José no sabía por qué, pero recordaba como si fuese hoy que la Gitanita, la partera del pueblo y de quien se dice sabía cosas del más allá, desde que Maradona en ese Mundial hizo su primer gol a los italianos predijo que Argentina sería campeona del mundo y Diego Armando Maradona la gran estrella de ese mundial. No se equivocó. La Gitanita se dedicó desde entonces a la quiromancia y se llenó de plata para después morir en la ruina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1b15554eb90607294d411a56cba35b43">Casi cuarenta años después de haber terminado el Mundial de fútbol de México 1986, debo confesar (ya que el proceso penal prescribió porque nunca se pudo dar con el autor de ese hurto que alborotó al pueblo) que fue Elvis José, porque él mismo me lo contó en vida, quien robó la página central del periódico de la biblioteca municipal. En ella se leía: “Diego Armando Maradona, el atleta que juega fútbol con dos corazones, uno en el pecho y otro en sus manos”.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="853" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-5-1024x853.png" alt="" class="wp-image-4107" style="width:559px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-5-1024x853.png 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-5-300x250.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-5-768x640.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/image-5.png 1374w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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		<title>El arquero ciego</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Jun 2026 18:02:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Arquero]]></category>
		<category><![CDATA[Bombonera]]></category>
		<category><![CDATA[Pelé]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Todo talento tiene una contracara. Inclusive el de atajar penales</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Uriel Frimet (<a href="https://www.instagram.com/ufrimet_">@ufrimet_</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bcad6369a71a0f03c50993877012c743">–Así de grande tenía los brazos el Petu –me dijo Pepe mientras abría los brazos de una forma descomunal e inflaba el pecho para abarcar más espacio en la silla. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-91256899d4bbf3f97f11cdf95c7585ca">–En cada pelota parada golpeaba el travesaño con las dos palmas de la mano como si fuera un taponador de voley -insistió Pepe.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cb6c2b98395ffce51ca3b21dafe46c3d">–¿Vos sabés que a este tipo le tenía miedo hasta Pelé? Y te preguntarás cómo llegó a hablar el mismísimo Pelé del Petu&#8230;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6ad3d5e1dc98fd5062a3cae3a7d1c48c">Sí, claro, por supuesto que me lo preguntaba, pero sobre todo por dentro me invadía la incredulidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-db6632525a69f57b6fdcf173199d8b84">–Pelé, por obvias razones, era el pateador designado de penales, un estudioso de los arqueros y cuando se jugó ese amistoso por la reinauguración del estadio invitaron gentilmente a la sub-20 de Brasil, entonces lo tuvo que analizar. Y eso por no hablar de la cantidad de penales que atajó. Efectividad del 100% –el guacho de Pepe se hizo el sofisticado y tiró así el dato, con el porcentaje.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d4f89b3d4efe1c0468b3ae6f53e6a131">Pregunté unas cuatro o cinco veces para confirmar que no hubiera escuchado mal dado que me resultaba imposible que algún arquero hubiese conseguido una proeza así de manera oficial. Porque meterlos todos es una cosa, pero esto que había hecho este tipo nunca lo escuché en mi vida. Atajar un penal es adivinar el costado, la potencia, el timing&#8230; Decía Pepe que el Petu era una fábrica de fé ante la pena máxima del fútbol. El promedio era que cada tres partidos le pateaban un penal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-85abf2bf45011bbe887b5a9b13f36452">–Si te cuento sobre los defensores… eran una desgracia. Ellos sabían que jugaban al límite, porque El Petu no dejaba pasar ni a las viejas en el bondi, mucho menos un penal. Y era cierto, tenía una sincronización increíble con el pateador incluso para los remates al medio. Se quedaba paradito haciendo nada, fiel reflejo de un empleado público, y dejaba que le rebote el balón en su cuerpo para luego embolsarla. Cada tanto hacía un poco de alboroto para despertar a las masas, la despejaba con el codo disparándola a cualquier lado, pinchada. Pero… </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ab79939b58bbd8d34be1835d597bbc1c">Interrumpí con un resoplido de caballo que anticipaba mi disgusto hacia ese “pero”; me enojaba que exista siempre un pero en cada historia buena que escuchaba de Pepe.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1a0715d0847c7043b79c438c279f333c">–Pero hubo un día –continuó Pepe, y algo en su voz cambió el tono– que el Petu se enfrentó contra Boca. Ya habían pasado dos partidos sin penales. La estadística era una deuda a corto plazo, y el fútbol siempre cobra. Ese partido tocaba, lo sabía doña Rosa, lo sabía el árbitro y lo sabían los defensores que jugaban con el alma en la boca sabiendo que cualquier desperfecto en sus piernas y un mínimo roce dentro del área iba a ser un penal cantado hasta por Andrea Bocelli.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d07303f7d73132a6dff31d9ad30fc3e9">La Bombonera estaba llena, de esos llenos que aprietan, que no dejan respirar, donde el ruido no es festivo sino una presión constante sobre la nuca. Y el Petu ahí, parado en el arco, mirando la cancha como siempre, con esa calma de quien nunca perdió algo importante. Pero no era solo Boca. Porque en esa cancha, esa tarde, con la camiseta azul y oro, estaba el Gladiador Pérez. El hermano de el Petu.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-06484f8a83e6c9ec83025c669bc01881">-Se dió todo tan guionado con el penal que casi que aburría, y eso que aún no existían las apuestas deportivas online. Quizás algún que otro mafioso andaba engatusado con los defensores, pero en esas épocas era difícil de encontrarlos. Porque él sabía bien que su hermano se estaba jugando la venta al exterior. Pibe, se iba por la plata. Y no me refiero a vivir bien, me refiero a no trabajar más en su puta vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7372705ce3a082a128336c5446f44ca2">–¿Y lo atajó, tío Pepe? –Pregunté ansioso y casi sin modular.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c2d3ca2bcc548144168fddcd97bdcdee">–Hasta el día de hoy no sabemos qué pasaba por sus mentes luego de que pasó lo que pasó. Al Petu se lo vio con ganas de dejarse meter el gol y ayudar a su hermano aún perdiendo el récord Guiness. El Gladiador no podía darse el lujo de errar. No miró ni a la hinchada ni mucho menos a su hermano. Nadie sabía qué iba a hacer. Lo que escuchamos en la cancha fue un suspiro gigante de El Petu, que seguía con cara de «este es mi ultimo dia en el planeta tierra». El Gladiador repiqueteó para ir hacia la pelota y romperle el arco. El Petu cerró los ojos. No sabemos si canchereó, fue suerte o qué mierda, pero lo cierto es que se tiró, así sin más, con los ojos cerrados hacia el ángulo derecho. Y lo atajó.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="744" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/El-arquero-ciego-744x1024.png" alt="" class="wp-image-4073" style="width:372px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/El-arquero-ciego-744x1024.png 744w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/El-arquero-ciego-218x300.png 218w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/06/El-arquero-ciego.png 766w" sizes="auto, (max-width: 744px) 100vw, 744px" /></figure>
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		<title>Extremo izquierdo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Apr 2026 16:16:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de futbol]]></category>
		<category><![CDATA[Futbol negocio]]></category>
		<category><![CDATA[Platense]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tener principios es fácil. Lo difícil es sostenerlos en las malas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Mariano Tosca (<a href="https://www.instagram.com/marianotosca6/">@marianotosca6</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-af71771687b12641254d7d4d21020663">-Los hombres son mezquinos, individualistas y egoístas por naturaleza -afirmó Ramiro, mientras hacia jueguito con la pelota en la mitad de la cancha, durante el entrenamiento matutino del club de Saavedra. Enseguida se corrigió:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-95fcbf84a5966ccb7328c90350400616">-Bueno, no sé si por naturaleza, cuando uno nace no tiene muchas posibilidades de mostrar su verdadera cara. Un bebé no habla, aunque ya manifiesta cierto egoísmo; pero cuando crece y se desarrolla en esta sociedad capitalista, consumista y competitiva, se convierte en un ser mezquino, individualista y egoísta. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-93d774fafb944e2aad0f3b1add67ae6c">El Panza García lo miraba con los brazos cruzados y hacía un esfuerzo para tratar de entender qué es lo que quiso decir. García lo admiraba a Ramiro; no entendia ni una sola palabra de lo que decía, pero lo escuchaba y trataba de recordar lo que decía para después preguntárselo a la esposa que estaba cursando el secundario de adultos. Para el Panza era todo un orgullo contar con tal eminencia. En cambio el Flaco Altamirano, 9 del equipo, siempre lo interrumpía. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1ea4910518dc31da1739af52b4e9173f">-Dale… dejá de hablar comunista! Tenemos que estar al 100% para el partido del sábado y vos venís con esos discursos! Además no sé qué tiene que ver lo que decís si estamos hablando de futbol. Yo lo único que dije es que el Tano es un morfón, nunca la pasa porque se quiere lucir él, te digo que no le importa ganar ni ascender ni nada más que ser el goleador del torneo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a92e10406ec883d640ed81aefde41f49">Ramiro venía de una familia clase media de la ciudad y era hincha fanático de Platense desde chico. Contaba que su primer recuerdo era el de un anochecer de sábado, en el cual su padre lo llevaba a upa a la calesita del parque, y mientras lo llevaba le cantaba canciones de hinchada: «Soy del puente Saavedra, yo soy Calamar&#8230;». Esa era la que recordaba. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d44bb53e343e3ec2df8f9b7efe531d3f">Pero ya de chico tenia sus principios de solidaridad y justicia social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1ef970ca1aef34105dd7300adb6e2175">-Es injusta la calesita, los que tienen brazos mas largos son los que tienen mas posibilidades de agarrar la sortija. Los mas altos siempre tienen ventaja en todo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd5b1b7e34d038a777e80606e651b36f">El padre lo escuchaba y trataba de calmarlo diciéndole que tuviese paciencia, que a la larga las cosas siempre tienden al equilibrio. Pero Ramiro ya se estaba cansando de ese mundo en el que los chicos son corrompidos por sus padres desde que tienen 7 años, exigiéndoles y tratando de volcarles sus propias frustraciones. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-29fa6d13646fe1b5c5a5041dbc62e82c">También se estaba cansando de los entrenadores, que los miden como si fueran frutas para ver si están verdes, maduros o pasados, de los dirigentes, a quienes no les preocupa lo que piensan ni cómo se sienten mientras sean efectivos para el equipo, de los periodistas, que van desde las críticas mas impiadosas hasta los halagos desmedidos de acuerdo a las actuaciones más o menos buenas o más o menos malas, y hasta de los hinchas, aunque enojarse con ellos era lo que más le costaba porque sabía que sufrían cuando perdía el equipo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ebb182dec15d47ad7aaa78f395bce2ae">Pero también estaba seguro de que no les pasaba nada cuándo veían chicos pidiendo en la calle, o gente que perdía sus trabajos, o hasta algunos que ni siquiera se angustiaban un poco cuando tenían algún familiar enfermo, pero que no dormían cuándo perdía su equipo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c1d7c2c057caac584cdd5ac21c5a881a">Cuando Ramiro llegó al día siguiente al entrenamiento, se enteró de la noticia; su club había aceptado, por una suma importante de dinero, ser el sponsor de una empresa multinacional que hace unos años se habia fusionado, y tras unas turbias negociaciones había dejado a más de 500 empleados sin trabajo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b78a7aa3fec3b9cf24c5f7b19f9a31c4">En su camiseta número 7, el domingo del partido iba a figurar el nombre de la empresa; y por supuesto, Ramiro no estaba dispuesto a aceptar. Al final de la práctica reunió a todos los jugadores y habló más de media hora sin parar. Algunos ni lo miraban, otros ni lo escuchaban. Notando el poco apoyo, dejó de hablar y se fue camino al vestuario. Faltó a la siguiente práctica, la del viernes, última antes del partido. Los que lo conocen dicen que no hablo por dos días, que estuvo muy raro. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fbab10b2694facf5a81345c75ec3f58e">El domingo del partido, llegó, miró la camiseta con asco y se la puso. Salió a la cancha y no levantó la cabeza para mirar a sus hinchas, ni siquiera cuando coreaban su nombre. Al empezar el partido, cuando movía su equipó ya era costumbre que el Flaco Altamirano se la pase a él; y asi fue, solo que esta vez Ramiro comenzó a correr con la pelota hacia su propio arco, ante la mirada atónita de todo el estadio. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-202f11568316f9c288aec5025d80ce6b">Llegó a su propio arco y pateó con furia hacia la red. Gritó su gol en contra con toda la furia; luego comenzó a reírse, se sacó la camiseta, la tiró al piso,&nbsp;y se fue del estadio solo y sin haber pasado por el vestuario. Ese fue su último partido.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="695" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/04/1775663192505-e1775664606366-695x1024.webp" alt="" class="wp-image-3892" style="width:365px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/04/1775663192505-e1775664606366-695x1024.webp 695w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/04/1775663192505-e1775664606366-204x300.webp 204w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/04/1775663192505-e1775664606366.webp 733w" sizes="auto, (max-width: 695px) 100vw, 695px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen: Instagram (@libreriaenelblanco)</figcaption></figure>
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		<title>Crónica de un clásico</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Mar 2026 17:16:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Clásicos]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Hincha]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Qué cosas puede hacer un hincha para llegar a tiempo a un partido importante? Los límites están por verse.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Uriel Frimet (<a href="https://www.instagram.com/ufrimet_">@ufrimet_</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7f0e2ed862358118fa3a91c03a6adb07">Yo ya presentía que no iba a salir redondo el día de laburo. Sabía desde el lunes que quería tenerlo todo bien cerradito para el viernes a las 4 de la tarde, por si surgía algún <em>martes 13</em> y tener 2 horas para solucionar cualquier inconveniente e irme rajando a la cancha a las 6 de la tarde. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7023c54f360f8f9dd0b65f05eadeb0dd">Pero este laburo del orto, con compañeros displicentes, sueldos bajo tierra y ni una mina linda, nunca me va a dar un puto día de paz. Y con paz me refiero a poder salir en horario y llegar puntual al clásico. Este no era cualquier clásico. Pasaron 23 años desde el último que jugamos. Se fueron tan al descenso que llegaron a quebrar los boludos. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e86ce1cc220a8a79fa043ced63ec96c8">Lo digo en voz alta pero toco madera, no vaya a ser que por decir esta mufa nos pase a nosotros. Ese día de la quiebra sus barras empezaron a quemar pelopinchos en la sede central. Se ve que alguno laburaba en una empresa de plásticos y se afanó varias piletas para llevarlas al <em>reclamo legítimo</em> que tenían. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6a6b2f133a2fc78ad811589f093991c">Hubo cobertura de varios medios de televisión pero también un vecino del barrio que quedó incomunicado para siempre. Inhaló tanto plástico quemado que la quedó. “Ya estaba a un paso del cielo”, decían los barras en el juicio cuando los imputaron por homicidio indirecto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-273b28dd74096fcea599588d811e6f85">Frente a todo pronóstico pude salir seis y diez. Era más que una batalla ganada. Salí corriendo como pude por los molinetes de la oficina y me fui a la parada del bondi. De camino ya visualizaba cómo y por cuál calle iba a entrar a la cancha; como iba a esquivar a todos los faloperos que siempre entran tarde y encima gratis porque la barra les da entradas. ¡Forros! </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff3cc0979841c4c0c4baab0b552e1261">Pero el puto bondi no llegaba. Eran las seis y veinte. Y pensé en tomarme el subte y después otro bondi para acortar camino. Lo hice. Arranqué disparado como si tuviese un monopatín y casi que no esquivé a la gente y me llevé puesto hasta la vieja más vieja.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6f634bccb6b809a3ada05da2369fb5cb">Ya en el subte siendo las seis y cuarenta me puse a pensar si haber saltado el molinete de la estación había estado bien. Recuerdo que pensé “Me chupa un huevo todo”. Es que era viernes y jugábamos el clásico después de años verlos hundidos en la mierda. Nunca festejé el dolor ajeno, pero pa&#8217; qué te voy a decir que no si sí. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3f50acb7fdf9750ccac1e117947148b1">Faltaban 10 minutos y yo todavía estaba a media hora. Puteaba al aire a cada uno de mis inútiles compañeros. Primero en orden alfabético y después por edad, de mayor a menor. Porque me daban más rabia los viejos esos que pedían ayuda todo el tiempo con la computadora.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-eedb8076f5b797fb796a461eeffd849e">Son las 7 de la tarde y recién me subía al bondi. Estuve sentado con las manos y pies orientados a la puerta del medio para salir corriendo en cuanto sea mi parada. Miraba por la ventana y veía a cada pelotudo llevando su día tan tranquilo que me daba ganas de sacar la cabeza por la ventana y gritarle cosas para activar su nerviosismo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de9de59d2f109898dace5a579d35b807">¿Que no se dan cuenta que es el clásico? ¿Qué mierda van a hacer un viernes a la tarde? Estos pensamientos de matón creo haberlos heredados de mi tío que era medio tranza y medio ferretero. Nunca supimos bien qué le pasó. Dicen que se la pegó haciendo <em>la Willy </em>en el puente de San Martín, pero nunca encontraron el cuerpo ni nada. Ya no quería pensar en desgracias. Yo necesitaba llegar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b24630a5093e9a08ebc5783b056a3073">Supe nada más que estaba 0 a 0 a los diez minutos de haber empezado el partido y me quedé sin batería en el teléfono. Estaba a la deriva. Sin rastros de mi club ni de los amargos esos quebrados. La ansiedad y la transpiración aumentó exponencialmente al estar incomunicado totalmente con mi mundo real, el clásico. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-24150a66329ddc1a39f48368ecac82b0">Contaba cada semáforo en rojo que no se arriesgaba a pasar el colectivero. Sumaba los segundos que tardaban en subir las viejas al bondi. Asomaba mi cabeza a ver el tablero para asegurarme que vaya lo más rápido posible. Son incontables la cantidad de detalles que uno puede estar pendiente cuando se enfoca en un objetivo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9f89eb5cff2648c3a8f87efcaa4bf2d8">Lo último que recuerdo del trayecto de ese día amargo, vacío y sin alma era que lo vi a Tito, el del kiosco del barrio, contando billetes de tantas birras vendidas. Al menos uno en el barrio se fue feliz ese día. Y yo, que ya no distinguía qué molinete pasar civilizadamente y cuál no, crucé el de la cancha con un salto en alto formidable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dfc86d1cfb86eef7df494cf887d236a8">Caras largas, desazón y bocas tapadas con bigotes a punto de largar una guarangada sobre la madre del primer jugador que se equivoque. Había un silencio incómodo, gente con manos en la cabeza, hombres sentados diciendo cosas incoherentes a punto de perder la razón. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-39a255f8665e0997e49b1056ae927719">Un ambiente en el que se debía prestar ovación a once energúmenos en realidad era un funeral multitudinario con tribunas llenas replanteandose su existencia. Giré mi cabeza hacia el tablero electrónico. 40 minutos y 0-4 abajo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c8a1bfeebdb1487ebb29ea564d290457">Miré incrédulo a los ojos a quienes tenía a mi alrededor. Fue en ese preciso instante que engendré y coordiné, como nunca había hecho en mi vida, el momento de mayor divinidad sobre la faz de la tierra. Un instante que parecía ensayado durante años y que mi destino me tenía esperando: liderar 40.000 almas congregadas para descargar sus miserias y labrar por un bien común gritando un humilde y sentido: “Jugadoooooores la concha de su maaaaaadre…»</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="560" height="839" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-8.png" alt="" class="wp-image-3753" style="width:390px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-8.png 560w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-8-200x300.png 200w" sizes="auto, (max-width: 560px) 100vw, 560px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen realizada con IA.</figcaption></figure>
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		<title>El equipo del bar de la esquina</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Feb 2026 13:45:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Directores técnicos]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cuánto saben de fútbol los hinchas? La única manera de saber es ponerlo a prueba</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Toni Schweinheim (<a href="https://x.com/ToniDibujante">@ToniDibujante</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4d6a223ed937db46f639e8b3c78a4f52">Juan Fontana o el Mencho, como le decían por su parecido con Medina Bello, probó de todo en diez partidos: dos nueves, uno por adentro uno por afuera, 4-3-3, 3-5-2, 4-4-2… y nada. De diez partidos ganó uno, empató tres y perdió seis, con el agravante de los tres últimos en fila.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f7fae2bceec28bc4d1fd12f97d0e0981">“Mire Fontana, nosotros respetamos a los entrenadores, sobre todo cuando han sido ídolos de esta institución, pero los plazos se acortan y los objetivos no se cumplen. No lo tome como una advertencia ni como una amenaza, pero fíjese qué hace”, fueron las crueles, duras palabras de Mambertti, el presidente del club.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b77ca7b229f5d9decc1d4f354a19f06c">No era ni una advertencia ni una amenaza, era algo peor, un despido encubierto, o quizás un apriete para que renuncie. El Mencho salió de esa reunión con la cabeza en otro lado. Estuvo como ido un par de minutos, veía pero estaba ciego. Busco oxígeno, bajó las escaleras, se metió por el vestuario y salió a la cancha.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-607d60455668902765f382a8417bda80">Sintió tristeza. No había podido lograr el ascenso como jugador. Doce largos años intentando ascender con ese equipo, como un moscón que repiquetea contra un vidrio. Lo más lejos que llegó fue a una semifinal en los viejos octogonales. Morón lo goleó.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ec785e1bf5c9c0070f3daf3c4fceea84">Cuando colgó los botines juró hacerlo ascender como entrenador. Esta era su primera experiencia al frente de un equipo. Tal vez sea la última también; cuando sos técnico en el ascenso y te va mal, desaparecés. El sistema perverso del ascenso. Te rajan. Chau. Ni siquiera quedas con los juveniles porque ahí hay gente desde hace décadas. Te vas al olvido.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c2ed17e44959c8d8aaf2821094b80876">A Juan se le arremolinaban los recuerdos. El gol que le hizo a Tristán Suárez en aquel arco para salvarse del descenso… aquella vez tuvo que hacer de arquero improvisado porque se quedaron sin cambios y el loco Sevilla se había ido expulsado…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3d539d4ebcff8875450c970d46d07273">—Es así maestro, si la pelotita no entra, fuistes —dijo el canchero arrastrando una “s” innecesaria en la palabra. El Mencho lo miró como desorientado. Todavía no había salido de sus recuerdos, le pareció que el canchero estaba más lejos la última vez que lo vio. Ahora estaba a su lado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-55f350fe4309b80434c8ecfb3c56f076">—Es así viejo, es así —dijo por fin con un suspiro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-00601a8882d6adc44d3cb49ab8ed6d68">— ¿Sabe lo que pasa, don? Ustedes, los técnicos, estudian mucho pero no saben nada. Ustedes piensan que porque fueron jugadores o se recibieron de DT, saben todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-27be3c99ece0b4fc2a5ea2f9d1d230b1">—Puede ser —respondió el Mencho casi sin ánimo. Estaba con la guardia muy baja. En otros tiempos le hubiese saltado a la yugular a cualquiera por esos dichos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4efb538dffb5cfd68c5ad1add98c234a">—No lo quise ofender —comentó el canchero admitiendo su dureza anterior—. Tampoco es para tanto, pasa que ustedes son muy teóricos. Y son muy caprichosos. Usted cambió de estrategia solito, sin consultar a nadie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a5a5852f9f5695bc7421e97858d5f51c">— ¿Y a quién le voy a consultar? —se encogió de hombros el Mencho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1faddd5f93238dcef4b861809151c7e3">—A nosotros, a los hinchas. Ustedes son como los políticos, hermano —dijo el canchero alzando los brazos—, si los políticos escucharan al pueblo seríamos felices. Si ustedes los entrenadores le preguntaran a los hinchas, yo le puedo asegurar que vamos a tener un mejor fútbol.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7288665b928a36659f1f27c6b895aa7">— Yo me llego a acercar a la platea o a la popular y me putean…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2ab309c3790c06d46c459c31acabca8f">—En el bar de la esquina, don Mencho —dijo el canchero, como si revelase alguna fórmula secreta, nos juntamos a charlar de fútbol todas las santas noches. Creo que ni el Menotti ni el Bilardo hablaron en su vida tanto de fútbol como nosotros. Nosotros mamamos de chicos este club. Es nuestra vida, usted es un ídolo pero nosotros conocemos palmo a palmo esto, estamos acá desde pibes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9194af34846c1485ff79153c98065535">—Lléveme ahí, ayúdeme, me queda un único partido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7ed7b6605a4f79546767c296c07d6c73">—Noooo, si usted llega a aparecerse por ahí, los muchachos no hablan, se cagan encima. No se van a sentir libres de hablar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-05aba1b15b73d5331e9e746bd01c7817">—Me pongo lejos, los escucho de lejos, no sé. Yo amo este club, no me quiero ir. Haría cualquier cosa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f9d52c48aad0607f7147f30dd1328c50">—Yo lo voy a ayudar porque a usted lo aprecio, pero desde ya le digo que usted tiene muchos errores y tiene que aceptarlos. Tales y Rodolfo siempre juegan encimados, se estorban. Un desastre eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bf2f30489692f8b01d4926137432e0eb">—Pero los cambié de posición como siete veces en diez partidos…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-595c9b65f11bea6b986bbf1bb22d74d9">—Ah, eso es lo que ve usted desde el banco. Yo le aseguro que todos los hinchas comentamos eso desde su llegada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c06ee382e7927a84c94b0f2857138af9">—Bueno, dígame qué más.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6de8cca02d453c7db1fc3ea80be097b1">— Vásquez sube pero nunca baja… —dijo mientras se rascaba la cabeza con la visera de la gorra—. Son muchas cosas, los muchachos le tienen que decir. Vamos a hacer una cosa. Hoy es lunes, el partido es el sábado. Desde hoy al viernes voy a ir al bar como todos los días a hablar con los muchachos y voy a grabar las conversaciones, así de sopetón sin que se enteren y no se abataten. Todos los días a esta hora voy a traerle el casete, usted lo escucha y va cambiando todo. Yo creo que es una linda experiencia, ¿no le parece?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-409aabea4deb39b307f97b350f91d753">—Mire, yo estoy jugado. La verdad es que vine acá para tomar coraje y renunciar mañana o pasado. Pero si escuchando al hincha puedo poner alguna variante y mejorar, rasguñar un empate y aguantar un partido más, yo le juro que sigo todo al pie de la letra. Si total ya estoy perdido…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-127da7dbf556a5097e336f589d3b16c9">—No sea tan tremendo, hombre, mañana esté por acá a esta hora que le traigo la primera escucha, somos como espías—dijo riéndose el canchero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b77af8c1ab042e12e6d069998a7f39dd">—Dígame si le tengo que pagar algo, una ronda de ginebra a los muchachos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a019805ce84c96b03b82151da6735459">—Despreocúpese, ellos no van a saber nada, además yo me doy por bien pagado viendo ganar a mi equipo. Lo que sí le voy a pedir un favor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e91199df1730a3db9c4be814299d4e7">—Lo que quiera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-964bb9fc60f10c86fee188e5c145edcc">—No me tire los puchos dentro del campo de juego, cuesta un huevo sacarlos —dijo el canchero despidiéndose del Mencho, que ya había vuelto a encender otro cigarrillo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8111fd544309ebdde3cf11b83c0bfb73">Desde esa tarde el Mencho cambió completamente de ánimo. Se llenó de optimismo. Al día siguiente fue a ver al canchero, este le entregó un casete y se fue. El entrenador fue corriendo hasta su auto y puso la cinta en el pasacasete. Lo que comenzó a reproducirse era una típica charla de bar entre amigos. El ruido de vasos, el bullicio general, voces de fondo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca325a4481fef5c145edf2f1d8fc68ba">Se distinguía perfectamente la voz de Miguel, el canchero y la de tres personas más. Los cuatro tipos que hablaban lo hacían con soltura y hablaban de estrategias y planteos tácticos. Pero también pasó algunos calores cuando denigraban su figura como entrenador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6165e867796cf9f23d1ecc14ab5b54dc"><em>— ¿Sabes lo que pasa? Que este Fontana es un pelotudo, ¿cómo mierda va a poner a Medina, que ya está de vuelta?</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1d13b03842bbb8da465a41b080e5393c"><em>—Debe tener un tongo con el representante, yo no sé porque no lo pone al Chino Ávila que es una maravilla, el pibe.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e8d3d16a7b121fd8595dc0b415980716"><em>—No seas malo con el Mencho, es una gloria —era la voz del canchero la que se escuchaba— yo creo que le erra al armar el equipo.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-556326f0bff78dcd46925db2cdd4c6e0"><em>—Pero claro que se equivoca con eso. Los dos delanteros que ponen se chocan como dos boludos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-92e6f811febb8601204db7503ee070ea"><em>—A Otero hay que ponerlo como a los viejos wines, a Roncatti de 8, ¡pero qué va a hacer eso!</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f7ae68ace400d468dae29f41bb5d6e44"><em>— ¡Este mamerto lo pone a Ochoa de cinco! El gordo no se puede ni mover. Hay que poner doble cinco, Sosa y Ríos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1ff0ead5e68134226357cec0e3c56e36"><em>— ¿Doble cinco? Vos sos un cagón ¿Por qué no pones dos arqueros, también?</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-664da4fa31891916b6330b23202105be">Luego la charla se iba por discusiones vagas y banales. Pero más allá de eso, el Mencho iba anotando cómo podía armar el equipo. Al otro día y a la misma hora el entrenador se encontró con el canchero. Nuevamente le dio un casete con una charla parecida a la anterior pero que tocaba otras cuestiones técnicas.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2a8efa210bfe3cb5b6a4a925c5a6886f">El Mencho no podía creer lo equivocado que estaba al armar el 11 y cómo los hinchas la tenían tan clara. El resto de los días el entrenador fue acumulando casetes y nombres en su cuaderno para armar al equipo. Creía poder revertir esa situación y tal vez si todo mejoraba, pensaba en nombrar un comité de asesoramiento con estos hinchas de pura cepa, algo inédito en la conducción técnica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a00807b304c4913cbbdbe2db537898ad">El día del partido paró un equipo basado en los cinco casetes que le había alcanzado Miguel, el canchero, un equipo del paladar del hincha. Y Fontana lo notó, porque a la salida del equipo los hinchas alentaban mucho más que en partidos anteriores. Estaba todo dado para ganar y dar vuelta la historia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f98e9a0617016045e47d280b9367a4ab">El primer cachetazo llegó a los cinco minutos: Sosa se equivocó en la entrega y dejó muy mal parada a la defensa, Salaberry puso el 1-0. A los 15, Atlanta ya ganaba 3-0 gracias a errores infantiles. El Mencho Fontana estaba sobre la línea de cal y lloraba como un nene.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-36841c524c93d129c4c7fb64c32a8836">El primer tiempo finalizó con la friolera de 5-0 en contra. Los jugadores entraron por la manga en fila india luego de la masacre de esta primera parte. El entrenador cabizbajo entró a lo último arrastrando los pies. Presentó la renuncia en el entretiempo. Nada más se supo del Mencho Fontana; el monstruo del olvido del cual se alimenta el ascenso se lo devoró.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dc6f1a2fecad1a2787df2b1f4e5cfc36">Esa noche se encontraron Miguel, el canchero, con sus amigos en el bar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-97119429fcbc2dacf0b8a83fa65a3f02">—Menos mal que se fue este hijo de puta, chorro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c91683be0339131a8d7954a286da8e6a">—Vino a chapear con que era ídolo y a robar con eso&#8230;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2078add352d3c54ed243c2baf3ad9908">—Mirá que poner al Chino Ávila, un pibe. Lo quemó para siempre —dijo uno de los muchachos mientras se prendía un pucho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-887851255484b2e54e7d7582acd845e5">—Y ese Sosa es un paquete, yo no sé para que lo pone. Debe tener un tongo con el representante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-92c32483257c0b57419f003ce9fc0769">—La cagó hermano, la cagó. Mirá que sacarlo a Medina, che. El único que corría un poco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-25b9daf34d965244648c05300e0c0321">—Rodolfo, traeme otra ginebra —dijo Miguel, el canchero, mientras miraba tristemente su vaso vacío.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="628" height="590" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-22.png" alt="" class="wp-image-3679" style="width:418px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-22.png 628w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-22-300x282.png 300w" sizes="auto, (max-width: 628px) 100vw, 628px" /></figure>
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		<title>Papeles y achuras: Parte 1</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Feb 2026 18:35:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<category><![CDATA[Penal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay cosas que no se dicen. Trabajos que no se preguntan. Y errores que merecen el exilio.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Leonardo Nieto (<a href="https://www.instagram.com/leonardo_nieto17octubre/?hl=es">@leonardo_nieto17octubre</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-46e31b93b702cd30b5bc22589f14d549">Esta vez era Nieto el mayor el que manejaba. Había pasado por la casa de su hermano -circunstancia extraña- para levantarlo. Raro. Por lo general, era Nieto el menor el que manejaba y se ocupaba de buscar al otro Nieto a quien debiera buscar. La cosa dependía siempre del trabajo. Y en esta ocasión, había un trabajo. Y Nieto el mayor había sacado del garaje su Corvette Stingray 1963 color plata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-91a0657bef686ceefe706aead17dc75a">-¡Qué hacés, Nieto!- le había gritado el menor a su hermano mientras cerraba la puerta de calle en su casa de San Martín.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-10fb39b738ccc9fe21913693a536c837">El Corvette en marcha, Nieto el mayor habló en voz baja, negando con la cabeza; lo envolvía un aire de frustración y cualquiera habría notado con absoluta nitidez una suerte de resignación. El menor subió al auto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd9c71a5af945be66fb512d4bfa65cd2">-Uh, ya veo que te estás quejando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ccabfd42850a675e04228f00c7824386">-Pará, son las cuatro de la mañana, bajá la voz. Discreción, Nieto. Te pido discreción- habló el mayor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f2008aa251daf04d1372a597d3ede9f2">Se dieron la mano. Nieto el menor bajó el vidrio de su lado. Estaba excitado, ansioso, inquieto. Como siempre. El auto echó a andar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7032805fe0a607c48b46b513853e7bad">-Qué raro- escupió el menor de los hermanos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3fcd41677568997dfd643628438ed156">Estaba nublado. Una brisa amable se repartía para ingresar sin permiso a través de cada ventana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b029cc4d2c6baea2796fa2741b42c32d">-¿Qué es lo raro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-83c68100f55b4213687ab7013596f02a">-Que hayas sacado el Corvette.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de167561b4f961e6bd356911aa5cf766">-Mmm…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff88e12c9ee39107528bedbd8ad86dbb">-Que me hayas buscado vos a mí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de167561b4f961e6bd356911aa5cf766">-Mmm…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1e62d822ca23dd55a16e04e537cc0764">-Que no me hayas pedido un vehículo discreto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7bd254019fddaa251e1b6b8522f7e561">-Nunca traés un vehículo discreto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c8f18b841d63c8e143b5af245d21f195">-Yo soy el que se encarga del transporte siempre. ¿Pasa algo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-efc8f7e41a478fbbb89269aaac6388c0">-¿A qué te referís?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0ba8be9f06cfad4b42138db9a97bb40b">-¿Estás enojado conmigo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-078a35950309bae155739e207e9c5095">-Te pido por favor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-64f1ffe5829bb7cab91d8ba97e660b87">-Siempre lo mismo con vos- se quejó Nieto el menor mientras se cruzaba de brazos como un chico con el ceño fruncido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3992faed9a709b1c57ba5b163bcbd1bc">-No empecés. Y no me hablés, que estoy pensando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0b8aba89394607f3a9f0b6e730d71d99">Nieto el menor se arrellanó en su butaca, buscó los cigarrillos en el bolsillo del saco y se puso uno entre los labios. Buscó el encendedor en el otro bolsillo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4bbdc1ad77ab36d7a414f8cb6ace601f">-¿Qué hacés?- inquirió el primogénito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-009d68fbf84f8e144beb2a8540f1da5f">-¿Qué hago con qué? ¿Qué hice ahora? ¿Qué pasó?- dijo el menor, que ahora sostenía el cigarrillo con pulgar y mayor de la mano izquierda, el encendedor en la otra mano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4903e07228f4f561fdd1ac7255029070">-¿Vos me ves fumar acaso?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-46881c2dbedc45c0f32b09c62174d2cc">-Uy, no te la puedo creer.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd8c09093defe7bfc96e8f9dc1d555eb">-¿Vos me ves fumar? ¿Sabés cuánto vale este auto?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0769299f735e46db82c5fbc62798ed2c">-Ya empezamos mal. Qué día de mierda vamos a tener.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0943919a1e45af3c2be146a75a6f6d5a">-Vos. Yo no. Yo estoy bien. Sos vos el que me pone así. Pero no te voy a dejar. Yo voy a tener un gran día.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2d8c7ef9ea8842cc373e27d84c3c71ce">Nieto el mayor dobló a la izquierda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b09fe11f90b6b2d1326b018a2484ea00">-¿Por qué bajás tanto la velocidad para doblar? Si no hay nadie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04e04f885310f71f3b8958753de52a91">-No me hablés- contestó el primogénito, enojado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-743c6a3efabfb1c8492950c018b8eeae">-A esta hora no hay nadie, mirá.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04a66b572e2522309d04debe2456e984">-Callate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c5c559ae8cb716c79f941e17ea083aa8">-¿Fuiste de cuerpo antes de salir? Lo mejor es ir bien temprano. Te acomoda el resto del día. Yo hice antes de que me buscaras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-221470e9cc35219ff2ed34e3242b047a">-Callate, ¿querés?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8fe34471e7e77de114127033c2a6bfb6">-Ah, no me digas que estás tomando ese brebaje de mierda otra vez.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6b22e5edeb092aac0a5e9eb08a92bb9">-¿Qué brebaje? ¿Qué decís?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66c0225f485c7e267a16e97746439cc9">-Esa bosta hindú que se te ocurrió tomar en ayunas hace un par de años.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-87c75d287d0253558528daf78aa01523">-No sé de qué me hablás.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4757b43d443b0ad81fca545c5db006d8">-Era una porquería radiactiva que te había recetado la Pitonisa. Y vos tomabas esa cagada de loro descompuesto no sé para qué carajo pero te ponía de un humor de perro. Horrible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-67539abc1103e7ec3e1af8313784c45f">-Tenemos trabajo- dijo Nieto el mayor para cortar justo cuando doblaba a la derecha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-01dd2a60376cf415e5dd7524101712d2">-Ahora me contás. ¿Puedo fumar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8610cb0b41b17ae5202a4e98ec65af1a">-No.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-45c9725b874817a5a13b4dabd14d33b4">-Pero saco la cabeza por la ventana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-93156df0a8bdcfe83df3e4ba21ccef1d">-Ni se te ocurra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1346da521ca99ef80b91ff9d4db5740a">-Ah, el señor no quiere que le fumen en el Corvette… Ah, el señor y su auto de colección…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04a66b572e2522309d04debe2456e984">-Callate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f9a8e2f4738665fa75c98850221a4fb2">-El señor es el hermano mayor…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fe904d5a3ea4a00a71df33d64a712797">-El preferido de mamá…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-18519c092ab4d2488af9b5badd11476e">Nieto el menor había dejado de hablar repentinamente. El silencio llenó la cabina del Corvette y se metió en la luneta. Nieto el mayor había manoteado la .45 de la sobaquera con la mano derecha y había apoyado el cañón en el cuello de su hermano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8a04058c78c105334009eb49e2d3db17">Nieto el menor tiró el cigarrillo apagado por la ventana. Lo propio hizo con el encendedor que tenía en la otra mano. Luego buscó el atado en el bolsillo del saco y lo arrojó también, furioso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-147a8a7e4fa705a41817890f00b090c7">-No fumo más.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f03d7458c28693b559b13fbbdaba34d0">Nieto el mayor miraba hacia el frente, la mano izquierda apoyada en el volante, cuando habló:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5f306cef1f4ecfd4da5058c1cbb00ebd">-Pasá los cambios, Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca21265f66ae4ff5073f30eb447417fe">-Sí, señor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b835d4995f6a1680a087ad9a19d07156">Nieto el menor se ocupó de la palanca cuatro o cinco veces, con la mano derecha, para lo cual debió arquearse un poco, girar levemente el torso. Sintió que el cañón del arma le presionaba la garganta con mayor ímpetu.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-21cf0d6691a86665f7f135a37c7c5683">-¿Estamos bien?- preguntó el primogénito al cabo de varias cuadras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-56a1d4534e06f8c0a4db999a95498b9a">-Estamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9595422c140642f5736ae26786cbcea">Nieto el mayor guardó la .45 en la sobaquera y se hizo cargo de la totalidad de los controles nuevamente. Su hermano se relajó, se arrellanó en su butaca y bufó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-11f3d14ff89d835665e673d91f2f45d1">-No se puede joder con vos. No te aguantás un chascarrillo ni por putas- soltó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7ecb68147def0ed2ba173afa46714964">Nieto el mayor encendió el reproductor y comenzó a sonar el Dave Brubeck Quartet. <em>Time out</em>. 1959. Anduvieron un largo trecho. Sin hablar. Entrada la madrugada, la noche estaba linda; seguía nublado y estaba fresco. El conductor estacionó al costado de una plaza sobre una calle de doble mano y le bajó el volumen a Dave Brubeck. Giró la cabeza para hablarle a su hermano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cee94f1e9e1b77e03b6dcf68c5045338">-Escuchame bien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1d5762887aa283a9c27c3a13a1de918e">-Ah, por fin vas a largar prenda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2051d564610acce0c8d8e18a8be6138a">-Anoche me llamó el Chiqui.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cea17c531b48ff4d032aff047c90c84f">-¿El tullido que corta?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f244fc0cba64698a35359ff3f5b149f9">-No, bruto. <em>El</em> Chiqui- contestó poniendo énfasis en el artículo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ded7c18ebc2778ce49bdcc065debb599">-Ah, <em>el </em>Chiqui- repitió Nieto el menor con el mismo énfasis en el mismo sitio de la oración.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0b1cfe2356c4265218b50da41c906183">-Sí. Terminó el partido y me llamó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c318c4db717ff618577a7659e81ba9c1">-No me hablés del partido, negro y la puta madre que te parió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-33769644f9659225e433b6cc7e776608">-Atendeme.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1177ceae52108aa41b6619cdb2950fb0">-Sí. ¿Qué quería?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a5b8a627da172ae75b00b907d2a0fb1d">-Tenemos que sacar del país al uruguayo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-64d83320fdf686d6e764e92d6ce0b4a6">-No me digas. ¿Por el penal?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9d48fea7ca9cbdc6285673441408467c">-¿El negro uruguayo que erró el penal?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-322a1a0f1018a88284f2b92f20b5dfcb">-¿Querés que te lo escriba?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ad825654255f8a8c03981cf58266f185">-Lo odio. Cómo nos cagó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd4c2336d365f4c6e4e44603eb1a60ce">-Pará.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-88519e4b5000aeb01d1dcc29c1318779">-Hijo de re mil puta cómo lo puteé.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b6bfce1e5df0e2f70da463a6cf32679b">-Concentrate, por favor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7343dfa711c562a31e2cdb5634ff812">-Hijo de una gran puta cómo vas a errar el penal…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c7d77eb170c7a202db7c0727f167a041">-Era el gol del empate, uruguayo perdedor, cagón…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3826404b0d836711df7fb5f810448423">-¡Nieto!- gritó en voz baja el mayor a la vez que agarraba a su hermano del cuello de la camisa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-70b347bddf66c5215ec9453f2a94a3f0">-Sí, sí, está bien. Me calmo. Ya está.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9cb8517f7cfca453c5789d2e3d470acf">Nieto el mayor largó. Habló sorprendido cambiando el rumbo de la conversación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e6f6393c5761ed51220d3aa53bdb8f22">-¿Y la corbata?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ce0243ef31753f6abd0905aabac94277">-¿Qué corbata?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-608d50fcae394e1d3c7e80d047a9cfd7">-Te pedí que esta vez te pusieras una corbata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1c324f116e6563b425f00a6f902179bd">-Yo no uso corbata. Es más, vos tampoco deberías. Te envejece. Y te queda como el culo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9dbd8705706fa15373ba6b926de31433">-Nieto y la puta madre que te parió. Una vez. Una puta vez que te pido que te pongas una puta corbata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ade25c9280001de06293fb51ccf4a1fd">-No te entiendo. Es un detalle. Insignificante. Qué ganas de hinchar las pelotas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3089b4be1a2d4cd50e9c18fe3c97a31c">-Te odio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6b806167f2dd836dfba877e5d932486d">-¿Qué? ¿Es por el Chiqui?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7be9d265b1f488d38fcd4bbe8289382c">-Después tenemos que ir a Ezeiza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-48921479d588de5367c74512a0765e76">-Ah, entiendo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-494e0fd57eaa42c791c7b09415766477">Nieto el mayor bajó del auto y prendió un cigarrillo. Su hermano bajó lo mismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b19c6b16372f2057b7b3b8d6d4a75bf4">-No tengo cigarrillos- le dijo por encima del techo del Corvette.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0384214367fe2c6c6e3e99a24208666e">Nieto el mayor rodeó el auto por delante y subió a la vereda de la plaza. Le dio su cigarrillo a su hermano y encendió otro para sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8953c920622a3fad23ee5de8812f5453">-Gracias- dijo sinceramente el benjamín.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-450667c2ed1eb6fb3a1549a6d6da3d2e">Mientras fumaba, Nieto el mayor explicó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-48231fb7d2377af17eece6c4498caf14">-Tengo al uruguayo en el baúl.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dda6780f966ef9834c72a7fcea94b22f">-Me vuelvo loco. ¿Está el negro ahí atrás?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4ee74e4820f166174abda5c3ac6516a4">-¿Muerto?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9294470ea4d205a88a847c2c8ed18347">-No, qué decís. Tenemos que sacarlo del país. Le buscamos papeles nuevos, lo llevamos al puerto, lo metemos en un bote y chau, de vuelta a Montevideo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1bd5ef721986296c57aebe108742612">-Fácil.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b11aa56406610028796db74213c641cd">-Delicado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c3e713a77c6fe304d9f6288d9292872c">-Fácil. ¿Está inconsciente?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0f7142ebbf591845a80065371c770c51">-En un barco, entonces.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-47e01ec9750920b954d573839b4f66e4">-Un bote. Algo discreto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b593e6de2a58b7faedc4629dfcffdfdd">-¿Lo golpeaste?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df2c6ed9adb1ba184bc269923caec1dd">-Un poco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-427b03f68303a9bc5f7ead6e5c7c7774">-¿Lo puteaste?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df2c6ed9adb1ba184bc269923caec1dd">-Un poco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6001e98994a0bd0eafab4e19bcae0908">Nieto el menor echaba el humo por la nariz cuando empezó con su retahíla:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3e7f9bbb80913757cb52ced71cb5f241">-Uruguayo hijo de mil puta, negro indigno, te voy a enseñar a errar un penal, ya vas a ver.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c9cab545cfb748afc465c1465df4cf83">-Bueno, calmate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9a97e176ce042c1c53f31c8ad6eadd1c">-Indocumentado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-56e5d1f636ed5da1469b1bf6fe4e77fd">-Me cruzo a la panadería. Unas cremonas que te morís. A esta hora están calentitas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2a29d3f76bdfe6b42d967ae84e87a0ce">-Dale.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6baa53a5d372a9c095e4e5a12bc3b550">-Ya vengo. No toques nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8372fee24523d38b07457f00db7dc577">-¿Qué voy a tocar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-10bbec2974cdcbb864d5d543a7386600">-No hagas nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca0f08b320af63ca43d586be306d416d">-¿Podés confiar en mí?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f19cb035d063b9f3cb280eae8a32f7b8">-Me quedo tranquilo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-90b5378aa469bdf96431aa6e5ce6975e">-Tranquilo- confirmó Nieto el menor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c638b5dcc0d590b23dd85bae6779101d">-Ahora vengo- dijo el otro y cruzó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-00c5332bc6d5feee91aedc6303308ba7">El menor de los hermanos giró y contempló la plaza. Pitó y echó el humo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-02e760dfe42a9ddf1675a76819ba87bb">-¡Nieto!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ef507783ee156a3cdf858541d6e6c979">-Sí- dijo el mayor a mitad de la avenida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9521276340ead104a91de7570d93af08">-¿Puedo correr un poco?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3bdde428843c8dc5cb404eee1aacd8cb">Nieto el mayor no le contestó, volvió a girar y se dirigió a paso rápido a la panadería.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-133f1271664c0793f58a11df7ba718f4">El menor volvió a ojear la plaza. Luego se acercó al auto, lo contempló un momento y palmeó dos veces el techo en señal de cariño, de aprobación o acaso de envidia:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5506d766e9c0ea39bc4d2e2be1d83970">-Algún día- dijo para sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0d94d4910e4da10d2e1ab3fd56cfef4a">Luego se agachó y miró a través de la ventana abierta. En el interior vio que la llave estaba puesta en el tambor. Los ojos le refulgieron un instante. Se irguió para echar un vistazo hacia la panadería. Vio a su hermano dentro, conversaba con alguien, el dueño del boliche o quizás algún empleado. Volvió a mirar la llave. Hizo un gesto con la boca, un frunce, como si pensara <em>No, no está bien.</em> <em>Me dijo que no tocara nada.</em> Cuando se dio cuenta de lo que cavilaba, ya estaba levantando la puerta del baúl.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-52594c0f8745d78ed92c48631c33052a">-A la mierda- dijo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3bf96be89b4cf00b9fc4d994013e286e">El centrodelantero estaba ahí echado, la pilcha del partido puesta, sin las canilleras, las medias bajas, las manos atadas detrás de la espalda, los pies inmovilizados con un suncho. Tenía machucada la jeta por los golpes de Nieto el mayor. Estaba dormido. O inconsciente. Para el caso… Nieto el menor le metió un par de cachetazos para despabilarlo. Cuando el jugador abrió los ojos, éstos no tardaron mucho en revelar el miedo que el hombre experimentaba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e473d0c19a6c474d0819d4af6606b77">-Así que te gusta andar errando penales- habló Nieto el menor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-93efd012c13c50bb7a96e858baf3e3fc">El futbolista uruguayo trataba de moverse, de zafarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8ab0e32ecf16d3c7a8c7dcc129504d88">-Perdimos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-15fc20ac162c95275db062b0028f7230">Nieto el menor tiró la colilla y la aplastó con el zapato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-004b560778e1d141b97d90768c88379b">-Perdimos por tu culpa. Porque erraste el penal. La hinchada te odia. El club y los dirigentes te odian. Yo te odio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66e3b1681d63e3af936a360ddd7f425f">Volvió a mirar en dirección a la panadería. Nieto el mayor bailaba -su hermano adivinó que se trataba de un vals- con una empleada de trenzas negras y pollera. Nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f42d36f313222b639dbd88fce3bc820a">-Vamos a hacer una cosa. Atendeme. Te voy a sacar la cinta de la boca. Si tosés, si llorás, si bostezás te hago un agujero en el pecho- dijo y abrió levemente la hoja izquierda del saco para que asomara la .45 en la sobaquera.- ¿Está claro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6f9683a75a68b86a410ccf248a9ee191">El jugador asintió como pudo. Nieto el menor le despegó la cinta de la boca sin removerla del todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-abc617aeba1d84f9e0c603b9cc7365c7">-Tranquilo. Ahora decime. Bajito, no vas a gritar, pelotudo, eh. ¿Por qué la cruzaste? ¿Por qué mierda la cruzaste? Nunca la cruzás y anoche se te ocurrió cruzarla y al arquero se le ocurrió adivinar el palo y la reputa madre que te parió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8013195077c612cb061e277757df235f">El delantero pidió agua. La voz casi no le salía. Nieto el menor, decepcionado, le metió un puñetazo en el estómago.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bc36618ca2cf1d4c56ffc632b20d0eb9">-Tomá, negro. Ahí tenés tu agua. Para que aprendas a patear penales. No, si es para matarte. Decí que el Chiqui es un buen tipo, te salvó la vida. Y decí que mi hermano no se sale del plan cuando hay un plan, que si fuera por mí… Pero no, Nieto… Uy, qué boludo, dije Nieto. Olvidate. Vos no escuchaste nada. Para el tipo, el trabajo es el trabajo. Miralo si no- dijo y giró la cabeza hacia la panadería-: cómo baila, es una pluma. Uy, ahora se la está arrancando. Se está arrancando a la bailarina. Uy, cómo mete mano. Decí que no hay otros clientes. No, mi hermano es mi ídolo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0c858468b6697305f7aa528ce9b5d2bb">Estiró la mano para volver a poner la cinta sobre la boca y el futbolista, dolorido, echó el vómito incontenible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8282119978a3dd296f16b10ca2a2d370">-Pero me cago en la mierda. Uruguayo y la puta madre que te reparió, qué asco, me vomitaste la mano. No, yo te tengo que matar. Qué asco. ¿Qué comiste? ¿Qué es esto? Pero me cago en tu carrera y en tus goles y en los doce palos que pusimos la puta madre, será de Dios… No. El auto. El Corvette. Mi hermano me mata. ¿Cómo se te ocurre lanzar en el baúl del Corvette de mi hermano? ¿Pero vos sos retrasado o qué? ¿Sabés qué modelo es este auto? No, qué mierda vas a saber si ni siquiera sabés patear un penal. Qué asco. No, mi hermano me mata. A los dos nos mata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3d9180d6c43e66a7d363f8a848b59e2f">Nieto el menor se limpió como pudo la mano en la camiseta del jugador, primero en el pecho y luego en el dorsal. Aún le quedaban bajo las uñas. Discriminó algún pedacito de jamón cocido. Luego sacó del bolsillo del pantalón la corbata que su hermano le había pedido que llevara para la ocasión. Prolijamente doblada en varios pliegues para evitar que se arrugara, la desplegó y acto seguido la estrujó en una mano para formar un trapo o más bien una esponja y le limpió la jeta al futbolista haciendo el mayor de los esfuerzos. Ahora, sin embargo, la cinta ya no agarraba. Con la mano limpia se tanteó los bolsillos buscando un pañuelo. Nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-aa5c3205dd5af7a735ba6820b04229c1">-Me cago en tu puta madre, negro. Doce palos pusimos para traerte. Doce palos. Y nos hacés esto. Te maldigo. ¿La tenías que cruzar justo anoche? ¿Qué se pasó por la cabeza? No me digas… No me digas que tomaste algo. ¿Ingeriste estupefacientes? ¿Le mandaste narcóticos? Tendrías que ir al dópin. Shh… Si abrís la boca te disparo. Tengo silenciador. Esto no es una conversación. Estoy hablando solo. Me estoy descargando. Hago catarsis.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-54b94246e5126a8a192f8810c94def88">Quiso limpiar el tapizado del baúl con la corbata echa un bollo y lo empeoró todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c5cb6cfa939194b64a3030164ab8c766">-Soy hombre muerto- se dijo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c37235419efad2e7bf2658c083e0f707">Ahora tenía manchadas ambas manos. Decidió taponarle la boca al delantero con la corbata. Dio una última advertencia -más bien una amenaza de muerte-, le metió una piña al nueve para volver a dormirlo y bajó la puerta. Corrió hasta el asiento del acompañante y vio salir a su hermano de la panadería. Se apresuró a agacharse y colocar la llave en su sitio. Se limpió el sudor de la frente con la manga del saco y cruzó los brazos sobre el techo del Corvette.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1bd59f70215493238c5485bc11afd81f">-¿Estamos bien?- preguntó Nieto el mayor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-165451781803a111462217c06f17ff95">-Bien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-15dd441ec21c06af55ec09f9bd41a9bf">-Tomá- dijo y le pasó un paquete a su hermano por sobre el techo del auto.- Una para nosotros y una para la Bárbara.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b3e31a7aa8c3f57e5b040e0ae9185de">-Me vuelvo loco, la bárbara.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-188bc0cd786b86f33380279d074e45f5">-Pero no se come en el auto. Esperá que lleguemos. Estamos cerca.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4d3db1c002a8f1c12ac13801044eb030">Subieron al Corvette. Dave Brubeck reanudó la música. Arrancaron.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-30dac40c9dfe243a58a628b39d738f3a">-Doce palos pusimos para traer al uruguayo este.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-51dd9df5851a3b50ff200cbce1447743">-No me hablés. Estoy pensando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1d374b92b67adeeeeb26b6345691d8a7">-Cómo piensa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c68072a8512f07b8671c17a333613d04">Nieto el menor tanteaba el paquete calentito que llevaba apoyado en el regazo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5932dc31a18e72555226c75079ba41a8">-Me vuelvo loco con la salvaje.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-59c61f3e8504b8bdb5fca82c721c10b3">-Bárbara- corrigió el primogénito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-197bed134a0132d490bb8343e3917364">-Bárbara. Qué sobrina. ¿Cómo se llama?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8454e42daa5b4f5a9a81375e907da84e">Nieto el mayor palmeó dos veces el torpedo del Corvette en señal de cariño, de aprobación o acaso de orgullo. Siguieron andando.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="300" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7.png" alt="" class="wp-image-3640" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7-150x150.png 150w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7-50x50.png 50w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>
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		<title>Somos inmortales</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Oct 2025 11:24:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Eterno]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Zona Norte]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Para cambiar el destino hay que saber gambetear.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Leonardo Nieto (<a href="https://www.instagram.com/leonardo_nieto17octubre/?hl=es">@leonardo_nieto17octubre</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-44ae1c5dba6543249f5e680bb73c63d9">Nieto el mayor se cansó de esperar a su hermano -que debía recogerlo en un auto en la Plaza San Martín, justo donde comienza (o termina, según el punto de vista de quien la transite) la peatonal Belgrano, y decidió tomar el colectivo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-710534f9c60dc2bbc384f2b0113f5382">Estaba enojado con su hermano, desde ya, por esa insistente impuntualidad y con el resultado del partido del domingo: no tanto con el resultado, es decir, el empate en uno, de local, sino con el juego que había mostrado el equipo. Y enojado como estaba, entonces, caminó unos metros hasta la parada del 161. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0832294142caa6e4383608aac7d854c9">El colectivo también se tomó su tiempo. Encendió un cigarrillo y se dispuso a contemplar la larga fila en la que tuvo que alinearse y de la que enseguida dejó de ocupar la retaguardia: apenas giró la cabeza hacia atrás, cuatro personas lo increpaban con la vista a la cara como diciendo <em>qué mirás</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5d988ca1354bb22cce547d91eb0a3a0d">-Nieto y la puta madre que te parió- pensó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b0ed48c4ba8832e2476826ec42da8ebc">La fila mostraba cierta variedad y le llamó la atención que nadie hablara de fútbol con nadie. Ni rastros de la fecha pasada ni un comentario sobre el clásico de Rosario ni un resto sobre el desempeño arbitral en el Florencio Sola. Nada. Ni hablar del estado del campo de juego en Tucumán. Cero. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-936510a1a403f7dad485b0fd547f43b1"><em>Y para qué mencionar el gol de tiro libre del colombiano este que es un fenómeno y que no entiendo por qué no viene, por qué no lo compran. ¿Es que a nadie se le ocurre llamarlo? ¿Qué carajo están viendo los dirigentes y los técnicos cuando no laburan, cuando no tienen que ver o dirigir a sus equipos? ¿Ven, los dirigentes y los técnicos, fútbol cuando no es el propio club el que juega? ¿Ven -se me ocurre ahora- fútbol los jugadores cuando tienen tiempo libre? Quiero decir, un jugador lesionado, que no concentra -o que no concentra porque le duele la panza o levantó dos liñitas de temperatura o se carajeó con el técnico o por lo que carajo sea-, ¿se queda en su casa y ve fútbol? Cuando les dan descanso, más de una vez inmerecido, ¿ven fútbol? No digo que vean fútbol en directo, entiendo que eso es difícil, pero hoy tenés todo al alcance de la mano, hoy podés ver lo que quieras, el partido que quieras, cuando se te canten las pelotas. ¿Dónde mierda estás, Nieto? ¿Para qué ponemos una hora? Todo al pedo. Me voy a cobrar ésta, eh, te voy avisando. Y nadie habla de fútbol acá. Como si no se hubiera jugado la fecha, directamente.</em> </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bcb81bf424e19154001984dbe9014bc5">Nadie hablaba de fútbol. Apenas dos chicos adolescentes que debían de ir para la escuela<em>. </em>Por las mochilas, piensa Nieto el mayor, deben de ir, no de volver en tanto y cuanto todavía se los ve arregladitos y bien peinados, todo sano, no hay barro, no hay moretones. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-592d1d3132e9e6eb633ba7d09796f93b">Tenían el uno la camiseta del Barcelona &#8211;<em>Barcelona</em>, pensó y tiró un besito al cielo- y el otro una cuyo club representado Nieto el mayor no iba a adivinar jamás: conocía la del equipo catalán porque tenía los mismos colores que San Lorenzo de Almagro y porque su equipo, el equipo de Nieto, lo había enfrentado y en el historial el saldo era -aunque por la mínima- positivo en favor de su club; pero el otro, la otra camiseta, no tenía idea. Parecía de un club de afuera, de Europa y, como él no miraba fútbol europeo, pensó en esos colores que veía y sin ponerles nombre tiró besito al cielo también. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-14a5fd54353c688b68648b7778cd6183">El colectivo llegó por fin. Venía repleto. Difícil saber para quien jamás ha viajado en el 161 cómo cupo toda la gente de la fila en ese coche. Nieto el mayor abordó a las puteadas en voz baja. Se hizo paso hasta el fondo a fuerza de empujones y algún que otro pisotón.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2ec85f6e2d7c2b638d88f28a30043c8c">Al tipo ya lo había visto desde que cruzara la mitad del micro. Algo en el viejo le llamaba la atención así que venía relojeándolo. Viajó apretado y sin siquiera poder levantar un brazo para tomarse del pasamanos. Cuando pasaron por la estación del ferrocarril, el colectivo, prácticamente, se vació pero otro tanto de personas -quizá más- volvió a subir. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-77cc526649fe6a58fab9b846e702ad56">Sin embargo, ahora Nieto el mayor estaba sentado: tuvo unos instantes -entre el descenso de una muchedumbre y el ascenso de otra- en los que se vio con cierta libertad para decidir qué asiento ocuparía. Cuando vio que se desocupaba el lugar justo a la derecha del viejo, no lo dudó: en dos o tres movimientos rápidos estuvo sentado en la última hilera -completos entonces los cinco escaños-, en el segundo asiento contando desde el lado de la puerta, entre una mujer que cosía al crochet y el viejo misterioso que, sentado al fondo y en el medio transversal del colectivo, parecía disimular su real interés y el verdadero propósito del viaje. Tenía cierto aire europeo y un llamativo parecido a Walt Whitman.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-06913c0bd9ae3c959501a61c77bfa870">-¿Me puede decir la hora, por favor?- preguntó el viejo sin que se tratase realmente de una pregunta -al menos sin que se tratase realmente de aquella pregunta-.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ec4effe31f4033f41ae41d97f497c8ad">Nieto el mayor miró el reloj en su muñeca izquierda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b64918a0d0246256d2f64545ebff899a">-15:10.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-11773e565eadb1d00ac49d8be5bc4b78">-Gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1e62ee0a0166e9ee12de02ac295da2a6">Nieto el mayor venía pensando en la fecha del fin de semana y trataba de entender por qué el fútbol argentino le gustaba tanto cuando éste le ofrecía cada vez menos. Salían de la estación ya cuando el viejo lo distrajo, aunque no del todo, de sus cavilaciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-89b7cd037076893a4814b54a4a7fd8c8">-Hoy en día, cualquiera puede llevar reloj y sin embargo muy poca gente lo hace.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-29fe2f852f22aff87781c18286c021e3">Nieto el mayor inclinó el torso hacia la derecha, apenas lo suficiente como para permitirse cierta distancia, girar un poco y mirar al viejo a la cara. No dijo nada pero inquirió al otro con la mirada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ea21f3383c53118203ecc72a23cff00b">-Antes- continuó el viejo- era el burgués el que llevaba reloj. Solamente. Todo ha cambiado. Fijesé. Hasta yo mismo he usado reloj alguna vez. Pecado de juventud, como el box. Y hoy, estos tiempos quiero decir, en que la cosa se ha vuelto más democrática, más socialista, sabrá disculparme, y cualquiera puede tener su reloj… Pues le aviso: usted es el único en este ómnibus que lo tiene. Usted y el mayoral. Pero no cuenta. Porque no tiene agujas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-879aeeae9c14715bd0d3555294768c3e">-Permitamé hacerle una pregunta- dijo Nieto el mayor inclinando levemente la cabeza hacia la izquierda, hacia el viejo, buscando un algo como intimidad pero mirando hacia adelante, hacia el asiento del chofer al que no podía ver en tanto y cuanto el colectivo explotaba de gente. El viejo realizó el mismo gesto pero en sentido contrario, es decir, se recostó sobre su derecha y mirando hacia el piso del coche se dispuso con verdadera atención a oír.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a8783283c00403770f296d1a38e27a10">-Usted dirá.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2fd41281c59e6d8e6b62c3e34a972cf7">Nieto el mayor se cruzó de piernas no sin cierta dificultad y espetó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2c53417a924f79b68b08519b152909db">-¿Para qué tanto preámbulo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8b21a9606f5b198255d6b334d69a590c">-A decir verdad, no me sorprende su sagacidad, su perspicacia. Es que soy un hombre que disfruta de una buena conversación. Quería aprovechar esta agradable circunstancia antes de cumplir con mi cometido. Sólo pretendo saber, si está usted de acuerdo, cómo se ha dado cuenta. ¿Es que acaso he cometido algún error? Quizás estoy viejo para esto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4a1de447f8a88752137b35d934b6e144">-Tranquilo. No ha cometido error alguno. Y no tiene que ver con su edad, no, la cual es…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5b6f11dcf48f4c919443b64cd0fef242">-Noventa y seis. Aunque esta barba a lo Laiseca me agrega unos cuantos años, lo sé.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7aecacd477a1b602e863d0517fdebc69">-Pues se lo ve muy bien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-58b4dcde735f265e3cd61d41340b47f1">-Le agradezco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-40046ea9eede330ccca52bcc1a5dce8f">Nieto el mayor bufó y comenzó a mirar en todas direcciones como buscando algo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-59c0add3f72a8b3e07ab93b43aa63aaf">-¿Recuerda usted cuando se podía fumar en el ómnibus?- preguntó con ansiedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-be00e8c5231695c5ff155fde8c44e7fd">-Todo tiempo pasado fue mejor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-096ea51c43e25c2ecd0e8588f8c6064b">-Lo han arruinado todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-75888cf502184c69b065287027572f8e">El viaje continuó y poco a poco el colectivo se fue vaciando. En cada parada subía menos gente de la que bajaba; no pasó mucho tiempo hasta que el coche transportaba unas siete personas, incluido el chofer. Nieto el mayor y el viejo conversaron de fútbol, de literatura y de Abelardo Castillo -padrino de Ulysses, la más joven generación de los Nieto-.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f1803036c98369fb79e42720b7f83a52">-En fin- dijo el viejo como para ir cerrando la conversación y pasar así a los bifes-, si le pega bien, es gol.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-921d8a6f16bf4702481cc03ee2517f73">-Puede ser. Me agarra desprevenido y sin un juicio fundamentado que me permita refutar su axioma.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f946047aadbdb3c15dc248a2a7858fca">-Es bueno encontrarlo desprevenido: será más fácil matarlo, Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ce3e94897b0f16d6c9de4dc2df94dbe7">-Le advierto que muchos lo han intentado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8bf954ae57eeeeff7810a2fcf1ef6729">-Nada personal, eh. Sé que usted es peronista. Ojalá se hallara una solución alternativa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-386b89f98fbffe488280a40682af8b32">-Tiene que saber que conozco la manera en que habré de morir. Y el momento exacto. Me lo dijo la pitonisa del quinto piso del Edificio RAF. Y no será así.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e405ec1e4958a13288b4e76899bb10e4">-La gente de RAF, sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f5bc8342b2a869a9a41fb98071572532">-Digamé: ¿qué lleva en la sobaquera?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c25a857ea9ad25aab84560f75883b42b">-Walther PPK.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-165451781803a111462217c06f17ff95">-Bien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8e516911d1a6d0b0421136d23761b571">-¿Qué lleva usted?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9ce0573bd420c1e315541702e3de3333">-Voy cambiando. Pero hace un tiempo que Ruger .22- contestó Nieto el mayor asintiendo con la cabeza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8df7d61bc9893feac7d388a76c42ace9">-No esperaba menos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e30b5b483d6866b52e5d15a3d3b1238">-Uno trata de ser profesional, qué se yo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0689cbb8b48eb73a3783fab05350438e">-Le advierto que después de matarlo a usted iremos por su hermano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ae1324f47bab9eb2e1e544e509384aa1">-Entiendo. Suerte con eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7ae0b0338e21a86626fbc2c8037602f5">-A ciertas personas no les gusta lo del tráfico de animales. El tipo se ha metido en el negocio equivocado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d372f47fcd5c043127724d41b283af5c">-Para variar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c69b7fa1b3d782b46c163ab53a22608b">-Bueno- dijo el viejo mientras se llevaba la mano derecha a la sobaquera bajo el saco-, vamos finalizando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f4749337c19dd4033b5e78318bcf1ae2">-Basta de cháchara.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3ef13239900e057cf1365a718fd5af22">-Basta de cháchara, eso. Tan sólo una cosa más.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5c87bb26c6897c3b3786e18309a76127">-Diga.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ba6b3531aefbd4b37bc646629be1ff38">-¿Cómo es que se dio cuenta de que yo estaba aquí para matarlo? Si no he cometido ningún error, ¿acaso cuenta usted con una suerte de sexto sentido, a lo Cátulo Castillo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2d43bf38a921cef65cf5c2b812298e89">-Cosa de mi hermano. Él es el de los poderes. Me enseñó algunas cosas. A anticiparme, más que nada. Una que otra se me ha quedado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-64b1d541cffaf161bca4b7966777ae62">-Entiendo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d8b5fe51f621a9ea32db82adea6c8bcb">En ese momento, el colectivo sufrió el choque de un vehículo que venía a toda prisa desde atrás. El chofer se sobrepuso llamativamente rápido y mirando por el retrovisor derecho vio un Jeep Gladiator del setenta medio desvencijado que se abría e intentaba ponérsele a la par. En la parte trasera del coche de pasajeros, ya paralelo al mismo, manteniendo la velocidad, el conductor del Gladiator se asomó por la ventanilla y gritó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-816b635c8d9aad9ff1303e584959c69f">-¡Nieto! ¡El viejo! ¡El viejo te la quiere dar!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1520f3381405f671113b86d9d69355bf">Nieto el mayor se puso de pie y quedó justo frente a la puerta de descenso. Accionó el mecanismo de apertura manual, tiró y la abrió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b6755da070df2fb7e279f3939c02a167">-¿Qué es todo esto?- se inquietó el viejo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7db209692c2c88c4ff16500c275233f4">-Disculpemé, viejo. Quedará para otra ocasión. Me pasan a buscar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-54d07a8c5b1f24988682b1cb9a68ac3a">-¡Nieto! ¡Saltá, Nieto, que yo te agarro!- gritaba alguien desde la caja del Gladiator.- ¡Dale que tengo lo tuyo!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d06f05cdc2882e8887805d9680cab761">-¿Ése es Maradona?- preguntó el viejo sin saber bien a quién le hacía la pregunta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f51e5c03c3dfca4ca04111ab8c444ff6">-El mismo- contestó Nieto el mayor. Me debe dinero y, ya ve usted, es un tipo de palabra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-440ca24dd152d29b0d8efa5fa969bc97">Diego estaba saltando en la caja del Jeep, eufórico como si estuviera en la popular de la Bombonera, gordo, muy gordo, con una camiseta de Boca que le quedaba chica, con una vincha negra que le absorbía el sudor de la frente, muñequeras también negras, un pantalón tres cuartos y unas sandalias como las que bien pudo haber usado Cristo. Con una mano se asía de algún sitio y estiraba la otra para atajar a Nieto el mayor. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-58fb50cfc580b4fce3716700cf6aaaad">El viejo volvió a mirar. Era Maradona, sí. Intentó sacar el arma pero Nieto el mayor le metió un cachetazo, tomó impulso y saltó. Diego lo atajó y cayeron juntos en la caja del Jeep. Nieto el menor aceleró a fondo por Avenida de los Constituyentes. Diego miró al viejo y echado en el piso de la caja, como un panda panza arriba, le hizo algún gesto obsceno. Nieto el mayor se incorporó, ayudó a Diego a levantarse y se abrazaron.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e76243782e03018a8815af3ac4c971e6">-Diego.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c67d53ec29b90721d813c8fe40c07156">Inmediatamente después, Nieto el mayor golpeó el techo de la cabina con el puño dos veces en señal de agradecimiento a su hermano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b6d37d7df1d5675efa22ae76fabb51a">-Lo tenía controlado, igual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bf466f88e17a3a923dd7c421c45f8403">-Cómo sos, eh. Una piedra. Cuando crezca quiero ser como vos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5a538d297c57c87877abb3a26375c468">Nieto el mayor manoteó los cigarrillos del bolsillo del saco pero Diego, que sacaba tres puros del bolsillo del pescador, lo amenazó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-009b6e122bd25efcaf2be1089ffd0524">-Dejá eso, Nieto. Salen esos Montecristo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-72f524bbe037c720f3428f2f25d920f2">Encendió él mismo los tres. El primero se lo pasó a Nieto el mayor, que se lo pasó a su vez a Nieto el menor, que sacaba ya el brazo por la ventanilla y tanteaba el techo de la cabina. En la muñeca tenía enrollada una culebra verde que a Nieto el mayor le causó cierta impresión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e4afa58284eb59cc616fe8f29fc7d207">-Siempre puntual, vos- le dijo el primogénito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-da349f215add0b0bfa94e61f7cf86a9e">El segundo cigarro fue para él y ya Diego lanzaba una tremenda bocanada cuando le hizo señas para que se sentaran. Apoyados en la parte trasera de la cabina, sentados en la caja, fumaban. Diego sonreía, feliz. De pronto metió la mano en el otro bolsillo del pescador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7832659e6077d5be9c5de55f266fb80c">-Tomá, Nieto. Tus cincuenta pesos. Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fe0258aa94135293060aa65d2a9fdefc">-Gracias a vos, Diego.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-09e54bdcaabc97b4413804a7c9290bb0">Empezaba a nublarse. Nieto el mayor vio los dos relojes. Uno sobre cada muñequera. Sonrió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a51e459805302d4b666e8b228de4723c">-¿Qué hora es, Diego?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-aeff2969a4844197528c86ee2f1bc429">-Dejá de joder, Nieto. Ahora, justito ahora, no hay tiempo. Somos inmortales.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="405" height="405" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/10/OIG1-1.jpg" alt="" class="wp-image-3347" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/10/OIG1-1.jpg 405w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/10/OIG1-1-300x300.jpg 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/10/OIG1-1-150x150.jpg 150w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/10/OIG1-1-50x50.jpg 50w" sizes="auto, (max-width: 405px) 100vw, 405px" /></figure>
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		<title>Let&#8217;s play some jazz</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 05 Oct 2025 13:55:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Amalfitani]]></category>
		<category><![CDATA[Clapton]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos de fútbol]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Para qué sirven las genialidades si no es para emocionarnos?</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Leonardo Nieto (<a href="https://www.instagram.com/leonardo_nieto17octubre/?hl=es">@leonardo_nieto17octubre</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e8de88c6749e41633a8af6debc61a17">«Si el tipo fuera realmente Dios, ya habría elegido tocar conmigo» piensa Moe Mont, piensa y dice, aunque muy bajito, pero no para que nadie, en estas escaleras desbordadas de gente como ganado, pueda oírlo sino porque al pianista de jazz se le canta, ahora, mientras también él trepa los peldaños que llevan a una de las plateas altas del Amalfitani, hablar así, en susurros, sólo para sí. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2e09abaa7a7ebc60844805cd0afefc91">Las personas que lo rodean y que suben, que siguen subiendo, no lo reconocen, no reparan en él, se diría que es un fantasma; no sabemos cómo pasó los sucesivos controles si ha ingresado con todo lo prohibido que lleva encima. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6e81d428bc563b52517cd7649c5ee016">Todo el mundo parece abstraído en su propia vorágine y algunos hablan con otros de cualquier cosa menos de música, menos de fútbol. «Libre albedrío», piensa -y susurra- Moe Mont, que ya está harto de subir peldaños en un estadio que lo tiene sin cuidado. «¿A qué viene esta gente? ¿Por qué no se habrán quedado en sus casas? Y este tipo encima viene a florearse y me hizo pagar la entrada -bueno, en realidad me la pagaron los Nieto- y seguro va a pretender que yo lo aplauda. Y voy a tener que aplaudir, nomás. Gringo tenía que ser. Dios. Tomatelá».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3dd1c12b7d86357951e7b9221298ea0b">Cuando empezó el concierto, Moe Mont ya estaba durmiendo hacía unos buenos minutos. Recostado como puede en la butaca incómoda, la cara cubierta con el sombrero, se sobresalta de golpe cuando un cocacolero le pisa el pie y sigue como si nada, sin pedir disculpas. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6378b311f5922943ad9da5e2b36844a2">El pianista de jazz echa un juramento al cielo, se calza el sombrero, carajea al vendedor ya inalcanzable, mira la hora en su reloj y otea el escenario para ver cómo va la cosa. Ve el poncho por primera vez. Manotea los cigarrillos, enciende uno, comprueba que el anillo está en su sitio, se pone de pie. Comienza a subir para poder luego bajar. Aunque es su primera vez aquí, pega la vuelta al estadio por los corredores internos como si él mismo lo hubiera construido. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-390d6340a13c836b182e069ce07b33c6">Mientras fuma, piensa que una galaxia -cualquiera de ellas, pero se decide a reflexionar sobre la Vía Láctea en particular- no es menos frágil que el mecanismo flotante de una mochila de inodoro y que todo cuanto ha visto del universo se le antoja poco y soso. Piensa que si tuviera que escribir este pensamiento omitiría el adjetivo “soso”, buscaría otro, más adecuado, para su aserción. O para su negación. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6bc6320cb27bf8c495f31762cd4e87ed">Ya no está seguro de lo que va pensando, por dos motivos. Uno, más profesional, es el apuro por llegar al escenario a cumplir su cometido. Otro, más pasional, es una melodía que le viene de súbito mezclada con el perfume de una mujer de pelo enrulado y largo, negro, a la que no puede verle la cara en tanto se halla -esta mujer- de espaldas; y desnuda, es preciso agregar, porque Moe Mont trata de vestirla en su mente y ella no se lo permite: ella -la mujer- o ella -su mente, la mente de Moe Mont- se empeñan en la desnudez y en no revelar ese rostro que ahora lo viene perturbando feo y que lo va haciendo olvidar del tema de la fragilidad de las galaxias. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-35d70083119a7bebf669a9223b2e0cfa">La ve de espaldas, desnuda, con el pelo enrulado y largo, cada vez más largo, negro caminando sobre los anillos de Saturno. La melodía se va confundiendo, ya no es tan clara, se pierde; suenan, intrusas, notas que no pertenecen a la escala y la mujer sigue allí como un monolito vivo, un tótem de carne y pelo largo y negro y enrulado. Algo se le escapa. Y lo sabe. Cae en cuenta de que hay otra realidad que lo reclama cuando siente el ardor de la brasa del cigarrillo entre el índice y el mayor de la mano derecha. No se contiene y lanza un juramento en una lengua que sólo él habla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6441f988608e5942a1fb5eb3e382944b">Al primer seguridad lo soborna con billetes verdes. Al segundo debe noquearlo porque al tipo le parece poca esa cantidad de dinero y no piensa arriesgar su trabajo de esa manera; en realidad no es un golpe de knock out, más bien un ataque certero a la garganta para comprometer la respiración y luego un subirse a esa esfinge por la espalda como un mono y abrazar el cuello con el brazo izquierdo mientras el derecho, por detrás, es decir desde la nuca, ejerce presión. Así llega Moe Mont al escenario mientras Eric Clapton atraviesa -hasta ahora- lo mejor del concierto. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cf48a3e8d805cc3fd191f6c00fa97cd5">Mont lo ve desde por ahí atrás. Ve el poncho y se sorprende nuevamente, hace un gesto de aprobación con la cara que nadie le ve. Cerca hay una botella de whisky. Una asistente parece custodiarla. El pianista de jazz se le acerca y la besa en la boca como si la amara. La mujer debe buscar un asiento para recuperarse. Mont manotea la botella y empina. Se limpia la trompa con el dorso de la mano y llena con whisky su propia petaca; la guarda en un bolsillo del saco, prepara el teléfono y sube los tres o cuatro escalones que lo separan de <em>la altura de Dios</em>. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a7561bd73db408118556873b7175bdde">Su figura resplandece en las pantallas gigantes a diestra y siniestra. El público vitorea eufórico sin saber quién diablos se acerca a Clapton. Cuando se le para al lado, el guitarrista británico, sin dejar de tocar, le hace señas con la cabeza como si le preguntara quién carajo es. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9ca52faef7548299a85b09777445e9d2">Aunque intuye la sorpresa del otro, entre la gorrita con visera, las gafas y los ojos pequeñitos, las señas del inglés son incomprensibles para Moe Mont quien, como en el patio de su casa, le pone una mano en el hombro a Clapton, lo felicita en castellano por el poncho, le advierte que los Nieto le mandan un saludo y un mensaje y le muestra el video en pausa desde el celular. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9948bce4b2ae1c1435168b2bf227b939">Los músicos siguen tocando porque Clapton sigue tocando. Verá el video sin dejar de tocar. Mont pone <em>play</em> y los ojos del inglés se van agrandando paulatinamente. Lo propio sucede con los labios finitos que se separan y la boca se abre como si el tipo no entendiera nada de lo que está viendo. Y es cierto: no entiende nada. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6873e7a2fb7e9561fc0f8cae3fd7440a">Lástima que mis limitaciones narrativas no me permitan ser más preciso, lector. Mont le pone el teléfono en la mano a Clapton, quien se ve obligado a dejar de tocar -y la banda hace lo propio- en tanto su instinto de agarrar lo que el otro le ofrece prevalece. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-be7a60cbded0048ae78e230675ad3ab8">Entonces ve. Y cuando ve, cree. Felices los que creen sin haber visto. ¿Y qué es lo que ve? A Edinson Cavani con la camiseta de Boca y <a href="https://www.youtube.com/watch?v=6OUaRW3zVG8">el gol de chilena que le hace a Central Norte por Copa Argentina</a>. Eric Clapton no puede contener las lágrimas. Acaba de comprender. Un <em>algo </em>como sudamericano le galopa la sangre. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6e08383f4e2f7c54ae7fffb515cb02e5">Es algo nuevo pero prístino a la vez. Él mismo pone <em>play</em> y vuelve a ver el gol de Boca, el gol de Cavani, el Matador. Vuelve a ver el festejo de la flecha charrúa que vuela y se clava en algún corazón xeneize de la popular o de la platea y entonces se toca el sitio del corazón y sabe. Sabe. Mira a Moe Mont y ahora sí sus ojos son claros cuando, lagrimeando, con ellos dice <em>I got it.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-97212788ed61fefbf7f7f0f547bdbe07">-¿Ve usted? ¿Qué me vienen con la Premier League? Que hagan fila, papu- dice Mont mientras se guarda el teléfono en el bolsillo interno del saco. -Fútbol argentino. Boca. Cavani. Te volvés loco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-84a96d4e7cc5afeea604376814e53429">Todo es una gran confusión. Desde las plateas y el campo, el público ve a través de las pantallas gigantes a Moe Mont que se acerca a uno de los teclados, le mete un cachetazo a Tim Carmon, lo obliga a hacerse a un lado, se sienta en su lugar, enciende un cigarrillo, aplaude finalmente a su admirado guitarrista y tira un DoMaj7.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6ef6d7cc0869e0ca03f29e75d86a78d2">-Ey, Clapton! If you are God, let’s play some jazz with Moe Mont!</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="573" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-1024x573.jpg" alt="" class="wp-image-3313" style="width:510px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-1024x573.jpg 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-300x168.jpg 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-768x430.jpg 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-1536x860.jpg 1536w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Canva IA</figcaption></figure>
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