<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Cuentos archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
	<atom:link href="https://lapelotasiempreal10.com/category/cuentos/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://lapelotasiempreal10.com/category/cuentos/</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Wed, 08 Apr 2026 16:16:57 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	

<image>
	<url>https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2022/04/cropped-logo-512-32x32.png</url>
	<title>Cuentos archivos - La Pelota Siempre al 10</title>
	<link>https://lapelotasiempreal10.com/category/cuentos/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Extremo izquierdo</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/lo-ultimo/extremo-izquierdo/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/lo-ultimo/extremo-izquierdo/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Apr 2026 16:16:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de futbol]]></category>
		<category><![CDATA[Futbol negocio]]></category>
		<category><![CDATA[Platense]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3857</guid>

					<description><![CDATA[<p>Tener principios es fácil. Lo difícil es sostenerlos en las malas.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/lo-ultimo/extremo-izquierdo/">Extremo izquierdo</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Mariano Tosca (<a href="https://www.instagram.com/marianotosca6/">@marianotosca6</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-af71771687b12641254d7d4d21020663">-Los hombres son mezquinos, individualistas y egoístas por naturaleza -afirmó Ramiro, mientras hacia jueguito con la pelota en la mitad de la cancha, durante el entrenamiento matutino del club de Saavedra. Enseguida se corrigió:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-95fcbf84a5966ccb7328c90350400616">-Bueno, no sé si por naturaleza, cuando uno nace no tiene muchas posibilidades de mostrar su verdadera cara. Un bebé no habla, aunque ya manifiesta cierto egoísmo; pero cuando crece y se desarrolla en esta sociedad capitalista, consumista y competitiva, se convierte en un ser mezquino, individualista y egoísta. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-93d774fafb944e2aad0f3b1add67ae6c">El Panza García lo miraba con los brazos cruzados y hacía un esfuerzo para tratar de entender qué es lo que quiso decir. García lo admiraba a Ramiro; no entendia ni una sola palabra de lo que decía, pero lo escuchaba y trataba de recordar lo que decía para después preguntárselo a la esposa que estaba cursando el secundario de adultos. Para el Panza era todo un orgullo contar con tal eminencia. En cambio el Flaco Altamirano, 9 del equipo, siempre lo interrumpía. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1ea4910518dc31da1739af52b4e9173f">-Dale… dejá de hablar comunista! Tenemos que estar al 100% para el partido del sábado y vos venís con esos discursos! Además no sé qué tiene que ver lo que decís si estamos hablando de futbol. Yo lo único que dije es que el Tano es un morfón, nunca la pasa porque se quiere lucir él, te digo que no le importa ganar ni ascender ni nada más que ser el goleador del torneo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a92e10406ec883d640ed81aefde41f49">Ramiro venía de una familia clase media de la ciudad y era hincha fanático de Platense desde chico. Contaba que su primer recuerdo era el de un anochecer de sábado, en el cual su padre lo llevaba a upa a la calesita del parque, y mientras lo llevaba le cantaba canciones de hinchada: «Soy del puente Saavedra, yo soy Calamar&#8230;». Esa era la que recordaba. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d44bb53e343e3ec2df8f9b7efe531d3f">Pero ya de chico tenia sus principios de solidaridad y justicia social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1ef970ca1aef34105dd7300adb6e2175">-Es injusta la calesita, los que tienen brazos mas largos son los que tienen mas posibilidades de agarrar la sortija. Los mas altos siempre tienen ventaja en todo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd5b1b7e34d038a777e80606e651b36f">El padre lo escuchaba y trataba de calmarlo diciéndole que tuviese paciencia, que a la larga las cosas siempre tienden al equilibrio. Pero Ramiro ya se estaba cansando de ese mundo en el que los chicos son corrompidos por sus padres desde que tienen 7 años, exigiéndoles y tratando de volcarles sus propias frustraciones. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-29fa6d13646fe1b5c5a5041dbc62e82c">También se estaba cansando de los entrenadores, que los miden como si fueran frutas para ver si están verdes, maduros o pasados, de los dirigentes, a quienes no les preocupa lo que piensan ni cómo se sienten mientras sean efectivos para el equipo, de los periodistas, que van desde las críticas mas impiadosas hasta los halagos desmedidos de acuerdo a las actuaciones más o menos buenas o más o menos malas, y hasta de los hinchas, aunque enojarse con ellos era lo que más le costaba porque sabía que sufrían cuando perdía el equipo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ebb182dec15d47ad7aaa78f395bce2ae">Pero también estaba seguro de que no les pasaba nada cuándo veían chicos pidiendo en la calle, o gente que perdía sus trabajos, o hasta algunos que ni siquiera se angustiaban un poco cuando tenían algún familiar enfermo, pero que no dormían cuándo perdía su equipo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c1d7c2c057caac584cdd5ac21c5a881a">Cuando Ramiro llegó al día siguiente al entrenamiento, se enteró de la noticia; su club había aceptado, por una suma importante de dinero, ser el sponsor de una empresa multinacional que hace unos años se habia fusionado, y tras unas turbias negociaciones había dejado a más de 500 empleados sin trabajo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b78a7aa3fec3b9cf24c5f7b19f9a31c4">En su camiseta número 7, el domingo del partido iba a figurar el nombre de la empresa; y por supuesto, Ramiro no estaba dispuesto a aceptar. Al final de la práctica reunió a todos los jugadores y habló más de media hora sin parar. Algunos ni lo miraban, otros ni lo escuchaban. Notando el poco apoyo, dejó de hablar y se fue camino al vestuario. Faltó a la siguiente práctica, la del viernes, última antes del partido. Los que lo conocen dicen que no hablo por dos días, que estuvo muy raro. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fbab10b2694facf5a81345c75ec3f58e">El domingo del partido, llegó, miró la camiseta con asco y se la puso. Salió a la cancha y no levantó la cabeza para mirar a sus hinchas, ni siquiera cuando coreaban su nombre. Al empezar el partido, cuando movía su equipó ya era costumbre que el Flaco Altamirano se la pase a él; y asi fue, solo que esta vez Ramiro comenzó a correr con la pelota hacia su propio arco, ante la mirada atónita de todo el estadio. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-202f11568316f9c288aec5025d80ce6b">Llegó a su propio arco y pateó con furia hacia la red. Gritó su gol en contra con toda la furia; luego comenzó a reírse, se sacó la camiseta, la tiró al piso,&nbsp;y se fue del estadio solo y sin haber pasado por el vestuario. Ese fue su último partido.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="695" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/04/1775663192505-e1775664606366-695x1024.webp" alt="" class="wp-image-3892" style="width:365px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/04/1775663192505-e1775664606366-695x1024.webp 695w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/04/1775663192505-e1775664606366-204x300.webp 204w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/04/1775663192505-e1775664606366.webp 733w" sizes="(max-width: 695px) 100vw, 695px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen: Instagram (@libreriaenelblanco)</figcaption></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/lo-ultimo/extremo-izquierdo/">Extremo izquierdo</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/lo-ultimo/extremo-izquierdo/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Crónica de un clásico</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cronica-de-un-clasico/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cronica-de-un-clasico/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Mar 2026 17:16:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Clásicos]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Hincha]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3752</guid>

					<description><![CDATA[<p>¿Qué cosas puede hacer un hincha para llegar a tiempo a un partido importante? Los límites están por verse.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cronica-de-un-clasico/">Crónica de un clásico</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Uriel Frimet (<a href="https://www.instagram.com/ufrimet_">@ufrimet_</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7f0e2ed862358118fa3a91c03a6adb07">Yo ya presentía que no iba a salir redondo el día de laburo. Sabía desde el lunes que quería tenerlo todo bien cerradito para el viernes a las 4 de la tarde, por si surgía algún <em>martes 13</em> y tener 2 horas para solucionar cualquier inconveniente e irme rajando a la cancha a las 6 de la tarde. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7023c54f360f8f9dd0b65f05eadeb0dd">Pero este laburo del orto, con compañeros displicentes, sueldos bajo tierra y ni una mina linda, nunca me va a dar un puto día de paz. Y con paz me refiero a poder salir en horario y llegar puntual al clásico. Este no era cualquier clásico. Pasaron 23 años desde el último que jugamos. Se fueron tan al descenso que llegaron a quebrar los boludos. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e86ce1cc220a8a79fa043ced63ec96c8">Lo digo en voz alta pero toco madera, no vaya a ser que por decir esta mufa nos pase a nosotros. Ese día de la quiebra sus barras empezaron a quemar pelopinchos en la sede central. Se ve que alguno laburaba en una empresa de plásticos y se afanó varias piletas para llevarlas al <em>reclamo legítimo</em> que tenían. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6a6b2f133a2fc78ad811589f093991c">Hubo cobertura de varios medios de televisión pero también un vecino del barrio que quedó incomunicado para siempre. Inhaló tanto plástico quemado que la quedó. “Ya estaba a un paso del cielo”, decían los barras en el juicio cuando los imputaron por homicidio indirecto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-273b28dd74096fcea599588d811e6f85">Frente a todo pronóstico pude salir seis y diez. Era más que una batalla ganada. Salí corriendo como pude por los molinetes de la oficina y me fui a la parada del bondi. De camino ya visualizaba cómo y por cuál calle iba a entrar a la cancha; como iba a esquivar a todos los faloperos que siempre entran tarde y encima gratis porque la barra les da entradas. ¡Forros! </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff3cc0979841c4c0c4baab0b552e1261">Pero el puto bondi no llegaba. Eran las seis y veinte. Y pensé en tomarme el subte y después otro bondi para acortar camino. Lo hice. Arranqué disparado como si tuviese un monopatín y casi que no esquivé a la gente y me llevé puesto hasta la vieja más vieja.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6f634bccb6b809a3ada05da2369fb5cb">Ya en el subte siendo las seis y cuarenta me puse a pensar si haber saltado el molinete de la estación había estado bien. Recuerdo que pensé “Me chupa un huevo todo”. Es que era viernes y jugábamos el clásico después de años verlos hundidos en la mierda. Nunca festejé el dolor ajeno, pero pa&#8217; qué te voy a decir que no si sí. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3f50acb7fdf9750ccac1e117947148b1">Faltaban 10 minutos y yo todavía estaba a media hora. Puteaba al aire a cada uno de mis inútiles compañeros. Primero en orden alfabético y después por edad, de mayor a menor. Porque me daban más rabia los viejos esos que pedían ayuda todo el tiempo con la computadora.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-eedb8076f5b797fb796a461eeffd849e">Son las 7 de la tarde y recién me subía al bondi. Estuve sentado con las manos y pies orientados a la puerta del medio para salir corriendo en cuanto sea mi parada. Miraba por la ventana y veía a cada pelotudo llevando su día tan tranquilo que me daba ganas de sacar la cabeza por la ventana y gritarle cosas para activar su nerviosismo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de9de59d2f109898dace5a579d35b807">¿Que no se dan cuenta que es el clásico? ¿Qué mierda van a hacer un viernes a la tarde? Estos pensamientos de matón creo haberlos heredados de mi tío que era medio tranza y medio ferretero. Nunca supimos bien qué le pasó. Dicen que se la pegó haciendo <em>la Willy </em>en el puente de San Martín, pero nunca encontraron el cuerpo ni nada. Ya no quería pensar en desgracias. Yo necesitaba llegar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b24630a5093e9a08ebc5783b056a3073">Supe nada más que estaba 0 a 0 a los diez minutos de haber empezado el partido y me quedé sin batería en el teléfono. Estaba a la deriva. Sin rastros de mi club ni de los amargos esos quebrados. La ansiedad y la transpiración aumentó exponencialmente al estar incomunicado totalmente con mi mundo real, el clásico. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-24150a66329ddc1a39f48368ecac82b0">Contaba cada semáforo en rojo que no se arriesgaba a pasar el colectivero. Sumaba los segundos que tardaban en subir las viejas al bondi. Asomaba mi cabeza a ver el tablero para asegurarme que vaya lo más rápido posible. Son incontables la cantidad de detalles que uno puede estar pendiente cuando se enfoca en un objetivo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9f89eb5cff2648c3a8f87efcaa4bf2d8">Lo último que recuerdo del trayecto de ese día amargo, vacío y sin alma era que lo vi a Tito, el del kiosco del barrio, contando billetes de tantas birras vendidas. Al menos uno en el barrio se fue feliz ese día. Y yo, que ya no distinguía qué molinete pasar civilizadamente y cuál no, crucé el de la cancha con un salto en alto formidable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dfc86d1cfb86eef7df494cf887d236a8">Caras largas, desazón y bocas tapadas con bigotes a punto de largar una guarangada sobre la madre del primer jugador que se equivoque. Había un silencio incómodo, gente con manos en la cabeza, hombres sentados diciendo cosas incoherentes a punto de perder la razón. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-39a255f8665e0997e49b1056ae927719">Un ambiente en el que se debía prestar ovación a once energúmenos en realidad era un funeral multitudinario con tribunas llenas replanteandose su existencia. Giré mi cabeza hacia el tablero electrónico. 40 minutos y 0-4 abajo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c8a1bfeebdb1487ebb29ea564d290457">Miré incrédulo a los ojos a quienes tenía a mi alrededor. Fue en ese preciso instante que engendré y coordiné, como nunca había hecho en mi vida, el momento de mayor divinidad sobre la faz de la tierra. Un instante que parecía ensayado durante años y que mi destino me tenía esperando: liderar 40.000 almas congregadas para descargar sus miserias y labrar por un bien común gritando un humilde y sentido: “Jugadoooooores la concha de su maaaaaadre…»</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" width="560" height="839" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-8.png" alt="" class="wp-image-3753" style="width:390px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-8.png 560w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/03/image-8-200x300.png 200w" sizes="(max-width: 560px) 100vw, 560px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen realizada con IA.</figcaption></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cronica-de-un-clasico/">Crónica de un clásico</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/cronica-de-un-clasico/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El equipo del bar de la esquina</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-equipo-del-bar-de-la-esquina/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-equipo-del-bar-de-la-esquina/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Feb 2026 13:45:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Directores técnicos]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3678</guid>

					<description><![CDATA[<p>¿Cuánto saben de fútbol los hinchas? La única manera de saber es ponerlo a prueba</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-equipo-del-bar-de-la-esquina/">El equipo del bar de la esquina</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Toni Schweinheim (<a href="https://x.com/ToniDibujante">@ToniDibujante</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4d6a223ed937db46f639e8b3c78a4f52">Juan Fontana o el Mencho, como le decían por su parecido con Medina Bello, probó de todo en diez partidos: dos nueves, uno por adentro uno por afuera, 4-3-3, 3-5-2, 4-4-2… y nada. De diez partidos ganó uno, empató tres y perdió seis, con el agravante de los tres últimos en fila.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f7fae2bceec28bc4d1fd12f97d0e0981">“Mire Fontana, nosotros respetamos a los entrenadores, sobre todo cuando han sido ídolos de esta institución, pero los plazos se acortan y los objetivos no se cumplen. No lo tome como una advertencia ni como una amenaza, pero fíjese qué hace”, fueron las crueles, duras palabras de Mambertti, el presidente del club.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b77ca7b229f5d9decc1d4f354a19f06c">No era ni una advertencia ni una amenaza, era algo peor, un despido encubierto, o quizás un apriete para que renuncie. El Mencho salió de esa reunión con la cabeza en otro lado. Estuvo como ido un par de minutos, veía pero estaba ciego. Busco oxígeno, bajó las escaleras, se metió por el vestuario y salió a la cancha.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-607d60455668902765f382a8417bda80">Sintió tristeza. No había podido lograr el ascenso como jugador. Doce largos años intentando ascender con ese equipo, como un moscón que repiquetea contra un vidrio. Lo más lejos que llegó fue a una semifinal en los viejos octogonales. Morón lo goleó.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ec785e1bf5c9c0070f3daf3c4fceea84">Cuando colgó los botines juró hacerlo ascender como entrenador. Esta era su primera experiencia al frente de un equipo. Tal vez sea la última también; cuando sos técnico en el ascenso y te va mal, desaparecés. El sistema perverso del ascenso. Te rajan. Chau. Ni siquiera quedas con los juveniles porque ahí hay gente desde hace décadas. Te vas al olvido.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c2ed17e44959c8d8aaf2821094b80876">A Juan se le arremolinaban los recuerdos. El gol que le hizo a Tristán Suárez en aquel arco para salvarse del descenso… aquella vez tuvo que hacer de arquero improvisado porque se quedaron sin cambios y el loco Sevilla se había ido expulsado…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3d539d4ebcff8875450c970d46d07273">—Es así maestro, si la pelotita no entra, fuistes —dijo el canchero arrastrando una “s” innecesaria en la palabra. El Mencho lo miró como desorientado. Todavía no había salido de sus recuerdos, le pareció que el canchero estaba más lejos la última vez que lo vio. Ahora estaba a su lado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-55f350fe4309b80434c8ecfb3c56f076">—Es así viejo, es así —dijo por fin con un suspiro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-00601a8882d6adc44d3cb49ab8ed6d68">— ¿Sabe lo que pasa, don? Ustedes, los técnicos, estudian mucho pero no saben nada. Ustedes piensan que porque fueron jugadores o se recibieron de DT, saben todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-27be3c99ece0b4fc2a5ea2f9d1d230b1">—Puede ser —respondió el Mencho casi sin ánimo. Estaba con la guardia muy baja. En otros tiempos le hubiese saltado a la yugular a cualquiera por esos dichos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4efb538dffb5cfd68c5ad1add98c234a">—No lo quise ofender —comentó el canchero admitiendo su dureza anterior—. Tampoco es para tanto, pasa que ustedes son muy teóricos. Y son muy caprichosos. Usted cambió de estrategia solito, sin consultar a nadie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a5a5852f9f5695bc7421e97858d5f51c">— ¿Y a quién le voy a consultar? —se encogió de hombros el Mencho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1faddd5f93238dcef4b861809151c7e3">—A nosotros, a los hinchas. Ustedes son como los políticos, hermano —dijo el canchero alzando los brazos—, si los políticos escucharan al pueblo seríamos felices. Si ustedes los entrenadores le preguntaran a los hinchas, yo le puedo asegurar que vamos a tener un mejor fútbol.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7288665b928a36659f1f27c6b895aa7">— Yo me llego a acercar a la platea o a la popular y me putean…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2ab309c3790c06d46c459c31acabca8f">—En el bar de la esquina, don Mencho —dijo el canchero, como si revelase alguna fórmula secreta, nos juntamos a charlar de fútbol todas las santas noches. Creo que ni el Menotti ni el Bilardo hablaron en su vida tanto de fútbol como nosotros. Nosotros mamamos de chicos este club. Es nuestra vida, usted es un ídolo pero nosotros conocemos palmo a palmo esto, estamos acá desde pibes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9194af34846c1485ff79153c98065535">—Lléveme ahí, ayúdeme, me queda un único partido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7ed7b6605a4f79546767c296c07d6c73">—Noooo, si usted llega a aparecerse por ahí, los muchachos no hablan, se cagan encima. No se van a sentir libres de hablar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-05aba1b15b73d5331e9e746bd01c7817">—Me pongo lejos, los escucho de lejos, no sé. Yo amo este club, no me quiero ir. Haría cualquier cosa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f9d52c48aad0607f7147f30dd1328c50">—Yo lo voy a ayudar porque a usted lo aprecio, pero desde ya le digo que usted tiene muchos errores y tiene que aceptarlos. Tales y Rodolfo siempre juegan encimados, se estorban. Un desastre eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bf2f30489692f8b01d4926137432e0eb">—Pero los cambié de posición como siete veces en diez partidos…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-595c9b65f11bea6b986bbf1bb22d74d9">—Ah, eso es lo que ve usted desde el banco. Yo le aseguro que todos los hinchas comentamos eso desde su llegada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c06ee382e7927a84c94b0f2857138af9">—Bueno, dígame qué más.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6de8cca02d453c7db1fc3ea80be097b1">— Vásquez sube pero nunca baja… —dijo mientras se rascaba la cabeza con la visera de la gorra—. Son muchas cosas, los muchachos le tienen que decir. Vamos a hacer una cosa. Hoy es lunes, el partido es el sábado. Desde hoy al viernes voy a ir al bar como todos los días a hablar con los muchachos y voy a grabar las conversaciones, así de sopetón sin que se enteren y no se abataten. Todos los días a esta hora voy a traerle el casete, usted lo escucha y va cambiando todo. Yo creo que es una linda experiencia, ¿no le parece?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-409aabea4deb39b307f97b350f91d753">—Mire, yo estoy jugado. La verdad es que vine acá para tomar coraje y renunciar mañana o pasado. Pero si escuchando al hincha puedo poner alguna variante y mejorar, rasguñar un empate y aguantar un partido más, yo le juro que sigo todo al pie de la letra. Si total ya estoy perdido…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-127da7dbf556a5097e336f589d3b16c9">—No sea tan tremendo, hombre, mañana esté por acá a esta hora que le traigo la primera escucha, somos como espías—dijo riéndose el canchero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b77af8c1ab042e12e6d069998a7f39dd">—Dígame si le tengo que pagar algo, una ronda de ginebra a los muchachos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a019805ce84c96b03b82151da6735459">—Despreocúpese, ellos no van a saber nada, además yo me doy por bien pagado viendo ganar a mi equipo. Lo que sí le voy a pedir un favor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e91199df1730a3db9c4be814299d4e7">—Lo que quiera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-964bb9fc60f10c86fee188e5c145edcc">—No me tire los puchos dentro del campo de juego, cuesta un huevo sacarlos —dijo el canchero despidiéndose del Mencho, que ya había vuelto a encender otro cigarrillo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8111fd544309ebdde3cf11b83c0bfb73">Desde esa tarde el Mencho cambió completamente de ánimo. Se llenó de optimismo. Al día siguiente fue a ver al canchero, este le entregó un casete y se fue. El entrenador fue corriendo hasta su auto y puso la cinta en el pasacasete. Lo que comenzó a reproducirse era una típica charla de bar entre amigos. El ruido de vasos, el bullicio general, voces de fondo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca325a4481fef5c145edf2f1d8fc68ba">Se distinguía perfectamente la voz de Miguel, el canchero y la de tres personas más. Los cuatro tipos que hablaban lo hacían con soltura y hablaban de estrategias y planteos tácticos. Pero también pasó algunos calores cuando denigraban su figura como entrenador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6165e867796cf9f23d1ecc14ab5b54dc"><em>— ¿Sabes lo que pasa? Que este Fontana es un pelotudo, ¿cómo mierda va a poner a Medina, que ya está de vuelta?</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1d13b03842bbb8da465a41b080e5393c"><em>—Debe tener un tongo con el representante, yo no sé porque no lo pone al Chino Ávila que es una maravilla, el pibe.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e8d3d16a7b121fd8595dc0b415980716"><em>—No seas malo con el Mencho, es una gloria —era la voz del canchero la que se escuchaba— yo creo que le erra al armar el equipo.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-556326f0bff78dcd46925db2cdd4c6e0"><em>—Pero claro que se equivoca con eso. Los dos delanteros que ponen se chocan como dos boludos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-92e6f811febb8601204db7503ee070ea"><em>—A Otero hay que ponerlo como a los viejos wines, a Roncatti de 8, ¡pero qué va a hacer eso!</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f7ae68ace400d468dae29f41bb5d6e44"><em>— ¡Este mamerto lo pone a Ochoa de cinco! El gordo no se puede ni mover. Hay que poner doble cinco, Sosa y Ríos.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1ff0ead5e68134226357cec0e3c56e36"><em>— ¿Doble cinco? Vos sos un cagón ¿Por qué no pones dos arqueros, también?</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-664da4fa31891916b6330b23202105be">Luego la charla se iba por discusiones vagas y banales. Pero más allá de eso, el Mencho iba anotando cómo podía armar el equipo. Al otro día y a la misma hora el entrenador se encontró con el canchero. Nuevamente le dio un casete con una charla parecida a la anterior pero que tocaba otras cuestiones técnicas.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2a8efa210bfe3cb5b6a4a925c5a6886f">El Mencho no podía creer lo equivocado que estaba al armar el 11 y cómo los hinchas la tenían tan clara. El resto de los días el entrenador fue acumulando casetes y nombres en su cuaderno para armar al equipo. Creía poder revertir esa situación y tal vez si todo mejoraba, pensaba en nombrar un comité de asesoramiento con estos hinchas de pura cepa, algo inédito en la conducción técnica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a00807b304c4913cbbdbe2db537898ad">El día del partido paró un equipo basado en los cinco casetes que le había alcanzado Miguel, el canchero, un equipo del paladar del hincha. Y Fontana lo notó, porque a la salida del equipo los hinchas alentaban mucho más que en partidos anteriores. Estaba todo dado para ganar y dar vuelta la historia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f98e9a0617016045e47d280b9367a4ab">El primer cachetazo llegó a los cinco minutos: Sosa se equivocó en la entrega y dejó muy mal parada a la defensa, Salaberry puso el 1-0. A los 15, Atlanta ya ganaba 3-0 gracias a errores infantiles. El Mencho Fontana estaba sobre la línea de cal y lloraba como un nene.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-36841c524c93d129c4c7fb64c32a8836">El primer tiempo finalizó con la friolera de 5-0 en contra. Los jugadores entraron por la manga en fila india luego de la masacre de esta primera parte. El entrenador cabizbajo entró a lo último arrastrando los pies. Presentó la renuncia en el entretiempo. Nada más se supo del Mencho Fontana; el monstruo del olvido del cual se alimenta el ascenso se lo devoró.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dc6f1a2fecad1a2787df2b1f4e5cfc36">Esa noche se encontraron Miguel, el canchero, con sus amigos en el bar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-97119429fcbc2dacf0b8a83fa65a3f02">—Menos mal que se fue este hijo de puta, chorro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c91683be0339131a8d7954a286da8e6a">—Vino a chapear con que era ídolo y a robar con eso&#8230;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2078add352d3c54ed243c2baf3ad9908">—Mirá que poner al Chino Ávila, un pibe. Lo quemó para siempre —dijo uno de los muchachos mientras se prendía un pucho.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-887851255484b2e54e7d7582acd845e5">—Y ese Sosa es un paquete, yo no sé para que lo pone. Debe tener un tongo con el representante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-92c32483257c0b57419f003ce9fc0769">—La cagó hermano, la cagó. Mirá que sacarlo a Medina, che. El único que corría un poco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-25b9daf34d965244648c05300e0c0321">—Rodolfo, traeme otra ginebra —dijo Miguel, el canchero, mientras miraba tristemente su vaso vacío.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" width="628" height="590" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-22.png" alt="" class="wp-image-3679" style="width:418px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-22.png 628w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-22-300x282.png 300w" sizes="(max-width: 628px) 100vw, 628px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-equipo-del-bar-de-la-esquina/">El equipo del bar de la esquina</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-equipo-del-bar-de-la-esquina/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Papeles y achuras: Parte 1</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Feb 2026 18:35:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<category><![CDATA[Penal]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3639</guid>

					<description><![CDATA[<p>Hay cosas que no se dicen. Trabajos que no se preguntan. Y errores que merecen el exilio.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/">Papeles y achuras: Parte 1</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Leonardo Nieto (<a href="https://www.instagram.com/leonardo_nieto17octubre/?hl=es">@leonardo_nieto17octubre</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-46e31b93b702cd30b5bc22589f14d549">Esta vez era Nieto el mayor el que manejaba. Había pasado por la casa de su hermano -circunstancia extraña- para levantarlo. Raro. Por lo general, era Nieto el menor el que manejaba y se ocupaba de buscar al otro Nieto a quien debiera buscar. La cosa dependía siempre del trabajo. Y en esta ocasión, había un trabajo. Y Nieto el mayor había sacado del garaje su Corvette Stingray 1963 color plata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-91a0657bef686ceefe706aead17dc75a">-¡Qué hacés, Nieto!- le había gritado el menor a su hermano mientras cerraba la puerta de calle en su casa de San Martín.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-10fb39b738ccc9fe21913693a536c837">El Corvette en marcha, Nieto el mayor habló en voz baja, negando con la cabeza; lo envolvía un aire de frustración y cualquiera habría notado con absoluta nitidez una suerte de resignación. El menor subió al auto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd9c71a5af945be66fb512d4bfa65cd2">-Uh, ya veo que te estás quejando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ccabfd42850a675e04228f00c7824386">-Pará, son las cuatro de la mañana, bajá la voz. Discreción, Nieto. Te pido discreción- habló el mayor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f2008aa251daf04d1372a597d3ede9f2">Se dieron la mano. Nieto el menor bajó el vidrio de su lado. Estaba excitado, ansioso, inquieto. Como siempre. El auto echó a andar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7032805fe0a607c48b46b513853e7bad">-Qué raro- escupió el menor de los hermanos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3fcd41677568997dfd643628438ed156">Estaba nublado. Una brisa amable se repartía para ingresar sin permiso a través de cada ventana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b029cc4d2c6baea2796fa2741b42c32d">-¿Qué es lo raro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-83c68100f55b4213687ab7013596f02a">-Que hayas sacado el Corvette.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de167561b4f961e6bd356911aa5cf766">-Mmm…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff88e12c9ee39107528bedbd8ad86dbb">-Que me hayas buscado vos a mí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-de167561b4f961e6bd356911aa5cf766">-Mmm…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1e62d822ca23dd55a16e04e537cc0764">-Que no me hayas pedido un vehículo discreto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7bd254019fddaa251e1b6b8522f7e561">-Nunca traés un vehículo discreto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c8f18b841d63c8e143b5af245d21f195">-Yo soy el que se encarga del transporte siempre. ¿Pasa algo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-efc8f7e41a478fbbb89269aaac6388c0">-¿A qué te referís?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0ba8be9f06cfad4b42138db9a97bb40b">-¿Estás enojado conmigo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-078a35950309bae155739e207e9c5095">-Te pido por favor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-64f1ffe5829bb7cab91d8ba97e660b87">-Siempre lo mismo con vos- se quejó Nieto el menor mientras se cruzaba de brazos como un chico con el ceño fruncido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3992faed9a709b1c57ba5b163bcbd1bc">-No empecés. Y no me hablés, que estoy pensando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0b8aba89394607f3a9f0b6e730d71d99">Nieto el menor se arrellanó en su butaca, buscó los cigarrillos en el bolsillo del saco y se puso uno entre los labios. Buscó el encendedor en el otro bolsillo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4bbdc1ad77ab36d7a414f8cb6ace601f">-¿Qué hacés?- inquirió el primogénito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-009d68fbf84f8e144beb2a8540f1da5f">-¿Qué hago con qué? ¿Qué hice ahora? ¿Qué pasó?- dijo el menor, que ahora sostenía el cigarrillo con pulgar y mayor de la mano izquierda, el encendedor en la otra mano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4903e07228f4f561fdd1ac7255029070">-¿Vos me ves fumar acaso?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-46881c2dbedc45c0f32b09c62174d2cc">-Uy, no te la puedo creer.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd8c09093defe7bfc96e8f9dc1d555eb">-¿Vos me ves fumar? ¿Sabés cuánto vale este auto?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0769299f735e46db82c5fbc62798ed2c">-Ya empezamos mal. Qué día de mierda vamos a tener.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0943919a1e45af3c2be146a75a6f6d5a">-Vos. Yo no. Yo estoy bien. Sos vos el que me pone así. Pero no te voy a dejar. Yo voy a tener un gran día.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2d8c7ef9ea8842cc373e27d84c3c71ce">Nieto el mayor dobló a la izquierda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b09fe11f90b6b2d1326b018a2484ea00">-¿Por qué bajás tanto la velocidad para doblar? Si no hay nadie.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04e04f885310f71f3b8958753de52a91">-No me hablés- contestó el primogénito, enojado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-743c6a3efabfb1c8492950c018b8eeae">-A esta hora no hay nadie, mirá.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04a66b572e2522309d04debe2456e984">-Callate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c5c559ae8cb716c79f941e17ea083aa8">-¿Fuiste de cuerpo antes de salir? Lo mejor es ir bien temprano. Te acomoda el resto del día. Yo hice antes de que me buscaras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-221470e9cc35219ff2ed34e3242b047a">-Callate, ¿querés?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8fe34471e7e77de114127033c2a6bfb6">-Ah, no me digas que estás tomando ese brebaje de mierda otra vez.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6b22e5edeb092aac0a5e9eb08a92bb9">-¿Qué brebaje? ¿Qué decís?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66c0225f485c7e267a16e97746439cc9">-Esa bosta hindú que se te ocurrió tomar en ayunas hace un par de años.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-87c75d287d0253558528daf78aa01523">-No sé de qué me hablás.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4757b43d443b0ad81fca545c5db006d8">-Era una porquería radiactiva que te había recetado la Pitonisa. Y vos tomabas esa cagada de loro descompuesto no sé para qué carajo pero te ponía de un humor de perro. Horrible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-67539abc1103e7ec3e1af8313784c45f">-Tenemos trabajo- dijo Nieto el mayor para cortar justo cuando doblaba a la derecha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-01dd2a60376cf415e5dd7524101712d2">-Ahora me contás. ¿Puedo fumar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8610cb0b41b17ae5202a4e98ec65af1a">-No.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-45c9725b874817a5a13b4dabd14d33b4">-Pero saco la cabeza por la ventana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-93156df0a8bdcfe83df3e4ba21ccef1d">-Ni se te ocurra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1346da521ca99ef80b91ff9d4db5740a">-Ah, el señor no quiere que le fumen en el Corvette… Ah, el señor y su auto de colección…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-04a66b572e2522309d04debe2456e984">-Callate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f9a8e2f4738665fa75c98850221a4fb2">-El señor es el hermano mayor…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fe904d5a3ea4a00a71df33d64a712797">-El preferido de mamá…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-18519c092ab4d2488af9b5badd11476e">Nieto el menor había dejado de hablar repentinamente. El silencio llenó la cabina del Corvette y se metió en la luneta. Nieto el mayor había manoteado la .45 de la sobaquera con la mano derecha y había apoyado el cañón en el cuello de su hermano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8a04058c78c105334009eb49e2d3db17">Nieto el menor tiró el cigarrillo apagado por la ventana. Lo propio hizo con el encendedor que tenía en la otra mano. Luego buscó el atado en el bolsillo del saco y lo arrojó también, furioso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-147a8a7e4fa705a41817890f00b090c7">-No fumo más.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f03d7458c28693b559b13fbbdaba34d0">Nieto el mayor miraba hacia el frente, la mano izquierda apoyada en el volante, cuando habló:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5f306cef1f4ecfd4da5058c1cbb00ebd">-Pasá los cambios, Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca21265f66ae4ff5073f30eb447417fe">-Sí, señor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b835d4995f6a1680a087ad9a19d07156">Nieto el menor se ocupó de la palanca cuatro o cinco veces, con la mano derecha, para lo cual debió arquearse un poco, girar levemente el torso. Sintió que el cañón del arma le presionaba la garganta con mayor ímpetu.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-21cf0d6691a86665f7f135a37c7c5683">-¿Estamos bien?- preguntó el primogénito al cabo de varias cuadras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-56a1d4534e06f8c0a4db999a95498b9a">-Estamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9595422c140642f5736ae26786cbcea">Nieto el mayor guardó la .45 en la sobaquera y se hizo cargo de la totalidad de los controles nuevamente. Su hermano se relajó, se arrellanó en su butaca y bufó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-11f3d14ff89d835665e673d91f2f45d1">-No se puede joder con vos. No te aguantás un chascarrillo ni por putas- soltó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7ecb68147def0ed2ba173afa46714964">Nieto el mayor encendió el reproductor y comenzó a sonar el Dave Brubeck Quartet. <em>Time out</em>. 1959. Anduvieron un largo trecho. Sin hablar. Entrada la madrugada, la noche estaba linda; seguía nublado y estaba fresco. El conductor estacionó al costado de una plaza sobre una calle de doble mano y le bajó el volumen a Dave Brubeck. Giró la cabeza para hablarle a su hermano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cee94f1e9e1b77e03b6dcf68c5045338">-Escuchame bien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1d5762887aa283a9c27c3a13a1de918e">-Ah, por fin vas a largar prenda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2051d564610acce0c8d8e18a8be6138a">-Anoche me llamó el Chiqui.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cea17c531b48ff4d032aff047c90c84f">-¿El tullido que corta?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f244fc0cba64698a35359ff3f5b149f9">-No, bruto. <em>El</em> Chiqui- contestó poniendo énfasis en el artículo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ded7c18ebc2778ce49bdcc065debb599">-Ah, <em>el </em>Chiqui- repitió Nieto el menor con el mismo énfasis en el mismo sitio de la oración.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0b1cfe2356c4265218b50da41c906183">-Sí. Terminó el partido y me llamó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c318c4db717ff618577a7659e81ba9c1">-No me hablés del partido, negro y la puta madre que te parió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-33769644f9659225e433b6cc7e776608">-Atendeme.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1177ceae52108aa41b6619cdb2950fb0">-Sí. ¿Qué quería?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a5b8a627da172ae75b00b907d2a0fb1d">-Tenemos que sacar del país al uruguayo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-64d83320fdf686d6e764e92d6ce0b4a6">-No me digas. ¿Por el penal?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9d48fea7ca9cbdc6285673441408467c">-¿El negro uruguayo que erró el penal?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-322a1a0f1018a88284f2b92f20b5dfcb">-¿Querés que te lo escriba?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ad825654255f8a8c03981cf58266f185">-Lo odio. Cómo nos cagó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd4c2336d365f4c6e4e44603eb1a60ce">-Pará.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-88519e4b5000aeb01d1dcc29c1318779">-Hijo de re mil puta cómo lo puteé.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b6bfce1e5df0e2f70da463a6cf32679b">-Concentrate, por favor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7343dfa711c562a31e2cdb5634ff812">-Hijo de una gran puta cómo vas a errar el penal…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c7d77eb170c7a202db7c0727f167a041">-Era el gol del empate, uruguayo perdedor, cagón…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3826404b0d836711df7fb5f810448423">-¡Nieto!- gritó en voz baja el mayor a la vez que agarraba a su hermano del cuello de la camisa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-70b347bddf66c5215ec9453f2a94a3f0">-Sí, sí, está bien. Me calmo. Ya está.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9cb8517f7cfca453c5789d2e3d470acf">Nieto el mayor largó. Habló sorprendido cambiando el rumbo de la conversación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e6f6393c5761ed51220d3aa53bdb8f22">-¿Y la corbata?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ce0243ef31753f6abd0905aabac94277">-¿Qué corbata?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-608d50fcae394e1d3c7e80d047a9cfd7">-Te pedí que esta vez te pusieras una corbata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1c324f116e6563b425f00a6f902179bd">-Yo no uso corbata. Es más, vos tampoco deberías. Te envejece. Y te queda como el culo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9dbd8705706fa15373ba6b926de31433">-Nieto y la puta madre que te parió. Una vez. Una puta vez que te pido que te pongas una puta corbata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ade25c9280001de06293fb51ccf4a1fd">-No te entiendo. Es un detalle. Insignificante. Qué ganas de hinchar las pelotas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3089b4be1a2d4cd50e9c18fe3c97a31c">-Te odio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6b806167f2dd836dfba877e5d932486d">-¿Qué? ¿Es por el Chiqui?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7be9d265b1f488d38fcd4bbe8289382c">-Después tenemos que ir a Ezeiza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-48921479d588de5367c74512a0765e76">-Ah, entiendo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-494e0fd57eaa42c791c7b09415766477">Nieto el mayor bajó del auto y prendió un cigarrillo. Su hermano bajó lo mismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b19c6b16372f2057b7b3b8d6d4a75bf4">-No tengo cigarrillos- le dijo por encima del techo del Corvette.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0384214367fe2c6c6e3e99a24208666e">Nieto el mayor rodeó el auto por delante y subió a la vereda de la plaza. Le dio su cigarrillo a su hermano y encendió otro para sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8953c920622a3fad23ee5de8812f5453">-Gracias- dijo sinceramente el benjamín.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-450667c2ed1eb6fb3a1549a6d6da3d2e">Mientras fumaba, Nieto el mayor explicó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-48231fb7d2377af17eece6c4498caf14">-Tengo al uruguayo en el baúl.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dda6780f966ef9834c72a7fcea94b22f">-Me vuelvo loco. ¿Está el negro ahí atrás?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4ee74e4820f166174abda5c3ac6516a4">-¿Muerto?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9294470ea4d205a88a847c2c8ed18347">-No, qué decís. Tenemos que sacarlo del país. Le buscamos papeles nuevos, lo llevamos al puerto, lo metemos en un bote y chau, de vuelta a Montevideo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1bd5ef721986296c57aebe108742612">-Fácil.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b11aa56406610028796db74213c641cd">-Delicado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c3e713a77c6fe304d9f6288d9292872c">-Fácil. ¿Está inconsciente?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0f7142ebbf591845a80065371c770c51">-En un barco, entonces.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-47e01ec9750920b954d573839b4f66e4">-Un bote. Algo discreto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b593e6de2a58b7faedc4629dfcffdfdd">-¿Lo golpeaste?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df2c6ed9adb1ba184bc269923caec1dd">-Un poco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-427b03f68303a9bc5f7ead6e5c7c7774">-¿Lo puteaste?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df2c6ed9adb1ba184bc269923caec1dd">-Un poco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6001e98994a0bd0eafab4e19bcae0908">Nieto el menor echaba el humo por la nariz cuando empezó con su retahíla:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3e7f9bbb80913757cb52ced71cb5f241">-Uruguayo hijo de mil puta, negro indigno, te voy a enseñar a errar un penal, ya vas a ver.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c9cab545cfb748afc465c1465df4cf83">-Bueno, calmate.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9a97e176ce042c1c53f31c8ad6eadd1c">-Indocumentado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7fd68c3473593df10d6bec8c5cf8ec5a">-Sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-56e5d1f636ed5da1469b1bf6fe4e77fd">-Me cruzo a la panadería. Unas cremonas que te morís. A esta hora están calentitas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2a29d3f76bdfe6b42d967ae84e87a0ce">-Dale.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6baa53a5d372a9c095e4e5a12bc3b550">-Ya vengo. No toques nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8372fee24523d38b07457f00db7dc577">-¿Qué voy a tocar?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-10bbec2974cdcbb864d5d543a7386600">-No hagas nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca0f08b320af63ca43d586be306d416d">-¿Podés confiar en mí?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f19cb035d063b9f3cb280eae8a32f7b8">-Me quedo tranquilo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-90b5378aa469bdf96431aa6e5ce6975e">-Tranquilo- confirmó Nieto el menor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c638b5dcc0d590b23dd85bae6779101d">-Ahora vengo- dijo el otro y cruzó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-00c5332bc6d5feee91aedc6303308ba7">El menor de los hermanos giró y contempló la plaza. Pitó y echó el humo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-02e760dfe42a9ddf1675a76819ba87bb">-¡Nieto!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ef507783ee156a3cdf858541d6e6c979">-Sí- dijo el mayor a mitad de la avenida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9521276340ead104a91de7570d93af08">-¿Puedo correr un poco?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3bdde428843c8dc5cb404eee1aacd8cb">Nieto el mayor no le contestó, volvió a girar y se dirigió a paso rápido a la panadería.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-133f1271664c0793f58a11df7ba718f4">El menor volvió a ojear la plaza. Luego se acercó al auto, lo contempló un momento y palmeó dos veces el techo en señal de cariño, de aprobación o acaso de envidia:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5506d766e9c0ea39bc4d2e2be1d83970">-Algún día- dijo para sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0d94d4910e4da10d2e1ab3fd56cfef4a">Luego se agachó y miró a través de la ventana abierta. En el interior vio que la llave estaba puesta en el tambor. Los ojos le refulgieron un instante. Se irguió para echar un vistazo hacia la panadería. Vio a su hermano dentro, conversaba con alguien, el dueño del boliche o quizás algún empleado. Volvió a mirar la llave. Hizo un gesto con la boca, un frunce, como si pensara <em>No, no está bien.</em> <em>Me dijo que no tocara nada.</em> Cuando se dio cuenta de lo que cavilaba, ya estaba levantando la puerta del baúl.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-52594c0f8745d78ed92c48631c33052a">-A la mierda- dijo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3bf96be89b4cf00b9fc4d994013e286e">El centrodelantero estaba ahí echado, la pilcha del partido puesta, sin las canilleras, las medias bajas, las manos atadas detrás de la espalda, los pies inmovilizados con un suncho. Tenía machucada la jeta por los golpes de Nieto el mayor. Estaba dormido. O inconsciente. Para el caso… Nieto el menor le metió un par de cachetazos para despabilarlo. Cuando el jugador abrió los ojos, éstos no tardaron mucho en revelar el miedo que el hombre experimentaba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e473d0c19a6c474d0819d4af6606b77">-Así que te gusta andar errando penales- habló Nieto el menor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-93efd012c13c50bb7a96e858baf3e3fc">El futbolista uruguayo trataba de moverse, de zafarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8ab0e32ecf16d3c7a8c7dcc129504d88">-Perdimos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-15fc20ac162c95275db062b0028f7230">Nieto el menor tiró la colilla y la aplastó con el zapato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-004b560778e1d141b97d90768c88379b">-Perdimos por tu culpa. Porque erraste el penal. La hinchada te odia. El club y los dirigentes te odian. Yo te odio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-66e3b1681d63e3af936a360ddd7f425f">Volvió a mirar en dirección a la panadería. Nieto el mayor bailaba -su hermano adivinó que se trataba de un vals- con una empleada de trenzas negras y pollera. Nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f42d36f313222b639dbd88fce3bc820a">-Vamos a hacer una cosa. Atendeme. Te voy a sacar la cinta de la boca. Si tosés, si llorás, si bostezás te hago un agujero en el pecho- dijo y abrió levemente la hoja izquierda del saco para que asomara la .45 en la sobaquera.- ¿Está claro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6f9683a75a68b86a410ccf248a9ee191">El jugador asintió como pudo. Nieto el menor le despegó la cinta de la boca sin removerla del todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-abc617aeba1d84f9e0c603b9cc7365c7">-Tranquilo. Ahora decime. Bajito, no vas a gritar, pelotudo, eh. ¿Por qué la cruzaste? ¿Por qué mierda la cruzaste? Nunca la cruzás y anoche se te ocurrió cruzarla y al arquero se le ocurrió adivinar el palo y la reputa madre que te parió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8013195077c612cb061e277757df235f">El delantero pidió agua. La voz casi no le salía. Nieto el menor, decepcionado, le metió un puñetazo en el estómago.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bc36618ca2cf1d4c56ffc632b20d0eb9">-Tomá, negro. Ahí tenés tu agua. Para que aprendas a patear penales. No, si es para matarte. Decí que el Chiqui es un buen tipo, te salvó la vida. Y decí que mi hermano no se sale del plan cuando hay un plan, que si fuera por mí… Pero no, Nieto… Uy, qué boludo, dije Nieto. Olvidate. Vos no escuchaste nada. Para el tipo, el trabajo es el trabajo. Miralo si no- dijo y giró la cabeza hacia la panadería-: cómo baila, es una pluma. Uy, ahora se la está arrancando. Se está arrancando a la bailarina. Uy, cómo mete mano. Decí que no hay otros clientes. No, mi hermano es mi ídolo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0c858468b6697305f7aa528ce9b5d2bb">Estiró la mano para volver a poner la cinta sobre la boca y el futbolista, dolorido, echó el vómito incontenible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8282119978a3dd296f16b10ca2a2d370">-Pero me cago en la mierda. Uruguayo y la puta madre que te reparió, qué asco, me vomitaste la mano. No, yo te tengo que matar. Qué asco. ¿Qué comiste? ¿Qué es esto? Pero me cago en tu carrera y en tus goles y en los doce palos que pusimos la puta madre, será de Dios… No. El auto. El Corvette. Mi hermano me mata. ¿Cómo se te ocurre lanzar en el baúl del Corvette de mi hermano? ¿Pero vos sos retrasado o qué? ¿Sabés qué modelo es este auto? No, qué mierda vas a saber si ni siquiera sabés patear un penal. Qué asco. No, mi hermano me mata. A los dos nos mata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3d9180d6c43e66a7d363f8a848b59e2f">Nieto el menor se limpió como pudo la mano en la camiseta del jugador, primero en el pecho y luego en el dorsal. Aún le quedaban bajo las uñas. Discriminó algún pedacito de jamón cocido. Luego sacó del bolsillo del pantalón la corbata que su hermano le había pedido que llevara para la ocasión. Prolijamente doblada en varios pliegues para evitar que se arrugara, la desplegó y acto seguido la estrujó en una mano para formar un trapo o más bien una esponja y le limpió la jeta al futbolista haciendo el mayor de los esfuerzos. Ahora, sin embargo, la cinta ya no agarraba. Con la mano limpia se tanteó los bolsillos buscando un pañuelo. Nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-aa5c3205dd5af7a735ba6820b04229c1">-Me cago en tu puta madre, negro. Doce palos pusimos para traerte. Doce palos. Y nos hacés esto. Te maldigo. ¿La tenías que cruzar justo anoche? ¿Qué se pasó por la cabeza? No me digas… No me digas que tomaste algo. ¿Ingeriste estupefacientes? ¿Le mandaste narcóticos? Tendrías que ir al dópin. Shh… Si abrís la boca te disparo. Tengo silenciador. Esto no es una conversación. Estoy hablando solo. Me estoy descargando. Hago catarsis.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-54b94246e5126a8a192f8810c94def88">Quiso limpiar el tapizado del baúl con la corbata echa un bollo y lo empeoró todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c5cb6cfa939194b64a3030164ab8c766">-Soy hombre muerto- se dijo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c37235419efad2e7bf2658c083e0f707">Ahora tenía manchadas ambas manos. Decidió taponarle la boca al delantero con la corbata. Dio una última advertencia -más bien una amenaza de muerte-, le metió una piña al nueve para volver a dormirlo y bajó la puerta. Corrió hasta el asiento del acompañante y vio salir a su hermano de la panadería. Se apresuró a agacharse y colocar la llave en su sitio. Se limpió el sudor de la frente con la manga del saco y cruzó los brazos sobre el techo del Corvette.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1bd59f70215493238c5485bc11afd81f">-¿Estamos bien?- preguntó Nieto el mayor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-165451781803a111462217c06f17ff95">-Bien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-15dd441ec21c06af55ec09f9bd41a9bf">-Tomá- dijo y le pasó un paquete a su hermano por sobre el techo del auto.- Una para nosotros y una para la Bárbara.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b3e31a7aa8c3f57e5b040e0ae9185de">-Me vuelvo loco, la bárbara.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-188bc0cd786b86f33380279d074e45f5">-Pero no se come en el auto. Esperá que lleguemos. Estamos cerca.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4d3db1c002a8f1c12ac13801044eb030">Subieron al Corvette. Dave Brubeck reanudó la música. Arrancaron.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-30dac40c9dfe243a58a628b39d738f3a">-Doce palos pusimos para traer al uruguayo este.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-51dd9df5851a3b50ff200cbce1447743">-No me hablés. Estoy pensando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1d374b92b67adeeeeb26b6345691d8a7">-Cómo piensa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c68072a8512f07b8671c17a333613d04">Nieto el menor tanteaba el paquete calentito que llevaba apoyado en el regazo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5932dc31a18e72555226c75079ba41a8">-Me vuelvo loco con la salvaje.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-59c61f3e8504b8bdb5fca82c721c10b3">-Bárbara- corrigió el primogénito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-197bed134a0132d490bb8343e3917364">-Bárbara. Qué sobrina. ¿Cómo se llama?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8454e42daa5b4f5a9a81375e907da84e">Nieto el mayor palmeó dos veces el torpedo del Corvette en señal de cariño, de aprobación o acaso de orgullo. Siguieron andando.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="300" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7.png" alt="" class="wp-image-3640" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7.png 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7-150x150.png 150w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2026/02/image-7-50x50.png 50w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/">Papeles y achuras: Parte 1</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/papeles-y-achuras-parte-1/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Somos inmortales</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/diego-eterno/somos-inmortales/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/diego-eterno/somos-inmortales/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Oct 2025 11:24:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Eterno]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Zona Norte]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3344</guid>

					<description><![CDATA[<p>Para cambiar el destino hay que saber gambetear.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/diego-eterno/somos-inmortales/">Somos inmortales</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Leonardo Nieto (<a href="https://www.instagram.com/leonardo_nieto17octubre/?hl=es">@leonardo_nieto17octubre</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-44ae1c5dba6543249f5e680bb73c63d9">Nieto el mayor se cansó de esperar a su hermano -que debía recogerlo en un auto en la Plaza San Martín, justo donde comienza (o termina, según el punto de vista de quien la transite) la peatonal Belgrano, y decidió tomar el colectivo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-710534f9c60dc2bbc384f2b0113f5382">Estaba enojado con su hermano, desde ya, por esa insistente impuntualidad y con el resultado del partido del domingo: no tanto con el resultado, es decir, el empate en uno, de local, sino con el juego que había mostrado el equipo. Y enojado como estaba, entonces, caminó unos metros hasta la parada del 161. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0832294142caa6e4383608aac7d854c9">El colectivo también se tomó su tiempo. Encendió un cigarrillo y se dispuso a contemplar la larga fila en la que tuvo que alinearse y de la que enseguida dejó de ocupar la retaguardia: apenas giró la cabeza hacia atrás, cuatro personas lo increpaban con la vista a la cara como diciendo <em>qué mirás</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5d988ca1354bb22cce547d91eb0a3a0d">-Nieto y la puta madre que te parió- pensó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b0ed48c4ba8832e2476826ec42da8ebc">La fila mostraba cierta variedad y le llamó la atención que nadie hablara de fútbol con nadie. Ni rastros de la fecha pasada ni un comentario sobre el clásico de Rosario ni un resto sobre el desempeño arbitral en el Florencio Sola. Nada. Ni hablar del estado del campo de juego en Tucumán. Cero. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-936510a1a403f7dad485b0fd547f43b1"><em>Y para qué mencionar el gol de tiro libre del colombiano este que es un fenómeno y que no entiendo por qué no viene, por qué no lo compran. ¿Es que a nadie se le ocurre llamarlo? ¿Qué carajo están viendo los dirigentes y los técnicos cuando no laburan, cuando no tienen que ver o dirigir a sus equipos? ¿Ven, los dirigentes y los técnicos, fútbol cuando no es el propio club el que juega? ¿Ven -se me ocurre ahora- fútbol los jugadores cuando tienen tiempo libre? Quiero decir, un jugador lesionado, que no concentra -o que no concentra porque le duele la panza o levantó dos liñitas de temperatura o se carajeó con el técnico o por lo que carajo sea-, ¿se queda en su casa y ve fútbol? Cuando les dan descanso, más de una vez inmerecido, ¿ven fútbol? No digo que vean fútbol en directo, entiendo que eso es difícil, pero hoy tenés todo al alcance de la mano, hoy podés ver lo que quieras, el partido que quieras, cuando se te canten las pelotas. ¿Dónde mierda estás, Nieto? ¿Para qué ponemos una hora? Todo al pedo. Me voy a cobrar ésta, eh, te voy avisando. Y nadie habla de fútbol acá. Como si no se hubiera jugado la fecha, directamente.</em> </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bcb81bf424e19154001984dbe9014bc5">Nadie hablaba de fútbol. Apenas dos chicos adolescentes que debían de ir para la escuela<em>. </em>Por las mochilas, piensa Nieto el mayor, deben de ir, no de volver en tanto y cuanto todavía se los ve arregladitos y bien peinados, todo sano, no hay barro, no hay moretones. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-592d1d3132e9e6eb633ba7d09796f93b">Tenían el uno la camiseta del Barcelona &#8211;<em>Barcelona</em>, pensó y tiró un besito al cielo- y el otro una cuyo club representado Nieto el mayor no iba a adivinar jamás: conocía la del equipo catalán porque tenía los mismos colores que San Lorenzo de Almagro y porque su equipo, el equipo de Nieto, lo había enfrentado y en el historial el saldo era -aunque por la mínima- positivo en favor de su club; pero el otro, la otra camiseta, no tenía idea. Parecía de un club de afuera, de Europa y, como él no miraba fútbol europeo, pensó en esos colores que veía y sin ponerles nombre tiró besito al cielo también. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-14a5fd54353c688b68648b7778cd6183">El colectivo llegó por fin. Venía repleto. Difícil saber para quien jamás ha viajado en el 161 cómo cupo toda la gente de la fila en ese coche. Nieto el mayor abordó a las puteadas en voz baja. Se hizo paso hasta el fondo a fuerza de empujones y algún que otro pisotón.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2ec85f6e2d7c2b638d88f28a30043c8c">Al tipo ya lo había visto desde que cruzara la mitad del micro. Algo en el viejo le llamaba la atención así que venía relojeándolo. Viajó apretado y sin siquiera poder levantar un brazo para tomarse del pasamanos. Cuando pasaron por la estación del ferrocarril, el colectivo, prácticamente, se vació pero otro tanto de personas -quizá más- volvió a subir. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-77cc526649fe6a58fab9b846e702ad56">Sin embargo, ahora Nieto el mayor estaba sentado: tuvo unos instantes -entre el descenso de una muchedumbre y el ascenso de otra- en los que se vio con cierta libertad para decidir qué asiento ocuparía. Cuando vio que se desocupaba el lugar justo a la derecha del viejo, no lo dudó: en dos o tres movimientos rápidos estuvo sentado en la última hilera -completos entonces los cinco escaños-, en el segundo asiento contando desde el lado de la puerta, entre una mujer que cosía al crochet y el viejo misterioso que, sentado al fondo y en el medio transversal del colectivo, parecía disimular su real interés y el verdadero propósito del viaje. Tenía cierto aire europeo y un llamativo parecido a Walt Whitman.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-06913c0bd9ae3c959501a61c77bfa870">-¿Me puede decir la hora, por favor?- preguntó el viejo sin que se tratase realmente de una pregunta -al menos sin que se tratase realmente de aquella pregunta-.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ec4effe31f4033f41ae41d97f497c8ad">Nieto el mayor miró el reloj en su muñeca izquierda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b64918a0d0246256d2f64545ebff899a">-15:10.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-11773e565eadb1d00ac49d8be5bc4b78">-Gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1e62ee0a0166e9ee12de02ac295da2a6">Nieto el mayor venía pensando en la fecha del fin de semana y trataba de entender por qué el fútbol argentino le gustaba tanto cuando éste le ofrecía cada vez menos. Salían de la estación ya cuando el viejo lo distrajo, aunque no del todo, de sus cavilaciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-89b7cd037076893a4814b54a4a7fd8c8">-Hoy en día, cualquiera puede llevar reloj y sin embargo muy poca gente lo hace.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-29fe2f852f22aff87781c18286c021e3">Nieto el mayor inclinó el torso hacia la derecha, apenas lo suficiente como para permitirse cierta distancia, girar un poco y mirar al viejo a la cara. No dijo nada pero inquirió al otro con la mirada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ea21f3383c53118203ecc72a23cff00b">-Antes- continuó el viejo- era el burgués el que llevaba reloj. Solamente. Todo ha cambiado. Fijesé. Hasta yo mismo he usado reloj alguna vez. Pecado de juventud, como el box. Y hoy, estos tiempos quiero decir, en que la cosa se ha vuelto más democrática, más socialista, sabrá disculparme, y cualquiera puede tener su reloj… Pues le aviso: usted es el único en este ómnibus que lo tiene. Usted y el mayoral. Pero no cuenta. Porque no tiene agujas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-879aeeae9c14715bd0d3555294768c3e">-Permitamé hacerle una pregunta- dijo Nieto el mayor inclinando levemente la cabeza hacia la izquierda, hacia el viejo, buscando un algo como intimidad pero mirando hacia adelante, hacia el asiento del chofer al que no podía ver en tanto y cuanto el colectivo explotaba de gente. El viejo realizó el mismo gesto pero en sentido contrario, es decir, se recostó sobre su derecha y mirando hacia el piso del coche se dispuso con verdadera atención a oír.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a8783283c00403770f296d1a38e27a10">-Usted dirá.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2fd41281c59e6d8e6b62c3e34a972cf7">Nieto el mayor se cruzó de piernas no sin cierta dificultad y espetó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2c53417a924f79b68b08519b152909db">-¿Para qué tanto preámbulo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8b21a9606f5b198255d6b334d69a590c">-A decir verdad, no me sorprende su sagacidad, su perspicacia. Es que soy un hombre que disfruta de una buena conversación. Quería aprovechar esta agradable circunstancia antes de cumplir con mi cometido. Sólo pretendo saber, si está usted de acuerdo, cómo se ha dado cuenta. ¿Es que acaso he cometido algún error? Quizás estoy viejo para esto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4a1de447f8a88752137b35d934b6e144">-Tranquilo. No ha cometido error alguno. Y no tiene que ver con su edad, no, la cual es…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5b6f11dcf48f4c919443b64cd0fef242">-Noventa y seis. Aunque esta barba a lo Laiseca me agrega unos cuantos años, lo sé.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7aecacd477a1b602e863d0517fdebc69">-Pues se lo ve muy bien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-58b4dcde735f265e3cd61d41340b47f1">-Le agradezco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-40046ea9eede330ccca52bcc1a5dce8f">Nieto el mayor bufó y comenzó a mirar en todas direcciones como buscando algo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-59c0add3f72a8b3e07ab93b43aa63aaf">-¿Recuerda usted cuando se podía fumar en el ómnibus?- preguntó con ansiedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-be00e8c5231695c5ff155fde8c44e7fd">-Todo tiempo pasado fue mejor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-096ea51c43e25c2ecd0e8588f8c6064b">-Lo han arruinado todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-75888cf502184c69b065287027572f8e">El viaje continuó y poco a poco el colectivo se fue vaciando. En cada parada subía menos gente de la que bajaba; no pasó mucho tiempo hasta que el coche transportaba unas siete personas, incluido el chofer. Nieto el mayor y el viejo conversaron de fútbol, de literatura y de Abelardo Castillo -padrino de Ulysses, la más joven generación de los Nieto-.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f1803036c98369fb79e42720b7f83a52">-En fin- dijo el viejo como para ir cerrando la conversación y pasar así a los bifes-, si le pega bien, es gol.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-921d8a6f16bf4702481cc03ee2517f73">-Puede ser. Me agarra desprevenido y sin un juicio fundamentado que me permita refutar su axioma.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f946047aadbdb3c15dc248a2a7858fca">-Es bueno encontrarlo desprevenido: será más fácil matarlo, Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ce3e94897b0f16d6c9de4dc2df94dbe7">-Le advierto que muchos lo han intentado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8bf954ae57eeeeff7810a2fcf1ef6729">-Nada personal, eh. Sé que usted es peronista. Ojalá se hallara una solución alternativa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-386b89f98fbffe488280a40682af8b32">-Tiene que saber que conozco la manera en que habré de morir. Y el momento exacto. Me lo dijo la pitonisa del quinto piso del Edificio RAF. Y no será así.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e405ec1e4958a13288b4e76899bb10e4">-La gente de RAF, sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f5bc8342b2a869a9a41fb98071572532">-Digamé: ¿qué lleva en la sobaquera?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c25a857ea9ad25aab84560f75883b42b">-Walther PPK.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-165451781803a111462217c06f17ff95">-Bien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8e516911d1a6d0b0421136d23761b571">-¿Qué lleva usted?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9ce0573bd420c1e315541702e3de3333">-Voy cambiando. Pero hace un tiempo que Ruger .22- contestó Nieto el mayor asintiendo con la cabeza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8df7d61bc9893feac7d388a76c42ace9">-No esperaba menos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e30b5b483d6866b52e5d15a3d3b1238">-Uno trata de ser profesional, qué se yo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0689cbb8b48eb73a3783fab05350438e">-Le advierto que después de matarlo a usted iremos por su hermano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ae1324f47bab9eb2e1e544e509384aa1">-Entiendo. Suerte con eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7ae0b0338e21a86626fbc2c8037602f5">-A ciertas personas no les gusta lo del tráfico de animales. El tipo se ha metido en el negocio equivocado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d372f47fcd5c043127724d41b283af5c">-Para variar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c69b7fa1b3d782b46c163ab53a22608b">-Bueno- dijo el viejo mientras se llevaba la mano derecha a la sobaquera bajo el saco-, vamos finalizando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f4749337c19dd4033b5e78318bcf1ae2">-Basta de cháchara.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3ef13239900e057cf1365a718fd5af22">-Basta de cháchara, eso. Tan sólo una cosa más.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5c87bb26c6897c3b3786e18309a76127">-Diga.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ba6b3531aefbd4b37bc646629be1ff38">-¿Cómo es que se dio cuenta de que yo estaba aquí para matarlo? Si no he cometido ningún error, ¿acaso cuenta usted con una suerte de sexto sentido, a lo Cátulo Castillo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2d43bf38a921cef65cf5c2b812298e89">-Cosa de mi hermano. Él es el de los poderes. Me enseñó algunas cosas. A anticiparme, más que nada. Una que otra se me ha quedado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-64b1d541cffaf161bca4b7966777ae62">-Entiendo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d8b5fe51f621a9ea32db82adea6c8bcb">En ese momento, el colectivo sufrió el choque de un vehículo que venía a toda prisa desde atrás. El chofer se sobrepuso llamativamente rápido y mirando por el retrovisor derecho vio un Jeep Gladiator del setenta medio desvencijado que se abría e intentaba ponérsele a la par. En la parte trasera del coche de pasajeros, ya paralelo al mismo, manteniendo la velocidad, el conductor del Gladiator se asomó por la ventanilla y gritó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-816b635c8d9aad9ff1303e584959c69f">-¡Nieto! ¡El viejo! ¡El viejo te la quiere dar!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1520f3381405f671113b86d9d69355bf">Nieto el mayor se puso de pie y quedó justo frente a la puerta de descenso. Accionó el mecanismo de apertura manual, tiró y la abrió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b6755da070df2fb7e279f3939c02a167">-¿Qué es todo esto?- se inquietó el viejo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7db209692c2c88c4ff16500c275233f4">-Disculpemé, viejo. Quedará para otra ocasión. Me pasan a buscar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-54d07a8c5b1f24988682b1cb9a68ac3a">-¡Nieto! ¡Saltá, Nieto, que yo te agarro!- gritaba alguien desde la caja del Gladiator.- ¡Dale que tengo lo tuyo!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d06f05cdc2882e8887805d9680cab761">-¿Ése es Maradona?- preguntó el viejo sin saber bien a quién le hacía la pregunta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f51e5c03c3dfca4ca04111ab8c444ff6">-El mismo- contestó Nieto el mayor. Me debe dinero y, ya ve usted, es un tipo de palabra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-440ca24dd152d29b0d8efa5fa969bc97">Diego estaba saltando en la caja del Jeep, eufórico como si estuviera en la popular de la Bombonera, gordo, muy gordo, con una camiseta de Boca que le quedaba chica, con una vincha negra que le absorbía el sudor de la frente, muñequeras también negras, un pantalón tres cuartos y unas sandalias como las que bien pudo haber usado Cristo. Con una mano se asía de algún sitio y estiraba la otra para atajar a Nieto el mayor. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-58fb50cfc580b4fce3716700cf6aaaad">El viejo volvió a mirar. Era Maradona, sí. Intentó sacar el arma pero Nieto el mayor le metió un cachetazo, tomó impulso y saltó. Diego lo atajó y cayeron juntos en la caja del Jeep. Nieto el menor aceleró a fondo por Avenida de los Constituyentes. Diego miró al viejo y echado en el piso de la caja, como un panda panza arriba, le hizo algún gesto obsceno. Nieto el mayor se incorporó, ayudó a Diego a levantarse y se abrazaron.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e76243782e03018a8815af3ac4c971e6">-Diego.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f7ed4c8932fa4767eb6a64f582710bb">-Nieto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c67d53ec29b90721d813c8fe40c07156">Inmediatamente después, Nieto el mayor golpeó el techo de la cabina con el puño dos veces en señal de agradecimiento a su hermano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9b6d37d7df1d5675efa22ae76fabb51a">-Lo tenía controlado, igual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bf466f88e17a3a923dd7c421c45f8403">-Cómo sos, eh. Una piedra. Cuando crezca quiero ser como vos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5a538d297c57c87877abb3a26375c468">Nieto el mayor manoteó los cigarrillos del bolsillo del saco pero Diego, que sacaba tres puros del bolsillo del pescador, lo amenazó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-009b6e122bd25efcaf2be1089ffd0524">-Dejá eso, Nieto. Salen esos Montecristo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-72f524bbe037c720f3428f2f25d920f2">Encendió él mismo los tres. El primero se lo pasó a Nieto el mayor, que se lo pasó a su vez a Nieto el menor, que sacaba ya el brazo por la ventanilla y tanteaba el techo de la cabina. En la muñeca tenía enrollada una culebra verde que a Nieto el mayor le causó cierta impresión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e4afa58284eb59cc616fe8f29fc7d207">-Siempre puntual, vos- le dijo el primogénito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-da349f215add0b0bfa94e61f7cf86a9e">El segundo cigarro fue para él y ya Diego lanzaba una tremenda bocanada cuando le hizo señas para que se sentaran. Apoyados en la parte trasera de la cabina, sentados en la caja, fumaban. Diego sonreía, feliz. De pronto metió la mano en el otro bolsillo del pescador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7832659e6077d5be9c5de55f266fb80c">-Tomá, Nieto. Tus cincuenta pesos. Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fe0258aa94135293060aa65d2a9fdefc">-Gracias a vos, Diego.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-09e54bdcaabc97b4413804a7c9290bb0">Empezaba a nublarse. Nieto el mayor vio los dos relojes. Uno sobre cada muñequera. Sonrió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a51e459805302d4b666e8b228de4723c">-¿Qué hora es, Diego?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-aeff2969a4844197528c86ee2f1bc429">-Dejá de joder, Nieto. Ahora, justito ahora, no hay tiempo. Somos inmortales.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="405" height="405" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/10/OIG1-1.jpg" alt="" class="wp-image-3347" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/10/OIG1-1.jpg 405w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/10/OIG1-1-300x300.jpg 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/10/OIG1-1-150x150.jpg 150w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/10/OIG1-1-50x50.jpg 50w" sizes="auto, (max-width: 405px) 100vw, 405px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/diego-eterno/somos-inmortales/">Somos inmortales</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/diego-eterno/somos-inmortales/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Let&#8217;s play some jazz</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lets-play-some-jazz/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lets-play-some-jazz/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 05 Oct 2025 13:55:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Amalfitani]]></category>
		<category><![CDATA[Clapton]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3311</guid>

					<description><![CDATA[<p>¿Para qué sirven las genialidades si no es para emocionarnos?</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lets-play-some-jazz/">Let&#8217;s play some jazz</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Leonardo Nieto (<a href="https://www.instagram.com/leonardo_nieto17octubre/?hl=es">@leonardo_nieto17octubre</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e8de88c6749e41633a8af6debc61a17">«Si el tipo fuera realmente Dios, ya habría elegido tocar conmigo» piensa Moe Mont, piensa y dice, aunque muy bajito, pero no para que nadie, en estas escaleras desbordadas de gente como ganado, pueda oírlo sino porque al pianista de jazz se le canta, ahora, mientras también él trepa los peldaños que llevan a una de las plateas altas del Amalfitani, hablar así, en susurros, sólo para sí. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2e09abaa7a7ebc60844805cd0afefc91">Las personas que lo rodean y que suben, que siguen subiendo, no lo reconocen, no reparan en él, se diría que es un fantasma; no sabemos cómo pasó los sucesivos controles si ha ingresado con todo lo prohibido que lleva encima. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6e81d428bc563b52517cd7649c5ee016">Todo el mundo parece abstraído en su propia vorágine y algunos hablan con otros de cualquier cosa menos de música, menos de fútbol. «Libre albedrío», piensa -y susurra- Moe Mont, que ya está harto de subir peldaños en un estadio que lo tiene sin cuidado. «¿A qué viene esta gente? ¿Por qué no se habrán quedado en sus casas? Y este tipo encima viene a florearse y me hizo pagar la entrada -bueno, en realidad me la pagaron los Nieto- y seguro va a pretender que yo lo aplauda. Y voy a tener que aplaudir, nomás. Gringo tenía que ser. Dios. Tomatelá».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3dd1c12b7d86357951e7b9221298ea0b">Cuando empezó el concierto, Moe Mont ya estaba durmiendo hacía unos buenos minutos. Recostado como puede en la butaca incómoda, la cara cubierta con el sombrero, se sobresalta de golpe cuando un cocacolero le pisa el pie y sigue como si nada, sin pedir disculpas. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6378b311f5922943ad9da5e2b36844a2">El pianista de jazz echa un juramento al cielo, se calza el sombrero, carajea al vendedor ya inalcanzable, mira la hora en su reloj y otea el escenario para ver cómo va la cosa. Ve el poncho por primera vez. Manotea los cigarrillos, enciende uno, comprueba que el anillo está en su sitio, se pone de pie. Comienza a subir para poder luego bajar. Aunque es su primera vez aquí, pega la vuelta al estadio por los corredores internos como si él mismo lo hubiera construido. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-390d6340a13c836b182e069ce07b33c6">Mientras fuma, piensa que una galaxia -cualquiera de ellas, pero se decide a reflexionar sobre la Vía Láctea en particular- no es menos frágil que el mecanismo flotante de una mochila de inodoro y que todo cuanto ha visto del universo se le antoja poco y soso. Piensa que si tuviera que escribir este pensamiento omitiría el adjetivo “soso”, buscaría otro, más adecuado, para su aserción. O para su negación. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6bc6320cb27bf8c495f31762cd4e87ed">Ya no está seguro de lo que va pensando, por dos motivos. Uno, más profesional, es el apuro por llegar al escenario a cumplir su cometido. Otro, más pasional, es una melodía que le viene de súbito mezclada con el perfume de una mujer de pelo enrulado y largo, negro, a la que no puede verle la cara en tanto se halla -esta mujer- de espaldas; y desnuda, es preciso agregar, porque Moe Mont trata de vestirla en su mente y ella no se lo permite: ella -la mujer- o ella -su mente, la mente de Moe Mont- se empeñan en la desnudez y en no revelar ese rostro que ahora lo viene perturbando feo y que lo va haciendo olvidar del tema de la fragilidad de las galaxias. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-35d70083119a7bebf669a9223b2e0cfa">La ve de espaldas, desnuda, con el pelo enrulado y largo, cada vez más largo, negro caminando sobre los anillos de Saturno. La melodía se va confundiendo, ya no es tan clara, se pierde; suenan, intrusas, notas que no pertenecen a la escala y la mujer sigue allí como un monolito vivo, un tótem de carne y pelo largo y negro y enrulado. Algo se le escapa. Y lo sabe. Cae en cuenta de que hay otra realidad que lo reclama cuando siente el ardor de la brasa del cigarrillo entre el índice y el mayor de la mano derecha. No se contiene y lanza un juramento en una lengua que sólo él habla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6441f988608e5942a1fb5eb3e382944b">Al primer seguridad lo soborna con billetes verdes. Al segundo debe noquearlo porque al tipo le parece poca esa cantidad de dinero y no piensa arriesgar su trabajo de esa manera; en realidad no es un golpe de knock out, más bien un ataque certero a la garganta para comprometer la respiración y luego un subirse a esa esfinge por la espalda como un mono y abrazar el cuello con el brazo izquierdo mientras el derecho, por detrás, es decir desde la nuca, ejerce presión. Así llega Moe Mont al escenario mientras Eric Clapton atraviesa -hasta ahora- lo mejor del concierto. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cf48a3e8d805cc3fd191f6c00fa97cd5">Mont lo ve desde por ahí atrás. Ve el poncho y se sorprende nuevamente, hace un gesto de aprobación con la cara que nadie le ve. Cerca hay una botella de whisky. Una asistente parece custodiarla. El pianista de jazz se le acerca y la besa en la boca como si la amara. La mujer debe buscar un asiento para recuperarse. Mont manotea la botella y empina. Se limpia la trompa con el dorso de la mano y llena con whisky su propia petaca; la guarda en un bolsillo del saco, prepara el teléfono y sube los tres o cuatro escalones que lo separan de <em>la altura de Dios</em>. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a7561bd73db408118556873b7175bdde">Su figura resplandece en las pantallas gigantes a diestra y siniestra. El público vitorea eufórico sin saber quién diablos se acerca a Clapton. Cuando se le para al lado, el guitarrista británico, sin dejar de tocar, le hace señas con la cabeza como si le preguntara quién carajo es. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9ca52faef7548299a85b09777445e9d2">Aunque intuye la sorpresa del otro, entre la gorrita con visera, las gafas y los ojos pequeñitos, las señas del inglés son incomprensibles para Moe Mont quien, como en el patio de su casa, le pone una mano en el hombro a Clapton, lo felicita en castellano por el poncho, le advierte que los Nieto le mandan un saludo y un mensaje y le muestra el video en pausa desde el celular. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9948bce4b2ae1c1435168b2bf227b939">Los músicos siguen tocando porque Clapton sigue tocando. Verá el video sin dejar de tocar. Mont pone <em>play</em> y los ojos del inglés se van agrandando paulatinamente. Lo propio sucede con los labios finitos que se separan y la boca se abre como si el tipo no entendiera nada de lo que está viendo. Y es cierto: no entiende nada. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6873e7a2fb7e9561fc0f8cae3fd7440a">Lástima que mis limitaciones narrativas no me permitan ser más preciso, lector. Mont le pone el teléfono en la mano a Clapton, quien se ve obligado a dejar de tocar -y la banda hace lo propio- en tanto su instinto de agarrar lo que el otro le ofrece prevalece. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-be7a60cbded0048ae78e230675ad3ab8">Entonces ve. Y cuando ve, cree. Felices los que creen sin haber visto. ¿Y qué es lo que ve? A Edinson Cavani con la camiseta de Boca y <a href="https://www.youtube.com/watch?v=6OUaRW3zVG8">el gol de chilena que le hace a Central Norte por Copa Argentina</a>. Eric Clapton no puede contener las lágrimas. Acaba de comprender. Un <em>algo </em>como sudamericano le galopa la sangre. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6e08383f4e2f7c54ae7fffb515cb02e5">Es algo nuevo pero prístino a la vez. Él mismo pone <em>play</em> y vuelve a ver el gol de Boca, el gol de Cavani, el Matador. Vuelve a ver el festejo de la flecha charrúa que vuela y se clava en algún corazón xeneize de la popular o de la platea y entonces se toca el sitio del corazón y sabe. Sabe. Mira a Moe Mont y ahora sí sus ojos son claros cuando, lagrimeando, con ellos dice <em>I got it.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-97212788ed61fefbf7f7f0f547bdbe07">-¿Ve usted? ¿Qué me vienen con la Premier League? Que hagan fila, papu- dice Mont mientras se guarda el teléfono en el bolsillo interno del saco. -Fútbol argentino. Boca. Cavani. Te volvés loco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-84a96d4e7cc5afeea604376814e53429">Todo es una gran confusión. Desde las plateas y el campo, el público ve a través de las pantallas gigantes a Moe Mont que se acerca a uno de los teclados, le mete un cachetazo a Tim Carmon, lo obliga a hacerse a un lado, se sienta en su lugar, enciende un cigarrillo, aplaude finalmente a su admirado guitarrista y tira un DoMaj7.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6ef6d7cc0869e0ca03f29e75d86a78d2">-Ey, Clapton! If you are God, let’s play some jazz with Moe Mont!</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="573" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-1024x573.jpg" alt="" class="wp-image-3313" style="width:510px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-1024x573.jpg 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-300x168.jpg 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-768x430.jpg 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont-1536x860.jpg 1536w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/Moe-Mont.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Canva IA</figcaption></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lets-play-some-jazz/">Let&#8217;s play some jazz</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/lets-play-some-jazz/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>3</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Mi pibe</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/siempre-al-10/mi-pibe/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/siempre-al-10/mi-pibe/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Sep 2025 17:37:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos de fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchas]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura deportiva]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3301</guid>

					<description><![CDATA[<p>Hay cosas en la vida que a ningún padre le gustaría tener que decir.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/siempre-al-10/mi-pibe/">Mi pibe</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Uriel Frimet (<a href="https://www.instagram.com/ufrimet_">@ufrimet_</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3a245c85e904267a86ae8ad45da53e24">-¿Cómo hacemos para explicarle?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9928b07e070ff3ea370287ab0cb91225">-No sé… De eso siempre te encargas vos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0752d4ec60b9a91bb37387d3bbb2fd08">-Pero vos sos más pedagógica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1dbeb60fdf61d4ed07d667efa672638">-¿Y qué tiene que ver? ¿Cómo hago para explicarle?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7cb046d66472c001c481d860444ad4a4">-Qué sé yo… Si yo le cuento, me quiebro ahí nomás. ¿No viste cómo estaba ayer? Casi deshidratado de tantas lágrimas. También me duelen las manos de aplaudir tan fuerte el esfuerzo ajeno y con el frío medio que se me pasparon.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-074e2c7e9d74101c97e29f8efb5ce91a">-¡Pero si lo tenés que decir con la boca y no con las manos, Marcelo! ¡Dejá de joder! ¡Siempre buscás una excusa para las conversaciones incómodas!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0a168807f82bec484fa7e1849fd3761d">Y eso era verdad. Nunca pude enfrentar lo importante. Siempre busqué intermediarios para que socorran mis problemas. Es que yo en mi cabeza ya estaba visualizando la película que iban a hacer de la hazaña de este clú. Llegamos a la final con todos pibes del clú menos el arquero, que decidieron poner una torta de guita porque el anterior se podría decir que no tenía dedos, y somos generosos… Una vez tuvimos la desdicha de tener tres penales en contra. El tipo creyó en todas que se la iban a dejar servida, en el medio donde se quedó paradito cual poste de luz averiado del conurbano. Fué el espectador más VIP de esos tres tiros al costado con una velocidad mínima que hasta un arquero de baby fútbol hubiera atajado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6248a18aa1a3ea0c45f201cfd61812e6">Yo a mi pibe no lo llevé a la cancha porque está muy caldeado el asunto con dos hinchadas. El berrinche que nos hizo, madre de Dios… Encima por televisión no lo podía mirar mi pibe. Me rajaron de la fábrica el mes pasado y tuvimos que recortar gastos. La radio ni la iba a saber prender. Es un bardo ese bodoque que nos dio la madre de Belén.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8f68899ddb59e7725b43688232b9eeee">Aguantamos unos cuantos minutos frente a la puerta de la casa antes de entrar; aún sabiendo lo picado que estaba el barrio, esperamos ahí nomás, nostálgicos y medio vacíos. Tuvimos que tomar coraje antes de entrar por la puerta de casa. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-65ee73ebf708de94d9f84052e2fdb0f1">La miré cuatro veces al menos a Belén esperando que me diga “bueno, yo le digo”, pero su cara de madre sufrida me decía que me encargue de darle el pésame al pibe. Mi pibe estaba todo vestidito con el conjuntito del clú cuando nos fuimos… Hasta los botines sucios se puso para esperar a que sus papis vengan y le digan que por primera vez íbamos a levantar una copa. Le prometimos que nos íbamos a sacar una foto con Rodríguez, el ocho que juega por toda la cancha. Ese sí que se tiraba a todas las pelotas como si jugara a pincharla y ganarse el premio mayor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3899ac8d0289b169d2380e6aaffa4008">Cruzamos la puerta y ahí estaba, sentadito en el sillón gastado, otro regalo de la madre Belén, la única abuela viva que tiene mi pibe. Sus piecitos no le llegaban al piso, estaba medio en diagonal cual hamaca oxidada de placita con promesas incumplidas del municipio. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff608e4b30140f83021834f7c77ed0dd">Apenas escuchó que se abría la puerta y entraba mi olor moribundo a pucho barato cerró de un saque el álbum de figuritas incompleto que tenía y vino corriendo hacia nosotros. No dijo ni “hola”, se paró en frente nuestro con una sonrisa expectante y ansiosa de que le demos la mejor noticia de su vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-25f2ff5256296005f121413534f9a130">Igual él no hablaba mucho, era muy chico para ese entonces y solo decía palabras básicas. Si te descuidás, apenas decía cosas como mamá, papá, caca y fútbol. Sus ojitos brillosos delataban que había estado bostezando varias veces, esperando a sus papis con total inocencia de que el resultado iba a ser favorable y ver nuestra foto con Rodríguez. Le dije que nos sentemos en la cocina. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e7cca1d599f6f025e297fa73e0ea2c7b">Estaba un poco más oscura para contarle y seguro se me iban a caer las lágrimas mientras le relataba el partido. Además la heladera hacía apenas más ruido que un camión de los ‘60 y eso me jugaba a favor para aturdirlo un poco en todo lo que le iba a contar. Pensaba en decírselo parados para poder hacer de éste asunto un trámite sin valor agregado a nuestras vidas. Él me iba a mirar desde abajo con cansancio y ganas de sentarnos y yo no iba a estar preparado para cambiar la estrategia sobre la marcha. No podía ni imaginarme la situación. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7a082ab40438ef7d9b568294ce35d143">Encima yo estaba recaliente con Belén que me mandó al muere solo y no me hizo el aguante. Pero ojo, con esos once muertos que tenían que hacer que un coso redondo pase por adelante de una línea, sí se involucró; desde arriba del paravalancha alentó la muy turra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-58e2259de55d1a451f538c23b103343e">Y poco a poco la cara de nuestro pibe iba haciéndose cada vez más seria. Para cuando voy a contarle el final del partido donde nos meten el 4 a 3 en la última jugada después de estar ganando 3 a 0 en el primer tiempo, mi pibe, nuestro pibe, dice: ¡manga de fracasados hijos de puta!</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="683" height="1024" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1-683x1024.png" alt="" class="wp-image-3308" style="width:404px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1-683x1024.png 683w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1-200x300.png 200w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1-768x1152.png 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/09/259068e8-22bf-422b-a009-7e00af971694-1.png 832w" sizes="auto, (max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/siempre-al-10/mi-pibe/">Mi pibe</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/siempre-al-10/mi-pibe/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Gambeta</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/gambeta/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/gambeta/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 Aug 2025 02:36:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Excursionistas]]></category>
		<category><![CDATA[Huracán]]></category>
		<category><![CDATA[René Houseman]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3167</guid>

					<description><![CDATA[<p>René Houseman es parte de la cultura de un barrio, de un club, de muchas vidas. Y no hay muerte que pueda evitarlo.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/gambeta/">Gambeta</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Por Sebastián Pujol (<a href="https://www.instagram.com/seba_del83/">@seba_del83</a>)</strong></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“..es necesario no asustarse de partir y volver, compañeros.&nbsp;</p>



<p>Estamos en una encrucijada de caminos que parten y caminos que vuelven.”</p>



<p>Raúl González Tuñón</p>
</blockquote>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca9b4e0dd2e04437208d0399dd665d56">La última vez que lo vi estaba solo en la puerta del club. Yo había salido a buscar algo al auto y cuando volví lo encontré apoyado contra la pared. Ya le habían diagnosticado cáncer. Era de noche y estaba tranquilo, con la camiseta del verde y una gorra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-71924695dbbd7e5000d2d4aca3b9abd9">Para nosotros, los hinchas de Excursionistas, era algo habitual verlo en el estadio de Pampa y Miñones. Era familia de algunos, amigo de la mayoría, un ídolo cercano para otros. Este último era mi caso. No cualquiera se puede dar el lujo de ver habitualmente a un ídolo, aunque nunca me animé a hablarle.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9af26f9f94ffe9ed0caaad8bb208f745">La última vez que lo vi tampoco me animé. No quise ser irrespetuoso. Estaba demasiado tranquilo, en su casa. El barrio, donde también nació mi viejo, había cambiado: se llenó de edificios de lujo, de autos caros y desaparecieron los bares, los “studs” de caballos y muchas casas, pero René y Excursio seguían fieles al barrio que los vio nacer.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d6bdafae39fcdf9c4972785a2eedd186">Entré al SUM del club. Ese lugar había sido alguna vez un buffet. Ahora, junto a otros socios estábamos armando una biblioteca y un espacio para actividades. Un lugar de reunión para los hinchas. René pasó por la puerta y uno de los socios dijo: “ahí está René” y saludó con la mano. Era el campeón del mundo más humilde de la historia. Era un crack.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-414200a6cec37243f61291c76046d9d0">Un par de días después, me enteré de su muerte. Para mis amigos y para mí fue una bomba. Esa noche lo velaban en Parque Patricios, en su segunda casa.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="560" height="535" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/05/Gambeta-2.jpg" alt="" class="wp-image-3168" style="width:424px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/05/Gambeta-2.jpg 560w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/05/Gambeta-2-300x287.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 560px) 100vw, 560px" /></figure>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5d45b574c5587716e7c3ed17a750d2fd">Al final de la avenida Jujuy, que a esa altura y por unas pocas cuadras se llama Colonia, vimos el Palacio Tomas Adolfo Ducó. Habíamos cruzado toda la Capital Federal desde la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Los grandes edificios escasean y las calles son cada vez menos iluminadas cuando uno viaja con rumbo sur. En un paredón cercano al estadio hay un mural con el escudo del Club Atlético Huracán. Debajo está Oscar “Ringo” Bonavena, a un costado Herminio Masantonio y al otro el hombre que esa noche descansaba dentro de un ataúd abierto en el estadio del globo de Parque Patricios: René Orlando Houseman.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-5bff35b05d7a472726ba9c739ea82e6b">En la esquina del estadio, un grupo de hinchas de Excursionistas tomaban cerveza y comían pizza. En la puerta del hall central había algunas cámaras de televisión. René ocupaba el centro del salón. A un costado estaba la familia. Un grupo grande de gente comenzó a aplaudir y a cantar. Las voces retumbaban en el salón y una sensación sobrecogedora recorría el ambiente: “Y chupe, chupe, chupe, no deje de chupar, el Loco es lo más grande del fútbol nacional”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0ecfc53db55ef88b2376960ea84ca7c3">Los hijos velaban a su padre, la esposa a su compañero, los amigos a un tipo incondicional y cercano. Pero muchos otros velábamos a una raza de tipos en vías de extinción, a uno de esos que ya no hay, a un loco que parecía venir del pasado para enseñarnos cómo se vivía en otras épocas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1041976ca959cd6aa266b6b929246191">En ese hall cubierto de mármol, que conserva el estilo de otras décadas, frente a un busto de Ducó, estaba Houseman, el campeón mundial, el jugador del pueblo, el pibe nacido en Santiago del Estero, criado en una villa del Bajo Belgrano, el impredecible, el gambeteador sin igual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-885c2a1820295cdf92ab28aea9984e9d">Estaba cubierto por una bandera de Huracán, otra de Excursionistas y una camiseta de la Selección Argentina. La gente se acercaba hasta el féretro y temblaba, lloraba, le daba aliento, le hablaba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2c94d5ce9495b1fbc40edd48bd66acad">Había que estar ahí para entender del todo lo que estaba ocurriendo. Uno entendía en ese momento la razón de ser de la amistad, el fútbol, la mística, la niñez, la gambeta, la gloria, los recuerdos, los clubes y su historia, las raíces, las alegrías y las tristezas, el país, el barrio, el ser humano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a081156b9bb9d655f8f13061169e74f7">Uno, simplemente entendía todo ese misterio del tiempo que a veces parece trascurrir todo junto, en un mismo plano.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-43282da9ab091669777b38197014729a">Algunas semanas después del velorio, salí del club y me subí la capucha de la campera. Hacía frío. La calle estaba tan ruidosa como todas las noches en Belgrano, un barrio que nunca se queda quieto. Desde la vereda opuesta se veían los reflectores del estadio prendidos. Se escuchaban algunos gritos de las pibas que habían alquilado la cancha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d8ceca4eb492f66f44494809c7a79b97">Había salido a tirar basura y volvía pegado a la pared. La calle La Pampa hervía de autos. Cuando doblé para meterme en el club, lo vi. Llevaba una campera negra y una gorra verde y blanca. El pantalón corto le llegaba hasta las rodillas flacas. Tenía las medias caídas y unas zapatillas viejas. Me animé a saludarlo y me devolvió la pared. “¿Qué hacés pibe?”, me dijo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1e34e346e73dbe67aba92b3d7e3ad5b1">“Afuera está René”, comenté cuando entré el SUM. Se rieron. Mi cara de sorpresa sería demasiado evidente. Entonces lo vimos pasar. Saludó con la mano y se perdió debajo de la tribuna. Algunas cosas no cambian nunca.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="394" height="510" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/05/Gambeta-1-1.jpg" alt="" class="wp-image-3171" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/05/Gambeta-1-1.jpg 394w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/05/Gambeta-1-1-232x300.jpg 232w" sizes="auto, (max-width: 394px) 100vw, 394px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/gambeta/">Gambeta</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/gambeta/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Mejor persona que jugador</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/diego-eterno/mejor-persona-que-jugador/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/diego-eterno/mejor-persona-que-jugador/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Jun 2025 19:56:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Eterno]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[La Pampa]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial 1994]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3196</guid>

					<description><![CDATA[<p>Diego tiene mil y una historias dentro de sus mil y una vidas. En este cuento se retrata una de las que mejor reflejan lo que era como ser humano.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/diego-eterno/mejor-persona-que-jugador/">Mejor persona que jugador</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Diego Dal Santo (<a href="http://x.com/diego1010ar">@diego1010ar</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9cf194b1dd9ca44086785cf4a956f0f1">Una provincia de horizontes bajos, de caminos que parecen repetirse. De viento y tierra. De cielos azules y atardeceres amarillos anaranjados. La Pampa no era noticia. No lo había sido nunca. ¡O sí! Algunas veces. Y después de esos días, pasaría lo mismo. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4aa83df15febe7f310cb0c42dc0fcc8c">En 1994, mientras el mundo ajustaba sus ojos para mirar a Estados Unidos, Diego Maradona -el Diego real, el de carne y hueso, de errores y gloria- se refugiaba entre los caldenes, buscando algo más que estado físico. Tal vez paz. Tal vez redención. Tal vez todo junto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c93e8f3abf7edb9cbf993cfd15f7c12a">Se decía que había venido a entrenarse para el Mundial, a bajar los kilos que la noche y los fantasmas le habían puesto encima. Pero también creo que Diego vino a esconderse del ruido, a lamer sus heridas. A reencontrarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ebaaeb2be946ceacf0c68da0be91dd28">Y en ese exilio voluntario, ocurrió algo que no salió en los diarios. Una mañana de domingo, se apareció por la Escuela Hogar de Jagüel del Monte. Un rincón olvidado incluso por los mapas. Llegó en su auto, con un par de acompañantes. Llevaba puesta una remera blanca y en la cara, la mezcla exacta entre agotamiento y ternura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-647459a8cb0070478df133aaba853662">No hubo flashes ni discursos oficiales. Solo el asombro de los chicos, que habían decorado la escuela esperando su ingreso.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0e3f1604bbd06dfdf6974f8a7ba79f5b">&#8211; ¿Es él?, preguntó uno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f04de72ae85a71ad978a8a573570c2a7">&#8211; ¡Es El Diego!, dijo otro, como si con eso bastara para entenderlo todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a8acbb10ecb63bcffe15c5fced3fb50e">No quiso honores ni distancias. Se sentó entre ellos. Recorrió sus lugares. Preguntó sus nombres. Escuchó historias. Se rió con ganas, mientras tomaba un chocolate caliente que habían preparado en una olla enorme. Se sorprendieron cuando lo veían devorarse las galletitas de coco. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0f4baf9c141e75e7e03f5151c7195db3">A un pibe que le mostró un dibujo de su gol a los ingleses, le dijo que estaba mejor que el relato de Víctor Hugo. A otro que quería ser arquero, le prometió: “Si te entrenás fuerte, algún día me atajás un penal… pero no muchos, ¿eh?”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-62fb262ef60d4883f9c9020901337633">Después, cuando todos callaron, se puso de pie y habló. No fue una arenga de esas que ya había hecho tantas veces. Más bien fue una confesión. Con el corazón en la mano. Y sin la escafandra que significaba la camiseta 10.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0a71ac00e3159350ade73b986c58939a">&#8211; Yo no vengo a darles lecciones. Vengo a contarles que también fui como ustedes. Que pasé frío, hambre y que muchas veces estuve a punto de largar todo. Pero no lo hice. Y no porque fuera un genio, sino porque soñaba. Soñaba con que algún día iba a cambiar mi suerte. Iba a cumplir mis sueños. Y con ellos, ayudar a mi familia para que tuvieran una vida mejor que hasta ese momento».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1c4089c9efe70d9dfde140e476e2594a">Hizo una larga pausa. Lo miraban como si fuera un abuelo joven, un sobreviviente del otro lado del mundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cb5c23ac94d17246fb8755e7f3ede3a6">&#8211; Me equivoqué muchas veces. Y me voy a seguir equivocando. Pero siempre me levanté. Porque eso es lo que hace la gente que ama lo que hace: se cae, se lastima, y vuelve a intentarlo». </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e807cd9ce0fb0b165c9769497cc751f8">¿Sabía lo que le tocaría vivir 2 meses más adelante, enfermera de la mano mediante?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9ceb47f5314e35f2192a31a0b8511c3c">Hubo un silencio. Entonces, bajó un poco la voz y agregó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-45297fb18e646bd4e45ddac0b9be19be">&#8211; Y si alguna vez dudan, si no saben para dónde ir… miren a sus viejos. A sus madres, a sus padres. A estos maestros. A los que se rompen el lomo por ustedes. Ellos son los verdaderos ejemplos. Yo, soy solo un jugador de fútbol que quiso darle alegrías al pueblo. Pero no quiero ser ejemplo de nadie. Quizás ese día, con otras palabras, ensayó por primera vez aquello de “yo me equivoqué y pagué…”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df10e254d6f99a52f22dd6faf5e36fa4">Volvió a sentarse. No hubo aplausos. Solo murmullos que se parecieron al respeto. A la emoción contenida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3ea2d14ec10a68bad8616614274d4c59">Antes de irse, firmó una pelota y la dejó de regalo para los chicos de la escuela. Abrazó a cada uno y prometió regresar. No volvió. Pero no hacía falta. Ese día dejó algo que no se borra con el tiempo. Quedaron algunas fotos. Pero, sobre todo, dejó palabras que calaron hondo. Palabras sin marketing, sin escudos, sin banderas. Palabras humanas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9eb90886b6f7fd146abb59b085c1a19f">Años después, uno de esos chicos, ya hombre, diría: “Cuando las cosas se me ponían difíciles, me acordaba del Diego diciéndonos que no dejáramos de intentarlo. Y seguía”.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff3250d57b618c63d8674de71f113e5a">Otro, aún conserva una servilleta doblada, con manchas del chocolate caliente, y un garabato azul: “Sos más fuerte de lo que creés. Aguantá. Diego 10”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-99c8aceb10ee0007d0416369d1d86aec">Por eso, en esta tierra de viento y enormes caldenes, algunos decimos sin miedo que Diego fue mejor persona que jugador. Y eso, conociendo al jugador que fue, no es poca cosa. </p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cdac60edd4f153947808806858ef59cd"><em><strong>Este relato ganó el cuarto puesto en el concurso de cuentos «Mejor persona que jugador», organizado por La Pelota Siempre Al 10. El jurado que lo eligió fue compuesto por Ariel Scher, Viviana Vila y Alejandro Duchini.</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="491" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/06/0c472af7-bc30-4a37-8b3c-2a2110bb5e24-1024x491.jpg" alt="" class="wp-image-3202" style="width:654px;height:auto" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/06/0c472af7-bc30-4a37-8b3c-2a2110bb5e24-1024x491.jpg 1024w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/06/0c472af7-bc30-4a37-8b3c-2a2110bb5e24-300x144.jpg 300w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/06/0c472af7-bc30-4a37-8b3c-2a2110bb5e24-768x368.jpg 768w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/06/0c472af7-bc30-4a37-8b3c-2a2110bb5e24.jpg 1252w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Fuente: Roberto Esteban Ros</figcaption></figure>



<p></p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/diego-eterno/mejor-persona-que-jugador/">Mejor persona que jugador</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/diego-eterno/mejor-persona-que-jugador/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El colchonero y Maradona</title>
		<link>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-colchonero-y-maradona/</link>
					<comments>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-colchonero-y-maradona/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Jun 2025 19:56:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Eterno]]></category>
		<category><![CDATA[La Pelota Siempre al 10]]></category>
		<category><![CDATA[Lo Último]]></category>
		<category><![CDATA[Jubilados]]></category>
		<category><![CDATA[Luchas sociales]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lapelotasiempreal10.com/?p=3191</guid>

					<description><![CDATA[<p>Un cuento que recuerda la lucha de Diego por los jubilados y retrata todo su -difícil- contexto.</p>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-colchonero-y-maradona/">El colchonero y Maradona</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>Por Hernán Ocantos (<a href="https://www.instagram.com/hernanocantos">@hernanocantos</a>)</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9c0f088d2dd78b5fc73188d578dce924">Mi abuelo es colchonero. Ya no trabaja tanto porque ahora los colchones ya no se hacen de lana. Está jubilado y cobra la mínima así que cuando le sale un trabajo, se pone muy contento. Mi abuela no está jubilada porque no hizo aportes, trabaja en la casa sacándole las rebabas (“rebarbas” dice ella) a unos gusanitos de plástico que son para repuestos de autos. Yo antes jugaba un montón con los gusanitos, pero desde que empecé la secundaria ya no me divierten tanto.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dd6a949b420e194ed9db2cc8456eaf03">A mi abuelo hay cosas que no le envidio. Por ejemplo, que no le alcance la plata. A nosotros tampoco nos alcanza, pero ellos no se lo merecen. No digo que mi mamá, mi papá y mis hermanos nos lo merezcamos, pero ellos no se lo merecen porque trabajaron siempre, y son grandes, y son buenos.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-19ddce7456b4006e81e4a9db8eca8007">Amo el fútbol. Desde los 6 años juego en Huracán, estoy en la prenovena. Soy hincha del Globo porque juego ahí, pero soy un poco más de Boca, por mi papá. Y por Diego. Mi abuela también es hincha de Huracán, ella siempre cuenta que tuvo un novio en su infancia y que se hizo quemera por él. A mi abuelo le da una bronca cada vez que ella cuenta esa anécdota&#8230;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-56391259cf0a033cdbaff8131a9e20db">En el &#8217;86 lloramos juntos escuchando por radio los penales contra Italiano por el descenso. Ese día habíamos llorado con Diego también, unas horas antes, pero de felicidad. En ese momento no lo entendía, pero qué rara puede ser la vida a veces: lo mejor y lo peor, todo en un ratito. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-81dc5fc6e94419896ae83f51dc41286f">Cuando yo era chico me decían que era muy bueno jugando, me iban a ver y decían que podía ser un nuevo Maradona. Me imagino que a todos los pibes les dirían lo mismo. Yo lo amo a Diego, y me encantaría jugar como él, pero, ahora que soy un poco más grande, sé que eso no va a pasar. Nadie es como él.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-58a4cc6f50e49d1308dc8fc6a2296550">Hay cosas que no les envidio a mis abuelos. Dejaron de pagar el alquiler hace unos meses porque la señora que les alquilaba la casilla del fondo de su casa se enfermó y se fue a vivir a San Luis con su hija, y no les cobraron más. Así y todo, la plata no les alcanza. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1bed7c26bb7686bc76d2330a36f62394">A mí me gusta ir a la casa de ellos, jugamos al truco, al chinchón, miramos la tele en blanco y negro, leo el diario que a pesar de todo no dejaron de comprar. El baño no me gusta tanto porque está afuera. La casa anterior de ellos, en Pompeya, también lo tenía afuera. Mi abuela no me dejaba usarlo porque era compartido con otra gente, por eso me hacía hacer pis o caca en una pelela de loza. Ahora no, porque hago en mi casa que queda a dos cuadras, y estoy grande para eso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-58203ee66bd9e3f94fae287f82429337">Sé que envidiar está mal, pero a mi abuelo hay cosas que sí le envidio. No sé si la palabra justa sea esa. Tal vez sea admiración. Entre esas cosas que le envidio o le admiro, están sus lecturas. Ahora que estoy en la secundaria entiendo que leer no es fácil, que hay que estar concentrado, hay que entender. Y él es muy lector. Especialmente el diario lee. Yo creo que lo siguen comprando por mí. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f87bb88f010535cf2415db4d3063954f">A veces, cuando vuelvo del colegio, o de practicar (ahora voy solo en colectivo, antes me llevaba mi abuelo en el Renault 4 que ya no anda), lo encuentro en la esquina, sentado en un tronco, debajo de un sauce llorón que hay ahí, leyendo el único libro que tiene. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ab5f7854991740cd65452188ebb2780a">Debe ser extraño ver a ese hombre ahí, en medio del quilombo del barrio, como fuera de la realidad. Mi abuelo no tiene biblioteca, y dejó el colegio en primer grado de la primaria. El único libro que tiene yo no lo leí, no me tienta tanto. Es un Martín Fierro en versión castellano-ruso. Nunca le pregunté de dónde lo sacó, es raro. Él dice que los gauchos le recuerdan a su pueblo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-95980681fa84a8a2ad5c1ae56adbb81b">Mi abuelo es un trabajador común y corriente por eso nunca le pasó nada extraordinario. Hasta el otro día. Esa tarde volví del colegio y, como casi siempre, fui a verlo. Últimamente no andaba muy bien. Mi papá me decía que era porque estaba tomando mucho y que además estaba bajoneado porque ya no tenía trabajo. Pero esa tarde lo vi contento.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b1655668c0c0250a67f52f05364475bd">—Una señora quiere que le haga un colchón. Vive cerca de Tribunales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3881816ba8ed90bbc283d190488368ae">Me puse feliz porque él estaba feliz.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6f93ef61d5c1d55320bb0852241877e">Ese día volvió de ver el trabajo, sin olor a alcohol, ese que intentaba disimular con pastillas de menta cristal, y fue directo a mi casa, casi desesperado, a verme.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cbbbd6210e7979d420411916c297897a">—¿Qué pasa, abuelo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff1cfb4d7af2bbdcecc4205b7b3fd2c8">—¡Prendé la tele! ¡Poné el noticiero!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cf7f06dcbd1bd0b54ce90b7e44afad6a">Nos morfamos media hora y nada. Hasta que el anuncio de la conductora fue tapado por los gritos de mi abuelo:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d924b7dc85851d8629cf85f340f324a0">—¡Ahí está!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0c62660992738f174f4c70ff9fa29c79">Yo lo amo a Maradona, desde siempre, creo que desde antes de nacer porque yo soy del &#8217;77 y él en el &#8217;75 ya jugaba en primera. Y yo ya lo amaba. Debe ser por eso que lo lloré tantas veces: en el &#8217;86, en el &#8217;90, en el dóping en el Nápoli, en mis broncas contra los que le decían negro villero. Y ahí estaba Diego, en la tele, peleando. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-71a2b44311d59feb45da9ca229d3af2d">Lo miré a mi abuelo con intriga y me dijo que esperara, que seguro lo pasaban. El comentario de la conductora hablaba de una citación en Tribunales, de un Diego irascible porque le habían robado una gorrita, de una pelea con un hombre que pasaba. Una noticia más, pensé. Hasta que Diego habló:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4569749a6ef1af3247eae4db6b95f6aa">—¡¡A muerte estoy con los jubilados!! ¡¡Lo que les hacen es una vergüenza!!</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c322301c3e151c7b84d7014061889caf">No fue la frase tan hermosa lo que me hizo llorar, fue la imagen: mi abuelo estaba detrás del Diego. El colchonero, el jubilado escuchando cómo Maradona defendía a todos los que eran como él.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e56ce8fb4f4197dc5c5d3e654dd0867f">—Le quise pedir un autógrafo para vos, pero casi me tiran al diablo.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-792e7b021664fba37eb541ae42099177">Hay cosas no le envidio a mi abuelo. Esta tampoco porque me la regaló, es mía, para siempre.&nbsp;</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a53b681cf7c2fefa359eb504f273bc75"><em><strong>Este relato ganó el tercer puesto en el concurso de cuentos «Mejor persona que jugador», organizado por La Pelota Siempre Al 10. El jurado que lo eligió fue compuesto por Ariel Scher, Viviana Vila y Alejandro Duchini.</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="610" height="511" src="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/06/image-5.png" alt="" class="wp-image-3193" srcset="https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/06/image-5.png 610w, https://lapelotasiempreal10.com/wp-content/uploads/2025/06/image-5-300x251.png 300w" sizes="auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px" /></figure>
<p>La entrada <a href="https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-colchonero-y-maradona/">El colchonero y Maradona</a> se publicó primero en <a href="https://lapelotasiempreal10.com">La Pelota Siempre al 10</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://lapelotasiempreal10.com/cuentos/el-colchonero-y-maradona/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
